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Estilo de aprendizaje

Estilo de aprendizaje auditivo: aprender escuchando

Por la redacción de Personaramic7 min de lectura
Ilustración minimalista con ondas sonoras representando el estilo de aprendizaje auditivo

Qué describe el estilo auditivo

Quienes se identifican con el estilo auditivo dicen preferir que les expliquen las cosas de viva voz: una clase bien contada, una conversación, un pódcast, antes que un texto o un esquema.

Es la letra A (de Aural) del modelo VARK, el cuestionario que Neil Fleming y Colleen Mills presentaron en 1992 junto con las variantes visual, lectora-escritora y kinestésica. El propio Fleming lo planteó como un catalizador para reflexionar sobre cómo se estudia, no como un diagnóstico.

Esa preferencia es real y es útil conocerla. Lo que la investigación no ha confirmado es el paso siguiente: que alguien que prefiere escuchar aprenda más cuando estudia escuchando. Este artículo separa las dos cosas.

Si quieres ver cómo se reparte tu preferencia entre los cuatro canales, puedes hacer nuestro test de estilo de aprendizaje. Lo habitual es combinar rasgos de varios, como el visual o el kinestésico, en proporciones que cambian según la materia.

Cómo suele reconocerse

Las personas que puntúan alto en este estilo suelen contar experiencias parecidas:

  • Les resulta más fácil seguir un tema cuando alguien lo explica que cuando lo leen.
  • Repiten información en voz alta de forma espontánea cuando quieren memorizarla.
  • Prefieren preparar un examen comentándolo con alguien antes que en silencio.

Son descripciones de cómo se sienten más cómodas. La cuestión interesante es si esa comodidad se traduce en mejores resultados.

La prueba que nunca ha superado la hipótesis del encaje

En 2008, Harold Pashler, Mark McDaniel, Doug Rohrer y Robert Bjork revisaron la literatura sobre estilos de aprendizaje en un informe para la revista Psychological Science in the Public Interest. Se centraron en la llamada hipótesis del encaje (meshing hypothesis): la idea de que cada persona aprende mejor si la enseñanza se adapta a su estilo.

Para demostrarla, explicaron, hace falta un experimento muy concreto: clasificar a los estudiantes por estilo, asignar al azar a cada grupo distintos métodos de enseñanza y examinar a todos con la misma prueba. La hipótesis solo se sostendría si los auditivos rindieran más con el método auditivo y los visuales con el visual, un cruce de resultados. Encontraron muy pocos estudios con ese diseño, y los que había no mostraban ese cruce.

Beth Rogowsky, Barbara Calhoun y Paula Tallal hicieron después exactamente ese experimento con el canal auditivo (2015). Adultos con estudios universitarios, unos con preferencia auditiva y otros con preferencia visual por las palabras, estudiaron el mismo texto de divulgación en audiolibro o en formato escrito. No hubo relación entre la preferencia y el formato: los auditivos no comprendieron mejor con el audiolibro, ni en la prueba inmediata ni en la diferida.

Lo que la voz sí aporta a cualquier persona

Que el encaje no funcione no significa que hablar y escuchar sean inútiles para estudiar. Hay dos efectos bien documentados que usan la voz, y ninguno depende del estilo de cada uno.

El efecto de producción

Colin MacLeod y su equipo (2010) pidieron a los participantes que leyeran una lista de palabras, unas en voz alta y otras en silencio. Las pronunciadas se recordaban mejor. Lo llamaron efecto de producción.

El detalle importante es que el efecto aparecía sobre todo cuando solo se pronunciaba una parte del material: lo dicho en voz alta se vuelve distintivo y destaca frente a lo leído en silencio. Leerlo todo en voz alta diluye la ventaja.

Noah Forrin y MacLeod (2018) afinaron el mecanismo comparando cuatro condiciones: decir las palabras en voz alta, escuchar la propia voz grabada, escuchar a otra persona y leer en silencio. El recuerdo bajaba en ese mismo orden. Su conclusión es que la ventaja combina dos ingredientes: el acto motor de hablar y el hecho de oírse a uno mismo.

Explicar sin mirar

La segunda herramienta es la práctica de recuperación. Henry Roediger y Jeffrey Karpicke (2006) observaron que intentar recordar un texto producía más retención a la semana que volver a leerlo, aunque releer daba más sensación de dominio.

Explicar un tema en voz alta, sin apuntes delante, es una forma de recuperación: obliga a sacar de la memoria lo aprendido y deja ver qué falta. En la revisión de John Dunlosky y colaboradores (2013) sobre diez técnicas de estudio, la práctica de recuperación y el repaso espaciado fueron las dos únicas que recibieron la valoración de utilidad alta.

Un ejemplo con las dos herramientas

Una estudiante que se define como auditiva prepara un examen oral de historia. Si su estrategia es escuchar tres veces la grabación de la clase, trabaja con una sensación de familiaridad que la investigación asocia a una retención floja.

Si, en cambio, lee en silencio los apuntes y pronuncia en voz alta solo las fechas y los conceptos clave, y al terminar cada tema se lo explica a sí misma sin mirar, está usando el efecto de producción y la práctica de recuperación. Las dos funcionarían igual de bien para un compañero que se considera visual.

