¿Falta de voluntad o reloj de búho? Lo que la ciencia separa entre cronotipo y procrastinación
En 2014, tres investigadores de gestión publicaron un experimento incómodo. Unos supervisores tenían que valorar a empleados ficticios cuyas fichas eran idénticas en todo salvo en un detalle: unos trabajaban de 7 de la mañana a 3 de la tarde y otros de 11 a 7. Mismas horas, mismo rendimiento. Los de la mañana salieron mejor parados: más responsables, mejores profesionales.
El estudio, de Kai Chi Yam, Ryan Fehr y Christopher Barnes, no se quedó en el laboratorio. En una empresa real, con parejas de empleado y supervisor, encontraron el mismo patrón incluso después de tener en cuenta las horas totales trabajadas, el rendimiento objetivo y la responsabilidad que cada empleado se atribuía a sí mismo. Empezar más tarde hacía que el jefe viera menos responsable a la persona, y esa impresión arrastraba a la baja su evaluación.
Hay una idea muy asentada detrás de ese resultado: quien madruga es disciplinado y quien rinde de noche tiene un problema de voluntad. La pregunta interesante no es si esa idea es justa, sino qué parte de ella sobrevive a los datos. Porque una parte sobrevive.
Lo que sí dicen los datos
Sería cómodo empezar diciendo que todo es un prejuicio. No lo es.
En 2017, Anastasiya Lipnevich y su equipo reunieron en un meta-análisis 44 muestras independientes con 16.647 personas para ver cómo se relaciona el cronotipo con los cinco grandes rasgos de personalidad. La asociación más fuerte de todas apareció entre la responsabilidad (la conscientiousness del modelo Big Five) y la matutinidad, con una correlación de 0,37.
Una década antes, Nancy Digdon y Andrew Howell habían preguntado a 308 estudiantes universitarios canadienses por su cronotipo, su autocontrol y su tendencia a posponer tareas. Los más vespertinos declararon menos autocontrol y más procrastinación, con correlaciones de tamaño medio.
La relación existe. Pero el mismo meta-análisis incluye el dato que cambia la lectura: el conjunto de los cinco grandes rasgos explica solo entre el 10,9 % y el 16,4 % de las diferencias de cronotipo entre personas. El resto, la gran mayoría, depende de otras cosas. Y aquí es donde conviene separar tres piezas que casi siempre se presentan mezcladas.
Primera pieza: un reloj que no se elige
El cronotipo tiene una base biológica. En 2019, un estudio genético con 697.828 personas del Biobanco del Reino Unido y de la empresa 23andMe identificó 351 regiones del genoma asociadas a ser “de mañanas”. Con una puntuación genética construida a partir de 292 de esas variantes, el 5 % de personas con más carga matutina tenía su fase de sueño unos 25 minutos antes que el 5 % con menos, medido con pulseras de actividad.
Veinticinco minutos parece poco, y lo es para una sola persona. Lo relevante es que el efecto existe sin que nadie haya decidido nada.
La edad añade su propio empuje. Los datos de unas 25.000 personas recogidos por el equipo de Till Roenneberg muestran que el cronotipo se va retrasando durante la adolescencia y alcanza su punto más tardío hacia los 19,5 años en las mujeres y los 20,9 en los hombres. A partir de ahí, vuelve poco a poco hacia la mañana. Ese pico es lo bastante regular como para que los autores lo propusieran como un marcador biológico del final de la adolescencia.
La historia del espeleólogo que vivió dos meses en una cueva sin reloj cuenta cómo se descubrió que ese reloj interno funciona por su cuenta.
Segunda pieza: el desajuste
Un reloj biológico tardío no sería un problema en un mundo que empezara tarde. Lo es en uno que empieza a las ocho.
En 2006, Marc Wittmann, Till Roenneberg y sus colegas pusieron nombre a ese choque: jet lag social, el desfase entre el tiempo biológico y el tiempo social. Se estima comparando el punto medio del sueño en los días libres con el de los días de trabajo. Quien se acuesta y se levanta mucho más tarde el fin de semana que entre semana vive, en la práctica, un pequeño viaje transoceánico cada lunes.
