Decisor evitativo: postergar como forma de decidir
Postergar la decisión es, en la práctica, tu forma de decidir: te cuesta comprometerte con una opción mientras puedas seguir abierto a otras.
Mantener las puertas abiertas se siente más seguro que cerrar una, aunque eso también tenga un coste que a veces pasa desapercibido.
Posponer como estrategia, según Scott y Bruce
En el cuestionario de estilos de decisión de Susanne Scott y Reginald Bruce (1995), el estilo evitativo se caracteriza por la tendencia a posponer o eludir las decisiones siempre que sea posible.
No se trata necesariamente de falta de criterio: a menudo la persona sabe qué opción prefiere, pero el propio acto de cerrar una puerta, descartar el resto de alternativas de forma definitiva, genera una resistencia que otros perfiles no experimentan con la misma intensidad.
Ese matiz tiene respaldo empírico. Peter Thunholm (2004) aplicó el cuestionario a 206 oficiales del ejército sueco y comprobó que los estilos racional, dependiente y evitativo podían predecirse en parte a partir de la autoestima y del control de la acción, la capacidad de iniciar y sostener una intención. Su conclusión es que el estilo de decisión no es solo un hábito de pensamiento: también refleja cómo se valora uno a sí mismo y cómo regula lo que se propone hacer.
Cómo se reconoce este patrón
- Las decisiones se posponen incluso cuando ya hay información suficiente para tomarlas con garantías.
- Mantener varias opciones abiertas se siente más cómodo que elegir una, aunque eso implique más incertidumbre a largo plazo.
- Los plazos externos (una fecha límite impuesta) suelen ser lo que finalmente fuerza la decisión.
- El alivio de posponer es inmediato, lo que refuerza el patrón aunque el coste acumulado sea mayor.
Un ejemplo: Nuria lleva meses con dos ofertas de piso guardadas en favoritos. Ha visitado ambos, sabe cuál le gusta más y tiene la hipoteca preaprobada. Cada semana encuentra un motivo razonable para esperar un poco: un anuncio nuevo, una subida de tipos que quizá baje. Cuando por fin llama, el piso preferido ya está reservado.
Cuatro formas de no decidir
El psicólogo Christopher Anderson (2003) revisó varias líneas de investigación de distintas disciplinas sobre por qué las personas evitan decidir y las agrupó en cuatro efectos:
- Aplazamiento de la elección: posponer la decisión para más adelante, a menudo cuando elegir entre opciones parecidas resulta difícil.
- Sesgo del statu quo: preferir lo que ya se tiene o la opción por defecto frente a un cambio.
- Sesgo de omisión: preferir no actuar a actuar cuando ambas cosas pueden salir mal, porque un error por acción se vive como más propio.
- Inercia de la inacción: después de dejar pasar una buena oportunidad, rechazar otra algo peor que sigue siendo buena.
Según su modelo, estos efectos tienen raíces comunes: el cálculo de costes y beneficios, el arrepentimiento anticipado y la dificultad de elegir entre opciones. Por eso evitar no es irracional sin más. Una parte de la evitación se apoya en razones, y otra, en la anticipación de cómo nos sentiremos si nos equivocamos.
El coste invisible de no decidir
El coste real de este estilo no siempre es visible: no decidir también es una decisión, y suele significar quedarse con la opción por defecto, que es justo lo que describe el sesgo del statu quo.
Los datos de Jozef Bavoľár y Oľga Orosová (2015), con 427 estudiantes eslovacos, ponen cifras a esa relación. El estilo evitativo fue uno de los dos (junto al espontáneo) que predecían puntuaciones más bajas en tareas de competencia de decisión (β = -0,26), y el único que se asociaba a la vez con menos bienestar, más estrés percibido y más síntomas depresivos. Es un estudio correlacional: no indica que aplazar decisiones cause malestar, y es igual de plausible que el estrés haga más difícil comprometerse.
