Perfeccionismo hacia los demás: cuando tu vara de medir es la que usas con todos
Perfeccionismo hacia los demás: la misma exigencia, dirigida hacia fuera
El perfeccionismo hacia los demás es la segunda de las tres dimensiones que describieron los psicólogos Paul Hewitt y Gordon Flett. En lugar de (o además de) exigirse a uno mismo, se da por hecho que quienes rodean a la persona deberían funcionar con el mismo nivel de cuidado, esfuerzo y atención al detalle que ella aplica.
Es uno de los cuatro perfiles de nuestro test de perfeccionismo, que asigna el resultado según el perfil con más puntuación acumulada en sus 16 afirmaciones.
Qué dice la investigación sobre esta dimensión
En su escala de 1991, Hewitt y Flett definieron el perfeccionismo orientado a los demás (other-oriented perfectionism) como la tendencia a poner estándares poco realistas a las personas cercanas, a darles mucha importancia y a evaluarlas con rigor. Lo que distingue a esta dimensión de las otras dos es su objeto: la exigencia no apunta a uno mismo ni se siente impuesta desde fuera, sino que sale hacia los demás.
Por eso sus consecuencias también son distintas. En la investigación con esta escala, el perfeccionismo hacia los demás suele relacionarse menos con el malestar de la propia persona que las otras dos dimensiones, y más con lo que ocurre en sus relaciones: la convivencia, los equipos, la forma de valorar el trabajo ajeno.
El psicólogo Joachim Stoeber (Universidad de Kent) dedicó en 2014 un estudio a precisar en qué se diferencia de las otras dos dimensiones. Al separar estadísticamente lo que comparten las tres, encontró que el perfeccionismo hacia los demás se asocia de forma propia con un estilo interpersonal más centrado en uno mismo y con un peso menor de las metas de cuidado e intimidad en las relaciones. Es un hallazgo con estudiantes universitarios y conviene leerlo como tendencia de grupo, no como retrato de cada persona.
La suposición que genera la fricción
A diferencia del perfeccionismo autoexigente, aquí el foco no está tanto en la autocrítica como en la expectativa depositada en los demás.
Muchas veces no hay hostilidad ni afán de controlar. Lo que hay es un supuesto que pasa inadvertido: que el propio nivel de exigencia es el nivel normal, y que cualquier desviación es una carencia del otro y no una diferencia legítima de criterio. Ese supuesto, que la propia vara es la vara universal, es lo que genera fricción aunque la intención de fondo no sea crítica.
Cómo se nota en las relaciones
Una escena frecuente: alguien pide a un compañero que prepare una presentación para el lunes. El compañero entrega algo claro y funcional; la persona con este perfil ve al instante la tipografía irregular, las diapositivas sin numerar y el gráfico que habría ordenado de otra forma. Pasa la tarde rehaciéndolo, y el compañero no entiende qué faltaba, porque nadie se lo dijo.
Ese patrón tiene otras caras:
- Detección inmediata del descuido: se nota al instante cuando alguien no ha puesto el mismo cuidado, aunque el resultado sea perfectamente funcional.
- Dificultad para delegar: cuesta confiar en que una tarea importante quede bien resuelta sin supervisarla de cerca.
- Frustración recurrente: cuando otra persona resuelve algo “a su manera” en lugar de a la propia.
- Admiración por quien sí cumple: las pocas personas que alcanzan ese nivel se convierten casi en una excepción muy valorada.
Estándares explícitos: lo que dice la investigación sobre metas
La investigación sobre fijación de metas de Edwin Locke y Gary Latham (2002), resumida a partir de cientos de estudios, encontró que las metas concretas y exigentes producen mejor rendimiento que las vagas del tipo “hazlo lo mejor que puedas”, siempre que la persona las conozca y las acepte.
Aplicado a este perfil, la consecuencia es clara: el problema rara vez es el nivel de exigencia, sino que se mantiene implícito. Un estándar alto dicho de antemano convierte una expectativa invisible para el otro en un acuerdo real que puede cumplirse o negociarse. El mismo estándar aplicado solo al final se vive como un juicio por sorpresa.
Miguel Ruiz recoge una idea parecida en Los cuatro acuerdos (1997), un libro de desarrollo personal muy popular, con su principio de “no hacer suposiciones”. Es divulgación, no evidencia, pero describe bien el punto ciego de este perfil: cuando alguien no cumple el nivel esperado, a menudo no es que le importe menos el resultado, sino que nunca llegó a conocer con precisión qué se esperaba de él.
Lo que este resultado no dice
Que la exigencia hacia los demás sea alta no la convierte en algo negativo: muchas personas con este perfil sostienen equipos y proyectos de calidad. Este artículo es divulgativo y el test que lo acompaña es un autoinforme breve, no un diagnóstico ni la escala original de Hewitt y Flett.
Fuentes
- Curran, T. y Hill, A. P. (2019). Perfectionism is increasing over time: A meta-analysis of birth cohort differences from 1989 to 2016. Psychological Bulletin, 145(4), 410-429. doi:10.1037/bul0000138
- Hewitt, P. L. y Flett, G. L. (1991). Perfectionism in the self and social contexts: Conceptualization, assessment, and association with psychopathology. Journal of Personality and Social Psychology, 60(3), 456-470.
- Locke, E. A. y Latham, G. P. (2002). Building a practically useful theory of goal setting and task motivation: A 35-year odyssey. American Psychologist, 57(9), 705-717.
- Ruiz, M. (1997). The Four Agreements. Amber-Allen Publishing.
- Stoeber, J. (2014). How other-oriented perfectionism differs from self-oriented and socially prescribed perfectionism. Journal of Psychopathology and Behavioral Assessment, 36(2), 329-338.
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Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo que ser un jefe o pareja exigente?
Se relaciona, pero no es lo mismo. El perfeccionismo orientado a los demás es una tendencia estable a esperar perfección de otras personas y a evaluarlas con dureza, que aparece en distintos ámbitos de la vida y no solo en un cargo o una relación concreta.
¿Por qué genera tensión sin proponérmelo?
Porque el propio nivel de exigencia se convierte, sin decidirlo conscientemente, en la referencia con la que se juzga a los demás, y pocas personas lo comparten de forma natural. La investigación posterior a Hewitt y Flett asocia esta dimensión, más que con el malestar propio, con lo que ocurre en las relaciones.
¿Puedo seguir teniendo estándares altos sin generar fricción?
La investigación sobre fijación de metas sugiere que los estándares explícitos y compartidos funcionan mejor que los implícitos: cuando la otra persona conoce de antemano qué se espera, es más fácil cumplirlo o negociarlo, y la exigencia deja de vivirse como un juicio sorpresa.
¿Es más frecuente hoy que hace unas décadas?
Según el metaanálisis de Curran y Hill (2019), con más de 40.000 estudiantes universitarios de Estados Unidos, Canadá y Reino Unido, las puntuaciones de perfeccionismo orientado a los demás aumentaron en torno a un 16 % entre 1989 y 2016.
¿Este resultado es un diagnóstico?
No. Es una aproximación orientativa y divulgativa, no una escala clínica validada.