Lo que ese desajuste hace con la procrastinación se ha medido día a día. Jana Kühnel, Ronald Bledow y Nicolas Feuerhahn siguieron a 154 empleados durante cinco jornadas laborables con cuestionarios diarios. Encontraron tres cosas:
- Las personas procrastinaban menos los días en que habían dormido mejor.
- Cuanto mayor era su jet lag social, más procrastinaban cuando la noche había sido mala.
- La duración del sueño de ese día, en cambio, no se relacionaba con la procrastinación.
Es decir, el factor no era dormir más horas, sino la calidad del descanso combinada con lo lejos que el horario estaba del propio reloj.
La prueba de la hora del examen
La forma más limpia de separar rasgo y horario es cambiar solo la hora. Eso es lo que permite un instituto.
Vincent van der Vinne, Giulia Zerbini, Thomas Kantermann y su equipo analizaron 4.734 notas de 741 alumnos neerlandeses de entre 11 y 18 años, teniendo en cuenta a qué hora se había hecho cada examen. Los alumnos matutinos sacaban notas significativamente mejores en los exámenes de primera hora (de 8:15 a 9:45) y de media mañana (de 10:00 a 12:15). En los de primera hora de la tarde, de 12:45 a 15:00, la diferencia desaparecía.
Si la distancia entre unos y otros fuera solo cuestión de carácter, no tendría por qué esfumarse después de comer.
Dos años después, el mismo grupo amplió el análisis a 40.890 notas de 523 alumnos de un instituto de los Países Bajos. Los cronotipos más tardíos obtenían notas algo más bajas: 0,06 puntos menos sobre 10 por cada hora de cronotipo más tardío. Entre el 20 % más matutino y el 20 % más vespertino, separados por casi tres horas de reloj interno, el modelo predecía una diferencia equivalente a pasar del percentil 55 al 43. Dos matices hacen justicia al dato: era el más pequeño de los factores significativos del estudio (las faltas de asistencia pesaban más) y la duración del sueño dejaba de ser significativa al tener en cuenta el resto de variables.
El rendimiento físico y mental muestra el mismo dibujo. En un estudio británico con 56 voluntarios, Elise Facer-Childs y su equipo midieron tiempo de reacción, función ejecutiva y fuerza de agarre a las 14:00, a las 20:00 y a las 8:00 del día siguiente. A las 8:00, los matutinos superaban a los vespertinos en las tres pruebas (un 8,4 % en tiempo de reacción y un 5,9 % en función ejecutiva). A las 20:00, los vespertinos tenían más fuerza de agarre. Cada grupo rendía mejor en su franja.
Tercera pieza: la mirada
Y luego está lo que mostró el experimento del principio. Yam, Fehr y Barnes midieron también una asociación implícita: la gente vincula más la palabra “mañana” que la palabra “tarde” con la idea de responsabilidad. Es un atajo mental parecido al efecto halo, en el que un rasgo visible tiñe la impresión de todo lo demás.
El detalle más revelador del estudio es quién mostraba ese sesgo. Era más fuerte en los supervisores matutinos y casi desaparecía cuando el supervisor era nocturno. El juicio sobre la disciplina ajena dependía, en parte, del reloj de quien juzgaba.
Un caso aparte: irse tarde a la cama
Hay una forma de procrastinación que parece hecha a medida del búho: retrasar la hora de acostarse sin ningún motivo externo. En 2022, Vanessa Hill y sus colegas reunieron 43 estudios sobre este fenómeno y encontraron una asociación moderada con el cronotipo vespertino, y también con menos autocontrol. Los propios autores advierten de que la calidad de la evidencia es baja y de que faltan estudios capaces de hablar de causas.
El estudio más fino sobre la cuestión da una sorpresa. Jana Kühnel, Christine Syrek y Anne Dreher siguieron a 108 empleados alemanes durante una semana laboral. La relación general entre cronotipo y acostarse tarde no llegó a ser significativa. Lo que sí apareció fue un patrón semanal: los vespertinos retrasaban más la hora de dormir el lunes y el martes, y a partir del miércoles la diferencia desaparecía. Además, en las noches en que las personas se sentían con más recursos de autocontrol, retrasaban más la hora de acostarse, no menos.
Ese resultado encaja mal con la explicación de la falta de voluntad. Encaja mejor con un reloj que llega al lunes desplazado por el fin de semana y que, día a día, vuelve a ajustarse.
