Personaramic
Estilo de aprendizaje

Afantasía: las personas que cierran los ojos y no ven absolutamente nada

Por la redacción de Personaramic7 min de lectura
Ilustración orgánica minimalista de un ojo cerrado, dibujado como un arco con pestañas, junto a un marco vacío

Si cierras los ojos y piensas en la mesa en la que desayunaste esta mañana, ¿ves la taza, el color del mantel, la luz de la ventana? Para entre dos y cuatro de cada cien personas, la respuesta es no. No ven nada: tienen afantasía. Y muchas se dan cuenta ya de adultas, casi por casualidad.

El término, que designa la ausencia (o casi) de imágenes mentales voluntarias, existe desde 2015. Pero la historia empieza mucho antes, con un cuestionario sobre desayunos.

El cuestionario de la mesa del desayuno

En 1880, el científico británico Francis Galton envió un cuestionario a un grupo de hombres de ciencia.

Les pedía algo sencillo: pensar en la mesa del desayuno de esa mañana y valorar la imagen que aparecía en su mente según tres criterios:

  • Iluminación: ¿la imagen es tenue o clara?
  • Definición: ¿se distinguen bien todos los objetos a la vez?
  • Colorido: ¿los colores son naturales?

William James reproduce la sorpresa de Galton en sus Principios de psicología (1890): “Para mi pasmo, descubrí que la gran mayoría de los hombres de ciencia” a los que consultó decían desconocer por completo la imaginación mental (p. 597).

Creían que “imagen mental” era una figura retórica, una forma de hablar. Galton los comparó con un daltónico que no sabe que lo es: les faltaba algo y no podían saberlo, porque nunca lo habían tenido.

Qué es la afantasía y cómo se vive por dentro

La mejor descripción de época la recoge el propio James, que repitió las preguntas de Galton por su cuenta. Entre las respuestas, cita las de dos primos, nietos de un científico célebre (pp. 601-602).

  • Uno veía la mesa “borrosa y brillante a la vez”, y al memorizar versos podía leerlos después en una página mental.
  • El otro escribió: “No veo nada en detalle”, y añadió que de ningún modo podría contar las sillas, aunque sabía que había diez.

Ahí está la clave del fenómeno: saber no es lo mismo que ver.

La persona con afantasía recuerda qué había en la mesa. Lo que no tiene es la “película”.

James lo resumió así:

Indudablemente hay personas que no tienen imágenes visuales dignas de ese nombre (p. 602).

En lugar de ver su desayuno, dicen que lo recuerdan o que saben lo que había.

Lo más llamativo es que James hablaba también de sí mismo.

En una nota confiesa ser un visualizador malísimo (p. 599). Apenas podía evocar una sola letra del alfabeto (p. 606): tenía que recorrer su contorno con el “ojo mental” para que tuviera algo de nitidez.

Y sin embargo dibujaba bien y le apasionaban la pintura y la arquitectura.

Galton ya había notado lo mismo: gente sin imágenes que describía escenas con viveza e incluso pintaba al nivel de la Real Academia (p. 599).

La imaginación visual y el talento visual no son la misma cosa.

El comerciante que se quedó sin imágenes

James dedica varias páginas a un caso publicado por Jean-Martin Charcot en 1883 (pp. 603-605).

Mr. X era un comerciante nacido en Viena con una memoria visual prodigiosa: leía a Homero de corrido y podía recitar versos “leyéndolos” en una página mental.

Tras una crisis, perdió toda imagen visual:

  • No podía evocar la cara de su mujer ni la de sus hijos.
  • Una vez habló con su propio reflejo en un espejo creyendo que era un extraño.
  • Pasó a soñar solo con palabras.
  • Empezó a memorizar diciendo las cosas en voz alta.

Hoy se hablaría de afantasía adquirida, distinta de la congénita (la de toda la vida). Y la historia moderna del término empieza, precisamente, con un caso parecido.

Cómo nació la palabra: de MX a Cortex

En 2010, el neurólogo Adam Zeman y su equipo publicaron en Neuropsychologia el caso de un paciente al que llamaron MX, que había perdido de forma brusca la capacidad de generar imágenes visuales.

Lo sorprendente fue que MX resolvía con normalidad las pruebas de percepción, imaginería y memoria visual.

En la resonancia, al intentar imaginar, su cerebro activaba menos regiones posteriores y más regiones frontales que el de los controles: parecía llegar a la respuesta por otro camino.

Tras un artículo divulgativo del periodista Carl Zimmer sobre el caso, más de veinte personas escribieron a Zeman: ellas nunca habían tenido imágenes.

En 2015, Zeman, Dewar y Della Sala describieron esos casos en Cortex y propusieron un nombre: afantasía, del griego phantasia (imaginación) con el prefijo privativo a-.

Un año después, en 2016, el cofundador de Firefox Blake Ross publicó un ensayo viral en el que contaba cómo había comprendido, a los treinta años, que los demás “veían” de verdad cuando cerraban los ojos.

¿Cuántas personas tienen afantasía?

