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DISC

¿De dónde vienen las palabras colérico, sanguíneo, flemático y melancólico?

Por Equipo Personaramic 4 min de lectura
Ilustración minimalista de cuatro gotas de color representando los cuatro humores clásicos

Las cuatro palabras que hoy usamos para describir un temperamento (colérico, sanguíneo, flemático, melancólico) vienen literalmente de los cuatro líquidos corporales con los que la medicina antigua explicaba la salud humana.

Hipócrates y la medicina de los cuatro humores

Hipócrates, considerado el padre de la medicina, vivió cuatro siglos antes de Cristo y se distinguió de otros médicos de su época por un motivo muy concreto: no creía que la enfermedad viniera de causas sobrenaturales o de un castigo de los dioses, sino de la propia naturaleza del cuerpo. Según recoge el divulgador de negocios Thomas Erikson en Surrounded by Idiots (2014), Hipócrates sostenía que la buena salud dependía del equilibrio entre cuatro humores o fluidos corporales: la sangre, la bilis amarilla, la bilis negra y la flema. Cuando el cuerpo vomitaba, tosía o sudaba, según esta teoría, no hacía otra cosa que intentar deshacerse del exceso de alguno de esos cuatro líquidos.

De ahí surgió una idea que sobrevivió mucho más tiempo que la propia teoría médica: que el temperamento de una persona (su forma natural de reaccionar, su carácter de base) dependía de qué humor predominaba en su organismo. No era una metáfora poética, era literalmente anatomía aplicada a la personalidad.

La etimología real, palabra por palabra

Cada uno de los cuatro temperamentos clásicos conserva hoy, en su propio nombre, el rastro directo del humor que lo originó:

  • Colérico, del griego khole (bilis amarilla): describe, en esta clasificación antigua, a una persona fogosa y temperamental, capaz de intimidar a su entorno con su forma intensa de reaccionar. El adjetivo designa literalmente a alguien “dominado por la bilis amarilla”.
  • Sanguíneo, del latín sanguis (sangre): describe a una persona creativa, optimista y desenfadada, de trato ligero y contagioso, cuyo carácter está regido, según esta raíz, por la sangre misma.
  • Flemático, de la flema, esa mucosidad viscosa que da nombre al temperamento: describe a una persona lenta y pausada en sus movimientos, con una calma que a otros temperamentos puede parecerles indiferencia.
  • Melancólico, del griego melaina khole (bilis negra), el humor que la teoría antigua situaba en el bazo: describe a una persona con tendencia al pesimismo y a la tristeza, la cara opuesta del optimismo sanguíneo.

Cuatro palabras que usamos hoy casi sin pensar en su origen literal, y que durante más de dos mil años fueron la explicación científica dominante de por qué las personas son tan distintas entre sí.

Un paralelismo inesperado: los cuatro elementos aztecas

Erikson señala en el mismo libro un dato que llama la atención por su distancia geográfica y cultural: los aztecas, el pueblo mesoamericano que dominó el centro de México entre los siglos XIV y XVI, usaban un sistema de clasificación del temperamento sorprendentemente parecido, basado en los cuatro elementos: fuego, aire, tierra y agua.

Las personas “fuego” eran explosivas, casi guerreras, con vocación de liderazgo. Las personas “aire” resultaban igual de decididas pero mucho más ligeras y cautivadoras en su forma de moverse por el mundo. Las personas “tierra” trabajaban para la comunidad, estables y orientadas a construir algo duradero. Las personas “agua” observaban en silencio, tranquilas mientras no se las provocara, capaces de arrasar todo a su paso si se desbordaban.

No existe ninguna conexión histórica documentada entre la Grecia de Hipócrates y el México prehispánico de los aztecas: son dos civilizaciones que nunca se cruzaron. Erikson reconoce que no se sabe con certeza si los aztecas llegaron a esta clasificación de forma completamente independiente, pero sí hay constancia material de que la usaban: dejaron grabados que representan exactamente esta división en cuatro tipos de temperamento.

Dos culturas separadas por miles de kilómetros y sin ningún contacto entre sí llegaron, cada una por su cuenta, al mismo número de categorías: cuatro, ni tres ni cinco. Sea o no casualidad, es el mismo número que sigue vivo hoy en cualquier test de comportamiento con cuatro colores.

Del humor al color: la línea que llega hasta hoy

La idea de fondo (cuatro grandes formas de reaccionar ante el mundo, ni más ni menos) sobrevivió a la caída de la teoría médica que la originó y reapareció siglos después, ya despojada de bilis y flema, en el trabajo del psicólogo William Moulton Marston de 1928. Marston no citó a Hipócrates ni a los aztecas al describir sus cuatro estilos de comportamiento, pero la estructura de fondo, cuatro categorías, dos ejes que las cruzan, es la misma que ya intuían los griegos y, aparentemente, también los aztecas mucho antes de que existiera ningún test de personalidad.

Hoy esa misma idea de cuatro grandes estilos de comportamiento sobrevive, sin bilis ni elementos, en el lenguaje de los colores del modelo DISC: rojo, amarillo, verde y azul. Si te preguntas cuál de esos cuatro colores encaja más contigo, el test DISC de los 4 colores lo muestra en unos minutos.

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Preguntas frecuentes

¿La teoría de los cuatro humores tiene algo que ver con el modelo DISC actual?

Es un antecedente histórico, no su origen directo. El DISC nace en 1928 con Marston; la teoría de los humores es más de 2.000 años anterior, pero ambas comparten la idea de clasificar el temperamento humano en cuatro grandes grupos.

¿Se sigue usando la teoría de los cuatro humores en medicina?

No. Es un modelo histórico de la medicina antigua, hoy sin validez clínica. Sobrevive como vocabulario cotidiano (llamar a alguien 'flemático' o 'melancólico'), no como diagnóstico médico.

¿Los aztecas conocían la teoría griega de los humores?

No hay ninguna conexión histórica entre ambas culturas en este punto. Es, según lo que recoge Thomas Erikson, una coincidencia llamativa entre dos sistemas de clasificación del temperamento desarrollados de forma independiente.

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