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Adaptable al contexto: una tolerancia al riesgo que cambia según el ámbito

Por la redacción de Personaramic5 min de lectura
Ilustración minimalista con el estilo Adaptable al contexto en una insignia geométrica

El estilo adaptable al contexto no tiene una tolerancia al riesgo fija: cambia mucho según el ámbito, prudente en unas facetas de la vida y audaz en otras.

Un riesgo que depende del terreno

Durante mucho tiempo se trató la tolerancia al riesgo como un rasgo único y estable de la personalidad. La investigación sobre actitudes de riesgo por dominios, encabezada por Elke Weber y sus colaboradores, matizó bastante esa idea: hay personas que son prudentes con el dinero y audaces en lo social, o al revés, sin que eso sea ninguna contradicción.

El estilo adaptable al contexto es justo esa variabilidad hecha patrón: no una indecisión, sino una lectura distinta del riesgo según lo que está en juego en cada terreno.

Qué mide el test con esta etiqueta

“Adaptable al contexto” es el nombre que usa nuestro test de cómo me tomo el riesgo para uno de sus cuatro perfiles, no una categoría de un modelo académico. Sale cuando predominan afirmaciones como “Soy prudente con el dinero, pero mucho más audaz en otras áreas de mi vida” o “No me describiría como arriesgado ni prudente en general: depende del terreno”.

Es decir, el perfil no mide cuánto riesgo se asume, sino cuánto cambia esa disposición de un ámbito a otro. La idea de fondo sí procede de la investigación, y es bastante sólida.

Lo que dice la investigación sobre el riesgo por ámbitos

La escala DOSPERT

Weber, Blais y Betz (2002) crearon la escala DOSPERT (Domain-Specific Risk-Taking), que pregunta por la probabilidad de hacer actividades arriesgadas en cinco terrenos: finanzas (separando inversión y apuesta), salud y seguridad, ocio, ética y relaciones sociales. En su muestra de estudiantes estadounidenses, la disposición al riesgo fue muy dependiente del ámbito: casi nadie era coherentemente arriesgado o coherentemente prudente en todo.

El dato más llamativo llegó con la versión revisada de la escala: Blais y Weber (2006) calcularon que la variación de una misma persona entre ámbitos era unas siete veces mayor que la variación entre personas. Dicho de otro modo, saber en qué terreno se decide informa más que saber quién decide.

Por qué cambia: lo que cada uno ve en juego

Weber y sus colegas encontraron otra pista importante. Las diferencias de riesgo entre ámbitos se explicaban sobre todo por cómo se percibían los riesgos y los beneficios de cada actividad, no por una actitud distinta ante el riesgo en sí. Quien invierte con alegría y conduce con cautela no necesariamente “cambia de carácter”: ve beneficios claros en un caso y peligros claros en el otro.

Hanoch, Johnson y Wilke (2006) lo comprobaron buscando muestras concretas en lugar de estudiantes: personas que practicaban puenting, por ejemplo, asumían mucho riesgo recreativo y solo un riesgo moderado en lo financiero. Y su conducta se explicaba sobre todo por el beneficio percibido de la actividad.

Un componente común, con matices

La especificidad no lo explica todo. En una gran encuesta representativa alemana, Dohmen y sus colegas (2011) hallaron que la disposición al riesgo en terrenos como la conducción, el dinero, el deporte, la carrera profesional o la salud está fuertemente correlacionada, aunque no de forma perfecta. La pregunta general fue el mejor predictor global de conductas arriesgadas, pero para cada conducta concreta solía predecir mejor la pregunta de ese mismo ámbito.

La lectura conjunta es razonable: todos tenemos algo de tendencia general, y sobre ella cada ámbito añade su propio ajuste. El perfil adaptable describe a quien tiene ese ajuste especialmente marcado.

Cómo se manifiesta en el día a día

  • Su comportamiento ante el riesgo cambia notablemente según el ámbito: dinero, trabajo, salud, relaciones o tiempo libre.
  • No se reconoce fácilmente en las etiquetas de «prudente» o «audaz» sin más matices.
  • Suele sorprender a quienes le conocen solo en un contexto y lo ven actuar en otro muy distinto.
  • Toma cada decisión de riesgo de forma bastante independiente de las anteriores.

