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Estilo de aprendizaje

¿Qué es la integración cerebral, según Daniel Siegel?

Por Elena Personaramic4 min de lectura
Ilustración minimalista de dos formas circulares entrelazadas, representando la integración de los dos hemisferios del cerebro

El psiquiatra Daniel J. Siegel y la psicoterapeuta Tina Payne Bryson, en su libro El cerebro del niño (2011), toman como punto de partida algo que ya sabemos por la neurociencia de Roger Sperry: el cerebro tiene dos hemisferios con funciones bastante distintas. Pero su aportación va un paso más allá al plantear una pregunta muy práctica: ¿qué pasa cuando esos dos hemisferios no trabajan bien coordinados, y qué se puede hacer para ayudarlos a funcionar juntos?

Un cerebro lógico y un cerebro con sensaciones

Siegel y Bryson describen el hemisferio izquierdo como el lado que desea y disfruta del orden: es lógico, literal y lineal, y organiza la información en secuencias con sentido. El hemisferio derecho, en cambio, es holístico y no verbal: envía y recibe señales como las expresiones faciales, el tono de voz o los gestos, y se ocupa sobre todo de la impresión general de una experiencia (su significado y su sensación), especializándose en imágenes, emociones y recuerdos personales. En sus propias palabras, al cerebro izquierdo le preocupa la letra de la norma; al derecho, su espíritu.

Desde el punto de vista del desarrollo, en los niños muy pequeños, sobre todo durante los primeros tres años, predomina el hemisferio derecho: todavía no dominan la lógica ni el lenguaje necesarios para poner en palabras lo que sienten, y viven de forma mucho más intensa el presente inmediato. La capacidad de usar el pensamiento lógico y secuencial del hemisferio izquierdo se desarrolla progresivamente, algo que en la práctica se nota, por ejemplo, cuando un niño pequeño empieza a preguntar «¿por qué?» de forma insistente.

Las dos orillas: el aluvión emocional y el desierto emocional

El cuerpo calloso, la misma estructura que estudió Sperry al seccionarla quirúrgicamente en sus experimentos, es la que permite que ambos hemisferios trabajen en equipo en un cerebro sano. Siegel y Bryson comparan intentar vivir usando un único hemisferio con nadar empleando solo un brazo: es posible, pero mucho menos eficaz que emplear los dos a la vez, y el resultado tiende a ser dar vueltas en círculo en vez de avanzar. Cuando esa coordinación falla, Siegel y Bryson describen dos extremos igual de problemáticos. Si domina en exceso el hemisferio derecho, la persona puede sentirse desbordada por un aluvión emocional: imágenes, sensaciones corporales y emociones intensas sin ningún orden lógico que las contenga. Si, por el contrario, domina en exceso el izquierdo, aparece el desierto emocional: un exceso de literalidad y de distancia, en el que las emociones reales quedan negadas o minimizadas en nombre de una lógica fría.

El objetivo, según los autores, no es que gane ningún hemisferio, sino la integración horizontal: que la lógica y el orden del lado izquierdo trabajen junto a la riqueza emocional y experiencial del lado derecho, en vez de que uno se imponga al otro. Siegel y Bryson usan una imagen para describir este equilibrio: un río del bienestar, con el caos en una orilla y la rigidez excesiva en la otra. La salud mental, en esta metáfora, no es llegar a un punto fijo, sino avanzar de forma continua por el centro de ese río, sin quedar varado en ninguna de las dos orillas.

Conectar antes de razonar

Los autores describen una estrategia práctica para ayudar a alguien (un hijo, pero también cualquier persona) que está atrapado en un aluvión emocional del hemisferio derecho: conectar antes de redirigir. Antes de intentar razonar, explicar o corregir, proponen validar primero lo que la otra persona siente, con gestos, tono de voz y presencia, el mismo lenguaje no verbal que domina el hemisferio derecho. Solo después, cuando la persona ya se siente comprendida y su activación emocional ha bajado, tiene sentido introducir la lógica, la explicación o la corrección, apelando entonces sí al hemisferio izquierdo. Intentar razonar primero, antes de conectar, suele fracasar precisamente porque se le habla al hemisferio equivocado en el momento equivocado.

Por qué esta idea encaja con el modelo de Herrmann

Esta misma distinción entre un procesamiento más lógico-secuencial y otro más emocional-holístico es, en esencia, la base biológica sobre la que el consultor Ned Herrmann construyó después su modelo de dominancia cerebral, que describe estilos de pensar y aprender a partir de la misma especialización hemisférica. Donde Herrmann traduce esa especialización en cuatro estilos de pensamiento aplicados al trabajo y al aprendizaje, Siegel y Bryson se quedan en un nivel más elemental y más cercano al día a día: no tanto qué estilo predomina en cada persona, sino si los dos lados están, en un momento dado, colaborando entre sí o funcionando de forma aislada. Siegel y Bryson lo desarrollan pensando sobre todo en la crianza, pero la idea de fondo, que aprender y funcionar bien exige coordinar ambos lados del cerebro en vez de dejar que uno domine sobre el otro, no es exclusiva de la infancia: sigue siendo relevante para entender cómo aprendemos y cómo gestionamos lo que sentimos en la edad adulta, un terreno que desarrollamos con más detalle al hablar de la autoconciencia emocional.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la integración horizontal del cerebro?

El término que usa el psiquiatra Daniel Siegel para describir la coordinación entre el hemisferio izquierdo (lógico, verbal, secuencial) y el derecho (emocional, no verbal, ligado a la experiencia), de modo que ambos trabajen juntos en vez de que uno domine sobre el otro.

¿Por qué en los niños pequeños predomina el hemisferio derecho?

Porque todavía no dominan bien la capacidad de usar la lógica y el lenguaje para expresar sus sentimientos, y viven mucho más anclados en el presente y en la experiencia inmediata, funciones típicamente asociadas al hemisferio derecho.

¿Qué pasa cuando domina demasiado un solo hemisferio?

Si domina en exceso el derecho, la persona puede sentirse desbordada por emociones e imágenes sin ningún orden lógico (lo que Siegel llama 'aluvión emocional'). Si domina en exceso el izquierdo, puede caer en un exceso de literalidad y distancia emocional (el 'desierto emocional'), negando o minimizando lo que siente.

¿Esto solo aplica a la infancia?

Siegel lo desarrolla sobre todo en el contexto de la crianza, pero el mecanismo de fondo (coordinar el procesamiento lógico y el emocional para no quedarse atrapado en ninguno de los dos extremos) describe un equilibrio que sigue siendo relevante en la edad adulta.

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