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Estilo de aprendizaje

¿Qué reveló el experimento del cerebro dividido de Roger Sperry?

Por la redacción de Personaramic6 min de lectura
Ilustración minimalista de dos semicírculos separados por una línea vertical, representando los dos hemisferios del cerebro

A comienzos de la década de 1950, el neurocientífico Roger Sperry, entonces en la Universidad de Chicago, y su doctorando Ronald Myers hicieron un descubrimiento que cambiaría la forma de entender el cerebro.

Trabajando con gatos, seccionaron tanto el cuerpo calloso (el puente de fibras que conecta los dos hemisferios) como el quiasma óptico, de modo que la información visual de cada ojo llegara solo al hemisferio de su mismo lado.

El resultado fue sorprendente: cada hemisferio funcionaba de forma completamente independiente, como si fuera un cerebro entero por sí mismo.

Un gato podía aprender a resolver un problema con un ojo, pero si después se le tapaba ese ojo y se le presentaba el mismo problema con el otro, no lo reconocía: tenía que aprenderlo de cero. Cada mitad del cerebro ignoraba por completo lo que la otra había aprendido.

De los gatos a los pacientes humanos

En la década de 1960, ya en el Instituto Tecnológico de California (Caltech), Sperry tuvo acceso a un pequeño grupo de personas con epilepsia grave, que no respondía a otros tratamientos. Los neurocirujanos Philip Vogel y Joseph Bogen les seccionaron el cuerpo calloso para reducir la frecuencia y la intensidad de sus crisis; el primer paciente de la serie, conocido en la literatura como W. J., fue operado en 1962.

Sperry y su equipo, con un joven doctorando llamado Michael Gazzaniga, diseñaron entonces una serie de tests psicológicos para estudiar a estos pacientes, y una de las primeras observaciones fue, en sí misma, notable: la operación no producía ningún cambio perceptible en el temperamento, la personalidad o la inteligencia general de quienes la habían recibido. En la vida cotidiana, todo parecía normal.

Las diferencias solo salieron a la luz con tests de laboratorio muy específicos. Se proyectaban palabras en una sola mitad del campo visual, de manera que la información llegara únicamente al hemisferio opuesto.

Cuando la palabra se dirigía al hemisferio izquierdo, el paciente podía leerla y decirla en voz alta sin ningún problema. Cuando la misma palabra se dirigía al hemisferio derecho, el paciente era incapaz de nombrarla en voz alta, aunque en muchos casos sí podía señalar el objeto correcto con la mano izquierda (controlada, precisamente, por el hemisferio derecho).

Una mitad de su cerebro sabía algo que la otra mitad no podía poner en palabras. Gazzaniga, Bogen y Sperry publicaron las primeras observaciones de W. J. ese mismo 1962.

Dos cerebros bajo el mismo cráneo

Los hallazgos de Sperry, que le valieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1981, confirmaron y precisaron, en pacientes vivos, lo que apuntaban los estudios de lesiones cerebrales: en la mayoría de las personas, el hemisferio izquierdo controla mecanismos ligados al habla, el lenguaje y la capacidad de nombrar las cosas, mientras que el derecho, más «mudo» en ese sentido, resulta especialmente hábil en tareas visuoespaciales y no verbales, como copiar dibujos, montar figuras o reconocer caras.

Con los años, la idea original de un hemisferio «dominante» sobre el otro ha dado paso a un concepto más matizado, el de especialización hemisférica: cada hemisferio es relativamente mejor en ciertas tareas, y la diferencia es de grado, no de todo o nada.

Lo que mostraban los pacientes operados es otra cosa, aunque relacionada: con el cuerpo calloso seccionado, cada hemisferio podía percibir, aprender y recordar por su cuenta sin que el otro se enterase. Sperry lo describió como dos esferas de conciencia separadas bajo el mismo cráneo, una lectura que sigue discutiéndose en la filosofía de la mente.

Para qué sirve el cuerpo calloso

Antes de Sperry ya se sabía que seccionar el cuerpo calloso no producía cambios evidentes en la conducta. Tan poco se sabía de su función que circulaba entre neurocientíficos la broma, atribuida a Karl Lashley o a Warren McCulloch según la fuente, de que quizá solo servía para mantener unidos los dos hemisferios.

El mérito de Sperry fue diseñar los tests de laboratorio precisos que demostraron que sí tenía una función real, y muy concreta: mantener a los dos hemisferios trabajando como un equipo coordinado, no como dos cerebros que simplemente comparten cráneo sin comunicarse.

