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Autoconocimiento y bienestar

El test que predijo mejor quién moriría en carretera que su historial médico

Por Rafa Personaramic5 min de lectura
Ilustración minimalista orgánica de un único origen del que parten dos trayectorias muy distintas, una corta y otra larga

Un estudio con más de cuarenta y seis mil hombres, sostenido durante años, comparó 57 variables distintas para predecir quién de ellos moriría antes de cumplir los treinta y cinco. Ganó una sola: un test mental que nada tenía que ver con la salud.

No fue el historial médico.

No fueron los antecedentes de conducta ni el nivel educativo, aunque también se midieron.

Fue una puntuación en un test de aptitud mental, tomada años antes de cualquier accidente, la que mejor predijo quién seguiría vivo.

Un estudio a una escala poco habitual

El psicólogo Arthur Jensen recoge en The g Factor (1998) un trabajo del investigador B. J. O’Toole, publicado en 1990, con un tamaño de muestra que pocos estudios psicológicos alcanzan.

  • La cohorte incluía 46.166 hombres, de entre veinte y treinta y cuatro años, que habían servido previamente en las fuerzas armadas australianas.
  • De ese grupo, 523 habían muerto por causas ajenas al combate militar en el momento del estudio.
  • Se disponía, para todos ellos, de una puntuación en el Army General Classification test (AGC), un test con alta carga del factor g, además de otras pruebas de velocidad, precisión y comprensión mecánica.

Junto a esas puntuaciones, los investigadores recopilaron 54 variables adicionales, agrupadas en tres grandes bloques: nivel educativo, conducta personal (consumo de alcohol, arrestos, ausencias no autorizadas del servicio militar) e historial de salud (número de días de hospitalización, entre otros datos médicos).

57 variables entraron en la carrera, y solo una llegó a la meta

El análisis estadístico, una regresión múltiple con las 57 variables a la vez, buscaba responder a una pregunta muy concreta: de todas ellas, ¿cuáles predicen de forma independiente quién seguiría vivo años después?

El resultado, según lo describe Jensen, fue tajante: el AGC, el test con mayor carga de g de todos los administrados, fue la única variable que hizo una contribución estadísticamente significativa e independiente a la predicción de la mortalidad.

Una subida de una desviación estándar en la puntuación del AGC se asoció con una reducción del 16% en la tasa de mortalidad.

Y aquí llega el matiz más incómodo de todo el estudio: el historial de salud de cada persona, con toda su información médica real, no resultó ser tan buen predictor como ese test mental tomado años antes.

La mayoría de esas muertes no tuvo nada que ver con la salud

La razón de este resultado, aparentemente extraño, se aclara al mirar la causa de esas muertes.

La mayoría de los fallecimientos en ese grupo de edad (veinte a treinta y cuatro años) se debieron a causas externas, sobre todo accidentes de tráfico, no a enfermedades. Un análisis específico sobre la mortalidad por accidentes de vehículo a motor mostró esta tabla, organizada por nivel de CI:

Nivel de CITasa de muerte por cada 10.000
Superior a 11551,3
Entre 100 y 11551,5
Entre 85 y 10092,2
Entre 80 y 85146,7

La tasa de muerte en accidente de tráfico casi se triplica entre el grupo con CI más alto y el grupo con CI más bajo. No es una enfermedad la que explica la diferencia, es algo relacionado con el comportamiento en situaciones de riesgo rápido y cambiante, como conducir.

Por qué un test mental predice mejor que un informe médico

La explicación que se desprende del libro no es que el CI “proteja” del riesgo de forma mágica, sino que muchas de las decisiones que determinan si un accidente ocurre o no (evaluar una situación de tráfico en fracciones de segundo, anticipar el comportamiento de otro vehículo, reaccionar ante un imprevisto) dependen, en parte, de procesos cognitivos que el factor g capta bien y un informe médico, centrado en enfermedades y hospitalizaciones, no capta en absoluto.

Jensen extiende esta idea a otros ámbitos: en el mismo capítulo señala que numerosos problemas sociales (abandono escolar, dependencia crónica de ayudas sociales, delincuencia, pobreza) muestran una relación inversa con el CI, independiente del origen socioeconómico, con una frecuencia hasta cinco veces mayor en el cuartil de CI más bajo que en el más alto.

Los límites de un dato así de contundente

Antes de sacar ninguna conclusión sobre una persona en particular, conviene ser muy precisos con lo que este estudio permite decir y lo que no:

  • Es una diferencia de tasas entre grupos de decenas de miles de personas, no una predicción individual.
  • La inmensa mayoría de las personas, en cualquier nivel de CI, no sufre ningún accidente grave.
  • El riesgo real de una persona concreta depende de muchísimos factores (experiencia al volante, estado de ánimo, condiciones de la vía, suerte) que este estudio, centrado en tendencias de población, no puede capturar.

Lo que sí deja este dato, incómodo y fascinante a partes iguales, es una idea que rara vez se piensa así: parte de lo que nos mantiene a salvo en el mundo tiene menos que ver con el cuerpo que llevamos al médico, y más con la rapidez y precisión con la que ese mismo cuerpo procesa lo que ocurre a su alrededor.

Si te interesa cómo se entrena esa capacidad de procesar patrones rápido en situaciones complejas, en los grandes maestros de ajedrez no tienen mejor memoria que tú se explica qué es lo que de verdad marca la diferencia entre un experto y un principiante.

Fuentes

  • Jensen, A. R. (1998). The g Factor: The Science of Mental Ability. Praeger.
  • O’Toole, B. J. (1990). Intelligence and behavior and motor vehicle accident mortality. Accident Analysis and Prevention, 22, 211-221.

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Preguntas frecuentes

¿Qué estudio es exactamente el que compara CI y mortalidad?

Es la investigación de B. J. O'Toole (1990), realizada sobre una cohorte de 46.166 hombres de entre veinte y treinta y cuatro años que habían servido en las fuerzas armadas australianas, recogida por Arthur Jensen en The g Factor (1998). De ese grupo, 523 habían muerto por causas ajenas al combate militar en el momento del estudio.

¿Qué otras variables se compararon frente al test mental?

Cincuenta y cuatro variables más, agrupadas en tres bloques: nivel educativo, conducta personal (consumo de alcohol, arrestos, ausencias no autorizadas del servicio) e historial de salud (días de hospitalización, entre otros). De todas ellas, solo el test mental (el Army General Classification test) hizo una contribución estadísticamente significativa e independiente a la predicción de mortalidad.

¿Cuánto aumenta el riesgo real, en números?

Según los datos de O'Toole (1990) que cita Jensen, la tasa de muerte por accidente de tráfico entre hombres de 20 a 34 años fue de 51,3 por cada 10.000 en el grupo con CI superior a 115, frente a 146,7 por cada 10.000 en el grupo con CI entre 80 y 85: casi el triple.

¿Esto significa que una puntuación de CI baja condena a tener un accidente?

No. Es una diferencia de tasas entre grupos muy amplios de población, no una predicción sobre ninguna persona concreta. La inmensa mayoría de las personas en cualquier nivel de CI no sufre ningún accidente grave, y el riesgo real de cada individuo depende de muchos factores que este estudio no puede capturar.

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