La miopía y la inteligencia: un misterio que la ciencia ya ha empezado a resolver
Los niños de las clases para superdotados son, de media, bastante más miopes que sus compañeros. Durante décadas, algunos psicólogos vieron en ese dato una pista sobre los genes de la inteligencia. La investigación de los últimos veinte años ha encontrado una explicación más sencilla, y más útil: lo que une miopía e inteligencia pasa, sobre todo, por las aulas.
La historia merece contarse entera, porque es un buen ejemplo de cómo una correlación bien medida puede llevar a una hipótesis equivocada.
Una correlación modesta y bien documentada
El psicólogo Arthur Jensen dedicó un apartado de The g Factor (1998) a esta relación, que describía como “conocida desde hace tiempo” y respaldada por muchos estudios con muestras muy grandes. Según los trabajos que revisa, la correlación entre el grado de miopía y el CI ronda +0,20 a +0,25.
Es una correlación pequeña: deja espacio de sobra para muchísimas personas miopes con un CI en la media o por debajo, y para muchas personas con CI alto que ven perfectamente de lejos. Pero aparece una y otra vez, y pedía una explicación.
La hipótesis de Jensen: un mismo gen para el ojo y para el cerebro
Jensen apostó por una explicación pleiotrópica: que un mismo gen, o un conjunto de genes, influyera a la vez en el desarrollo del ojo y en algún aspecto del desarrollo cerebral relacionado con el factor g, sin que una cosa causara la otra.
Su prueba principal era un estudio de 1988 que firmó con S. J. Cohn y C. M. G. Cohn. Seleccionaron a sesenta adolescentes con CI alto (medido con las Matrices de Raven) y a sus hermanos completos, con un CI de media unos catorce puntos más bajo. A todos se les midió la miopía de forma objetiva, por refracción. El hermano con más CI resultó ser, de media, claramente más miope.
Comparar hermanos controla el nivel socioeconómico y el ambiente familiar compartido. Lo que no controla es lo que cada hermano hace con su tiempo: si el más dotado lee más, estudia más años y pasa más horas dentro de casa, también tendrá más miopía. Los propios autores lo reconocían en el resumen del artículo: las vías ambientales “todavía no pueden descartarse”. El resultado era compatible con la pleiotropía, no una demostración.
El argumento del síndrome de Down, y por qué no sirve
Jensen añadía un segundo argumento para descartar la explicación del estudio y la lectura: según él, las personas con síndrome de Down, que dedican mucho menos tiempo a tareas de cerca, tienen la misma incidencia de miopía que la población general.
Ese razonamiento no se sostiene bien. Los errores de refracción son muy frecuentes en el síndrome de Down por causas propias del desarrollo ocular, y en los niños el más común es la hipermetropía, no la miopía. En una revisión de historias clínicas de 96 niños con síndrome de Down en Inglaterra (Creavin y Brown, 2010), el 96 % de los evaluados tenía al menos una alteración oftalmológica. Un grupo con un ojo que se desarrolla de forma tan distinta no permite poner a prueba qué papel tiene la lectura en la miopía del resto de la población.
La pieza que faltaba: la epidemia de miopía
Mientras los psicólogos discutían de genes, la oftalmología se encontraba con un fenómeno que ningún gen podía explicar. En las ciudades del este de Asia, la miopía se disparó en pocas décadas hasta afectar al 80-90 % de los jóvenes que terminan la secundaria, según la revisión de Ian Morgan, Kyoko Ohno-Matsui y Seang-Mei Saw en The Lancet (2012).
La miopía tiene un componente hereditario importante, pero el acervo genético de una población no cambia en dos o tres generaciones. Un aumento tan rápido apunta a un cambio de ambiente: más años de escolarización intensiva y menos horas fuera de casa.
Mountjoy (2018): la educación causa miopía, no al revés
El estudio que cambió la discusión se publicó en el BMJ en 2018. Edward Mountjoy y colaboradores usaron una técnica llamada aleatorización mendeliana. La idea es aprovechar que los genes se reparten al azar al nacer: si ciertas variantes genéticas empujan a estudiar más años, sirven como un “experimento natural” para ver qué ocurre con la vista de quienes las heredan, sin que intervengan las demás diferencias entre personas.
Analizaron a 67.798 adultos del UK Biobank y miraron en las dos direcciones:
- De la educación a la miopía. Cada año adicional de estudios se asociaba con 0,18 dioptrías más de miopía en los datos observacionales, y con 0,27 dioptrías en el análisis genético, que estima el efecto causal. Según sus cálculos, un titulado universitario británico, con 17 años de educación, tendría de media al menos una dioptría más de miopía que alguien que dejó la escuela a los 16, con 12 años. Es suficiente para necesitar gafas al conducir.
- De la miopía a la educación. La predisposición genética a ser miope apenas influía en los años de estudio.
La flecha principal va, por tanto, de la escuela al ojo. Y el CI entra en la historia por un camino conocido: las personas con más capacidad cognitiva tienden a pasar más años estudiando. No hace falta un gen compartido para explicar la correlación que intrigaba a Jensen.
No es solo leer de cerca: la luz exterior
Queda un matiz importante. Si la explicación fuera solo el “trabajo de cerca”, bastaría con leer menos. La investigación apunta a otro factor que viaja con el estudio: el tiempo al aire libre.
En el Sydney Myopia Study, Kathryn Rose y su equipo (2008) examinaron a más de 4.000 escolares y encontraron que los niños de 12 años con más actividad al aire libre tenían menos miopía, incluso cuando leían mucho. El deporte en interiores no se asociaba con ningún efecto, lo que apunta a la exposición a la luz exterior y no al ejercicio.
