Por qué dos desconocidos criados en la misma casa acaban sin parecerse en nada
Dos gemelos idénticos, separados al nacer y criados por familias que jamás se conocieron entre sí, se parecen en CI casi tanto como dos hermanos que crecieron bajo el mismo techo. Y dos desconocidos, sin relación genética, adoptados de bebés en la misma familia, acaban su vida adulta pareciéndose en CI prácticamente nada.
Suena a que el orden está invertido.
No lo está.
Y es justo ese cruce de datos, contraintuitivo a primera vista, lo que ha hecho de los estudios con gemelos una de las herramientas más citadas para entender de dónde viene el factor g.
El diseño de investigación: comparar lo que se comparte y lo que no
El psicólogo Arthur Jensen explica en The g Factor (1998) por qué ciertos pares de personas resultan especialmente valiosos para la ciencia:
- Los gemelos monocigóticos (idénticos) comparten el cien por cien de sus genes.
- Los gemelos dicigóticos (mellizos) comparten, de media, el cincuenta por ciento, como cualquier par de hermanos.
- Las personas adoptadas, criadas junto a hermanos sin relación genética, comparten el entorno familiar pero no los genes.
Cruzando estos grupos (criados juntos, criados por separado, con o sin relación genética) es posible estimar, a nivel de población, qué proporción de las diferencias en CI entre personas tiende a explicarse por la genética y cuál por el entorno compartido en la familia.
Los números que no encajan con la intuición
Jensen recoge las correlaciones medias, ponderadas por el número de parejas estudiadas en decenas de investigaciones distintas. Estas son las más reveladoras:
- Gemelos idénticos criados juntos: correlación de +0,86.
- Gemelos idénticos criados por separado: correlación de +0,75.
- Mellizos criados juntos: correlación de +0,60.
- Hermanos biológicos comunes criados juntos: correlación de +0,49.
- Personas sin relación genética criadas juntas desde bebés: correlación de +0,25 en la infancia, y de -0,01 (prácticamente cero) en la edad adulta.
Léelo dos veces si hace falta: dos gemelos idénticos, que jamás compartieron una casa, se parecen en CI casi tanto (+0,75) como dos hermanos biológicos corrientes que sí crecieron juntos (+0,49). Y dos personas sin ningún parentesco genético, que sí compartieron casa, padres y rutina desde bebés, terminan de adultas sin ninguna correlación medible entre sí.
Lo que este patrón sugiere sobre el papel de la familia
Aquí hace falta ir con cuidado, porque es fácil sacar una conclusión más simplista de la que los datos permiten.
Lo que sugiere este patrón no es que el hogar familiar sea irrelevante. Sugiere algo más concreto: su peso sobre el parecido en CI entre hermanos parece disminuir con la edad.
- En la infancia, incluso niños sin relación genética criados juntos muestran cierto parecido en CI (+0,25).
- Ese parecido cae a prácticamente cero en la edad adulta.
- Al mismo tiempo, la heredabilidad (la parte de la variación explicada por la genética) tiende a aumentar según se pasa de la niñez a la vida adulta, según recoge Jensen.
Una forma de entenderlo: de niños, el entorno compartido (la misma casa, la misma rutina, el mismo colegio en muchos casos) deja una huella temporal sobre el parecido cognitivo entre hermanos. Con el tiempo, cada persona adulta parece “encontrar” su propio nivel, más alineado con su propia genética que con la casa en la que creció.
Lo que no se puede sacar de aquí, aunque tiente hacerlo
Este tipo de dato se presta a titulares más categóricos de los que merece, así que conviene fijar los límites con claridad:
- Son promedios de población, calculados sobre miles de parejas en decenas de estudios. No permiten predecir nada sobre una familia o una persona concreta.
- El propio Jensen señala una salvedad importante: los gemelos criados “por separado” a menudo comparten algo de entorno prenatal y las primeras semanas o meses de vida, lo que puede inflar ligeramente esa correlación de +0,75. La estimación es sólida, pero no perfecta.
- Nada de esto dice nada sobre personalidad, valores, bienestar emocional o la calidad del vínculo afectivo con la familia, dimensiones que estos estudios, centrados en el CI, no miden en absoluto.
Lo que sí deja este cruce de datos es una idea que vale la pena sentarse a digerir: el parecido entre dos personas que crecieron bajo el mismo techo dice, sorprendentemente, menos de lo que parece sobre su parecido cognitivo futuro. Y el parecido entre dos personas que nunca compartieron ni una sola cena juntas puede decir bastante más.
Si te interesa otro hallazgo sobre el factor g igual de contraintuitivo, en el test que predijo mejor quién moriría en carretera que su historial médico se explica un estudio a gran escala sobre accidentalidad que llegó a una conclusión parecida de sorprendente.
Fuentes
- Jensen, A. R. (1998). The g Factor: The Science of Mental Ability. Praeger.
- Bouchard, T. J., Jr., Lykken, D. T., McGue, M., Segal, N. L., & Tellegen, A. (1990). Sources of human psychological differences: The Minnesota study of twins reared apart. Science, 250, 223-228.
- Bouchard, T. J., Jr., & McGue, M. (1981). Familial studies of intelligence: A review. Science, 212, 1055-1059.
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Preguntas frecuentes
¿Qué es exactamente un estudio de 'gemelos criados aparte'?
Es un diseño de investigación que compara a gemelos idénticos (genéticamente iguales) que fueron separados de bebés y criados en familias distintas. Como comparten el cien por cien de sus genes pero no el entorno familiar, el parecido que muestran de adultos permite estimar qué parte de un rasgo, como el CI, tiende a explicarse por la genética a nivel de población.
¿Cuánto se parecen realmente estos gemelos en CI?
Según los datos que recoge Arthur Jensen en The g Factor (1998), la correlación media entre gemelos idénticos criados por separado es de +0,75, muy similar a la de +0,86 entre gemelos idénticos criados juntos, y notablemente más alta que la de personas sin relación genética que crecieron en la misma casa.
¿Esto significa que el ambiente familiar no importa nada?
No. El estudio muestra que su peso disminuye mucho, en concreto, para el parecido en CI entre adultos sin relación genética que crecieron juntos. No dice que la familia sea irrelevante para el bienestar, la personalidad, los valores o la relación afectiva, aspectos que este tipo de estudio no mide.
¿Esto predice el CI de mis propios hijos o el mío a partir de mi familia?
No. Son estimaciones estadísticas a nivel de población, obtenidas de promedios entre miles de pares de hermanos, gemelos y personas adoptadas. No permiten predecir ni diagnosticar el CI de ninguna persona ni familia concreta.