Decisor dependiente: decides mejor con el respaldo de otros
Te sientes más seguro decidiendo con el respaldo o el consejo de otras personas que estando completamente solo ante la decisión.
No es indecisión en sentido estricto: es una preferencia por contrastar antes de comprometerte, no una falta de criterio propio.
Qué dice el modelo de Scott y Bruce sobre este estilo
En el cuestionario de estilos de decisión de Susanne Scott y Reginald Bruce (1995), el estilo dependiente se define por la búsqueda de consejo y orientación de otras personas antes de decidir.
A diferencia del estilo evitativo, que retrasa la decisión en sí, aquí el proceso avanza con normalidad siempre que exista la posibilidad de consultar: el respaldo externo funciona como una forma de reducir la incertidumbre, no como una manera de no decidir.
Los estudios posteriores con ese cuestionario muestran que este estilo convive con otros. En una muestra de 427 estudiantes eslovacos de secundaria y universidad, Jozef Bavoľár y Oľga Orosová (2015) encontraron que el dependiente se asociaba ligeramente con el racional (r = 0,23) y con el evitativo (r = 0,22). Quien consulta a menudo también tiende a analizar y, en algunos casos, a aplazar.
Rasgos habituales de este estilo
- Se busca activamente la opinión de otros antes de cerrar una decisión, incluso en asuntos personales.
- La confianza en la propia decisión aumenta notablemente si alguien de confianza la respalda.
- Decidir completamente en solitario genera más duda de la que generaría a otros perfiles ante la misma situación.
- Suele encajar bien en entornos de trabajo colaborativo, donde consultar antes de decidir es la norma.
Un ejemplo: a Marta le ofrecen cambiar de departamento con un sueldo algo mayor y más viajes. Antes de contestar, habla con su pareja, con una antigua jefa y con un compañero que ya trabaja en ese equipo. La decisión la toma ella, y de hecho ya se inclinaba por aceptar, pero solo se siente cómoda al confirmar que nadie ve un problema que a ella se le escapaba.
Lo que dice la investigación sobre pedir consejo
Pedir consejo suele mejorar las decisiones. La revisión de Silvia Bonaccio y Reeshad Dalal (2006) reúne décadas de experimentos sobre la toma de consejo: incorporar la estimación de otra persona tiende a dar juicios más precisos que la propia por sí sola, porque los errores de cada uno se compensan en parte.
Lo habitual es infravalorar el consejo, no sobrevalorarlo. En los estudios de Ilan Yaniv (2004), las personas daban más peso a su propia opinión que a la del consejero, aunque usar el consejo mejoraba claramente su precisión. Visto así, quien tiene un estilo dependiente se aparta de un sesgo muy extendido, el de descontar lo que opinan los demás.
Consultar también sirve para repartir la responsabilidad. Nigel Harvey e Ilan Fischer (1997) entrenaron a sus participantes en una tarea de estimación y después les ofrecieron consejo. Incluso los más entrenados aceptaban algo de consejo de personas con menos experiencia, y tomaban más cuanto mayor era la experiencia del consejero. En los juicios más importantes, los participantes entrenados tomaban aproximadamente el doble de consejo. Los autores lo resumen en tres funciones: aceptar la ayuda ofrecida, mejorar el juicio y compartir la responsabilidad cuando equivocarse sale caro. Esa última función encaja con la tranquilidad que siente este perfil cuando alguien respalda su elección.
No se asocia a peores decisiones ni a menor bienestar. En el estudio de Bavoľár y Orosová (2015), el estilo dependiente no predecía la competencia en tareas de decisión ni se relacionaba con el bienestar, el estrés o los síntomas depresivos, a diferencia del evitativo. Su única relación significativa con las tareas fue una correlación negativa y débil (r = -0,19) con la resistencia a los costes hundidos: quien más consulta tendía algo más a seguir con una opción por lo ya invertido en ella.
Cuando no hay a quién preguntar
Donde más se nota este estilo es en las decisiones que hay que tomar a solas o con prisa: una urgencia, un viaje, una negociación en la que hay que responder en la mesa. Ahí la falta de contraste puede alargar el proceso o generar más dudas de las que tendría otro perfil ante la misma situación.
En la redacción leemos esos datos de una forma concreta: la ventaja del consejo está en sumar un segundo punto de vista, y quien consulta mucho suele conocer bien qué le preguntarían sus consejeros habituales. Esa práctica acumulada es un recurso disponible también cuando no hay nadie a mano.
En el terreno de la divulgación, James Clear sostiene en Hábitos atómicos (2018) que el entorno sostiene la conducta con más fiabilidad que la fuerza de voluntad. Aplicado a este perfil, consultar no es una debilidad que corregir, sino una estructura externa para reducir la incertidumbre, y tener claro de antemano a quién preguntar según el tipo de decisión la hace más estable.
Si en tu caso lo que retrasa la decisión no es la falta de apoyo sino la dificultad para comprometerte con cualquier opción, revisa el perfil decisor evitativo. Puedes volver a tu resultado completo en el test Cómo tomo decisiones.
Fuentes
- Bavoľár, J. y Orosová, O. (2015). Decision-making styles and their associations with decision-making competencies and mental health. Judgment and Decision Making, 10(1), 115-122. https://doi.org/10.1017/S1930297500003223
- Bonaccio, S. y Dalal, R. S. (2006). Advice taking and decision-making: An integrative literature review, and implications for the organizational sciences. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 101(2), 127-151. https://doi.org/10.1016/j.obhdp.2006.07.001
- Clear, J. (2018). Atomic Habits: An Easy & Proven Way to Build Good Habits & Break Bad Ones. Avery.
- Harvey, N. y Fischer, I. (1997). Taking advice: Accepting help, improving judgment, and sharing responsibility. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 70(2), 117-133. https://doi.org/10.1006/obhd.1997.2697
- Scott, S. G. y Bruce, R. A. (1995). Decision-making style: The development and assessment of a new measure. Educational and Psychological Measurement, 55(5), 818-831. https://doi.org/10.1177/0013164495055005017
- Yaniv, I. (2004). Receiving other people’s advice: Influence and benefit. Organizational Behavior and Human Decision Processes, 93(1), 1-13. https://doi.org/10.1016/j.obhdp.2003.08.002
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Preguntas frecuentes
¿El estilo dependiente es sinónimo de inseguridad?
No exactamente. Es una preferencia real por contrastar decisiones con otras personas, algo que en muchos contextos, como el trabajo en equipo o las decisiones complejas, es una ventaja, no un defecto.
¿Puede complicar las decisiones que hay que tomar solo?
Sí, ahí es donde más se nota: sin la posibilidad de consultar, este estilo puede alargar el proceso o generar más dudas de las que tendría otro perfil ante la misma decisión.
¿De dónde sale este modelo de estilos de decisión?
Del trabajo de Susanne Scott y Reginald Bruce (1995), que describió cinco estilos: racional, intuitivo, dependiente, evitativo y espontáneo.
¿Es compatible con tener buen criterio propio?
Totalmente. Consultar no es lo mismo que no tener opinión: muchas personas con este estilo llegan a una idea clara y aun así prefieren contrastarla antes de decidir del todo.
¿Pedir consejo mejora las decisiones?
En la mayoría de los experimentos, sí. La revisión de Bonaccio y Dalal (2006) concluye que tener en cuenta la opinión de otra persona suele mejorar la precisión de los juicios, y los estudios de Yaniv (2004) muestran que lo habitual es dar al consejo menos peso del que convendría, no más.