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Cronotipo

El científico que se metió en una cueva para descubrir el cronotipo

Por Elena Personaramic8 min de lectura
Ilustración minimalista de la entrada de una cueva con un reloj circular saliendo como un sol

El 16 de julio de 1962, un espeleólogo francés de 23 años bajó 130 metros bajo tierra, en una cueva de los Alpes, sin reloj, sin calendario y sin ninguna forma de saber si fuera era de día o de noche. Cuando su equipo le avisó de que debía subir porque el experimento había terminado, él estaba convencido de que era 20 de agosto. En realidad, era 14 de septiembre. Su cuerpo, dejado a su aire durante 63 días, había perdido casi un mes por el camino.

Ese hombre se llamaba Michel Siffre, y lo que descubrió en aquella cueva (y en las dos que vendrían después, con 33 y con 60 años) no fue solo una curiosidad de laboratorio. Fue, en buena medida, el origen de una pregunta que sigue abierta hoy: por qué el reloj interno de cada persona corre a una velocidad ligeramente distinta, y qué tiene eso que ver con ser matutino o vespertino.

Un experimento con un solo sujeto: él mismo

Siffre no era psicólogo ni médico. Era geólogo, y había bajado al abismo de Scarasson, en los Alpes Marítimos, para estudiar un glaciar subterráneo. En algún momento de esa expedición se le ocurrió una idea distinta: ¿qué pasaría si alguien viviera ahí abajo, completamente aislado, durante dos meses, sin ninguna referencia horaria?

Años después resumió su propia decisión con una frase que explica bien el espíritu del experimento:

“Decidí vivir como un animal, sin reloj, en la oscuridad, sin saber la hora.”

Las condiciones eran simples de describir y durísimas de sostener:

  • Sin luz natural, salvo una linterna que él mismo encendía y apagaba.
  • Sin reloj ni calendario de ningún tipo.
  • Un único contacto con el exterior: un equipo en la superficie con el que hablaba por teléfono cada vez que él decidía llamar, nunca al revés, para no darle ninguna pista sobre la hora que era arriba.
  • Comida y suministros que bajaban por un sistema de poleas, sin ningún patrón que él pudiera usar para orientarse en el tiempo.

Lo que hizo su cuerpo cuando nadie le decía la hora

Lo primero que llamó la atención de Siffre, y después de los científicos que analizaron sus datos, fue que su cuerpo no se desorganizó. Todo lo contrario: sin ninguna ayuda externa, sus ciclos de sueño y vigilia siguieron siendo notablemente regulares.

“Mi sueño era perfecto. Mi cuerpo elegía por sí mismo cuándo dormir y cuándo comer.”

Ese ciclo espontáneo, medido con cuidado por el equipo de superficie a partir de sus llamadas, no duraba exactamente 24 horas. Rondaba las 24 horas y 30 minutos. Ese medio hora de diferencia, insignificante en un solo día, se fue acumulando jornada tras jornada, y es la razón matemática por la que Siffre terminó viviendo casi un mes “de más” sin darse cuenta: cada uno de sus días biológicos era un poco más largo que un día de calendario, así que a las pocas semanas su reloj interno y el reloj de pared habían dejado de coincidir por completo.

Este es el concepto que los cronobiólogos llaman periodo en libre curso: la duración real de tu ciclo de sueño y vigilia cuando no recibes ninguna señal del exterior que te obligue a ajustarte a las 24 horas exactas. Y aquí está el dato que conecta esta anécdota directamente con el cronotipo: ese periodo no es idéntico en todo el mundo. Ronda las 24 horas en la mayoría de las personas, pero unas lo tienen ligeramente más largo y otras ligeramente más corto, y esa diferencia, sostenida día tras día, es una de las explicaciones biológicas más directas de por qué hay quien tiende de forma natural hacia la vespertinidad y quien tiende hacia la matutinidad.

El día que se estiró hasta las 48 horas

Diez años después, en 1972, Siffre repitió el experimento a mayor escala: 205 días en Midnight Cave, una cueva del sur de Texas, esta vez con más medios técnicos y con la NASA siguiendo de cerca sus resultados, interesada en cómo afrontarían los astronautas misiones largas sin referencias horarias claras.

Lo que ocurrió esta segunda vez fue todavía más llamativo. En algunos tramos de esos 205 días, su ciclo dejó de rondar las 24 horas y media y se estiró mucho más, hasta rozar las 48 horas: cerca de 36 horas seguidas despierto, seguidas de 12 o 14 horas de sueño. Y lo más curioso no fue que ocurriera, sino cómo lo vivió él por dentro:

“No podía notar la diferencia entre estos días largos y los días que duraban solo veinticuatro horas.”

Dicho de otro modo: para su cuerpo, aislado de cualquier referencia, un “día” de 24 horas y uno de 48 se sentían igual de normales. La sensación subjetiva de qué es “un día” no viene dada por ningún reloj interno infalible, sino por el propio ciclo de sueño y vigilia, sea cual sea su duración real.

Mientras tanto, en un búnker en Baviera

Siffre hizo estos experimentos en solitario, casi como una hazaña personal. Pero la misma idea, aplicada con mucho más rigor y a mucha más escala, se estaba desarrollando en paralelo en Alemania. El fisiólogo Jürgen Aschoff construyó un búnker de hormigón en Andechs, cerca de Múnich, e hizo vivir allí, entre 1964 y 1989, a 447 voluntarios distintos, en su mayoría estudiantes, durante periodos de dos a cuatro semanas cada uno, aislados de la luz solar, de relojes, de radio y de cualquier contacto programado.

