D: El Dominante. Decide rápido y no le teme al riesgo.
El estilo D define un patrón de comportamiento rápido y orientado a resultados, impulsado por la necesidad de mantener el control y conseguir sus objetivos cueste lo que cueste.
Este artículo pertenece a una serie divulgativa sobre el modelo DISC: una herramienta de comportamiento pensada para el entorno laboral, no un test de personalidad clínico. Su lectura es educativa y no sustituye una evaluación DISC certificada ni el criterio de un profesional.
Lo primero que notas de él en cualquier sala
En Surrounded by Idiots (2014), el divulgador de negocios Thomas Erikson (una popularización del sistema de cuatro colores derivado libremente de Marston) describe una escena de oficina fácil de reconocer: termina una presentación y el jefe pregunta qué le parece al grupo. Si hay algún D en la sala, no se hace esperar: dice enseguida si la propuesta le convence o no, sin matices ni rodeos, mientras otros todavía están decidiendo qué opinan. Es la misma persona que, en la cola de una gestión burocrática que se alarga sin explicación, es la primera en preguntar en voz alta cuánto va a tardar esto.
En el diagrama DISC, el estilo D ocupa el cuadrante rápido y orientado a la tarea: actúa deprisa, decide deprisa y se fija más en lo que hay que hacer que en cómo se sienten quienes lo rodean. No es el único estilo capaz de liderar (los cuatro pueden hacerlo), pero sí es el que toma el mando de forma espontánea en cuanto detecta que nadie está al frente. No ve problemas, ve obstáculos entre él y su meta, y no suele tener paciencia para quedarse parado esperando el momento perfecto.
El miedo de fondo: perder el control
El motor de este estilo es una necesidad inconsciente de mantener el control de la situación. Su miedo de fondo es perder ese control o que alguien se aproveche de él, y cualquier palabra o gesto que le haga sentir eso puede desencadenar una reacción desproporcionada, aunque la persona ni siquiera sepa explicar por qué se ha enfadado. Por eso el propio modelo DISC plantea que ofrecer opciones en vez de órdenes suele encajar mejor con un estilo D: no es lo mismo decir «hazlo así» que «¿lo prefieres de esta forma o de esta otra?», ya que en el segundo caso conserva la sensación de decidir.
Ese mismo libro de Erikson señala algo que a un D le suena reconocible: lo que a otros estilos les genera estrés (una fecha límite ajustada, una discusión directa) a él no le pesa igual, de hecho suele necesitarlo para no aburrirse. Presionarlo no es el problema; el problema es hacerlo sentir que ha perdido el control de la situación.
Lo mejor de este estilo, y su cara oscura bajo presión
Cuando actúa desde el equilibrio, el estilo D aporta:
- Decisión y rapidez para actuar cuando hace falta, sin quedarse bloqueado.
- Capacidad de asumir riesgos calculados que otros estilos evitarían.
- Una orientación muy clara a resultados: prefiere una solución imperfecta a ninguna solución.
- Franqueza: dice lo que piensa, para bien y para mal.
Bajo estrés prolongado, esa misma determinación se vuelve autoritarismo. Se impacienta, exige, critica sin filtro y puede hacer daño a las personas por el camino, no por maldad sino porque en su cabeza la tarea sigue pesando más que quien la ejecuta.
En el extremo contrario: el estilo S
En el diagrama DISC, el estilo D y el estilo S están en cuadrantes opuestos: no comparten ni el ritmo (rápido frente a pausado) ni el foco (tarea frente a personas). Por eso, cuando una persona tiene ambos estilos altos a la vez, algo menos habitual pero posible, puede resultar desconcertante: en el trabajo empuja como un D sin mirar atrás, y ante un problema personal se sienta a escuchar con toda la paciencia de un S. Son, literalmente, dos comportamientos que no tienen nada en común.
Por dónde pasa su crecimiento
El reto que el modelo DISC suele asociar a este estilo no es dejar de ser decidido, sino frenar antes de decidir: pedir opinión, explicar el porqué de las decisiones y tener presente que las personas no son un obstáculo más en la lista de tareas son aspectos que, según este enfoque, ayudan a que el liderazgo de un estilo D se gane en vez de imponerse.
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Preguntas frecuentes
¿El estilo D es el más común del modelo DISC?
No, al contrario: las estimaciones divulgativas del modelo (no un censo poblacional) lo sitúan en torno al 3% de la población, el color menos frecuente de los cuatro.
¿Con qué estilo choca más el D?
Con el S: mientras el D es rápido y va a la tarea, el S es pausado y va a las personas. No comparten ni ritmo ni prioridad, por eso el cambio entre ambos resulta tan llamativo.