El reloj del país también cuenta
El reloj interno se sincroniza sobre todo con la luz del sol, no con la hora oficial. En un estudio con más de 21.000 personas en Alemania, el equipo de Roenneberg comprobó que el cronotipo medio se retrasa unos 4 minutos por cada grado de longitud hacia el oeste, lo mismo que tarda el sol en recorrerlo. Entre la frontera oriental y la occidental del país, eso supone unos 36 minutos de diferencia con el mismo horario en el reloj.
España es un caso llamativo de esa distancia. Una orden ministerial de 7 de marzo de 1940, publicada en el BOE al día siguiente, adelantó los relojes una hora a partir del día 16. Se redactó como una medida provisional, en línea con el adelanto que Francia había hecho el 25 de febrero, y nunca se deshizo. El astrónomo Pere Planesas, del Observatorio Astronómico Nacional, ha documentado que el relato de un gesto hacia la Alemania nazi no se sostiene: Alemania no cambió su hora hasta abril.
El resultado es que el mediodía solar llega a Vigo hacia las 13:35 en invierno y hacia las 14:35 en verano, y en algunos municipios del oeste de Galicia el desfase veraniego supera las dos horas y media, uno de los mayores de Europa. Las conclusiones oficiales no han sido unánimes: una subcomisión del Congreso recomendó en 2013 volver a la hora de Greenwich, y la comisión de expertos del Gobierno concluyó en 2019 que no había razones suficientes para cambiarla. La afirmación, muy repetida, de que por eso en España se duerme una hora menos que en el resto de Europa no cuenta con un respaldo científico sólido.
Lo que dicen los datos y lo que no
| Lo que dicen | Lo que no dicen |
|---|---|
| La matutinidad se asocia con la responsabilidad (correlación de 0,37). | Que se pueda deducir el carácter de alguien por su horario: la personalidad explica menos de una sexta parte del cronotipo. |
| Los vespertinos declaran algo más de procrastinación de media. | Que el cronotipo cause la procrastinación: los estudios son correlacionales. |
| Dormir mal combinado con jet lag social se asocia con más procrastinación al día siguiente. | Que el problema sea dormir pocas horas: la duración del sueño no se relacionó. |
| La desventaja escolar de los vespertinos aparece por la mañana. | Que exista a cualquier hora: en exámenes de primera hora de la tarde desapareció. |
| Los supervisores tienden a ver menos responsable a quien empieza tarde. | Que esas personas rindan menos: en el experimento el rendimiento era idéntico. |
| El cronotipo tiene una base genética real. | Que esté fijado para siempre: cambia con la edad y con la luz. |
Tres piezas, un mismo resultado
Lo que la investigación permite decir con cierta seguridad es más matizado que el refrán sobre quien madruga. Hay una correlación real, pero modesta, entre cronotipo y algunos rasgos. Hay un desajuste entre relojes que parece fabricar una parte de lo que luego se atribuye al carácter. Y hay una mirada social que, sin datos de rendimiento que la respalden, premia la mañana.
Ninguna de las tres piezas convierte a nadie en mejor o peor persona. Describen, más bien, a qué hora del día rinde mejor cada cual. El test de cronotipo y el test de procrastinación sirven para situarse en ese mapa, y el artículo sobre qué es el cronotipo explica cómo se mide. Los perfiles de planificador constante y procrastinador evitador describen, por su parte, dos maneras muy distintas de relacionarse con los plazos.
Fuentes
- Digdon, N. L. y Howell, A. J. (2008). College students who have an eveningness preference report lower self-control and greater procrastination. Chronobiology International, 25(6), 1029-1046.
- Facer-Childs, E. R., Boiling, S. y Balanos, G. M. (2018). The effects of time of day and chronotype on cognitive and physical performance in healthy volunteers. Sports Medicine - Open, 4, 47.
- Hill, V. M., Rebar, A. L., Ferguson, S. A., Shriane, A. E. y Vincent, G. E. (2022). Go to bed! A systematic review and meta-analysis of bedtime procrastination correlates and sleep outcomes. Sleep Medicine Reviews, 66, 101697.
- Jones, S. E. et al. (2019). Genome-wide association analyses of chronotype in 697,828 individuals provides insights into circadian rhythms. Nature Communications, 10, 343.
