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Comunicación pasiva: cuando callar parece más seguro que hablar

Por la redacción de Personaramic4 min de lectura
Ilustración minimalista con la palabra PASIVA en una insignia geométrica

La comunicación pasiva evita el conflicto a corto plazo al precio de acumular necesidades no expresadas.

Este artículo forma parte de una serie divulgativa sobre estilo de comunicación, basada en la teoría clásica de la asertividad. Tiene fines informativos y no sustituye la orientación de un profesional de la psicología.

Un patrón aprendido, no un defecto de carácter

Robert Alberti y Michael Emmons, en Your Perfect Right (1970), describieron la conducta asertiva por contraste con dos extremos: la agresiva y la no asertiva, la de quien renuncia a defender sus derechos o necesidades para no incomodar. Es lo que hoy suele llamarse comunicación pasiva, uno de los cuatro estilos que distingue el test de estilo de comunicación de este sitio.

Para esta tradición no es un rasgo fijo de personalidad, sino un patrón aprendido: aparece cuando, en algún momento, expresar un desacuerdo o una necesidad se sintió más arriesgado que callarlo. Su consecuencia inmediata es que evita la fricción; su coste, que se acumula con el tiempo.

Cuando ese malestar acumulado empieza a asomar de forma indirecta (ironía, silencios cargados), se acerca más a la comunicación pasivo-agresiva que a esta.

Cómo se manifiesta

  • Te cuesta decir que no, incluso cuando preferirías hacerlo con claridad.
  • Dejas pasar cosas que te molestan para no generar tensión, aunque sigan ahí.
  • Sueles ceder en las decisiones del grupo sin expresar tu preferencia real.
  • Prefieres que el otro “adivine” lo que necesitas antes que decirlo tú directamente.

El coste de callar sistemáticamente

A corto plazo, la comunicación pasiva funciona: evita el roce inmediato y mantiene la paz aparente.

A largo plazo, la frustración no expresada tiende a acumularse y puede aparecer de formas indirectas: resentimiento silencioso, distancia emocional o un estallido desproporcionado cuando ya no se aguanta más. Además, quien practica este estilo de forma constante corre el riesgo de que los demás dejen de tener en cuenta sus preferencias, simplemente porque nunca las oyen.

Del silencio a la primera frase

El entrenamiento asertivo clásico no propone pasar de callarlo todo a decirlo todo de golpe, sino empezar por desacuerdos pequeños y de bajo riesgo: elegir el restaurante, decir que un plan no apetece. Son situaciones en las que expresar una preferencia no se vive como una confrontación.

La diferencia entre una respuesta pasiva y una asertiva suele caber en una frase:

SituaciónRespuesta pasivaRespuesta asertiva
El grupo elige un restaurante que no te gusta”Me da igual, lo que queráis.""Yo preferiría el de la otra vez, pero si a la mayoría le apetece este, voy.”
Un amigo te devuelve tarde algo que le prestaste, otra vezNo dices nada y la próxima vez inventas una excusa para no prestarlo.”Necesito que me lo devuelvas el viernes, que el sábado lo uso.”
Te asignan una tarea extra con poco margen”Vale, sin problema”, aunque no llegas.”Puedo hacerla, pero tendría que retrasar el informe. ¿Qué es prioritario?”

Nombrar el hecho concreto, y hacerlo pronto en vez de esperar a que la situación se repita muchas veces, es el paso que más se repite en la literatura sobre asertividad.

El patrón del silencio, según Conversaciones cruciales

Kerry Patterson, Joseph Grenny, Ron McMillan y Al Switzler, en Conversaciones cruciales (2002), describen lo que ocurre cuando alguien se siente en riesgo dentro de una conversación importante: en vez de seguir dialogando, se desliza hacia el silencio o hacia la violencia. La comunicación pasiva encaja en el primero.

Los autores distinguen tres formas de silencio. Dos son el núcleo del estilo pasivo:

  • “Evitar”: esquivar por completo el tema sensible y hablar de todo menos de lo que de verdad importa.
  • “Retirarse”: abandonar la conversación, o incluso salir de la sala.

La tercera, el “enmascaramiento” (dar a entender la opinión con ironía o restándole importancia, sin llegar a decirla), ya no es silencio puro: deja ver el malestar de forma indirecta. Por eso se desarrolla en el artículo sobre la comunicación pasivo-agresiva, que es donde encaja mejor.

Lo que los autores subrayan es que ninguna de estas formas hace desaparecer el problema: solo retira tu opinión de la información que el grupo o la pareja tienen para decidir, y eso empeora la decisión final para todos, no solo para quien calla.

¿Te sientes identificado con este estilo? Compruébalo con el test de estilo de comunicación.

Fuentes

  • Alberti, R. E. y Emmons, M. L. (1970). Your Perfect Right. Impact Publishers.
  • Patterson, K., Grenny, J., McMillan, R. y Switzler, A. (2002). Crucial Conversations: Tools for Talking When Stakes Are High. McGraw-Hill.

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Descubre tu resultado con uno de nuestros tests relacionados.

Preguntas frecuentes

¿La comunicación pasiva significa que soy tímido?

No exactamente. La timidez es un rasgo de temperamento; la comunicación pasiva es un patrón aprendido de priorizar la comodidad ajena sobre la propia expresión, y puede darse en personas muy sociables.

¿Por qué me cuesta tanto decir que no?

Suele desarrollarse cuando, en algún momento, expresar una necesidad se sintió más arriesgado que callarla. No es un fallo de carácter, es un patrón que se puede entrenar en la dirección contraria.

¿Es lo mismo que ser amable?

No. Se puede ser amable siendo asertivo; la comunicación pasiva implica específicamente callar lo que uno piensa o necesita, no solo tratar bien a los demás.

¿Se puede pasar de pasivo a asertivo?

Sí. La literatura clínica trata la asertividad como una habilidad entrenable, no como un rasgo fijo, y el entrenamiento asertivo nació precisamente para ayudar a personas que tendían a callar sus necesidades.

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