Estilo de aprendizaje kinestésico: aprender haciendo
Qué describe el estilo kinestésico
Quienes se identifican con el estilo kinestésico dicen aprender mejor haciendo la tarea ellos mismos que viendo cómo la hace otra persona o leyendo sobre ella. Es la letra K del modelo VARK de Neil Fleming y Colleen Mills (1992).
Conviene distinguir dos cosas que el nombre mezcla. Una es la preferencia: a algunas personas les resulta más agradable y motivador aprender con las manos. La otra es la memoria procedimental, un sistema de memoria que todos tenemos y que solo se construye practicando. La primera es un rasgo de cada uno; la segunda, una propiedad del cerebro humano.
Para ver en qué proporción combinas esta preferencia con las demás, existe un test de estilo de aprendizaje que la mide directamente.
Cómo suele reconocerse
Aprender a hacer un nudo mirando un diagrama o escuchando una descripción rara vez basta: hace falta coger la cuerda y probar, varias veces, antes de que quede fijado. Quien puntúa alto en este estilo suele extender esa experiencia a casi todo:
- Prefiere empezar a practicar pronto, aunque sea con errores, antes que leer todas las instrucciones.
- Entiende mejor una idea abstracta cuando la ve aplicada a un caso concreto.
- Elige sesiones de estudio cortas, con tareas que hacer, frente a lecturas largas.
Son preferencias, y tienen valor práctico: elegir formatos que resultan agradables ayuda a sostener el esfuerzo. Lo que no está demostrado es que alguien kinestésico aprenda unos contenidos teóricos mejor que otra persona si se los enseñan “en movimiento”. La revisión de Harold Pashler y colaboradores (2008) buscó experimentos que demostraran esa ventaja del encaje entre estilo y método y no encontró ninguno con el diseño adecuado que la confirmara.
Un tipo de memoria que solo se entrena haciendo
La neurociencia distingue entre la memoria declarativa (hechos que se pueden explicar con palabras, como una fecha o una fórmula) y la procedimental (habilidades que se ejecutan sin pensar en ellas, como montar en bicicleta o escribir en un teclado).
El experimento clásico que separó las dos es de Neal Cohen y Larry Squire (1980). Pidieron a pacientes con amnesia que aprendieran a leer palabras escritas en espejo. Los pacientes adquirieron la habilidad al mismo ritmo que las personas sin amnesia y la conservaban tres meses después, aunque no recordaban las palabras concretas que habían leído. Los autores lo resumieron como la diferencia entre saber cómo y saber qué.
La memoria procedimental se apoya en circuitos de la corteza motora, los ganglios de la base y el cerebelo, y se consolida con la repetición, un ejemplo de cómo la práctica cambia físicamente el cerebro. Por eso alguien puede explicar con todo detalle cómo se ata un nudo y no conseguir hacerlo a la primera.
La consecuencia vale para cualquier estilo: una habilidad motora no se aprende solo con la teoría. Un pianista que se declara auditivo y un cirujano que se declara visual necesitan la misma práctica física que quien se declara kinestésico.
Un principio antiguo con la misma idea
Una frase atribuida popularmente a Confucio, aunque su origen más probable es un pasaje del filósofo confuciano Xunzi (siglo III a. C.), resume esa intuición:
lo que oigo, lo olvido; lo que veo, lo recuerdo; lo que hago, lo aprendo.
Atribuida a Confucio
En el ciclo de aprendizaje experiencial de David Kolb (1984), esa idea corresponde a la fase de “experimentación activa”: probar lo aprendido en situaciones nuevas. Es otro modo de mirar el aprendizaje, centrado en el proceso y no en el canal sensorial, y puede explorarse con nuestro test sobre cómo aprendes según el ciclo de Kolb.
Cuánto pesa la práctica
El psicólogo Anders Ericsson y sus colaboradores (1993) estudiaron a violinistas de un conservatorio de Berlín y observaron que los mejores habían acumulado muchas más horas de práctica deliberada: ejercicios diseñados para mejorar puntos débiles concretos, con retroalimentación, no simple repetición de lo que ya sale bien.
El periodista Malcolm Gladwell popularizó ese trabajo en Fuera de serie (2008) con la cifra de las 10.000 horas, una simplificación que el propio Ericsson matizó después.
