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Afrontamiento evitativo: posponer el problema, ¿protección o riesgo?

Por la redacción de Personaramic6 min de lectura
Ilustración minimalista con las palabras AFRONTAMIENTO EVITATIVO en una insignia geométrica

Afrontamiento evitativo: apartar la mirada, al menos por ahora

El afrontamiento evitativo describe la tendencia a posponer o apartar la mirada de una situación estresante, al menos en un primer momento.

Es una de las estrategias peor entendidas: no es “no hacer nada” sin motivo, sino una forma, a veces útil y a veces costosa, de protegerse de un malestar que se percibe demasiado grande para afrontarlo de inmediato.

Si quieres explorar si este es tu patrón dominante frente al estrés, nuestro test de afrontamiento del estrés lo mide en unos minutos.

De dónde viene: una categoría con historia propia

En el cuestionario original de Richard Lazarus y Susan Folkman, el Ways of Coping, el escape-evitación y el distanciamiento ya eran escalas, clasificadas dentro del afrontamiento centrado en la emoción (Folkman et al., 1986). Con el tiempo, otros investigadores vieron que alejarse del problema funcionaba de forma distinta a acercarse a la emoción para trabajarla.

Susan Roth y Lawrence Cohen (1986) propusieron ordenar todo el afrontamiento en un eje de acercamiento frente a evitación, y Norman Endler y James Parker (1990) construyeron un inventario con tres dimensiones: afrontamiento orientado a la tarea, a la emoción y a la evitación. De ahí viene la idea de la evitación como gran categoría con peso propio, que es la que recoge nuestro test.

Lo que dicen los datos: alivio ahora, coste después

El trabajo de referencia es el metaanálisis de Jerry Suls y Barbara Fletcher (1985). Comparando estudios en los que las personas evitaban o atendían a una fuente de dolor, estrés o ansiedad, encontraron que la evitación se asociaba a una mejor adaptación a corto plazo. Con el paso del tiempo, en cambio, prestar atención al problema daba mejores resultados.

Esa doble cara explica por qué la evitación es tan tentadora: el alivio es inmediato y real. Y explica también su riesgo, porque la causa del estrés sigue ahí, y en muchos casos crece.

Estudios posteriores apuntan en la misma dirección. En el metaanálisis de Amelia Aldao, Susan Nolen-Hoeksema y Susanne Schweizer (2010), la evitación como estrategia habitual mostró una asociación de tamaño medio a grande con síntomas de ansiedad y depresión. Es un dato correlacional, pero coherente con lo anterior: lo que funciona como pausa no funciona igual como estilo permanente.

Por qué no basta con “no pensar en ello”

Una forma frecuente de evitar es intentar apartar el pensamiento incómodo. Daniel Wegner y su equipo (1987) pidieron a un grupo de participantes que no pensaran en un oso blanco durante unos minutos: el pensamiento volvía una y otra vez, y al levantar la prohibición aparecía incluso con más frecuencia que en quienes habían podido pensar en él desde el principio. Suprimir un pensamiento suele mantenerlo más presente.

Formas habituales de evitar sin llamarlo así

  • Postergación sistemática: dejar para más adelante tareas o conversaciones que generan malestar, incluso cuando urgen.
  • Distracción continua: llenar el tiempo con otras cosas para no pensar en lo que preocupa.
  • Minimización: restar importancia a un problema para no tener que abordarlo todavía.
  • Delegación evasiva: pedirle a otra persona que se encargue de algo no porque lo haga mejor, sino para no enfrentarlo uno mismo.

Pensemos en una carta del banco que llega y se queda sin abrir encima de la mesa varios días. Cada vez que la persona la ve de reojo siente una punzada de malestar, y cada vez decide “luego la miro con más calma”.

El importe real, sea el que sea, no cambia por dejar la carta cerrada. Solo cambia cuánto dura la ansiedad de fondo y, a veces, el plazo para reaccionar sin coste adicional.

El precio que sube con el tiempo

El coste de la evitación casi nunca es fijo: en muchos casos crece cuanto más se pospone. Una conversación incómoda con un compañero de trabajo es más difícil cuanto más tiempo lleva pendiente, porque el malestar acumulado se suma al motivo original. Un problema de salud menor ignorado puede complicarse, y una deuda pequeña sin gestionar genera intereses.

Esto no convierte la evitación en un error automático. A veces la situación mejora sola, o el momento de afrontarla todavía no ha llegado. Pero sí es la razón por la que este estilo, más que los otros tres, merece revisarse con cierta frecuencia: si lo que se está evitando sigue igual de manejable que al principio o si el margen para actuar sin coste extra se está reduciendo.

