¿Por qué se llama a la oxitocina la 'hormona de los abrazos'?
De la sala de partos al apodo
La oxitocina no se descubrió en un abrazo, sino en un útero. A principios del siglo XX, el fisiólogo británico Henry Dale observó que un extracto de la hipófisis provocaba contracciones uterinas. El nombre viene del griego y significa “parto rápido”. En 1953, Vincent du Vigneaud logró sintetizarla, el primer péptido hormonal fabricado en laboratorio, y recibió por ello el Nobel de Química de 1955.
Durante décadas fue la hormona del parto y de la lactancia. El salto a la vida afectiva llegó a principios de los noventa con un roedor: el topillo de la pradera, que forma parejas estables, a diferencia de sus parientes cercanos de montaña. Thomas Insel y Lawrence Shapiro mostraron en 1992 que ambas especies distribuyen los receptores de oxitocina en el cerebro de forma distinta, y en 1994 el equipo de Jessie Williams, con Insel y Sue Carter, vio que administrarla en el cerebro de hembras de topillo facilitaba que prefirieran a un macho concreto.
De ahí a los titulares sobre la “hormona del amor” y la “hormona de los abrazos” hubo poco trecho. La pregunta interesante es cuánto de eso se sostiene en personas.
Lo que sí muestran los estudios con abrazos
El estudio más citado para el apodo es el de Kathleen Light, Karen Grewen y Janet Amico, publicado en Biological Psychology en 2005. Midieron la oxitocina en sangre y la tensión arterial de 59 mujeres antes y después de un rato de contacto cálido con su pareja que terminaba en un abrazo.
Las mujeres que decían recibir abrazos con más frecuencia tenían niveles de oxitocina más altos en reposo y una tensión arterial y un ritmo cardíaco más bajos. La oxitocina explicaba en parte esa relación. Es un hallazgo real y modesto: una muestra pequeña, solo mujeres premenopáusicas con pareja, y un diseño correlacional que no permite saber qué causa qué.
Ese límite pesa más de lo que parece, porque medir la oxitocina en sangre es difícil. Michael McCullough, Patricia Churchland y Armando Mendez advirtieron en 2013 que muchos de los métodos usados en estos estudios daban cifras poco fiables, y que parte de la literatura sobre oxitocina y conducta descansaba sobre esas medidas.
El experimento de la confianza y su réplica
En 2005, Michael Kosfeld, Ernst Fehr y su equipo publicaron en Nature un experimento que dio la vuelta al mundo: quienes recibían oxitocina por vía nasal transferían más dinero a un desconocido en un juego económico de confianza. El título no dejaba dudas: “Oxytocin increases trust in humans”.
Una década después, Gideon Nave, Colin Camerer y el propio McCullough revisaron toda la investigación en Perspectives on Psychological Science (2015). Su conclusión fue que el hallazgo más prometedor no se había replicado bien, que las medidas en sangre eran defectuosas y que los estudios genéticos grandes no encontraban asociaciones consistentes. La evidencia acumulada no permitía afirmar que la oxitocina aumente la confianza de forma fiable.
El propio Fehr participó después en una réplica registrada, con el protocolo aprobado antes de recoger datos, publicada en Nature Human Behaviour en 2020. Con más de 300 participantes, no encontró efecto en las condiciones del experimento original. En 2026, un equipo de Maastricht replicó el estudio con 211 personas, juntó sus datos con los de 2020 y concluyó que, si el efecto existe, es demasiado pequeño para que la mayoría de los laboratorios puedan detectarlo.
El debate no está cerrado. Ese mismo año, otro estudio preregistrado con 359 hombres de baja confianza de partida encontró que la oxitocina aumentaba sus transferencias en torno a un 15 %. La lectura más prudente hoy es que, si la oxitocina influye en la confianza, lo hace en personas y contextos concretos, no como un suero universal.
La cara menos amable: cuidar a los nuestros
Hay otro motivo para desconfiar del apodo. En 2010, Carsten De Dreu y su equipo publicaron en Science tres experimentos con hombres que recibían oxitocina o placebo y tomaban decisiones económicas que afectaban a su grupo y a un grupo rival.
La oxitocina aumentó lo que llamaron el patrón de “cuidar y defender”: más sacrificio por el propio grupo y, en algunas condiciones, más disposición a defenderse del grupo rival. Un año después, el mismo equipo publicó en PNAS que la oxitocina favorecía el etnocentrismo: preferencias más marcadas por el propio grupo frente a los demás.