Las cifras actuales son modestas pero no mínimas:

  • Dance, Ipser y Simner (2022) evaluaron a 1.004 personas: un 3,9% tenía imágenes nulas o muy tenues, y un 0,8% ninguna en absoluto.
  • En el extremo contrario está la hiperfantasía: imágenes tan vivas que casi rivalizan con la percepción.
  • Zeman et al. (2020) analizaron cuestionarios de unas 2.000 personas con afantasía y 200 con hiperfantasía: la primera se asociaba más a profesiones científicas y a dificultades con el reconocimiento de caras y la memoria autobiográfica; la segunda, a profesiones creativas.

Si te interesa cómo se relaciona esto con la forma de aprender, el estilo de aprendizaje visual muestra que “aprender viendo” depende del material externo, no de ver imágenes por dentro.

Lo que Galton acertó y lo que no

Galton acertó en lo esencial: la experiencia interior varía enormemente de una persona a otra, y casi nadie lo sospecha.

Pero su conclusión estrella (que los científicos tenían menos imágenes) no aguantó.

  • Brewer y Schommer-Aikins (2006) repitieron su estudio con científicos actuales y no encontraron ninguno sin imágenes visuales.
  • Al revisar los datos publicados por Galton, vieron que ni siquiera ellos sostenían su afirmación: le habían impresionado unas pocas respuestas muy llamativas.

Hay un matiz curioso: los datos de Zeman (2020) sí asocian la afantasía a profesiones científicas. La relación, por tanto, sigue abierta, pero ya no como la planteó Galton.

¿Existe un test de afantasía?

El cuestionario de referencia es el VVIQ de David Marks (1973), heredero directo del de Galton: 16 escenas que se imaginan y se puntúan por nitidez.

Los test de afantasía que circulan en internet suelen inspirarse en él, pero son autoinformes orientativos, no diagnósticos.

Y conviene recordar lo que repiten los investigadores: la afantasía no es una enfermedad. Es una forma distinta de pensar, que el cerebro, tan plástico como es, resuelve por otras vías. El test de estilo de aprendizaje permite ver tu propio patrón, sin que tenga nada que ver con tener o no imágenes.

Fuentes

  • Brewer, W. F., y Schommer-Aikins, M. (2006). Scientists are not deficient in mental imagery: Galton revised. Review of General Psychology, 10(2), 130-146.
  • Dance, C. J., Ipser, A., y Simner, J. (2022). The prevalence of aphantasia (imagery weakness) in the general population. Consciousness and Cognition, 97, 103243. https://doi.org/10.1016/j.concog.2021.103243
  • Galton, F. (1880). Statistics of mental imagery. Mind, 5(19), 301-318.
  • James, W. (1989). Principios de psicología. Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1890).
  • Marks, D. F. (1973). Visual imagery differences in the recall of pictures. British Journal of Psychology, 64(1), 17-24.
  • Zeman, A. Z. J., Della Sala, S., Torrens, L. A., Gountouna, V. E., McGonigle, D. J., y Logie, R. H. (2010). Loss of imagery phenomenology with intact visuo-spatial task performance: A case of ‘blind imagination’. Neuropsychologia, 48(1), 145-155.
  • Zeman, A., Dewar, M., y Della Sala, S. (2015). Lives without imagery: Congenital aphantasia. Cortex, 73, 378-380. https://doi.org/10.1016/j.cortex.2015.05.019
  • Zeman, A., Milton, F., Della Sala, S., Dewar, M., Frayling, T., Gaddum, J., et al. (2020). Phantasia: The psychological significance of lifelong visual imagery vividness extremes. Cortex, 130, 426-440.

¿Quieres saber más sobre ti?

Descubre tu resultado con uno de nuestros tests relacionados.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la afantasía?

Es la incapacidad, o una capacidad muy reducida, de generar imágenes mentales visuales de forma voluntaria. La persona sabe cómo es una playa o la cara de su madre, pero al intentar 'verla' con los ojos cerrados no aparece ninguna imagen. El término lo propusieron Adam Zeman, Michaela Dewar y Sergio Della Sala en 2015, en la revista Cortex.

¿Cuántas personas tienen afantasía?

Las estimaciones rondan el 2-4% de la población. En un estudio con 1.004 personas, Dance, Ipser y Simner (2022) encontraron que un 3,9% tenía imágenes mentales nulas o muy tenues, y un 0,8% ninguna en absoluto.

¿Existe un test de afantasía fiable?

El instrumento más usado en investigación es el Cuestionario de Viveza de Imágenes Visuales (VVIQ) de David Marks (1973), que pide imaginar escenas y puntuar su nitidez. Los tests de afantasía que circulan en internet suelen basarse en él, pero son autoinformes orientativos: no son una prueba diagnóstica ni sustituyen una evaluación en un contexto de investigación.

¿La afantasía es una enfermedad?

No. Los propios investigadores que acuñaron el término la describen como una variación en la experiencia humana, no como un trastorno. Quienes la tienen desde siempre suelen llevar vidas normales y a menudo no se dan cuenta hasta la edad adulta. Solo en casos raros aparece de forma adquirida, tras una lesión o un episodio neurológico.

¿Este artículo sustituye una valoración profesional?

No. Resume investigación histórica y científica sobre la imaginería mental con fines informativos y educativos. Si notas una pérdida repentina de la capacidad de imaginar, o te preocupa cualquier cambio en tu memoria o percepción, lo indicado es consultar con un profesional de la salud o de la psicología.

Artículos relacionados