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Cronotipo

Qué es el cronotipo y lo que dice de tu personalidad

Por Elena Personaramic7 min de lectura
Ilustración minimalista de un reloj circular con dos manecillas de colores distintos

Hay personas que abren los ojos antes de que suene cualquier despertador y ya están pensando con claridad a las siete de la mañana. Hay otras que, a esa misma hora, todavía no son del todo ellas mismas. La diferencia entre unas y otras tiene un nombre en psicología: cronotipo, y la investigación ha encontrado que va bastante más allá de una simple preferencia de horario.

El reloj que llevas dentro, aunque no lo veas

Dentro del cerebro, en una zona llamada núcleo supraquiasmático, hay un grupo de neuronas que funciona como un reloj biológico. Este reloj no marca las horas exactas del reloj de pared, sino que genera un ciclo de aproximadamente 24 horas (de ahí el término circadiano, que viene del latín circa diem, “alrededor de un día”) que regula cuándo tu cuerpo libera ciertas hormonas, cuándo sube o baja tu temperatura corporal y cuándo te sientes con más o menos alerta mental.

Ese reloj interno no funciona exactamente igual en todo el mundo. En algunas personas va ligeramente adelantado respecto al día solar; en otras, ligeramente retrasado. Esa diferencia, sostenida en el tiempo, es lo que los investigadores llaman cronotipo.

Un espectro, no dos cajones

Es fácil pensar en el cronotipo como una elección binaria: o eres “de mañanas” o eres “de noches”. La investigación describe algo más matizado: un espectro continuo con tres zonas de referencia.

  • Matutino: el reloj interno va adelantado. Despertar es fácil, la mente está despejada pronto y el cansancio llega temprano por la noche.
  • Vespertino: el reloj interno va retrasado. Arrancar por la mañana cuesta, y el mejor rendimiento llega por la tarde o ya de noche.
  • Intermedio: no hay una preferencia marcada hacia ninguno de los dos extremos. Es, con diferencia, el grupo más numeroso: en estudios de población suele rondar el 60% de las personas.

El cuestionario que abrió el campo, en 1976

El interés científico serio por medir estas diferencias despegó en la década de 1970. En 1976, el psicólogo británico James Horne y el fisiólogo sueco Olov Östberg publicaron un cuestionario de autoevaluación diseñado para clasificar a una persona en cinco categorías, desde “claramente matutino” hasta “claramente vespertino”. Aquel trabajo se convirtió, con los años, en el instrumento más citado de todo el campo de la cronopsicología, la disciplina que estudia cómo varían nuestros procesos psicológicos a lo largo del día. Horne y Östberg también encontraron un respaldo fisiológico a sus categorías: las personas de cada grupo mostraban temperaturas corporales matutinas significativamente distintas entre sí.

Ese cuestionario no ha quedado sin revisión. Christopher Smith, Colleen Reilly y Karen Midkiff señalaron en 1989 que la correlación entre algunos de sus ítems era bastante débil, lo que apuntaba a que la escala podría estar midiendo en realidad dos factores relacionados, y propusieron una versión revisada. Años más tarde, el investigador austriaco Aljoscha Neubauer encontró que los puntos de corte originales identificaban a menos matutinos de la cuenta al aplicarse a estudiantes austriacos, y concluyó que probablemente conviene ajustar estos cuestionarios según la población a la que se aplican.

Un enfoque distinto llegó de la mano del investigador alemán Till Roenneberg, con su Cuestionario de Múnich: en vez de preguntar por preferencias subjetivas, pide directamente a qué hora te duermes y te despiertas los días laborables y los días libres, y calcula el punto medio del sueño en los días libres. Ese dato se relaciona de forma consistente con la clasificación clásica de Horne y Östberg, aunque cada instrumento capta un matiz algo distinto: el cuestionario de preferencias está más influido por factores sociales, mientras que el de Roenneberg refleja de forma más directa el reloj biológico.

Por qué esto no es una cuestión de disciplina

El malentendido más extendido sobre el cronotipo es tratarlo como si fuera un rasgo de carácter: “los matutinos son disciplinados, los vespertinos son unos vagos que no saben organizarse”. La evidencia apunta en otra dirección. El cronotipo tiene un componente genético real y, además, cambia de forma bastante predecible a lo largo de la vida: la adolescencia empuja el reloj biológico hacia la vespertinidad, y a partir de la mediana edad buena parte de la población se desplaza de nuevo hacia la matutinidad.

Lo que dice de tu personalidad, según la investigación

Más allá de la biología del sueño, un estudio español fue un paso más allá y preguntó algo distinto: ¿tienen matutinos y vespertinos personalidades diferentes, más allá del tópico? Juan Francisco Díaz Morales y Marta Aparicio García, de la Universidad Complutense de Madrid, aplicaron a 189 personas una escala de cronotipo y el Inventario Millon de Estilos de Personalidad, un modelo que evalúa aspectos motivacionales, cognitivos y de comportamiento interpersonal.

El hallazgo más consistente no tuvo que ver con la sociabilidad, como suele asumirse, sino con el estilo cognitivo: cómo procesa cada persona la información de su entorno.

  • Las personas matutinas mostraron preferencia por la información concreta y la experiencia directa, y una tendencia a asimilarla apoyándose en esquemas de conocimiento ya existentes, un estilo más sistemático y organizado.
  • Las personas vespertinas mostraron la tendencia contraria: preferencia por la información simbólica y ambigua, y una inclinación mayor hacia la innovación, es decir, acomodar la información a esquemas nuevos en lugar de a los conocidos.