Su preferencia auditiva le sirve para elegir lo que le resulta agradable, y eso cuenta: la motivación también sostiene el estudio. Lo que hace que recuerde es el tipo de esfuerzo, no el canal.

Por qué el lenguaje hablado tiene un circuito propio

Los experimentos del neurocientífico Roger Sperry con pacientes a quienes se había seccionado el cuerpo calloso, el haz de fibras que conecta los dos hemisferios, mostraron algo concreto sobre el lenguaje: cuando una palabra llegaba solo al hemisferio izquierdo, el paciente podía leerla y decirla en voz alta; cuando llegaba solo al derecho, no podía nombrarla, aunque a menudo sí señalaba el objeto con la mano izquierda.

Ese trabajo, reconocido con el Premio Nobel de 1981, confirmó que la producción del habla depende en la mayoría de las personas del hemisferio izquierdo. Es el circuito que se activa cuando alguien resume en voz alta lo que acaba de estudiar.

Pero que el lenguaje tenga un circuito especializado es un rasgo común a casi todo el mundo, no una señal de que unas personas aprendan mejor por el oído que otras.

En resumen

  • El estilo auditivo describe una preferencia legítima, que puede orientar qué formatos resultan más agradables.
  • La idea de que estudiar en el formato preferido mejora el aprendizaje no se ha confirmado en los experimentos diseñados para comprobarlo.
  • La voz sí ayuda a cualquiera cuando se usa con intención: pronunciar solo lo clave y explicar sin mirar.

Este artículo resume investigación sobre aprendizaje con fines informativos; no sustituye la orientación de un profesional si hay dificultades de aprendizaje o de audición.

Fuentes

  • Dunlosky, J., Rawson, K. A., Marsh, E. J., Nathan, M. J. y Willingham, D. T. (2013). Improving students’ learning with effective learning techniques. Psychological Science in the Public Interest, 14(1), 4-58. https://doi.org/10.1177/1529100612453266
  • Fleming, N. D. y Mills, C. (1992). Not another inventory, rather a catalyst for reflection. To Improve the Academy, 11, 137-155.
  • Forrin, N. D. y MacLeod, C. M. (2018). This time it’s personal: The memory benefit of hearing oneself. Memory, 26(4), 574-579. https://doi.org/10.1080/09658211.2017.1383434
  • MacLeod, C. M., Gopie, N., Hourihan, K. L., Neary, K. R. y Ozubko, J. D. (2010). The production effect: Delineation of a phenomenon. Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory, and Cognition, 36(3), 671-685. https://doi.org/10.1037/a0018785
  • Pashler, H., McDaniel, M., Rohrer, D. y Bjork, R. (2008). Learning styles: Concepts and evidence. Psychological Science in the Public Interest, 9(3), 105-119. https://doi.org/10.1111/j.1539-6053.2009.01038.x
  • Roediger, H. L. y Karpicke, J. D. (2006). Test-enhanced learning: Taking memory tests improves long-term retention. Psychological Science, 17(3), 249-255. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2006.01693.x
  • Rogowsky, B. A., Calhoun, B. M. y Tallal, P. (2015). Matching learning style to instructional method: Effects on comprehension. Journal of Educational Psychology, 107(1), 64-78. https://doi.org/10.1037/a0037478
  • Sperry, R. W. (1982). Some effects of disconnecting the cerebral hemispheres. Science, 217(4566), 1223-1226.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es el estilo de aprendizaje auditivo?

Es la preferencia declarada por recibir la información escuchándola: una clase, una conversación, un pódcast. En el cuestionario VARK de Neil Fleming corresponde a la letra A (Aural). Describe cómo le gusta aprender a alguien, no demuestra que aprenda mejor por esa vía.

¿Qué estrategias de estudio se asocian a este estilo?

El modelo VARK lo asocia con explicar en voz alta, escuchar grabaciones y debatir en grupo. De esas estrategias, las que tienen mejor respaldo funcionan para cualquier persona: leer en voz alta solo lo más importante (efecto de producción) y explicar un tema de memoria, sin mirar los apuntes (práctica de recuperación).

¿Repetir en voz alta ayuda de verdad a memorizar?

Sí, con matices. MacLeod y colaboradores (2010) describieron el 'efecto de producción': las palabras leídas en voz alta se recuerdan mejor que las leídas en silencio, sobre todo cuando solo se pronuncia una parte del material, porque lo dicho en voz alta destaca. El efecto aparece en personas de cualquier estilo, no solo en las auditivas.

¿Me conviene estudiar con audiolibros si soy auditivo?

Escucharlos puede resultar más cómodo, pero un experimento de Rogowsky, Calhoun y Tallal (2015) con adultos que se declaraban auditivos o visuales no encontró que comprendieran mejor un texto con el audiolibro que leyéndolo, ni en la prueba inmediata ni en la diferida. La comodidad es un buen motivo para elegir formato; la idea de que el formato 'encajado' multiplica el aprendizaje no se ha confirmado.

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