Los resultados confirmaron, con una muestra que ninguna cueva individual podía ofrecer, lo que la experiencia de Siffre había insinuado:

  • La mayoría de las personas, sin ninguna señal externa, se instalaba en un ciclo cercano a las 24-25 horas.
  • Ese ciclo no era idéntico entre un voluntario y otro: había una variación individual real y medible.
  • En algunos participantes, además, distintos ritmos del cuerpo (como la temperatura y el ciclo de sueño) llegaban incluso a desincronizarse entre sí, un fenómeno que llevó a Aschoff a proponer que el reloj biológico humano no es un único reloj, sino varios relojes internos coordinados entre ellos.

Es, probablemente, lo más parecido que existe a una explicación mecánica de por qué el cronotipo varía de una persona a otra: no es solo una cuestión de costumbre o de preferencia, es que el reloj interno de cada persona, medido en condiciones de completo aislamiento, corre literalmente a una velocidad ligeramente distinta.

Treinta y siete años después, otra cueva y otro resultado

La última pieza de esta historia es, quizá, la más humana. En noviembre de 1999, con 60 años cumplidos, Siffre volvió a encerrarse bajo tierra, esta vez en la cueva de Clamouse, en el sur de Francia. En esta ocasión el objetivo era explícito: comprobar cómo cambia la percepción del tiempo con la edad, comparando sus propios resultados con los de casi cuatro décadas atrás.

Pasó allí dentro el cambio de milenio. Cuando finalmente salió, convencido de que apenas acababa de empezar el año 2000, descubrió que en realidad llevaba más de tres días de retraso respecto al calendario real.

No hace falta forzar demasiado la lectura para ver el paralelismo con algo que ya sabemos por otras vías: el cronotipo no es fijo a lo largo de la vida. Cambia con la edad, y suele hacerlo en una dirección predecible. Siffre no midió esa transformación en una encuesta de población, la vivió en su propio cuerpo, dos veces, con 37 años de diferencia entre una cueva y la otra.

Qué significa esto para tu propio reloj

No hace falta meterse en una cueva, por supuesto, para tener una pista sobre tu propio periodo en libre curso. Casi todo el mundo lleva a cabo una versión mucho más suave de este mismo experimento cada fin de semana, sin saberlo:

  • Los días entre semana, el despertador y las obligaciones fuerzan tu horario de sueño a encajar en las 24 horas exactas, quieras o no.
  • Los días libres, sin ese despertador, tu horario real de dormirte y despertarte se acerca mucho más a lo que tu cuerpo pediría por sí solo.
  • Cuánto se desplaza ese horario entre un tipo de día y otro da una idea, aunque imperfecta, de hacia dónde tira tu reloj interno cuando nadie lo interrumpe.

Michel Siffre pasó buena parte de su vida adulta demostrando, cueva tras cueva, algo que hoy se puede resumir en una sola frase: el tiempo que marca tu cuerpo y el tiempo que marca el calendario son dos cosas distintas, que coinciden por costumbre, no por naturaleza. Y la distancia entre ambos, pequeña o grande, es una de las piezas que mejor explican por qué tu cronotipo es el que es.

Fuentes

  • Foer, J. (2008). Caveman: An Interview with Michel Siffre. Cabinet Magazine, 30.
  • Wikipedia contributors. Michel Siffre. Wikipedia, la enciclopedia libre.
  • Wikipedia contributors. Bunker experiment (Jürgen Aschoff, Andechs). Wikipedia.
  • Aschoff, J. y Wever, R. (1976). Human circadian rhythms: a multioscillatory system. Federation Proceedings, 35(12), 2326-2332.

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Preguntas frecuentes

¿Quién fue Michel Siffre?

Un espeleólogo francés que en 1962, con 23 años, se aisló durante 63 días en una cueva sin luz ni reloj para estudiar cómo el cuerpo humano percibe el tiempo. Repitió experimentos similares en 1972 y en 1999, y su trabajo es uno de los puntos de partida de la cronobiología moderna.

¿Qué es el periodo en libre curso?

Es la duración real del ciclo de sueño y vigilia de una persona cuando no recibe ninguna señal externa de la hora que es, ni luz solar ni relojes. En la mayoría de las personas ronda las 24 horas, pero varía ligeramente de un individuo a otro, y esa variación es una de las explicaciones biológicas del cronotipo.

¿Es cierto que Michel Siffre llegó a vivir días de 48 horas?

En su experimento de 1972 en una cueva de Texas, que duró 205 días, hubo tramos en los que su ciclo se estiró hasta unas 48 horas: cerca de 36 horas despierto seguidas de 12 o 14 horas de sueño. Él mismo explicó que no notaba diferencia entre esos días largos y los de 24 horas.

¿Qué fue el experimento del búnker de Andechs?

Un programa de investigación dirigido por el fisiólogo alemán Jürgen Aschoff entre 1964 y 1989, en el que cientos de voluntarios vivieron aislados durante semanas en un búnker sin luz natural ni relojes, replicando a escala mucho mayor lo que Siffre había hecho en solitario.

¿Este relato sustituye la explicación científica del cronotipo?

No. Este artículo cuenta la historia de los experimentos que ayudaron a descubrir que existe un reloj biológico interno y que varía de una persona a otra. Para la explicación completa de qué es el cronotipo y cómo se relaciona con la personalidad, conviene leer el artículo enlazado sobre el tema.

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