Aquí llega el dato que probablemente sorprenda más a quien dé por hecho el tópico del noctámbulo extrovertido: el estudio no encontró una relación significativa entre la vespertinidad y la extraversión, tal y como la mide el modelo clásico de Hans Eysenck. Investigaciones anteriores habían sugerido esa conexión, pero con resultados contradictorios, y este trabajo tampoco la confirmó. Lo que sí encontró fue una diferencia en el terreno de las normas sociales: las personas matutinas puntuaron más alto en conformismo, con mayor tendencia a respetar las costumbres establecidas, mientras que las vespertinas se mostraron algo menos conformistas.

El grupo del que casi nadie habla

Buena parte de la investigación sobre cronotipo se centra en comparar los dos extremos y deja en un segundo plano al grupo intermedio, pese a ser, como se ha visto, el más numeroso de los tres. En la muestra del estudio de Díaz Morales y Aparicio García, las personas de cronotipo intermedio mostraron, por ejemplo, mayor indecisión en sus relaciones sociales que las matutinas, un matiz que se pierde por completo si solo se comparan los dos polos. Investigadoras como Ana Adan, especializada en cronopsicología, insisten precisamente en tratar el cronotipo intermedio como una categoría con entidad propia, no como un simple punto medio.

El horario también moldea el cronotipo

La relación entre horario de vida y cronotipo probablemente funciona en ambas direcciones. Un estudio realizado por Neus Fernández y su equipo en el Hospital de Jove de Gijón, con 96 trabajadores, encontró que quienes tenían un horario sin turnos de noche mostraban puntuaciones significativamente más matutinas que quienes sí trabajaban de noche, y que llevar más de diez años en la misma empresa también se asociaba con una mayor matutinidad. Tu reloj biológico influye en qué horario te resulta más cómodo, pero sostener un horario determinado durante años también parece dejar su propia huella con el paso del tiempo.

La conclusión que se puede sacar de todo esto

Ni el estereotipo del madrugador rígido ni el del noctámbulo desordenado resisten bien el contraste con los datos. Lo que la investigación describe es algo más modesto y, a la vez, más interesante: dos estilos cognitivos distintos, ninguno superior al otro, cada uno con sus propias ventajas según el tipo de tarea, y un tercer grupo, el intermedio, que rara vez aparece en la conversación pese a ser, con frecuencia, el más numeroso de los tres. Y, de fondo, un reloj biológico real que no elegiste tú y que rara vez coincide del todo con el horario que exige el mundo a tu alrededor.

Fuentes

  • Horne, J. A. y Östberg, O. (1976). A self-assessment questionnaire to determine morningness-eveningness in human circadian rhythms. International Journal of Chronobiology, 4, 97-110.
  • Smith, C. S., Reilly, C. y Midkiff, K. (1989). Evaluation of three circadian rhythm questionnaires with suggestions for an improved measure of morningness. Journal of Applied Psychology, 74(5), 728-738.
  • Neubauer, A. C. (1992). Psychometric comparison of two circadian rhythm questionnaires and their relationship with personality. Personality and Individual Differences, 13(2), 125-131.
  • Roenneberg, T., Wirz-Justice, A. y Merrow, M. (2003). Life between clocks: daily temporal patterns of human chronotypes. Journal of Biological Rhythms, 18(1), 80-90.
  • Díaz Morales, J. F. y Aparicio García, M. (2003). Relaciones entre matutinidad-vespertinidad y estilos de personalidad. Anales de Psicología, 19(2), 247-256.
  • Fernández, N., Hinojal, R., Díaz, J., Sáiz, P. A., González, M. P. y Bobes, J. (2003). Valoración de tipología circadiana en trabajadores de un hospital general. Archivos de Prevención de Riesgos Laborales, 6(1), 77-83.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente el cronotipo?

Es la tendencia biológica de una persona a sentirse más despierta y a rendir mejor en unas horas del día que en otras, regulada por el reloj circadiano interno.

¿El cronotipo es lo mismo que tener buenos o malos hábitos de sueño?

No. Los hábitos de sueño son conductas que se pueden cambiar con relativa facilidad. El cronotipo es una tendencia fisiológica de fondo, con un componente genético, sobre la que los hábitos actúan pero que no crean desde cero.

¿Puedo cambiar mi cronotipo si me lo propongo?

Se puede desplazar de forma moderada ajustando la exposición a la luz y los horarios, pero no se puede invertir por completo solo con voluntad. Cambia además de forma bastante predecible con la edad.

¿El cronotipo predice el tipo de personalidad de alguien?

No de forma determinista. Los estudios encuentran asociaciones estadísticas moderadas entre cronotipo y ciertos estilos cognitivos, no una relación de causa-efecto que permita adivinar la personalidad completa de alguien solo por su horario de sueño.

¿Es cierto que las personas vespertinas son más creativas?

Un estudio español encontró una asociación entre vespertinidad y un estilo cognitivo más orientado a la innovación, pero se trata de una tendencia estadística en un grupo de personas, no una regla aplicable a cada individuo vespertino.

¿Existe un cuestionario oficial para medir el cronotipo?

El más citado en la investigación académica es el cuestionario que publicaron Horne y Östberg en 1976, un instrumento clínico protegido por derechos de autor. Este artículo explica la ciencia detrás de él sin reproducirlo.

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