El intérprete: lo que añadió Gazzaniga

Gazzaniga siguió estudiando pacientes con el cerebro dividido durante décadas y describió un fenómeno que hoy se cita tanto como los hallazgos originales. En un experimento clásico se mostraba a la vez una pata de gallina al hemisferio izquierdo y una escena nevada al derecho, y el paciente elegía con cada mano una imagen relacionada: un pollo con la derecha y una pala con la izquierda.

Al preguntarle por qué había elegido la pala, el hemisferio izquierdo, que hablaba pero no había visto la nieve, no decía “no lo sé”: improvisaba una explicación coherente, como que la pala servía para limpiar el gallinero. Gazzaniga llamó a ese sistema el intérprete del hemisferio izquierdo, la tendencia a construir un relato plausible de la propia conducta aunque falte la información real (Gazzaniga, 2005).

Por qué este hallazgo cambió la forma de estudiar el cerebro

El trabajo de Sperry abrió la puerta a estudiar cada hemisferio por separado y a preguntarse, de forma mucho más precisa, qué función depende de cuál.

Esa pregunta sigue abierta en muchos terrenos, y no respalda la idea de que cada canal de entrada (visual, auditivo, verbal) dependa de un solo lado del cerebro: en un cerebro sano, ambos lados trabajan de forma integrada.

Esta base biológica es la que años después inspiraría al consultor Ned Herrmann a diseñar su modelo de dominancia cerebral, cruzando la especialización hemisférica de Sperry con el llamado «cerebro triuno» para describir distintos estilos de pensar y aprender.

Un canal sensorial concreto, como el visual o el auditivo, no puede asignarse, en cambio, a un único hemisferio: en condiciones normales, la arquitectura cerebral funciona integrada, no partida en dos.

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Fuentes

  • Herrmann, N. (1996). The Whole Brain Business Book. McGraw-Hill.
  • Gazzaniga, M. S. (2005). Forty-five years of split-brain research and still going strong. Nature Reviews Neuroscience, 6(8), 653-659. doi:10.1038/nrn1723
  • Gazzaniga, M. S., Bogen, J. E. y Sperry, R. W. (1962). Some functional effects of sectioning the cerebral commissures in man. Proceedings of the National Academy of Sciences, 48(10), 1765-1769. doi:10.1073/pnas.48.10.1765
  • Myers, R. E. y Sperry, R. W. (1953). Interocular transfer of a visual form discrimination habit in cats after section of the optic chiasma and corpus callosum. Anatomical Record, 115.
  • Sperry, R. W. (1968). Hemisphere deconnection and unity in conscious awareness. American Psychologist, 23(10), 723-733.
  • Sperry, R. W. (1982). Some effects of disconnecting the cerebral hemispheres. Science, 217(4566), 1223-1226.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es el cuerpo calloso?

El haz de fibras nerviosas que conecta los dos hemisferios del cerebro y permite que se comuniquen entre sí. Antes de Sperry se sabía que seccionarlo no producía cambios evidentes en el comportamiento, y entre los neurocientíficos circulaba la broma, atribuida a Karl Lashley o a Warren McCulloch según la fuente, de que quizá solo servía para mantener unidos los dos hemisferios.

¿Por qué se seccionaba el cuerpo calloso en algunos pacientes?

Como tratamiento quirúrgico para reducir la frecuencia y gravedad de las crisis en un pequeño grupo de personas con epilepsia grave que no respondía a otros tratamientos. La serie que estudió Sperry la operaron los neurocirujanos Philip Vogel y Joseph Bogen en Los Ángeles a partir de 1962.

¿Los pacientes de Sperry notaban algo distinto tras la operación?

En la vida diaria, prácticamente nada: ni su temperamento, ni su personalidad ni su inteligencia general cambiaban de forma perceptible. Las diferencias solo aparecían en tests de laboratorio muy específicos, diseñados para enviar información a un único hemisferio cada vez.

¿Qué es la especialización hemisférica?

La idea, hoy más aceptada que la antigua noción de un hemisferio 'dominante', de que cada hemisferio es relativamente mejor en ciertas funciones (el izquierdo, en la mayoría de las personas, en el lenguaje; el derecho en tareas visuoespaciales como reconocer caras o formas). Es una diferencia de grado: en el cerebro sano ambos trabajan de forma coordinada.

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