La prueba experimental llegó en 2015. En un ensayo con escolares de primero de primaria en Guangzhou (China), Mingguang He y colaboradores añadieron una clase diaria de 40 minutos de actividades al aire libre en seis colegios y compararon con otros seis. A los tres años, la incidencia de miopía fue del 30,4 % en los colegios con la clase extra, frente al 39,5 % en los demás.
La hipótesis más estudiada para explicarlo es que la luz intensa del exterior estimula la liberación de dopamina en la retina, lo que frena el alargamiento excesivo del ojo que produce la miopía. Es un mecanismo con buen apoyo en animales y todavía en estudio en humanos.
Lo que queda abierto
La explicación educativa no cierra todas las preguntas. La miopía sigue teniendo una parte genética, y no se descarta que alguna variante influya a la vez en el ojo y en la cognición. Pero el peso de la prueba ha cambiado: la vía más clara y mejor demostrada es que estudiar más años, con muchas horas en interiores, aumenta la miopía.
Visto así, el “misterio” se ha convertido en algo más práctico. La miopía no dice nada útil sobre la inteligencia de una persona concreta, pero la historia de su relación con el CI enseña dos cosas: que una correlación medida con cuidado puede tener una explicación muy distinta de la que se busca primero, y que el patio de recreo cuenta también para la salud de los ojos.
Si te interesa otro debate sobre lo que heredamos y lo que hace el entorno, en por qué dos desconocidos criados en la misma casa acaban sin parecerse en nada se explica lo que muestran los estudios con gemelos y familias adoptivas.
Fuentes
- Cohn, S. J., Cohn, C. M. G. y Jensen, A. R. (1988). Myopia and intelligence: A pleiotropic relationship? Human Genetics, 80(1), 53-58.
- Creavin, A. L. y Brown, R. D. (2010). Ophthalmic assessment of children with Down syndrome: is England doing its bit? Strabismus, 18(4), 142-145.
- He, M., Xiang, F., Zeng, Y., Mai, J., Chen, Q., Zhang, J., Smith, W., Rose, K. y Morgan, I. G. (2015). Effect of time spent outdoors at school on the development of myopia among children in China: a randomized clinical trial. JAMA, 314(11), 1142-1148. DOI
- Jensen, A. R. (1998). The g Factor: The Science of Mental Ability. Praeger.
- Morgan, I. G., Ohno-Matsui, K. y Saw, S. M. (2012). Myopia. The Lancet, 379(9827), 1739-1748.
- Mountjoy, E., Davies, N. M., Plotnikov, D., Smith, G. D., Rodriguez, S., Williams, C. E., Guggenheim, J. A. y Atan, D. (2018). Education and myopia: assessing the direction of causality by mendelian randomisation. BMJ, 361, k2022. DOI
- Rose, K. A., Morgan, I. G., Ip, J., Kifley, A., Huynh, S., Smith, W. y Mitchell, P. (2008). Outdoor activity reduces the prevalence of myopia in children. Ophthalmology, 115(8), 1279-1285.
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Preguntas frecuentes
¿Es verdad que las personas miopes son más inteligentes?
No en el sentido de una regla individual. Lo que existe es una correlación estadística modesta, de en torno a +0,20 a +0,25 según los estudios que recoge Arthur Jensen en The g Factor (1998), entre el grado de miopía y el CI. No permite predecir nada sobre una persona concreta a partir de si usa gafas, y hoy se explica sobre todo porque quienes tienen más CI tienden a pasar más años estudiando.
¿No será simplemente que leer mucho, siendo estudioso, estropea la vista?
Esa explicación, que Jensen daba por descartada, es hoy la mejor respaldada, con un matiz. Un estudio de aleatorización mendeliana con 67.798 personas del UK Biobank (Mountjoy y colaboradores, 2018) concluyó que cada año adicional de educación causa unas 0,27 dioptrías más de miopía, mientras que la predisposición genética a la miopía apenas influye en los años de estudio. Y los ensayos sobre tiempo al aire libre apuntan a que lo decisivo no es solo leer de cerca, sino pasar poco tiempo bajo la luz exterior.
¿Cómo se puede saber que la relación es real y no una coincidencia demográfica?
El estudio de Cohn, Cohn y Jensen (1988) comparó a adolescentes con CI alto (medido con las Matrices de Raven) con sus propios hermanos con CI más bajo: el hermano con más CI mostraba, de media, más miopía medida por refracción. Eso confirma que la relación existe dentro de las familias, pero no aclara su causa, porque el hermano con más CI también puede leer y estudiar más. Los propios autores reconocían que las vías ambientales no podían descartarse.
¿Qué se puede hacer para reducir la miopía en los niños?
La investigación más sólida se refiere al tiempo al aire libre. En un ensayo con 1.903 escolares de Guangzhou (He y colaboradores, 2015), añadir 40 minutos diarios de actividad al aire libre en la escuela redujo la incidencia de miopía a tres años del 39,5 % al 30,4 %. Cualquier decisión concreta sobre la vista de un niño corresponde a un profesional de la oftalmología u optometría.
¿Este artículo recomienda hacerse revisiones oculares para saber algo sobre la inteligencia?
No. Es un resumen divulgativo de un hallazgo de investigación en psicometría y epidemiología, no una guía de salud visual ni una herramienta de autoevaluación. Cualquier duda sobre la vista debe consultarse con un profesional de la oftalmología.