Un ejemplo: una persona que guarda sus ahorros en un depósito sin apenas rentabilidad y, a la vez, cambia de país por un trabajo temporal sin pensarlo dos veces. Para ella no hay contradicción: el dinero lo vive como algo que se pierde de forma irreversible y el cambio de país como algo que siempre se puede deshacer.

Lo que este estilo gana y lo que puede pasar por alto

La flexibilidad de este estilo es una ventaja real: ajusta la respuesta a lo que cada terreno pide, en vez de aplicar la misma fórmula a todo. A cambio, puede generar cierta inconsistencia difícil de explicar a otros, por ejemplo en un entorno laboral que espera un comportamiento predecible.

Hay además un matiz que señalaron Kahneman y Lovallo (1993): las personas tienden a valorar cada decisión como si fuera única, aislada de las demás. Ese “encuadre estrecho” lleva a ser demasiado prudente con apuestas pequeñas y repetidas que, sumadas, saldrían a cuenta, y a la vez demasiado optimista con los planes propios. Un estilo que decide caso por caso es especialmente sensible a ese sesgo, porque rara vez mira el conjunto de sus decisiones.

Comparado con los estilos más fijos

A diferencia del estilo prudente o el estilo audaz, que mantienen una postura más constante, este estilo se define precisamente por la falta de esa constancia.

El estilo calculador comparte con él la evaluación caso por caso, aunque desde un criterio más analítico que contextual.

¿Quieres ver tu propio estilo? Haz el test de cómo me tomo el riesgo. Es un cuestionario orientativo de autoconocimiento, no una evaluación financiera ni clínica.

Fuentes

  • Blais, A.-R. y Weber, E. U. (2006). A Domain-Specific Risk-Taking (DOSPERT) scale for adult populations. Judgment and Decision Making, 1(1), 33-47. https://doi.org/10.1017/S1930297500000334
  • Dohmen, T., Falk, A., Huffman, D., Sunde, U., Schupp, J. y Wagner, G. G. (2011). Individual risk attitudes: Measurement, determinants, and behavioral consequences. Journal of the European Economic Association, 9(3), 522-550. https://doi.org/10.1111/j.1542-4774.2011.01015.x
  • Hanoch, Y., Johnson, J. G. y Wilke, A. (2006). Domain specificity in experimental measures and participant recruitment: An application to risk-taking behavior. Psychological Science, 17(4), 300-304. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2006.01702.x
  • Kahneman, D. y Lovallo, D. (1993). Timid choices and bold forecasts: A cognitive perspective on risk taking. Management Science, 39(1), 17-31. https://doi.org/10.1287/mnsc.39.1.17
  • Weber, E. U., Blais, A.-R. y Betz, N. E. (2002). A domain-specific risk-attitude scale: Measuring risk perceptions and risk behaviors. Journal of Behavioral Decision Making, 15(4), 263-290. https://doi.org/10.1002/bdm.414

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Preguntas frecuentes

¿Es raro tener un nivel de riesgo distinto según el ámbito?

No, es bastante habitual. En la escala DOSPERT, la variación de una misma persona entre ámbitos fue unas siete veces mayor que la variación entre personas (Blais y Weber, 2006). La mayoría no tiene un único nivel de riesgo fijo para todo.

¿Este perfil es más difícil de predecir?

En cierto modo sí: no basta con saber que alguien es 'de riesgo' o 'prudente' en general, hay que conocer en qué terreno concreto se está moviendo. Los estudios con medidas por ámbito muestran que la pregunta específica (sobre dinero, salud o trabajo) predice mejor la conducta en ese ámbito que la pregunta general.

¿Entonces no existe una actitud general ante el riesgo?

Existe en parte. En una muestra representativa alemana, Dohmen y sus colegas (2011) encontraron que la disposición al riesgo en distintos ámbitos está fuertemente correlacionada, aunque no de forma perfecta. Hay un componente común y, encima, diferencias propias de cada terreno.

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