Por eso buena parte de los investigadores ya no habla de una hormona de la bondad, sino de una hormona que vuelve más relevantes las señales sociales. Hace más importante a quien tenemos cerca, para bien y, a veces, a costa de quien queda fuera.
Por qué el apodo sigue teniendo sentido (con matices)
Nada de lo anterior significa que la oxitocina no tenga que ver con el vínculo. En mamíferos interviene en el parto, la lactancia y el cuidado de las crías, y en especies como el topillo de la pradera participa en la formación de pareja. En personas, el contacto afectuoso se asocia a algunos marcadores fisiológicos de calma.
Lo que no se sostiene es la versión simple: que un abrazo libere una dosis de oxitocina que nos vuelve confiados y amables. La hormona forma parte de sistemas complejos, actúa distinto según el contexto y la persona, y es difícil de medir.
Para la psicología del apego, esto encaja bien. Lo que protege no es una molécula aislada, sino la experiencia repetida de que alguien está disponible cuando se le necesita. La oxitocina sería una de las piezas biológicas de ese proceso, no su explicación completa.
La lectura divulgativa de Marian Rojas Estapé
La psiquiatra española Marian Rojas Estapé dedica el primer capítulo de Encuentra tu persona vitamina (2021) a la oxitocina, y su libro ha popularizado el apodo en español. Plantea la oxitocina como contrapunto del cortisol, al que llama “un viejo conocido”, y describe la vida contemporánea como “inflamatoria” por una activación del estrés baja pero sostenida.
Dos ideas de su capítulo encajan con la investigación:
- Su aviso contra el “determinismo de las hormonas”: las hormonas influyen en el ánimo y la conducta, pero no los dictan de forma mecánica ni anulan la biografía, el contexto o la voluntad.
- Su práctica clínica: cuenta que, en la primera entrevista, siempre pregunta por las relaciones del paciente (pareja, familia, amistades, trabajo), porque a menudo el malestar tiene origen en esa esfera. Es su experiencia, no un dato medido, pero coincide con lo que la investigación sobre apoyo social lleva décadas describiendo.
Para defender que el ser humano necesita vínculo, contrapone el “ser social por naturaleza” de Aristóteles con la frase que popularizó Thomas Hobbes, “el hombre es un lobo para el hombre”, que procede de una comedia de Plauto. Su tesis es que la competencia existe, pero convive con una necesidad de pertenencia que la pandemia y sus confinamientos hicieron visible.
Es un libro de divulgación, y conviene leerlo así: cuando simplifica la oxitocina como “hormona de la calma”, se queda en la parte más amable de una historia más compleja.
Lo que todavía no se sabe
- Si la oxitocina nasal llega al cerebro en cantidad suficiente y por qué vía. Gareth Leng y Mike Ludwig lo plantearon en 2016 como una de las grandes incógnitas del campo, y ayuda a entender la irregularidad de los resultados.
- Si los efectos en personas dependen del perfil de partida, como sugieren los estudios con personas de baja confianza.
- Cuánto se parece el papel de la oxitocina en el vínculo humano al que tiene en roedores monógamos.
Si te interesa cómo se forman los patrones de cercanía que esta hormona acompaña, la teoría del apego de Bowlby y Ainsworth los explica desde la infancia. Lo tratamos en apego seguro y apego ansioso, y puedes explorar el tuyo en nuestro test de apego.
Fuentes
- Insel, T. R., & Shapiro, L. E. (1992). Oxytocin receptor distribution reflects social organization in monogamous and polygamous voles. Proceedings of the National Academy of Sciences, 89(13), 5981-5985.
- Williams, J. R., Insel, T. R., Harbaugh, C. R., & Carter, C. S. (1994). Oxytocin administered centrally facilitates formation of a partner preference in female prairie voles (Microtus ochrogaster). Journal of Neuroendocrinology, 6(3), 247-250.
