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La curva del olvido: en 24 horas parece que olvidas casi el 70% de lo que aprendes, y es bueno

Por la redacción de Personaramic7 min de lectura
Ilustración orgánica minimalista de una curva descendente suave sobre una retícula, con barras que se van desvaneciendo

En 1885, un psicólogo alemán publicó el resultado de más de dos años memorizando listas de sílabas sin sentido. Quería medir algo que nadie había medido: a qué velocidad se nos escapa lo aprendido. La respuesta fue incómoda. Y, según la ciencia de la memoria, también es una buena noticia.

Ese psicólogo era Hermann Ebbinghaus, y su gráfica se conoce como la curva del olvido.

William James la recogió en 1890, en sus Principios de psicología, como una de las primeras “mediciones exactas de memoria” (p. 542).

Y acompañó los números con una idea que hoy suena sorprendentemente moderna: olvidar no es un defecto del sistema.

¿Qué es la curva del olvido de Ebbinghaus?

Ebbinghaus fue a la vez investigador y sujeto de estudio. Usaba sílabas sin sentido para que ningún significado previo le ayudara a recordar.

James resume así sus primeros datos (p. 542):

  • Tras una sola lectura, no podía recordar más de siete sílabas.
  • Para recordar 12 necesitaba 16 lecturas.
  • Para 24, 44 lecturas.
  • Para 36, 55 lecturas.

Luego midió el olvido. Aprendía una lista, esperaba un tiempo y la volvía a aprender. Según la cita de Ebbinghaus que recoge James (p. 543):

  • A la hora, había que repetir más de la mitad del trabajo original.
  • A las ocho horas, dos tercios.
  • A las 24 horas, se conservaba aproximadamente un tercio del efecto.
  • A los seis días, una cuarta parte.
  • Al mes, una quinta parte.

La forma es siempre la misma: una caída brusca al principio y un descenso cada vez más suave después, como un tobogán que se va aplanando.

Olvidar no es borrar: la trampa del “70%”

La cifra de “casi el 70% en un día” circula mucho. Tiene base, pero hay que leerla bien.

Ebbinghaus no preguntaba “¿cuánto recuerdas?”. Medía cuánto tiempo se ahorraba al reaprender una lista respecto a la primera vez. Es el llamado método del ahorro.

Eso cambia el sentido del dato:

  • Perder dos tercios del ahorro no significa que dos tercios se hayan evaporado.
  • Queda una huella que hace el segundo aprendizaje más rápido que el primero.
  • Y se trataba de sílabas sin sentido, diseñadas justo para ser difíciles de retener.

La metáfora que mejor encaja es un sendero en la hierba: si nadie pasa, se desdibuja, pero la segunda vez que se cruza el prado el camino aparece antes.

¿Se sostiene más de un siglo después?

En 2015, Jaap Murre y Joeri Dros, de la Universidad de Ámsterdam, publicaron en PLOS ONE una réplica con el mismo método.

Una persona dedicó 70 horas a aprender listas y reaprenderlas tras 20 minutos, 1 hora, 9 horas, 1 día, 2 días o 31 días.

  • Los resultados fueron similares a los de Ebbinghaus.
  • La curva no era del todo lisa: mostraba un repunte a partir de las 24 horas.

No es la única explicación posible, pero ese repunte encaja con lo que la investigación sobre el sueño ha documentado ampliamente: según la revisión de Björn Rasch y Jan Born (2013) en Physiological Reviews, el sueño participa en la consolidación de lo aprendido durante el día.

¿Por qué olvidamos tan rápido?

William James escribe que, en el uso práctico de nuestro intelecto, “el olvido es una función tan importante como el recuerdo” (p. 545).

Y lo justifica con un argumento casi matemático: si recordáramos todo con detalle, “tardaríamos tanto tiempo en recordar un espacio de tiempo como el que duró su transcurso”.

Concluye que, si lo recordáramos todo, “lo pasaríamos tan mal en la mayor parte de los casos como si no recordáramos nada” (p. 545).

Para él, esa selección es “la quilla misma en que está edificado nuestro barco mental”.

Cita también al psicólogo francés Théodule Ribot: el olvido, salvo en ciertos casos, “no es una enfermedad de la memoria, sino una condición de su salud y de su vitalidad” (p. 546).

La neurociencia actual ha llegado a un sitio muy parecido. En 2017, Blake Richards y Paul Frankland publicaron en Neuron una revisión titulada “The Persistence and Transience of Memory”. Según ellos, el olvido:

  • Aumenta la flexibilidad, porque reduce el peso de información desfasada en las decisiones.
  • Evita el sobreajuste a episodios concretos y favorece la generalización.
  • Es, en sus palabras, tan importante para el sistema como la persistencia.

La meta de la memoria, proponen, no es guardar información a través del tiempo, sino decidir mejor.

El experimento de James consigo mismo

James quiso comprobar si la memoria se entrena como un músculo. En una nota (p. 534) cuenta su propio experimento:

  • Aprendió 158 versos del “Sátiro” de Victor Hugo en 131 minutos y 5/6 repartidos en ocho días.
  • Después entrenó unos 20 minutos diarios durante 38 días aprendiendo el primer libro de El paraíso perdido de Milton.
  • Los 158 versos siguientes de Hugo le costaron 151 minutos y medio. Más, no menos.

