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Afrontamiento centrado en el problema: actuar sobre la causa del estrés

Por la redacción de Personaramic6 min de lectura
Ilustración minimalista con las palabras AFRONTAMIENTO CENTRADO EN EL PROBLEMA en una insignia geométrica

Afrontamiento centrado en el problema: primero actuar, después sentir

El afrontamiento centrado en el problema es una de las dos grandes funciones del afrontamiento que describieron los psicólogos Richard Lazarus y Susan Folkman: ante una dificultad, el primer movimiento es actuar directamente sobre su causa, no regular cómo te hace sentir.

Es uno de los cuatro estilos que mide nuestro test de afrontamiento del estrés. El test identifica cuál predomina en tus respuestas; no es una escala clínica ni un diagnóstico.

De dónde viene: el modelo de Lazarus y Folkman

Para Lazarus y Folkman, el estrés no depende solo de lo que ocurre, sino de cómo se evalúa. Primero valoramos si una situación nos amenaza (evaluación primaria) y después qué recursos tenemos para hacerle frente (evaluación secundaria). El afrontamiento es lo que hacemos a partir de ahí.

Distinguieron dos funciones: modificar la situación que provoca el malestar (centrada en el problema) y regular la respuesta emocional que esa situación genera (centrada en la emoción). En un estudio de 1980 con adultos de mediana edad, Folkman y Lazarus vieron que casi todas las personas usaban las dos a la vez en un mismo episodio estresante. Hablar de un estilo “centrado en el problema” significa, por tanto, que esa función pesa más, no que la otra desaparezca.

Quien tiene este estilo dominante tiende a evaluar rápido qué puede hacer y a ponerlo en marcha antes de detenerse demasiado en cómo se siente por el camino.

Qué incluye exactamente

Los cuestionarios que se usan en investigación desglosan este estilo en estrategias concretas. En el COPE, que Charles Carver, Michael Scheier y Jagdish Weintraub publicaron en 1989, las escalas centradas en el problema son:

  • Afrontamiento activo: dar pasos directos para eliminar o reducir el estresor.
  • Planificación: pensar cómo abordarlo y en qué orden.
  • Supresión de actividades distractoras: dejar otras tareas de lado para concentrarse en el problema.
  • Contención: esperar el momento adecuado en vez de actuar de forma precipitada.
  • Búsqueda de apoyo instrumental: pedir consejo, información o ayuda práctica.

El último punto muestra algo interesante: pedir ayuda no es exclusivo del afrontamiento de apoyo social. Cuando lo que se busca es una solución y no consuelo, la investigación lo cuenta como centrado en el problema.

Cómo se nota en el día a día

  • Búsqueda inmediata de soluciones: ante un problema, el primer impulso es preguntarse qué se puede hacer, no cómo se siente uno al respecto.
  • Planificación activa: dividir un problema grande en pasos concretos y manejables.
  • Necesidad de sentir control: la sensación de estar haciendo algo, aunque sea pequeño, alivia más que hablar de lo que se siente.
  • Impaciencia con la inacción: cuesta quedarse esperando o “dejar que las cosas pasen”.

Cuándo funciona mejor (y cuándo no)

En conjunto, la investigación le da buena nota. Un metaanálisis de Amelia Aldao, Susan Nolen-Hoeksema y Susanne Schweizer (2010), con 114 estudios, encontró que la resolución de problemas se asocia a menos síntomas de ansiedad y depresión, con un tamaño de efecto de medio a grande.

Pero ese promedio esconde un matiz importante, conocido como hipótesis del ajuste: el afrontamiento centrado en el problema funciona sobre todo cuando el estresor es controlable (un examen, un proyecto de trabajo, un trámite con solución práctica). Kathleen Forsythe y Bruce Compas lo pusieron a prueba en 1987 con estudiantes universitarios. Ante sucesos vitales importantes, quienes ajustaban la estrategia a la situación (actuar sobre lo controlable, regular la emoción ante lo incontrolable) tenían menos síntomas psicológicos, y quienes intentaban cambiar algo que veían incontrolable, más. En los contratiempos cotidianos no apareció ese efecto.

El punto ciego aparece, por tanto, cuando lo que pasa no depende de las propias acciones: una pérdida, una enfermedad, una decisión ajena. Ahí, insistir en “hacer algo” cuando no hay nada que hacer puede generar más frustración que alivio.

La investigación más reciente lo resume con la idea de flexibilidad de afrontamiento. Un metaanálisis de Cecilia Cheng y su equipo (2014), con 329 muestras y casi 59.000 personas, encontró que ajustar la estrategia a la situación se asocia a mejor adaptación psicológica. El efecto global es de pequeño a moderado, pero es más claro precisamente cuando se mide ese ajuste entre estrategia y situación. Dicho de otro modo: la fortaleza de este estilo no está en usarlo siempre, sino en saber cuándo usarlo y cuándo combinarlo con procesar la emoción o apoyarse en el entorno.

