Los grandes maestros de ajedrez no tienen mejor memoria que tú
Dale a un gran maestro de ajedrez un test de memoria cualquiera, sin una sola pieza ni un solo tablero de por medio. Rendirá más o menos como cualquier estudiante universitario. Y sin embargo, es capaz de memorizar partidas enteras con un solo vistazo.
No tiene una memoria fotográfica.
No tiene un don general de retención que otras personas no tengan.
Tiene otra cosa, mucho más concreta y, según la investigación, mucho más entrenable de lo que parece a simple vista.
Duffers, jugadores excelentes y grandes maestros: tres formas distintas de jugar
El psicólogo Arthur Jensen recoge en The g Factor (1998) la investigación sobre cómo piensan realmente los expertos en ajedrez, y arranca desmontando la explicación más obvia.
- Un jugador mediocre (lo que en la jerga inglesa se llama, con cariño, un duffer) suele pensar, como mucho, una jugada por delante.
- Un jugador excelente piensa varias jugadas por delante.
- Un gran maestro, sin embargo, trabaja de una forma cualitativamente distinta a las dos anteriores.
La diferencia entre un aficionado y un gran maestro no está, según la investigación que resume Jensen, en cuántas jugadas planean por adelantado. Está en algo mucho más rápido y automático: la capacidad de percibir de un vistazo un patrón entero en el tablero.
Memoria excepcional solo dentro de su especialidad
Aquí llega el hallazgo que rompe la intuición del “genio con memoria prodigiosa”.
- Los grandes maestros memorizan partidas enteras de ajedrez viendo el tablero solo unos segundos, reconociendo la secuencia completa como quien recuerda una frase que acaba de leer, sin prestar atención consciente a cada letra por separado.
- Pero en tests de memoria generales, sin ninguna relación con el ajedrez, su rendimiento es equivalente al de cualquier estudiante universitario. No tienen una capacidad de memoria superior a la media.
- Lo que sí tienen es una memoria de largo plazo extraordinariamente bien surtida de reglas, estrategias, posiciones y combinaciones de ajedrez, que se activan de forma automática en cuanto ven una configuración concreta de piezas.
Jensen lo compara con la lectura en el propio idioma: nadie necesita “descifrar” letra a letra una palabra familiar, el cerebro la reconoce entera, de un vistazo. Un gran maestro hace lo mismo con el tablero, después de miles de horas de exposición a ese lenguaje concreto.
El único camino conocido hacia ese nivel: mucha práctica, y de una clase particular
Si la ventaja no es una memoria general superior, ¿de dónde sale?
Según la investigación que recoge Jensen sobre el desempeño excepcional en cualquier campo (no solo el ajedrez), la diferencia crítica entre un experto y una persona media no es tanto el factor g en bruto, sino el grado de automatización de ciertos conocimientos y habilidades específicas de ese campo.
- El camino hacia esa automatización, señala Jensen, es la práctica, y mucha, acompañada de un esfuerzo consciente por mejorar.
- Pocas personas son conscientes de la cantidad y la constancia de práctica que los estudios recientes han encontrado como precursor indispensable de una pericia sobresaliente en cualquier disciplina.
- Esta automatización no es solo “hacer lo mismo más rápido”: se caracteriza por la simultaneidad de procesos distintos y por una forma de “pensamiento en patrones” que no existe en quien todavía procesa la información paso a paso.
La otra cara de la moneda: el talento aislado que casi nunca despega
Hay un dato, casi incómodo, que Jensen conecta directamente con esta idea: el de los llamados idiots savants, personas con un talento asombroso en un área muy concreta (cálculo, música, dibujo) junto a un CI general muy por debajo de la media.
Según recoge el libro, casi ninguno de estos casos llega a ser un matemático, músico, artista o bailarín de primer nivel reconocido, y son muy pocos, si es que hay alguno, los que llegan a ganarse la vida con ese talento especial.
La conclusión que plantea Jensen es que un nivel de g medio o superior a la media parece ser una condición casi necesaria para que cualquier talento especial, por asombroso que sea de forma aislada, llegue a expresarse en su versión más significativa e influyente dentro de su campo.
Dicho de otro modo: el patrón que reconoce un gran maestro de ajedrez de un vistazo no sustituye a la inteligencia general, la necesita como base sobre la que construirse.
Lo que este hallazgo cambia sobre la idea de “talento”
Juntando ambas piezas, la imagen que queda es más matizada que el mito del genio nato:
- La pericia experta (en ajedrez o en cualquier otro campo) depende, en gran medida, de una automatización construida con mucha práctica, no de un don general de memoria.
- Un talento aislado, sin un nivel general de g que lo sostenga, rara vez llega a expresarse al máximo nivel dentro de su disciplina.
- Ambas ideas conviven sin contradecirse: el factor g parece ser la base sobre la que la práctica construye la pericia, no un sustituto de esa práctica.
Lo que un gran maestro de ajedrez enseña, en el fondo, no es que algunas personas nacen viendo el tablero de otra forma. Es que ver un tablero “de otra forma” es algo que se construye, jugada a jugada, durante miles de horas, sobre una base que ya estaba ahí desde el principio.
Si te interesa cómo esa misma idea de “base necesaria” aparece incluso en la propia historia de cómo se empezó a estudiar la inteligencia, en el consejo de hace 2.000 años que la psicología tardó un siglo en tomarse en serio se explica por qué algo tan evidente tardó tanto en convertirse en objeto de estudio científico.
Fuentes
- Jensen, A. R. (1998). The g Factor: The Science of Mental Ability. Praeger.
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Preguntas frecuentes
¿Es cierto que los grandes maestros de ajedrez no tienen mejor memoria que cualquiera?
En tests de memoria generales, sin relación con el ajedrez, sí: según recoge Arthur Jensen en The g Factor (1998), rinden de forma comparable a la de cualquier universitario. Su memoria excepcional aparece solo dentro de su campo, para posiciones y patrones de ajedrez concretos.
Entonces, ¿qué es lo que de verdad distingue a un maestro de un aficionado?
Según la investigación que cita Jensen, no es cuántas jugadas planean por adelantado, sino la capacidad de reconocer, de un vistazo, patrones completos en el tablero: configuraciones de piezas que su memoria de largo plazo, entrenada durante miles de horas, reconoce de forma casi automática.
¿Se puede llegar a ese nivel solo con práctica, sin ninguna capacidad especial de base?
Jensen matiza que la práctica intensa es, según la investigación, el único camino conocido hacia ese tipo de automatización experta. Pero también señala que un nivel de g medio o superior a la media parece ser una condición casi necesaria para que un talento especial llegue a expresarse en su máximo nivel, algo que ilustra con el caso de los llamados idiots savants.
¿Este artículo sugiere que cualquiera puede ser un gran maestro de ajedrez con suficiente práctica?
No exactamente. Resume investigación sobre pericia experta y su relación con la inteligencia general, no ofrece ninguna fórmula garantizada ni sustituye el asesoramiento de un entrenador o psicólogo del deporte para el desarrollo de una habilidad concreta.