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Big Five

Openness: el rasgo de la apertura a la experiencia

Por la redacción de Personaramic8 min de lectura
Ilustración minimalista de un ojo abierto representando el rasgo de apertura a la experiencia

La apertura a la experiencia es una de las cinco dimensiones del Big Five. Es el rasgo que define la originalidad, la amplitud y complejidad de la vida mental y la tolerancia a lo desconocido.

Este rasgo distingue a las mentes creativas e intelectualmente curiosas, las personas que, en lugar de sentir la novedad como una amenaza, la viven como algo estimulante y agradable.

Por ejemplo, alguien con alta apertura suele disfrutar probando un plato que nunca ha comido o visitando un país cuya cultura desconoce por completo.

En cierto modo, la apertura funciona como una necesidad de la mente: explorar ideas abstractas, apreciar la belleza en el arte, la música o el diseño, y cuestionar las normas en lugar de darlas por sentadas.

McCrae y Costa (1997) la describen con dos componentes: una estructura mental más amplia y permeable, que deja entrar más pensamientos, sensaciones y matices, y una motivación para buscar experiencias nuevas. Por eso a quien puntúa alto un entorno cambiante y variado le resulta estimulante, y uno monótono le pesa más que a otras personas.

A diferencia de la responsabilidad, la apertura no es, en general, uno de los rasgos que mejor predicen el desempeño laboral.

Sin embargo, sí lo hace, y de forma notable, en roles que exigen creatividad o capacidad de adaptación al cambio, como el diseño, la investigación o la gestión de proyectos innovadores.

Este artículo tiene un carácter divulgativo y no sustituye la evaluación individualizada de un profesional cualificado.

El origen de los Cinco Grandes y la medición del rasgo

El estudio científico de la personalidad logró unificar sus criterios gracias a lo que se conoce como el enfoque léxico: la idea de que los rasgos de personalidad más importantes para la vida social han quedado, con el tiempo, recogidos en las palabras del lenguaje cotidiano.

Esa historia, de Allport a Goldberg, se cuenta en la hipótesis léxica. Lo relevante para este rasgo es que Paul Costa y Robert McCrae lo incluyeron desde el principio en su modelo NEO (neuroticismo, extraversión y apertura), antes incluso de añadir amabilidad y responsabilidad.

Para medirlo se usan hoy inventarios como el NEO-PI-R o el Inventario de los Cinco Grandes (BFI) de Oliver John, Eileen Donahue y Richard Kentle, que evalúa los rasgos con frases cortas puestas en contexto en lugar de adjetivos sueltos como «curioso» o «imaginativo», que cada persona puede interpretar de forma distinta.

Los dominios que construyen la mente abierta

La apertura no es una sola actitud. El NEO-PI-R de Costa y McCrae la divide en seis facetas:

  • Fantasía: un mundo interior rico, con facilidad para imaginar con detalle escenarios que nunca han ocurrido.
  • Estética: capacidad de conmoverse ante el arte, la música o la poesía, no como algo decorativo sino como parte importante de la vida.
  • Sentimientos: atención a las propias emociones y valoración de vivirlas con intensidad, tanto las agradables como las desagradables.
  • Acciones: gusto por probar actividades nuevas, viajar a sitios desconocidos o cambiar de rutina, frente a la preferencia por lo familiar.
  • Ideas: curiosidad intelectual, gusto por los argumentos y los problemas abstractos. Es la persona que ve un documental sobre un tema que no domina por el placer de entenderlo.
  • Valores: disposición a revisar las normas sociales, políticas o religiosas en lugar de aceptarlas porque «siempre se ha hecho así».

DeYoung, Quilty y Peterson (2007) mostraron que estas facetas se agrupan en dos aspectos: Intelecto (sobre todo ideas) y Apertura en sentido estricto (fantasía, estética, sentimientos). La distinción explica por qué la tradición léxica llamó a este factor “Intelecto”, un debate que tratamos en si es lo mismo el modelo de los cinco grandes y el Big Five.

La apertura dentro del metarrasgo Plasticidad

Los cinco grandes rasgos no son del todo independientes: se agrupan en dos factores de orden superior. La apertura, junto con la extraversión, forma el llamado Plasticidad (DeYoung, 2006). El nombre no alude a la plasticidad del cerebro: es la etiqueta de un metarrasgo que recoge la tendencia a explorar y a comprometerse con lo nuevo. En la extraversión esa exploración es social; en la apertura, sobre todo cognitiva y estética.

En la práctica, quienes puntúan alto suelen sentirse cómodos con la ambigüedad y viven los imprevistos como problemas interesantes más que como alteraciones de su rutina. Quienes puntúan bajo aportan lo contrario: preferencia por lo probado, sentido práctico y constancia en las costumbres, algo valioso en tareas donde la innovación no es lo que se busca.

Variaciones de la apertura según la edad

La personalidad no es un bloque estático. El metaanálisis de Roberts, Walton y Viechtbauer (2006), con 92 muestras longitudinales, describe para la apertura una curva bastante clara.

Durante la adolescencia y la juventud aumenta: es la etapa en la que se prueban identidades, ideas y grupos nuevos. En la edad adulta se mantiene bastante estable, y en la vejez desciende. Es una tendencia media: hay personas que siguen buscando novedad a los ochenta años.

Apertura, creatividad y liderazgo

De los cinco rasgos, la apertura es el que más se relaciona con la creatividad: el metaanálisis de Feist (1998) la situó entre los rasgos que mejor distinguen a artistas y científicos creativos de sus colegas menos creativos. También se asocia con el liderazgo: en el metaanálisis de Judge, Bono, Ilies y Gerhardt (2002) su correlación con el liderazgo fue de 0,24, por detrás de la extraversión y la responsabilidad.