- Kühnel, J., Bledow, R. y Feuerhahn, N. (2016). When do you procrastinate? Sleep quality and social sleep lag jointly predict self-regulatory failure at work. Journal of Organizational Behavior, 37(7), 983-1002.
- Kühnel, J., Syrek, C. J. y Dreher, A. (2018). Why don’t you go to bed on time? A daily diary study on the relationships between chronotype, self-control resources and the phenomenon of bedtime procrastination. Frontiers in Psychology, 9, 77.
- Lipnevich, A. A., Credè, M., Hahn, E., Spinath, F. M., Roberts, R. D. y Preckel, F. (2017). How distinctive are morningness and eveningness from the Big Five factors of personality? A meta-analytic investigation. Journal of Personality and Social Psychology, 112(3), 491-509.
- Planesas, P. (2013). La hora oficial en España y sus cambios. Anuario del Observatorio Astronómico de Madrid.
- Roenneberg, T., Kuehnle, T., Pramstaller, P. P., Ricken, J., Havel, M., Guth, A. y Merrow, M. (2004). A marker for the end of adolescence. Current Biology, 14(24), R1038-R1039.
- Roenneberg, T., Kumar, C. J. y Merrow, M. (2007). The human circadian clock entrains to sun time. Current Biology, 17(2), R44-R45.
- van der Vinne, V., Zerbini, G., Siersema, A., Pieper, A., Merrow, M., Hut, R. A., Roenneberg, T. y Kantermann, T. (2015). Timing of examinations affects school performance differently in early and late chronotypes. Journal of Biological Rhythms, 30(1), 53-60.
- Wittmann, M., Dinich, J., Merrow, M. y Roenneberg, T. (2006). Social jetlag: misalignment of biological and social time. Chronobiology International, 23(1-2), 497-509.
- Yam, K. C., Fehr, R. y Barnes, C. M. (2014). Morning employees are perceived as better employees: Employees’ start times influence supervisor performance ratings. Journal of Applied Psychology, 99(6), 1288-1299.
- Zerbini, G., van der Vinne, V., Otto, L. K. M., Kantermann, T., Krijnen, W. P., Roenneberg, T. y Merrow, M. (2017). Lower school performance in late chronotypes: underlying factors and mechanisms. Scientific Reports, 7, 4385.
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Preguntas frecuentes
¿Las personas vespertinas son menos responsables?
Según un meta-análisis de 44 muestras y 16.647 personas (Lipnevich y colaboradores, 2017), la responsabilidad del modelo Big Five es el rasgo que más se asocia con la matutinidad, con una correlación de 0,37. Es una relación moderada: el conjunto de los cinco grandes rasgos explica solo entre el 10,9 % y el 16,4 % de las diferencias de cronotipo entre personas, así que no permite deducir el carácter de nadie a partir de su horario.
¿Qué es el jet lag social?
Es el término que propusieron Till Roenneberg y su equipo en 2006 para describir el desfase entre el reloj biológico y el horario social. Se estima comparando el punto medio del sueño en los días libres con el de los días laborables. Cuanto más tardío es el cronotipo, mayor suele ser ese desfase en una sociedad que empieza temprano.
¿Los búhos sacan peores notas?
En un instituto neerlandés, los alumnos más vespertinos obtuvieron notas algo más bajas, pero la diferencia dependía de la hora del examen: era significativa por la mañana y desaparecía a primera hora de la tarde (van der Vinne y colaboradores, 2015). En otro estudio con 40.890 notas, el efecto existía pero era pequeño, de 0,06 puntos sobre 10 por cada hora de cronotipo más tardío (Zerbini y colaboradores, 2017).
¿Qué es la procrastinación a la hora de dormir?
Es irse a la cama más tarde de lo previsto sin que haya ningún motivo externo que lo justifique. Un meta-análisis de 43 estudios (Hill y colaboradores, 2022) encontró una asociación moderada con el cronotipo vespertino, aunque los propios autores califican la calidad de la evidencia de baja y piden estudios que permitan hablar de causas.
¿Se puede saber si alguien procrastina por su cronotipo?
No a partir de un artículo ni de un test online. Los estudios describen tendencias estadísticas en grupos de personas, no explicaciones individuales. Un test de cronotipo o de estilo de procrastinación ofrece una orientación para conocerse mejor, no un diagnóstico.