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Decisor espontáneo: decides en el momento y ajustas sobre la marcha

Por la redacción de Personaramic5 min de lectura
Ilustración minimalista de una flecha en zigzag

Decides en el momento, casi por impulso, y te sientes cómodo ajustando el rumbo sobre la marcha en vez de planificarlo todo de antemano.

La rapidez no es solo un efecto secundario de tu forma de decidir: es, en sí misma, parte de lo que valoras del proceso.

Decidir ya: el rasgo que define este estilo

En el cuestionario de estilos de decisión de Susanne Scott y Reginald Bruce (1995), el estilo espontáneo se distingue por una sensación de inmediatez y por el deseo de pasar por el proceso de decisión lo más rápido posible.

A diferencia del estilo intuitivo, que se apoya en una impresión general construida sobre la experiencia, el espontáneo valora la inmediatez del propio acto de decidir, casi como un rasgo de estilo personal más que como una estrategia calculada.

Los datos sitúan bien a este estilo entre sus vecinos. En el estudio de Jozef Bavoľár y Oľga Orosová (2015) con 427 estudiantes eslovacos, el espontáneo se correlacionaba en positivo con el intuitivo (r = 0,30) y con el evitativo (r = 0,31), y en negativo con el racional (r = -0,49). Nuestra lectura de ese patrón: tanto quien decide al instante como quien aplaza comparten el deseo de salir cuanto antes del momento incómodo de la deliberación, aunque lo resuelven en direcciones opuestas.

Cómo se reconoce este estilo en la práctica

  • Las decisiones se toman con muy poca deliberación previa, incluso cuando habría tiempo para pensarlas más.
  • La incomodidad ante la indecisión ajena puede ser mayor que ante la propia: “hay que decidir ya” es una frase habitual.
  • Se tolera bien el error y el ajuste posterior, sin darle demasiadas vueltas a lo ya decidido.
  • Funciona especialmente bien en entornos cambiantes, donde la rapidez importa más que la planificación exhaustiva.

Un ejemplo: en una reunión de equipo hay que elegir proveedor para un evento dentro de tres semanas. Mientras otros piden un par de presupuestos más, Álex propone el segundo de la lista, que ya conoce, y se ofrece a renegociar si surge algo mejor. A la semana siguiente cambia un detalle del menú sin darle importancia. La decisión salió bien, y lo que más valoró fue no tener la cuestión abierta durante días.

Rapidez no es lo mismo que poca deliberación

La investigación sobre decisiones rápidas en empresas matiza la idea de que ir deprisa equivale a pensar poco. Kathleen Eisenhardt (1989) estudió a fondo cómo decidían los equipos directivos de ocho empresas de microordenadores, un sector que cambiaba a gran velocidad. Sus conclusiones fueron contraintuitivas:

  • Los equipos más rápidos usaban más información, no menos, sobre todo datos operativos en tiempo real.
  • Barajaban más alternativas a la vez, en lugar de examinarlas una tras otra.
  • Consultaban a asesores con experiencia y conectaban cada decisión estratégica con las demás y con sus planes tácticos.
  • En ese entorno, las decisiones rápidas tomadas de este modo se asociaban a mejores resultados.

Es un estudio de casos que sirvió para construir teoría, no una prueba general, pero deja una distinción útil para este perfil: la velocidad que funciona en entornos cambiantes suele venir de tener la información ya delante y varias opciones preparadas, no de saltarse la deliberación. El estilo espontáneo, tal como lo mide el cuestionario, describe sobre todo lo segundo: el gusto por cerrar pronto.

Qué dicen los datos sobre la competencia de decisión

Bavoľár y Orosová compararon los cinco estilos con una batería de tareas de competencia de decisión (la Adult Decision-Making Competence de Bruine de Bruin, Parker y Fischhoff, 2007), que mide, entre otras cosas, la resistencia a cómo se presenta una opción, la aplicación coherente de reglas de decisión y la consistencia al juzgar riesgos.

El estilo espontáneo fue, junto al evitativo, uno de los dos que predecían puntuaciones más bajas en esa batería (β = -0,29). En cambio, no se relacionaba con el bienestar, el estrés ni los síntomas depresivos. Dicho de otro modo, decidir deprisa no se asociaba con sentirse peor, pero sí con más tropiezos en tareas donde un segundo vistazo cambia la respuesta.

Dónde la velocidad deja de ser una ventaja

El riesgo de este estilo aparece en decisiones de mayor peso, donde “ajustar sobre la marcha” tiene un margen mucho más estrecho: compromisos económicos grandes, cambios laborales importantes o decisiones difíciles de revertir.

En esos casos, los datos anteriores apuntan a que el valor está en una pausa breve antes de comprometerse, el tiempo justo para un segundo vistazo, sin renunciar a la agilidad que caracteriza a este perfil en el resto de situaciones. Ante decisiones económicas o laborales de peso real, ningún estilo sustituye la información específica ni, si hace falta, el criterio de un profesional cualificado.

Si prefieres analizar la información disponible antes de decidir, en vez de decidir primero y ajustar después, revisa el perfil decisor racional. Puedes volver a tu resultado completo en el test Cómo tomo decisiones.

Fuentes

  • Bavoľár, J. y Orosová, O. (2015). Decision-making styles and their associations with decision-making competencies and mental health. Judgment and Decision Making, 10(1), 115-122. https://doi.org/10.1017/S1930297500003223
  • Bruine de Bruin, W., Parker, A. M. y Fischhoff, B. (2007). Individual differences in adult decision-making competence. Journal of Personality and Social Psychology, 92(5), 938-956. https://doi.org/10.1037/0022-3514.92.5.938
  • Eisenhardt, K. M. (1989). Making fast strategic decisions in high-velocity environments. Academy of Management Journal, 32(3), 543-576. https://doi.org/10.2307/256434
  • Scott, S. G. y Bruce, R. A. (1995). Decision-making style: The development and assessment of a new measure. Educational and Psychological Measurement, 55(5), 818-831. https://doi.org/10.1177/0013164495055005017

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Preguntas frecuentes

¿El estilo espontáneo es lo mismo que el intuitivo?

Están relacionados pero no son idénticos: el intuitivo confía en una impresión general antes de decidir; el espontáneo, además, valora la rapidez en sí misma y decide con muy poca deliberación previa. En el estudio de Bavoľár y Orosová (2015) ambos estilos se correlacionaban de forma moderada (r = 0,30).

¿Decidir rápido siempre es un problema?

No. En contextos cambiantes o con plazos muy ajustados, decidir rápido y ajustar después puede ser más eficaz que un análisis largo que llegue tarde. En el estudio de Eisenhardt (1989), los equipos directivos más rápidos eran los que manejaban más información en tiempo real, no menos.

¿De dónde sale este modelo de estilos de decisión?

Del trabajo de Susanne Scott y Reginald Bruce (1995), que describió cinco estilos: racional, intuitivo, dependiente, evitativo y espontáneo.

¿Cuándo conviene frenar este estilo?

En decisiones de alto impacto y difícil marcha atrás (grandes compromisos económicos, laborales o personales), donde el margen para «ajustar sobre la marcha» es mucho menor.

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