Dos vertientes: cultura y experiencia

Algunos instrumentos usados en España, como el cuestionario BFQ de Caprara, Barbaranelli y Borgogni, llaman a este factor “apertura mental” y lo desglosan en dos subdimensiones.

La apertura a la cultura mide el grado de interés por la lectura, por estar informado sobre lo que pasa en el mundo y por el aprendizaje continuo.

Describe a quien disfruta en ambientes intelectualmente estimulantes.

La apertura a la experiencia, en este desglose, evalúa la disposición a aceptar cambios en la rutina, buscar soluciones alternativas a un problema y entrar en contextos desconocidos sin resistencia.

Respaldo científico: el factor más difícil de traducir

La apertura es, según Robert McCrae (1990), el factor del Big Five que peor recoge el vocabulario cotidiano.

El inglés, por ejemplo, apenas tiene adjetivos de uso común para describir la sensibilidad estética (la palabra más cercana, “artístico”, describe a quien produce arte, no a quien lo aprecia).

Esto explica en parte por qué costó más identificar este factor que los otros cuatro durante la fase inicial de la investigación léxica, cuando los científicos rastreaban el diccionario en busca de palabras que describieran rasgos de personalidad.

Base hereditaria y validez transcultural

Aun así, como el resto de los cinco factores, tiene una base hereditaria moderada, demostrada en estudios con gemelos, y se replica en evaluaciones hechas por observadores en 50 culturas (McCrae, Terracciano et al., 2005). Es también el factor que peor se replica en sociedades no occidentales, como se explica en las críticas al Big Five.

Uno de sus correlatos más citados es la relación con las actitudes sociales y políticas: McCrae (1996) revisó la evidencia de que las personas con puntuaciones altas tienden a ser más receptivas al cambio social y a posiciones liberales, y las de puntuaciones bajas, a valorar más la tradición.

También existe un cruce interesante con otro test del sitio: la preferencia “Sensación-Intuición” del MBTI correlaciona en torno a 0,7 con este mismo factor (McCrae y Costa, 1989): quienes salen “intuitivos” en el MBTI suelen puntuar alto en apertura.

Fuera de los cuestionarios, el rasgo deja huellas curiosas. Las personas con sinestesia, que ven colores en letras o días, puntúan de media algo más alto en apertura, y la apertura es también el rasgo que mejor predice quién siente escalofríos con la música.

Puedes comprobar tu propio nivel de apertura, junto con el resto de rasgos, haciendo nuestro test Big Five.

Fuentes

  • John, O. P., Donahue, E. M. y Kentle, R. L. (1991). The Big Five Inventory: Versions 4a and 54. University of California, Berkeley, Institute of Personality and Social Research.
  • McCrae, R. R. (1990). Traits and trait names: How well is Openness represented in natural languages? European Journal of Personality, 4(2), 119-129.
  • McCrae, R. R., Terracciano, A. et al. (2005). Universal features of personality traits from the observer’s perspective: Data from 50 cultures. Journal of Personality and Social Psychology, 88(3), 547-561.
  • McCrae, R. R. y Costa, P. T. (1989). Reinterpreting the Myers-Briggs Type Indicator from the perspective of the five-factor model of personality. Journal of Personality, 57(1), 17-40.
  • McCrae, R. R. (1996). Social consequences of experiential openness. Psychological Bulletin, 120(3), 323-337.
  • McCrae, R. R. y Costa, P. T. (1997). Conceptions and correlates of openness to experience. En R. Hogan, J. Johnson y S. Briggs (Eds.), Handbook of personality psychology (pp. 825-847). Academic Press.
  • Feist, G. J. (1998). A meta-analysis of personality in scientific and artistic creativity. Personality and Social Psychology Review, 2(4), 290-309.
  • Costa, P. T. y McCrae, R. R. (1992). Revised NEO Personality Inventory (NEO-PI-R) and NEO Five-Factor Inventory (NEO-FFI) professional manual. Psychological Assessment Resources.
  • Caprara, G. V., Barbaranelli, C. y Borgogni, L. (1993). BFQ: Big Five Questionnaire. Organizzazioni Speciali.
  • DeYoung, C. G. (2006). Higher-order factors of the Big Five in a multi-informant sample. Journal of Personality and Social Psychology, 91(6), 1138-1151.
  • DeYoung, C. G., Quilty, L. C. y Peterson, J. B. (2007). Between facets and domains: 10 aspects of the Big Five. Journal of Personality and Social Psychology, 93(5), 880-896.
  • Judge, T. A., Bono, J. E., Ilies, R. y Gerhardt, M. W. (2002). Personality and leadership: A qualitative and quantitative review. Journal of Applied Psychology, 87(4), 765-780.
  • Roberts, B. W., Walton, K. E. y Viechtbauer, W. (2006). Patterns of mean-level change in personality traits across the life course: A meta-analysis of longitudinal studies. Psychological Bulletin, 132(1), 1-25.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la apertura a la experiencia (Openness)?

El rasgo de personalidad que mide la curiosidad intelectual, la imaginación y la tolerancia hacia lo desconocido o poco convencional.

¿Qué facetas incluye la apertura a la experiencia?

En el NEO-PI-R de Costa y McCrae son seis: fantasía, estética, sentimientos, acciones, ideas y valores.

¿Cómo cambia la apertura con la edad?

Según el metaanálisis de Roberts, Walton y Viechtbauer (2006), aumenta durante la adolescencia y la juventud, se mantiene bastante estable en la edad adulta y desciende en la vejez.

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