Este test explora tu estilo habitual ante una negociación o un desacuerdo: cuánto priorizas tu propio resultado frente al de la otra persona, y cómo se combinan ambas cosas en tu forma de actuar.
Son 16 afirmaciones. Unos 4 minutos. Responde pensando en tu forma habitual de actuar ante un desacuerdo, no en una negociación concreta y puntual.
Todos los resultados posibles
Negociador competidor
Priorizas tu propio resultado: defiendes tu postura con firmeza, incluso a costa de generar cierta tensión.
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“Prioriza el resultado propio, incluso si eso implica algo de tensión.”
Alta preocupación por lo propio, baja por lo ajeno
Según el modelo de doble preocupación en negociación, este estilo combina alta preocupación por los resultados propios y baja por los del otro. No es agresividad gratuita: es una forma de negociar centrada en no ceder de más.
Cómo se reconoce
- Defiendes tu postura con firmeza, incluso si genera cierta tensión.
- Te cuesta conformarte con un resultado que no sea el que buscabas.
- Priorizas ganar tú antes que un resultado repartido de forma equilibrada.
El coste de ganar siempre
Este estilo funciona bien en negociaciones puntuales, pero puede desgastar relaciones que necesitan continuidad. Valorar si el vínculo con la otra parte importa a largo plazo es un criterio que Thomas y Kilmann (1974) asocian con decidir cuándo competir y cuándo ceder algo de terreno, aunque cada situación es distinta.
Negociador colaborador
Buscas soluciones que beneficien a ambas partes: entiendes los intereses del otro antes de proponer nada.
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“Busca una solución que gane el otro también, no solo uno mismo.”
Alta preocupación por ambas partes a la vez
Este estilo combina alta preocupación por tus propios resultados y alta preocupación por los del otro: en vez de repartir lo que hay, buscas ampliar lo que hay para que ambas partes salgan mejor de lo esperado.
Cómo se manifiesta
- Buscas activamente una solución que beneficie a ambas partes, aunque cueste más tiempo.
- Prefieres entender los intereses del otro antes de proponer nada.
- Inviertes tiempo en encontrar una solución creativa que satisfaga a todos.
Cuando la otra parte no juega igual
La colaboración exige tiempo y buena fe por ambas partes: en negociaciones puntuales o con alguien poco cooperativo, este estilo puede quedar en desventaja. Reconocer cuándo la otra parte no está jugando con las mismas reglas es algo que Fisher, Ury y Patton (1981) asocian con ajustar el enfoque a tiempo, aunque el criterio depende de cada situación.
Negociador acomodador
Priorizas la relación por encima del resultado: cedes con facilidad para mantener la armonía con la otra parte.
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“Prioriza la relación por encima del resultado concreto.”
El vínculo importa más que ganar
Este estilo combina baja preocupación por tus propios resultados y alta preocupación por los del otro: el vínculo importa más que ganar la negociación en sí, y estás dispuesto a ceder para mantenerlo intacto.
Cómo se comporta en la práctica
- Sueles ceder para mantener la buena relación, aunque no sea lo que más te convenga.
- Prefieres que el otro se salga con la suya antes que generar un conflicto.
- Priorizas el vínculo por encima del resultado concreto.
El desequilibrio que se acumula
Ceder de forma sistemática puede generar un desequilibrio que, con el tiempo, pesa sobre ti o sobre la propia relación. Expresar un desacuerdo en lo que de verdad importa no siempre pone en riesgo el vínculo, y Dale Carnegie lo asocia incluso con fortalecerlo, aunque el resultado depende mucho de cada relación y contexto concretos.
Negociador evitador
Prefieres esquivar el conflicto: pospones o evitas la negociación antes que afrontarla directamente.
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“Prefiere posponer antes que afrontar el conflicto directamente.”
Baja preocupación por ambas partes
Este estilo combina baja preocupación por tus propios resultados y baja por los del otro: no se trata de ceder ni de competir, sino de retirarte de la situación siempre que sea posible.
Señales habituales
- Prefieres posponer o esquivar una negociación antes que afrontarla directamente.
- Evitas el conflicto siempre que puedes, aunque quede algo sin resolver.
- A veces dejas pasar un tema importante solo por evitar la incomodidad de negociarlo.
Lo que vuelve con más peso
Evitar tiene sentido cuando el tema es menor o hace falta enfriar la situación, pero pospuesto de forma sistemática, el asunto no resuelto suele volver y con más peso. Distinguir conscientemente en qué momentos merece la pena afrontarlo es un criterio que Thomas y Kilmann (1974) consideran útil, aunque depende de cada situación.
Negociador comprometedor
Buscas un punto medio razonable para ambas partes: cedes algo a cambio de que el otro también ceda.
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“Prefiere un acuerdo razonable y rápido antes que el ideal y lento.”
El punto intermedio como objetivo
Este estilo se sitúa en un punto intermedio de preocupación por ambas partes: ni ganas todo ni cedes todo, buscas un reparto equilibrado que resuelva la situación sin alargarla más de lo necesario.
Cómo se traduce en la práctica
- Prefieres llegar a un punto medio rápido antes que alargar la negociación.
- Estás dispuesto a ceder algo si el otro también cede algo a cambio.
- Priorizas cerrar con un acuerdo aceptable antes que buscar el óptimo.
La solución mejor que se queda sin explorar
La rapidez para llegar a un punto medio a veces deja sobre la mesa una solución mejor, más creativa, que ni tú ni el otro llegasteis a explorar. En negociaciones importantes, invertir algo más de tiempo antes de conformarse con el primer punto medio razonable es algo que Fisher, Ury y Patton (1981) consideran útil para explorar opciones mejores.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura el test?
Unos 4 minutos: 16 afirmaciones con cinco opciones de respuesta cada una.
¿Hay un estilo negociador mejor que otro?
No en términos absolutos: cada estilo tiene ventajas y riesgos según el contexto. Lo útil es reconocer tu patrón habitual y ajustarlo cuando haga falta.
¿En qué se basa este test?
En el modelo de doble preocupación de la investigación sobre conflicto y negociación (Pruitt y Rubin), que cruza la preocupación por los resultados propios con la preocupación por los del otro.
¿Puedo tener rasgos de varios estilos?
Sí, es habitual. El gráfico de resultado muestra tu cercanía a los cinco estilos, no una etiqueta única y cerrada.