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Apego

¿Por qué se llama a la oxitocina la 'hormona de los abrazos'?

Por Equipo Personaramic 5 min de lectura
Ilustración minimalista de dos manos entrelazadas dentro de un círculo

La hormona que convirtió el contacto físico en un dato biológico

La psiquiatra española Marian Rojas Estapé dedica el primer capítulo de su libro Encuentra tu persona vitamina a explicar por qué la oxitocina se ha ganado el apodo de “hormona de los abrazos”. La razón es sencilla de enunciar y compleja de sostener: esta hormona se libera de forma medible cuando hay contacto físico afectuoso (un abrazo, una caricia, incluso una mirada sostenida) y su liberación se asocia a estados de calma, confianza y cercanía hacia la otra persona.

Nota de responsabilidad: este artículo resume ideas divulgativas de la psiquiatra Marian Rojas Estapé en Encuentra tu persona vitamina, en diálogo con la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth que ya se trata en el resto de esta categoría. Tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación ni el criterio de un profesional de la salud mental.

El contrapunto: el cortisol como “viejo conocido”

Rojas Estapé no presenta la oxitocina de forma aislada, sino en contraste directo con el cortisol, al que describe como “un viejo conocido”: la hormona que el cuerpo libera ante el estrés y la amenaza percibida. Mientras el cortisol prepara al organismo para la alerta y la defensa, la oxitocina hace casi lo contrario: favorece la aproximación, la confianza y el vínculo. La autora sostiene que la vida contemporánea es, en sus propias palabras, “inflamatoria”: no tanto por picos puntuales de estrés agudo, sino por una activación baja y sostenida del sistema de alarma, mantenida durante mucho más tiempo del que el cuerpo humano estaba preparado para tolerar.

Esta idea conecta directamente con por qué el contacto social funciona, según su planteamiento, casi como un regulador biológico: si el estrés crónico mantiene el cortisol elevado de fondo, los vínculos que activan oxitocina actuarían como un contrapeso real, no solo emocional sino fisiológico.

Un aviso explícito contra el determinismo hormonal

Un matiz que la propia autora subraya, y que conviene no pasar por alto, es su advertencia directa contra lo que llama el “determinismo de las hormonas”. Rojas Estapé no sostiene que una persona sea una simple marioneta de su química cerebral: las hormonas influyen en el estado de ánimo y en la conducta, pero no los determinan de forma mecánica ni excluyen el peso de la biografía, el contexto o la voluntad de cada persona. Es una distinción importante en un libro de divulgación científica, que podría fácilmente caer en la simplificación contraria (reducir toda la vida afectiva a un cóctel de neurotransmisores) y que en cambio elige matizarla de forma explícita.

Por qué el ser humano necesita vínculo: Aristóteles frente a Hobbes

Para argumentar que la necesidad de vínculo social no es un capricho cultural sino una condición biológica, la autora recurre a dos referencias filosóficas clásicas y las pone a dialogar entre sí. La primera es Aristóteles, con su célebre afirmación de que “el hombre es un ser social por naturaleza”: estamos, según esta lectura, orientados desde el origen a vivir en comunidad, no como una opción entre otras sino como parte de nuestra propia naturaleza.

La segunda referencia es la frase de Thomas Hobbes (que la propia autora señala como tomada originalmente de Plauto) de que “el hombre es un lobo para el hombre”. Rojas Estapé no la descarta sin más: reconoce que puede existir competencia real por los recursos y que esa competencia genera agresividad entre individuos. Pero matiza que esa tensión convive con un sentimiento mayoritario de solidaridad, que no se limita a organizaciones benéficas puntuales. Como ejemplo, señala que las grandes tradiciones religiosas (cristianismo, islam, hinduismo, budismo) comparten el amor y el respeto al prójimo como pilares éticos centrales de su práctica, no como un añadido secundario.

La evidencia que aporta: aislamiento, pandemia y sacrificio

Más allá de la argumentación filosófica, la autora recurre a un hecho reciente y verificable como evidencia de esta necesidad social: el daño psicológico real que causaron los confinamientos por la pandemia. Ese aislamiento forzado, sostiene, no fue solo una incomodidad logística, sino una prueba empírica involuntaria de cuánto necesita el ser humano el contacto con los demás para sostener su equilibrio psicológico.

En la misma línea, cita el comportamiento del personal sanitario durante ese mismo periodo (sacrificios personales considerables por el cuidado de personas desconocidas) como muestra de un instinto de pertenecer a algo más grande que uno mismo, que iría más allá del cálculo racional de beneficio propio que predeciría una lectura puramente hobbesiana de la naturaleza humana.

La aplicación clínica: por qué siempre pregunta por las relaciones

El capítulo no se queda en la teoría. Rojas Estapé describe su propia práctica clínica como psiquiatra: en la primera entrevista con un paciente, tras hablar de cómo se siente y qué le ocurre, llega siempre una segunda fase en la que pregunta explícitamente por sus relaciones (pareja, familia, amistades, compañeros de trabajo). Según su experiencia clínica, en muchos casos el malestar que trae al paciente a consulta tiene su origen, directa o indirectamente, en esa esfera relacional, no solo en factores individuales aislados.

Esta observación clínica conecta de forma natural con el resto de contenido de esta categoría: la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth explica precisamente cómo se forman esos patrones relacionales desde la infancia, y por qué distintos estilos de vínculo, como el apego seguro o el apego ansioso, llevan a formas distintas de vivir la cercanía, el conflicto y la necesidad del otro en la vida adulta. Puedes descubrir tu propio estilo con nuestro test de apego.

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Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre la oxitocina y el cortisol?

Según Rojas Estapé, son casi opuestos funcionales: el cortisol es la hormona asociada al estrés y la amenaza, mientras que la oxitocina se libera con el contacto físico y el vínculo social y se asocia a la calma y la confianza.

¿Significa esto que basta con abrazar a alguien para sentirse mejor?

No exactamente. La propia autora advierte contra el 'determinismo hormonal': las hormonas influyen en el estado de ánimo, pero no lo determinan de forma mecánica ni sustituyen el resto de factores psicológicos y sociales en juego.

¿Por qué cita la autora a Aristóteles y a Hobbes en el mismo capítulo?

Para contraponer dos visiones históricas de la naturaleza humana: una que nos ve orientados biológicamente a la vida social (Aristóteles) y otra que subraya la competencia entre individuos (Hobbes), antes de argumentar que ambas conviven, sin que la segunda anule la necesidad real de vínculo.

¿Es este un texto de divulgación o un estudio clínico?

Es un libro de divulgación escrito por una psiquiatra en ejercicio, no un estudio científico primario. Sus afirmaciones se presentan aquí con ese mismo carácter divulgativo, no como evidencia clínica cerrada.

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