La imagen más ajustada la da el metaanálisis de Brooke Macnamara, David Hambrick y Frederick Oswald (2014). Reunió los estudios de los principales ámbitos y concluyó que la práctica deliberada explica una parte apreciable de las diferencias de rendimiento en juegos como el ajedrez, en música y en deporte, pero una parte pequeña en educación y casi ninguna en profesiones. La práctica importa mucho, sobre todo en habilidades con reglas estables, aunque no lo explica todo.
Un ejemplo de lo que sí funciona
Un estudiante de Formación Profesional en electricidad que se define como kinestésico tiene que aprender a montar un cuadro eléctrico y, además, la normativa que lo regula.
Para el montaje, lo decisivo es la práctica física repetida y corregida: ahí su preferencia y lo que exige la tarea coinciden. Para la normativa, mover las manos no añade memoria. Lo que la investigación respalda para cualquier estudiante es repartir el estudio en varias sesiones y ponerse a prueba sin mirar los apuntes; la revisión de John Dunlosky y colaboradores (2013) dio la valoración más alta a esas dos técnicas.
Su preferencia puede influir en la forma (estudiar la normativa con casos de instalaciones reales, por ejemplo), y eso ayuda a mantener el interés. El tipo de esfuerzo es lo que hace que recuerde.
Este artículo resume investigación sobre aprendizaje con fines informativos; no sustituye la orientación de un profesional si hay dificultades de atención o de aprendizaje.
Fuentes
- Cohen, N. J. y Squire, L. R. (1980). Preserved learning and retention of pattern-analyzing skill in amnesia: Dissociation of knowing how and knowing that. Science, 210(4466), 207-210. https://doi.org/10.1126/science.7414331
- Dunlosky, J., Rawson, K. A., Marsh, E. J., Nathan, M. J. y Willingham, D. T. (2013). Improving students’ learning with effective learning techniques. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4-58. https://doi.org/10.1177/1529100612453266
- Ericsson, K. A., Krampe, R. T. y Tesch-Römer, C. (1993). The role of deliberate practice in the acquisition of expert performance. Psychological Review, 100(3), 363-406. https://doi.org/10.1037/0033-295X.100.3.363
- Fleming, N. D. y Mills, C. (1992). Not another inventory, rather a catalyst for reflection. To Improve the Academy, 11, 137-155.
- Gladwell, M. (2008). Outliers: The Story of Success. Little, Brown and Company.
- Kolb, D. A. (1984). Experiential Learning: Experience as the Source of Learning and Development. Prentice-Hall.
- Macnamara, B. N., Hambrick, D. Z. y Oswald, F. L. (2014). Deliberate practice and performance in music, games, sports, education, and professions: A meta-analysis. Psychological Science, 25(8), 1608-1618. https://doi.org/10.1177/0956797614535810
- Pashler, H., McDaniel, M., Rohrer, D. y Bjork, R. (2008). Learning styles: Concepts and evidence. Psychological Science in the Public Interest, 9(3), 105-119. https://doi.org/10.1111/j.1539-6053.2009.01038.x
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Preguntas frecuentes
¿Qué es el estilo de aprendizaje kinestésico?
Es la preferencia declarada por aprender practicando: hacer la tarea uno mismo, manipular, probar con ejemplos reales, antes que verla, escucharla o leerla. En el cuestionario VARK corresponde a la letra K. Describe cómo le gusta aprender a alguien, no demuestra que aprenda mejor por esa vía.
¿Qué estrategias de estudio se asocian a este estilo?
El modelo VARK lo asocia con la práctica directa, los casos reales, las simulaciones y las sesiones cortas. Cuando lo que se aprende es una habilidad motora (tocar un instrumento, soldar, conducir), practicarla es imprescindible para todo el mundo; cuando son conocimientos, las técnicas con más respaldo son el repaso espaciado y la práctica de recuperación.
¿Por qué cuesta concentrarse leyendo mucho rato con este estilo?
Mantener la atención en una lectura larga y pasiva cuesta a casi todo el mundo, no solo a quien se identifica como kinestésico, y no hay estudios que muestren que este grupo tenga más dificultad. Lo que sí ayuda a cualquiera es convertir la lectura en algo activo: pausas para recordar sin mirar, ejemplos propios o problemas que resolver.
¿Hay que practicar 10.000 horas para dominar algo?
No es una regla. La cifra la popularizó Malcolm Gladwell a partir de los estudios de Anders Ericsson, pero el metaanálisis de Macnamara, Hambrick y Oswald (2014) encontró que la práctica deliberada explica una parte apreciable de las diferencias de rendimiento en juegos, música y deporte, y mucho menos en educación y profesiones.