De la pausa al primer paso

Lo que la investigación describe no es la eliminación de este estilo, sino su lugar: una pausa breve antes de algo grande puede ser perfectamente adaptativa. El metaanálisis de Cecilia Cheng y su equipo (2014) sobre flexibilidad de afrontamiento asocia una mejor adaptación con la capacidad de cambiar de estrategia según la situación, más que con usar siempre la misma.

Dividir lo que genera evitación en un primer paso muy pequeño y concreto, algo que se pueda hacer en pocos minutos, suele reducir la resistencia inicial más que intentar abordarlo todo de una vez. El afrontamiento de apoyo social también ayuda cuando el paso parece demasiado grande para darlo en solitario.

En la divulgación, Eckhart Tolle (El poder del ahora, 1997) describe algo parecido desde otro lenguaje: reconocer el malestar que se está esquivando, en vez de seguir actuando desde él sin darse cuenta. No es un estudio, pero la idea de nombrar lo que se evita y por qué genera tanta resistencia es coherente con lo que se sabe de la supresión.

Este artículo es divulgativo y no sustituye la evaluación de un profesional de la salud mental.

Fuentes

  • Aldao, A., Nolen-Hoeksema, S. y Schweizer, S. (2010). Emotion-regulation strategies across psychopathology: A meta-analytic review. Clinical Psychology Review, 30(2), 217-237. doi:10.1016/j.cpr.2009.11.004
  • Cheng, C., Lau, H.-P. B. y Chan, M.-P. S. (2014). Coping flexibility and psychological adjustment to stressful life changes: A meta-analytic review. Psychological Bulletin, 140(6), 1582-1607. doi:10.1037/a0037913
  • Endler, N. S. y Parker, J. D. A. (1990). Multidimensional assessment of coping: A critical evaluation. Journal of Personality and Social Psychology, 58(5), 844-854. doi:10.1037/0022-3514.58.5.844
  • Folkman, S., Lazarus, R. S., Dunkel-Schetter, C., DeLongis, A. y Gruen, R. J. (1986). Dynamics of a stressful encounter: Cognitive appraisal, coping, and encounter outcomes. Journal of Personality and Social Psychology, 50(5), 992-1003. doi:10.1037/0022-3514.50.5.992
  • Lazarus, R. S. y Folkman, S. (1984). Stress, appraisal, and coping. Springer.
  • Roth, S. y Cohen, L. J. (1986). Approach, avoidance, and coping with stress. American Psychologist, 41(7), 813-819. doi:10.1037/0003-066X.41.7.813
  • Suls, J. y Fletcher, B. (1985). The relative efficacy of avoidant and nonavoidant coping strategies: A meta-analysis. Health Psychology, 4(3), 249-288. doi:10.1037/0278-6133.4.3.249
  • Tolle, E. (1997). The Power of Now. Namaste Publishing.
  • Wegner, D. M., Schneider, D. J., Carter, S. R. y White, T. L. (1987). Paradoxical effects of thought suppression. Journal of Personality and Social Psychology, 53(1), 5-13. doi:10.1037/0022-3514.53.1.5

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Preguntas frecuentes

¿El afrontamiento evitativo es siempre negativo?

No. El metaanálisis clásico de Suls y Fletcher (1985) encontró que la evitación se asociaba a mejores resultados a corto plazo y que, con el tiempo, prestar atención al problema daba mejores resultados. Como pausa ante algo abrumador puede ser adaptativa; el coste aparece cuando se convierte en la única estrategia y el problema sigue creciendo.

¿Por qué tiendo a posponer las cosas que me generan estrés?

Suele ser una forma de protegerse del malestar inmediato que provoca enfrentar el problema. El alivio es real y llega enseguida, lo que refuerza el hábito, aunque el problema siga presente o crezca.

¿Cómo puedo pasar de evitar a afrontar?

La literatura sobre afrontamiento asocia dividir un problema en un primer paso pequeño y concreto con menos resistencia inicial que afrontarlo de golpe. Ante una evitación que genera malestar importante o se extiende a muchas áreas, la orientación de un profesional es el camino adecuado.

¿Distraerse es lo mismo que evitar?

Depende del uso. Una distracción breve y elegida para recuperar fuerzas antes de volver al problema funciona como pausa. Cuando la distracción sirve para no volver nunca, cumple la función de la evitación.

¿Este resultado es un diagnóstico?

No. Es una aproximación orientativa y divulgativa, no una escala clínica validada.

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