Él mismo admite que estaba agotado por otros trabajos, un sesgo evidente. Colegas como Burnham, Drown y Baldwin repitieron la prueba y, en conjunto, apenas encontraron ganancia (pp. 534-535).

Su conclusión fue tajante: “la retentiva innata de cada quien es incambiable” (p. 531). Lo que mejora, según James, es el método: pensar sobre los datos y conectarlos con otros.

Por eso llamaba al estudio intensivo de última hora antes de un examen (el cramming del inglés, que la traducción española vierte como “embaulamiento”) “un método de estudio malísimo” (p. 531). Lo aprendido así forma pocas asociaciones y se olvida enseguida.

El ejemplo favorito de James era el periodista y político Thurlow Weed. “Mi memoria era una coladera”, confesó.

Durante casi cincuenta años le contó cada noche a su esposa, Catalina, lo que había hecho durante el día (pp. 533-534). No fortaleció su retentiva: construyó una red de repasos.

Lo que la investigación moderna añadió

La intuición de James sobre el método se ha estudiado con mucho detalle:

  • Efecto de espaciado: el metaanálisis de Nicholas Cepeda y colegas (2006, Psychological Bulletin) reunió 839 comparaciones de 317 experimentos. El intervalo entre sesiones que da mejor retención crece cuanto más tiempo tiene que durar el recuerdo.
  • Práctica de recuperación: Henry Roediger y Jeffrey Karpicke (2006, Psychological Science) observaron que intentar recordar un texto producía más retención a los dos días y a la semana que volver a leerlo, aunque releer daba más sensación de seguridad.

Ambos hallazgos encajan con lo que James escribió sobre las asociaciones. La memoria también responde al estado emocional del momento, como se explica en por qué el estrés bloquea la memoria.

Lo que acertó James y lo que no

  • Acertó al tratar el olvido como una función, no como un fallo, algo que hoy defiende la neurociencia.
  • Acertó en que el estudio de última hora deja huellas frágiles, en línea con el efecto de espaciado.
  • Acertó en que el método importa más que la fuerza bruta de la memoria.
  • Se precipitó al declarar incambiable la retentiva a partir de un experimento de una sola persona, cansada y sin controles.

El test sobre si aprendes de forma profunda o superficial permite ver tu propio patrón. Y el olvido tiene un pariente cercano en los falsos reconocimientos, como el que se describe en el artículo sobre el déjà vu.

Fuentes

  • Cepeda, N. J., Pashler, H., Vul, E., Wixted, J. T. y Rohrer, D. (2006). Distributed practice in verbal recall tasks: A review and quantitative synthesis. Psychological Bulletin, 132(3), 354-380. https://doi.org/10.1037/0033-2909.132.3.354
  • Ebbinghaus, H. (1885). Über das Gedächtnis: Untersuchungen zur experimentellen Psychologie. Duncker & Humblot.
  • James, W. (1989). Principios de psicología. Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1890).
  • Murre, J. M. J. y Dros, J. (2015). Replication and analysis of Ebbinghaus’ forgetting curve. PLOS ONE, 10(7), e0120644. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0120644
  • Rasch, B. y Born, J. (2013). About sleep’s role in memory. Physiological Reviews, 93(2), 681-766. https://doi.org/10.1152/physrev.00032.2012
  • Richards, B. A. y Frankland, P. W. (2017). The persistence and transience of memory. Neuron, 94(6), 1071-1084. https://doi.org/10.1016/j.neuron.2017.04.037
  • Roediger, H. L. y Karpicke, J. D. (2006). Test-enhanced learning: Taking memory tests improves long-term retention. Psychological Science, 17(3), 249-255. https://doi.org/10.1111/j.1467-9280.2006.01693.x

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la curva del olvido?

Es la representación de cómo se pierde lo aprendido con el paso del tiempo, medida por primera vez por Hermann Ebbinghaus en 1885. Muestra una caída muy rápida en las primeras horas y cada vez más lenta después: tras un día quedaba aproximadamente un tercio del aprendizaje original, y tras un mes, alrededor de una quinta parte.

¿Es verdad que olvidamos el 70% de lo que aprendemos en 24 horas?

Aproximadamente, pero con un matiz importante. Ebbinghaus no midió cuánto se borra, sino cuánto esfuerzo se ahorra al volver a aprender algo. A las 24 horas ese ahorro era de alrededor de un tercio, lo que equivale a perder unos dos tercios del trabajo. Además, estudió listas de sílabas sin sentido, no material con significado, que suele retenerse mejor.

¿Por qué olvidamos las cosas tan fácilmente?

Según revisiones como la de Richards y Frankland (2017) en Neuron, el olvido es un mecanismo activo que ayuda a descartar información desfasada y a generalizar en lugar de quedarse anclado a detalles concretos. William James ya escribió en 1890 que el olvido es una función tan importante como el recuerdo.

¿Se ha replicado la curva de Ebbinghaus?

Sí. Murre y Dros publicaron en 2015 en PLOS ONE una réplica con el mismo método de ahorro: una persona dedicó 70 horas a aprender y reaprender listas, y los resultados fueron similares a los originales, con un pequeño repunte a las 24 horas.

¿Este artículo sustituye una valoración profesional si olvido muchas cosas?

No. Resume investigación sobre memoria y olvido con fines informativos y educativos. Si los olvidos interfieren de forma notable en la vida diaria o han cambiado de manera llamativa, lo indicado es consultarlo con un profesional sanitario o de la psicología.

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