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Lenguajes del amor

¿Por qué el 69% de los conflictos de pareja nunca se resuelven del todo?

Por la redacción de Personaramic7 min de lectura
Ilustración minimalista de dos círculos entrelazados con un símbolo de porcentaje

Dos tipos de conflicto, no uno

John Gottman, tras años de seguimiento a parejas reales en su investigación en la Universidad de Washington, llegó a una distinción que cambia cómo se entiende el conflicto de pareja: no todos los desacuerdos son del mismo tipo.

Según su trabajo, cualquier conflicto de pareja, desde la irritación más pequeña hasta la discusión más seria, puede clasificarse en una de dos categorías: solucionable o perpetuo.

Un problema solucionable tiene, según esta distinción, una salida práctica concreta: algo específico que cambiar o acordar, y una vez acordado, el conflicto deja de reaparecer en esos mismos términos.

Un problema perpetuo es distinto de raíz: nace de una diferencia de personalidad, de estilo de vida o de valores entre ambos miembros de la pareja, algo que no tiene una solución única que lo cierre para siempre. Va a seguir formando parte de la relación, de una forma u otra, indefinidamente.

Gottman toma prestada aquí una idea del terapeuta de pareja Daniel Wile, que en After the Honeymoon (1988) escribió que elegir una pareja a largo plazo es elegir, inevitablemente, un conjunto concreto de problemas sin solución con los que convivir durante diez, veinte o cincuenta años. Con otra persona habría otros, no ninguno.

La cifra: 69 %

Aquí está el hallazgo que más sorprende de esta parte de la investigación de Gottman: la mayoría de los conflictos de pareja, en torno al 69 % según sus datos, son de tipo perpetuo, no solucionable.

En los seguimientos que su equipo hizo a las mismas parejas a lo largo de cuatro años, encontraron algo llamativo: seguían discutiendo del mismo tema. Gottman lo describe con una imagen: era como si, en vez de cuatro años, hubieran pasado cuatro minutos. Las parejas habían cambiado de ropa, de peinado, incluso de peso, pero seguían teniendo la misma discusión de fondo.

De dónde sale la cifra, y qué no dice

El 69 % aparece en Los siete principios para hacer que el matrimonio funcione (1999), un libro de divulgación escrito con la periodista Nan Silver. El libro no remite a un artículo científico concreto que explique cómo se clasificaron los conflictos ni con qué muestra exacta se calculó el porcentaje. Procede de parejas estadounidenses observadas por su propio equipo, y la exactitud de la cifra no debería leerse como una constante universal.

Lo que sí está bien respaldado es la idea general. Kristen Johnson y Michael Roloff (1998) estudiaron las discusiones en serie, las que vuelven una y otra vez sobre el mismo asunto, en personas con pareja. Lo que mejor predecía la calidad de la relación no era cuántas veces se repetía la discusión, sino si se percibía como resoluble, es decir, si cada episodio hacía avanzar algo. Esa percepción era menor cuando la discusión iba acompañada de contraataques, ciclos de exigencia y retirada, darle vueltas a solas o distanciarse del otro después; y era mayor cuando la primera confrontación había sido constructiva.

Algunos de los conflictos perpetuos reales que documenta en su investigación, entre parejas que él describe como felices, dan una idea de lo cotidianos que suelen ser:

  • Uno de los dos quiere tener un hijo y el otro no está seguro de querer o de estar listo.
  • Una diferencia sostenida en la frecuencia de deseo sexual entre ambos.
  • Uno de los dos es descuidado con las tareas domésticas hasta que el otro tiene que insistir, lo que genera fricción recurrente.
  • Una pareja en la que uno quiere criar a los hijos en una tradición religiosa y el otro en una distinta.

Por qué esto no es necesariamente un mal síntoma

Lo que hace interesante este hallazgo no es solo la cifra en sí, sino dónde aparece: Gottman encontró conflictos perpetuos tanto en parejas que él clasificaba como estables y satisfechas como en parejas que terminaban separándose.

Tener un conflicto perpetuo no distinguía por sí solo a una pareja sana de una que no lo era.

Lo que sí marcaba la diferencia, según su análisis, era la forma en que cada pareja convivía con ese conflicto: si lograban hablar de él sin que derivara en desprecio o en un bloqueo total de la comunicación, o si el tema se volvía un punto de ruptura constante cada vez que aparecía.

Esta distinción tiene una implicación que contradice una idea muy extendida sobre las relaciones: la de que una buena pareja es la que “no tiene problemas” o la que “los resuelve todos”.

Según los propios datos de Gottman, ni siquiera las parejas más estables de su investigación llegaban a resolver la mayoría de sus conflictos de fondo.

La estabilidad no dependía de eliminar esas diferencias, sino de la manera concreta en que la pareja las manejaba cada vez que resurgían.