Un ejemplo cotidiano

Dos compañeros de trabajo se enteran el mismo día de que su proyecto se cancela por una decisión de dirección ajena a ellos.

Marta, con este estilo dominante, pasa la tarde reescribiendo su currículum y llamando a antiguos clientes; solo días después nota que sigue sin haber digerido el enfado inicial. Su acción no sustituyó la emoción, simplemente la aplazó. Andrés, más centrado en la emoción, pasa la tarde hablándolo con su pareja y tarda una semana en mover ficha.

Ninguno lo hace “mal”. Marta ha ganado tiempo en lo que sí podía controlar, su búsqueda de trabajo, y Andrés ha atendido antes lo que no podía cambiar, la decisión de dirección. Lo útil para cada uno es tomar algo del estilo del otro.

Cuando no queda nada que hacer: Viktor Frankl y el sentido

El psiquiatra Viktor Frankl, superviviente de varios campos de concentración nazis y fundador de la logoterapia, sostuvo en El hombre en busca de sentido (1946) que incluso en las circunstancias más extremas a una persona le queda una libertad que nadie puede arrebatarle: la de elegir su actitud ante lo que le ocurre.

A menudo se cita a Frankl como ejemplo de afrontamiento centrado en el problema, pero encaja mejor en otra categoría. Lo que describe no es actuar sobre la causa del estrés, que en un campo de concentración era imposible, sino encontrar un sentido a la experiencia. Susan Folkman, la coautora del modelo, añadió en 1997 precisamente esa tercera vía: el afrontamiento centrado en el significado. Lo observó en cuidadores de parejas con sida, que no podían cambiar la enfermedad pero sí reinterpretar su situación, fijarse en metas a su alcance y apoyarse en sus valores.

La conexión con este estilo es otra, y es útil: cuando la persona orientada a la acción se queda sin margen de acción real, el sentido es lo que le permite seguir sin caer en la frustración de intentar cambiar lo que no se puede cambiar.

Fuentes

  • Lazarus, R. S. y Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and coping. Springer.
  • Folkman, S. y Lazarus, R. S. (1980). An analysis of coping in a middle-aged community sample. Journal of Health and Social Behavior, 21(3), 219-239.
  • Forsythe, C. J. y Compas, B. E. (1987). Interaction of cognitive appraisals of stressful events and coping: Testing the goodness of fit hypothesis. Cognitive Therapy and Research, 11(4), 473-485. doi:10.1007/BF01175357
  • Carver, C. S., Scheier, M. F. y Weintraub, J. K. (1989). Assessing coping strategies: A theoretically based approach. Journal of Personality and Social Psychology, 56(2), 267-283. doi:10.1037/0022-3514.56.2.267
  • Folkman, S. (1997). Positive psychological states and coping with severe stress. Social Science & Medicine, 45(8), 1207-1221. doi:10.1016/S0277-9536(97)00040-3
  • Aldao, A., Nolen-Hoeksema, S. y Schweizer, S. (2010). Emotion-regulation strategies across psychopathology: A meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 30(2), 217-237. doi:10.1016/j.cpr.2009.11.004
  • Cheng, C., Lau, H.-P. B. y Chan, M.-P. S. (2014). Coping flexibility and psychological adjustment to stressful life changes: A meta-analytic review. Psychological Bulletin, 140(6), 1582-1607. doi:10.1037/a0037913
  • Frankl, V. E. (1946). Ein Psycholog erlebt das Konzentrationslager. Verlag für Jugend und Volk.

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Preguntas frecuentes

¿El afrontamiento centrado en el problema es siempre la mejor opción?

No siempre. Funciona especialmente bien cuando el estresor es controlable; cuando no lo es, insistir en actuar sobre algo que no se puede cambiar puede generar más frustración que alivio. La investigación sobre flexibilidad de afrontamiento (Cheng, Lau y Chan, 2014) encuentra que ajustar la estrategia a la situación se asocia a mejor adaptación que aplicar siempre la misma.

¿Es incompatible con procesar las emociones?

No. Lazarus y Folkman observaron que casi todas las personas combinan ambas formas de afrontamiento en una misma situación. Quien tiene este estilo dominante tiende a posponer la gestión emocional hasta después de haber actuado sobre la causa, pero no la elimina.

¿Se puede combinar con otros estilos de afrontamiento?

Sí, de hecho es lo más habitual. La mayoría de personas combina varios estilos según la situación; este test señala cuál predomina en tus respuestas.

¿Qué estrategias concretas incluye este estilo?

En el cuestionario COPE de Carver, Scheier y Weintraub (1989), el afrontamiento centrado en el problema agrupa el afrontamiento activo, la planificación, dejar de lado otras actividades para concentrarse en el problema, contenerse para no actuar de forma precipitada y buscar ayuda práctica de otras personas.

¿Este resultado es un diagnóstico?

No. Es una aproximación orientativa y divulgativa, no una escala clínica validada.

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