- Light, K. C., Grewen, K. M., & Amico, J. A. (2005). More frequent partner hugs and higher oxytocin levels are linked to lower blood pressure and heart rate in premenopausal women. Biological Psychology, 69(1), 5-21. doi:10.1016/j.biopsycho.2004.11.002
- Kosfeld, M., Heinrichs, M., Zak, P. J., Fischbacher, U., & Fehr, E. (2005). Oxytocin increases trust in humans. Nature, 435(7042), 673-676. doi:10.1038/nature03701
- De Dreu, C. K. W., Greer, L. L., Handgraaf, M. J. J., Shalvi, S., Van Kleef, G. A., Baas, M., Ten Velden, F. S., Van Dijk, E., & Feith, S. W. W. (2010). The neuropeptide oxytocin regulates parochial altruism in intergroup conflict among humans. Science, 328(5984), 1408-1411. doi:10.1126/science.1189047
- De Dreu, C. K. W., Greer, L. L., Van Kleef, G. A., Shalvi, S., & Handgraaf, M. J. J. (2011). Oxytocin promotes human ethnocentrism. Proceedings of the National Academy of Sciences, 108(4), 1262-1266. doi:10.1073/pnas.1015316108
- McCullough, M. E., Churchland, P. S., & Mendez, A. J. (2013). Problems with measuring peripheral oxytocin: Can the data on oxytocin and human behavior be trusted? Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 37(8), 1485-1492. doi:10.1016/j.neubiorev.2013.04.018
- Nave, G., Camerer, C., & McCullough, M. (2015). Does oxytocin increase trust in humans? A critical review of research. Perspectives on Psychological Science, 10(6), 772-789. doi:10.1177/1745691615600138
- Leng, G., & Ludwig, M. (2016). Intranasal oxytocin: Myths and delusions. Biological Psychiatry, 79(3), 243-250. doi:10.1016/j.biopsych.2015.05.003
- Declerck, C. H., Boone, C., Pauwels, L., Vogt, B., & Fehr, E. (2020). A registered replication study on oxytocin and trust. Nature Human Behaviour, 4(6), 646-655. doi:10.1038/s41562-020-0878-x
- Kroll, C. F., Schruers, K. R. J., Viechtbauer, W., Vingerhoets, C., Seidel, L., Riedl, A., & Hernaus, D. (2026). Absence of a meaningful effect of intranasal oxytocin on trusting behavior: A registered report with pooled equivalence testing. Cortex, 198, 208-233. doi:10.1016/j.cortex.2026.03.006
- Vogt, B., Bengart, P., Declerck, C., & Fehr, E. (2026). Oxytocin increases trust in men low in dispositional trust. Proceedings of the National Academy of Sciences, 123(32), e2602655123. doi:10.1073/pnas.2602655123
- Rojas Estapé, M. (2021). Encuentra tu persona vitamina. Espasa.
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Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre la oxitocina y el cortisol?
El cortisol es la principal hormona de la respuesta al estrés: moviliza energía y prepara al organismo para afrontar una amenaza. La oxitocina, producida en el hipotálamo, interviene en el parto, la lactancia y la conducta social. Algunos estudios encuentran que el contacto afectuoso se asocia a más oxitocina y menos reactividad al estrés, pero no funcionan como un interruptor de 'calma' frente a otro de 'alarma'.
¿Significa esto que basta con abrazar a alguien para sentirse mejor?
No. Los estudios asocian el contacto afectuoso frecuente con algunos marcadores de bienestar, como una tensión arterial algo más baja, pero son en su mayoría correlacionales y con muestras pequeñas. El abrazo forma parte de un vínculo; no sustituye al vínculo ni a los demás factores psicológicos y sociales.
¿Por qué cita la autora a Aristóteles y a Hobbes en el mismo capítulo?
Marian Rojas Estapé, en Encuentra tu persona vitamina, contrapone dos visiones de la naturaleza humana: la de Aristóteles, que nos ve como seres sociales por naturaleza, y la frase que popularizó Hobbes, 'el hombre es un lobo para el hombre', tomada del comediógrafo latino Plauto. Su tesis es que ambas conviven, sin que la competencia anule la necesidad de vínculo.
¿Es este un texto de divulgación o un estudio clínico?
Es un artículo de divulgación. Resume estudios primarios sobre oxitocina (Light y colaboradores, Kosfeld y colaboradores, De Dreu y colaboradores, y las revisiones críticas posteriores) y recoge la lectura divulgativa de la psiquiatra Marian Rojas Estapé como una voz más.
¿La oxitocina en espray aumenta la confianza?
Es una cuestión abierta. El estudio de 2005 que lo sugirió no se ha replicado bien: una réplica registrada de 2020 con más de 300 participantes no encontró efecto en las condiciones del original, y un análisis conjunto publicado en 2026 lo sitúa en un rango demasiado pequeño para la mayoría de los estudios de laboratorio. Otro estudio de 2026 sí encuentra un efecto en hombres con baja confianza de partida.
¿La oxitocina nos hace mejores con todo el mundo?
No necesariamente. En experimentos de De Dreu y colaboradores (2010), la oxitocina aumentó la cooperación con el propio grupo y, en algunos casos, la defensa frente a un grupo rival. Por eso varios investigadores la describen como una hormona de la relevancia social más que de la bondad.