Lo que se gana al cerrar una puerta
Daniel Gilbert y Jane Ebert (2002) ofrecieron a estudiantes de fotografía quedarse con una de sus copias. A unos se les dijo que la elección era definitiva; a otros, que podrían cambiarla durante unos días. Quienes podían cambiar de opinión acabaron apreciando menos su fotografía, algo que los propios estudiantes no esperaban. Y en otro de los estudios, la mayoría de los participantes prefería tener la posibilidad de cambiar.
La explicación de los autores es que una decisión cerrada pone en marcha procesos que, después de elegir, ayudan a valorar lo elegido, y la puerta abierta los interrumpe. Para este perfil, el dato es revelador: la sensación de seguridad que da mantener las opciones vivas no siempre se traduce en más satisfacción con lo que finalmente se elige.
Por eso fijar un plazo propio y concreto, en vez de esperar a que lo imponga una circunstancia externa, es una forma de recuperar algo de control sobre el proceso. También ayuda distinguir qué decisiones son de verdad irreversibles: el miedo a cerrar la puerta no siempre refleja el coste real de equivocarse.
Si el aplazamiento aparece sobre todo al elegir por dónde empezar una tarea, el perfil de procrastinador indeciso describe esa variante. Si lo que necesitas para decidir es el respaldo de otras personas, más que evitar la decisión en sí, revisa el perfil decisor dependiente. Puedes volver a tu resultado completo en el test Cómo tomo decisiones.
Fuentes
- Anderson, C. J. (2003). The psychology of doing nothing: Forms of decision avoidance result from reason and emotion. Psychological Bulletin, 129(1), 139-167. https://doi.org/10.1037/0033-2909.129.1.139
- Bavoľár, J. y Orosová, O. (2015). Decision-making styles and their associations with decision-making competencies and mental health. Judgment and Decision Making, 10(1), 115-122. https://doi.org/10.1017/S1930297500003223
- Gilbert, D. T. y Ebert, J. E. J. (2002). Decisions and revisions: The affective forecasting of changeable outcomes. Journal of Personality and Social Psychology, 82(4), 503-514. https://doi.org/10.1037/0022-3514.82.4.503
- Scott, S. G. y Bruce, R. A. (1995). Decision-making style: The development and assessment of a new measure. Educational and Psychological Measurement, 55(5), 818-831. https://doi.org/10.1177/0013164495055005017
- Thunholm, P. (2004). Decision-making style: Habit, style or both? Personality and Individual Differences, 36(4), 931-944. https://doi.org/10.1016/S0191-8869(03)00162-4
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Preguntas frecuentes
¿Postergar una decisión es siempre negativo?
No siempre: a veces esperar da más información valiosa. El problema aparece cuando la decisión se pospone incluso teniendo ya lo necesario para decidir con garantías razonables.
¿Este estilo tiene relación con la procrastinación?
Están emparentados, pero no son lo mismo. El estilo evitativo describe la tendencia a aplazar o eludir decisiones; la procrastinación, en sentido amplio, es retrasar tareas que uno pretendía hacer. Donde más se tocan es en la llamada procrastinación decisional, el aplazamiento de elecciones concretas.
¿De dónde sale este modelo de estilos de decisión?
Del trabajo de Susanne Scott y Reginald Bruce (1995), que describió cinco estilos: racional, intuitivo, dependiente, evitativo y espontáneo.
¿Cómo se diferencia del estilo dependiente?
El dependiente decide con más seguridad si tiene apoyo externo; el evitativo retrasa la decisión en sí, tenga o no ese apoyo disponible.
¿Mantener una decisión reversible da más tranquilidad?
Se suele creer que sí, pero el experimento de Gilbert y Ebert (2002) apunta a lo contrario: quienes podían cambiar de opción quedaron menos satisfechos con lo elegido que quienes tomaron una decisión definitiva, aunque la mayoría prefería conservar la posibilidad de cambiar.