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Decisor evitativo: postergar como forma de decidir

Por Equipo Personaramic 3 min de lectura
Ilustración minimalista de un reloj de arena geométrico

Postergar la decisión es, en la práctica, tu forma de decidir: te cuesta comprometerte con una opción mientras puedas seguir abierto a otras.

Mantener las puertas abiertas se siente más seguro que cerrar una, aunque eso también tenga un coste que a veces pasa desapercibido.

Posponer como estrategia, según Scott y Bruce

Dentro del modelo de estilos de decisión de Suzanne Scott y Reginald Bruce (1995), el estilo evitativo se caracteriza por la tendencia a posponer o eludir las decisiones siempre que sea posible. No se trata necesariamente de falta de criterio: a menudo la persona sabe qué opción prefiere, pero el propio acto de cerrar una puerta, descartar el resto de alternativas de forma definitiva, genera una resistencia que el resto de perfiles no experimenta con la misma intensidad.

Cómo se reconoce este patrón

  • Las decisiones se posponen incluso cuando ya hay información suficiente para tomarlas con garantías.
  • Mantener varias opciones abiertas se siente más cómodo que elegir una, aunque eso implique más incertidumbre a largo plazo.
  • Los plazos externos (una fecha límite impuesta) suelen ser lo que finalmente fuerza la decisión.
  • El alivio de posponer es inmediato, lo que refuerza el patrón aunque el coste acumulado sea mayor.

El coste invisible de no decidir

El coste real de este estilo no siempre es visible: no decidir también es una decisión, y suele significar quedarse con la opción por defecto, no necesariamente la mejor. Ponerse plazos propios y concretos, en vez de esperar solo a que un plazo externo obligue, es una estrategia que Scott y Bruce (1995) asocian con recuperar algo de control sobre el proceso. También puede ayudar recordar que buena parte de las decisiones son reversibles o corregibles, aunque esto conviene valorarlo caso por caso: el miedo a “cerrar la puerta” no siempre refleja el coste real de equivocarse.

El valle de la decepción: por qué es fácil evitar decisiones sin recompensa inmediata

James Clear, en Hábitos atómicos (2018), describe lo que llama el “valle de la decepción”: el tramo en el que ya se ha invertido esfuerzo en algo, pero los resultados todavía no son visibles, porque el progreso real suele acumularse en silencio antes de manifestarse de forma perceptible. Explica que muchas personas abandonan justo en ese tramo, no porque el esfuerzo no esté funcionando, sino porque no hay todavía ninguna señal externa que lo confirme. Ese mismo mecanismo ayuda a explicar por qué a este perfil le resulta tan fácil posponer decisiones sin una recompensa inmediata a la vista: decidir tiene un coste que sí se siente al instante (el riesgo de cerrar otras puertas), mientras que el beneficio de haber decidido bien suele tardar en aparecer, a veces semanas o meses. Sin una recompensa visible que lo compense de inmediato, posponer parece la opción más segura, aunque el coste acumulado de no decidir termine siendo mayor que el de cualquier elección concreta. Clear insiste en que el valle se atraviesa, no se evita, y que confiar en el proceso mientras los resultados todavía no se ven es precisamente lo que distingue a quien persiste de quien abandona demasiado pronto.

Si lo que necesitas para decidir es el respaldo de otras personas, más que evitar la decisión en sí, revisa el perfil decisor dependiente. Puedes volver a tu resultado completo en el test Cómo tomo decisiones.

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Preguntas frecuentes

¿Postergar una decisión es siempre negativo?

No siempre: a veces esperar da más información valiosa. El problema aparece cuando la decisión se pospone incluso teniendo ya lo necesario para decidir con garantías razonables.

¿Este estilo tiene relación con la procrastinación?

Sí, comparten mecanismo: mantener las opciones abiertas evita el riesgo de comprometerse con una elección que pueda salir mal, igual que posponer una tarea evita el riesgo de hacerla mal.

¿De dónde sale este modelo de estilos de decisión?

Del trabajo de Suzanne Scott y Reginald Bruce (1995), que describió cinco estilos: racional, intuitivo, dependiente, evitativo y espontáneo.

¿Cómo se diferencia del estilo dependiente?

El dependiente decide con más seguridad si tiene apoyo externo; el evitativo retrasa la decisión en sí, tenga o no ese apoyo disponible.

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