Cuando un conflicto perpetuo se convierte en “bloqueo”

Gottman distingue, dentro de los propios conflictos perpetuos, entre los que una pareja consigue sobrellevar y los que terminan en lo que él llama “gridlock” (bloqueo o estancamiento total).

Un conflicto perpetuo bien gestionado sigue apareciendo de vez en cuando, pero sin escalar.

Un conflicto bloqueado, en cambio, se repite una y otra vez sin ningún avance, genera sensación de rechazo mutuo, y con el tiempo aparecen cada vez más los cuatro jinetes (crítica, desprecio, actitud defensiva, evasión) mientras el humor y el afecto desaparecen casi por completo de esas conversaciones.

Gottman describe cómo, en ese punto, la pareja empieza a aislarse emocionalmente sin darse cuenta, encaminándose hacia lo que él describe como vidas paralelas dentro de la misma relación.

Si quieres comprobar si usas estos patrones en tus propias discusiones, puedes hacer nuestro test sobre los cuatro jinetes del Apocalipsis.

El sueño oculto detrás del bloqueo

Según su investigación, detrás de casi todo conflicto bloqueado hay lo que llama un “sueño oculto”: una aspiración o un valor personal profundo de uno de los dos que no se ha nombrado ni reconocido dentro de la discusión.

La disputa recurrente, según esta idea, no es realmente sobre el tema superficial que se repite (el dinero, las tareas, la crianza), sino sobre esa necesidad de fondo que ninguno de los dos ha puesto sobre la mesa con claridad.

Identificar de qué tipo es un conflicto, antes de intentar resolverlo

Gottman propone, como primer paso, algo tan sencillo como categorizar cada desacuerdo recurrente: preguntarse si es solucionable (algo con una salida concreta posible) o perpetuo (una diferencia de fondo que probablemente seguirá apareciendo).

Según él, buena parte de la frustración en las parejas viene de tratar un problema perpetuo como si fuera solucionable: insistir en encontrar una solución definitiva a algo que, por su propia naturaleza, no la tiene, en vez de reconocerlo como una diferencia con la que convivir de otra manera.

Un ejemplo: la puntualidad

Pablo llega tarde a casi todo; para Irene, llegar diez minutos antes es una forma de respeto. Cada pocas semanas discuten por lo mismo, y cada vez intentan una “solución definitiva”: alarmas, quedar antes, penalizaciones en broma. Ninguna dura.

Leído como problema solucionable, es un fracaso que se repite. Leído como problema perpetuo, es una diferencia de temperamento y de valores (para él el tiempo es flexible; para ella, una muestra de consideración) que va a seguir ahí. El cambio no está en resolverlo, sino en poder hablar de ello con humor y sin desprecio, y en acordar mínimos para las situaciones que de verdad importan a cada uno, como un vuelo o una cita médica. Ese es el tipo de diálogo que Gottman y, por otra vía, Johnson y Roloff asocian con relaciones que se sostienen.

Esta distinción entre lo solucionable y lo perpetuo cambia la forma de leer un conflicto que se repite: no como un fracaso porque “sigue sin resolverse”, sino como una categoría distinta de problema, con sus propias reglas.

Si te interesa profundizar en los patrones de comunicación de Gottman, puedes seguir con nuestro artículo sobre los cuatro jinetes del Apocalipsis en las relaciones de pareja.

Fuentes

  • Gottman, J. M. y Silver, N. (1999). The Seven Principles for Making Marriage Work. Crown.
  • Johnson, K. L. y Roloff, M. E. (1998). Serial arguing and relational quality. Communication Research, 25(3), 327-343. https://doi.org/10.1177/009365098025003004
  • Wile, D. B. (1988). After the Honeymoon. Wiley.

Preguntas frecuentes

¿Qué diferencia hay entre un problema solucionable y uno perpetuo, según Gottman?

Un problema solucionable tiene una solución práctica concreta a la que ambos pueden llegar. Un problema perpetuo nace de una diferencia de personalidad, valores o necesidades de fondo entre los dos, y por eso vuelve a aparecer una y otra vez bajo distintas formas.

¿Si el 69 % de los conflictos son perpetuos, significa que casi ninguna pareja resuelve nada?

No exactamente: Gottman encontró este patrón tanto en parejas estables como en parejas que terminaban separándose. La diferencia no estaba en si el conflicto perpetuo existía, sino en cómo la pareja convivía con él.

¿Este hallazgo es aplicable a cualquier tipo de discusión?

Gottman lo describe a partir de sus propios seguimientos de parejas durante años, no como una ley universal. El 69 % es una cifra divulgada en su libro, sin un artículo científico que detalle cómo se calculó, así que conviene leerla como orden de magnitud y no como dato exacto.

¿Hay otros estudios que apoyen la idea de los conflictos que se repiten?

Sí. La investigación sobre las 'discusiones en serie' de Kristen Johnson y Michael Roloff (1998) encontró que lo que más se relaciona con la calidad de la relación no es cuántas veces se repite una discusión, sino si la pareja percibe que se puede ir resolviendo.

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