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Por qué dos desconocidos criados en la misma casa acaban sin parecerse en inteligencia

Por la redacción de Personaramic7 min de lectura
Ilustración minimalista orgánica de dos siluetas oscuras casi idénticas, una reflejo especular de la otra

Dos gemelos idénticos, separados al nacer y criados por familias que jamás se conocieron, se parecen en CI más que dos hermanos corrientes que crecieron bajo el mismo techo. Y dos niños sin relación genética, adoptados de bebés en la misma familia, llegan a la edad adulta sin apenas parecerse en CI.

Suena a que el orden está invertido, pero no lo está. Ese cruce de datos, contraintuitivo a primera vista, es lo que ha hecho de los estudios con gemelos y adopciones una de las herramientas más citadas para entender de dónde vienen las diferencias en inteligencia.

El diseño de investigación: comparar lo que se comparte y lo que no

El psicólogo Arthur Jensen explica en The g Factor (1998) por qué ciertos pares de personas resultan especialmente valiosos para la ciencia:

  • Los gemelos monocigóticos (idénticos) comparten el cien por cien de sus genes.
  • Los gemelos dicigóticos (mellizos) comparten, de media, el cincuenta por ciento, como cualquier par de hermanos.
  • Las personas adoptadas, criadas junto a hermanos sin relación genética, comparten el entorno familiar pero no los genes.

Cruzando estos grupos (criados juntos, criados por separado, con o sin relación genética) es posible estimar, en una población concreta, qué proporción de las diferencias en CI entre personas se asocia a la genética y cuál al entorno compartido en la familia.

El estudio más conocido de este tipo es el Estudio de Minnesota de gemelos criados por separado, dirigido por Thomas Bouchard desde 1979. En su informe de 1990 en Science, el equipo concluyó que en torno al 70 % de la variación en CI de su muestra se asociaba a diferencias genéticas, y que criar a los gemelos juntos o separados apenas cambiaba su parecido en muchos rasgos psicológicos.

Los números que no encajan con la intuición

Jensen recoge las correlaciones medias, ponderadas por el número de parejas estudiadas en decenas de investigaciones. Estas son las más reveladoras:

  • Gemelos idénticos criados juntos: correlación de +0,86.
  • Gemelos idénticos criados por separado: correlación de +0,75.
  • Mellizos criados juntos: correlación de +0,60.
  • Hermanos biológicos comunes criados juntos: correlación de +0,49.
  • Personas sin relación genética criadas juntas desde bebés: correlación de +0,25 en la infancia, y de -0,01 (prácticamente cero) en la edad adulta.

Dos gemelos idénticos que jamás compartieron casa se parecen en CI más (+0,75) que dos hermanos biológicos que sí crecieron juntos (+0,49). Y dos personas sin parentesco genético, que compartieron casa, padres y rutina desde bebés, terminan de adultas sin una correlación apreciable entre sí.

El efecto Wilson: la herencia pesa más con los años

El patrón tiene una dimensión temporal que suele pasar desapercibida. El psicólogo Ronald Wilson fue el primero en mostrar con claridad, en estudios longitudinales de gemelos de los años setenta y ochenta, que la heredabilidad del CI aumenta de la infancia a la edad adulta. Thomas Bouchard bautizó el fenómeno como efecto Wilson en una revisión de 2013:

  • La heredabilidad del CI sube con la edad hasta estabilizarse en torno a 0,80 hacia los 18-20 años, y se mantiene en ese nivel en la edad adulta.
  • El peso del entorno compartido (lo que los hermanos tienen en común por crecer en la misma casa) baja en paralelo, hasta quedar en torno a 0,10 a esas mismas edades.

Bouchard precisa que estas conclusiones se refieren a las democracias industriales occidentales, donde se han hecho casi todos los estudios.

Una forma de entenderlo: de niños, el entorno compartido (la misma casa, la misma rutina, a menudo el mismo colegio) deja una huella sobre el parecido cognitivo entre hermanos. Con el tiempo, cada persona elige en mayor medida sus propios ambientes, aficiones y retos, y su nivel se alinea más con sus propias inclinaciones que con la casa en la que creció.

Lo que el hogar sí cambia: el nivel, no el parecido

Que el parecido entre hermanos adoptivos se desvanezca no significa que la familia no influya en la inteligencia. Correlación y nivel medio son cosas distintas.

El estudio que mejor lo muestra se publicó en 2015 en PNAS. Kenneth Kendler, Eric Turkheimer y sus colegas localizaron en los registros suecos a 436 parejas de hermanos varones en las que uno había sido criado por sus padres biológicos y el otro adoptado por otra familia. Al comparar sus resultados en el examen de aptitud del servicio militar, a los 18-20 años, los hermanos adoptados puntuaban de media 4,4 puntos de CI más que sus hermanos no adoptados. Cuanto mayor era el nivel educativo de los padres adoptivos, mayor era la diferencia.

Es decir, el hogar puede desplazar el nivel medio aunque no haga que dos niños criados juntos acaben pareciéndose entre sí.

La heredabilidad depende del entorno

Hay un segundo matiz importante. La heredabilidad no es una propiedad fija del CI, sino de una población en unas condiciones concretas.

En 2003, Eric Turkheimer y su equipo analizaron a niños estadounidenses de 7 años de familias con distintos niveles de ingresos. En las familias con más recursos, las diferencias de CI se asociaban sobre todo a la genética; en las familias más pobres, el peso de la genética era mucho menor y el del entorno, mucho mayor.

Un metaanálisis posterior de Elliot Tucker-Drob y Timothy Bates (2016), con casi 25.000 pares de gemelos y hermanos de seis países, confirmó ese patrón en Estados Unidos, pero no lo encontró en Europa occidental ni en Australia. Una explicación posible es que, donde la sanidad y la educación son más accesibles, la pobreza limita menos el desarrollo de las capacidades de cada niño.

Lo que no se puede sacar de aquí, aunque tiente hacerlo

Este tipo de dato se presta a titulares más categóricos de los que merece, así que conviene fijar los límites:

  • Son promedios de población, calculados sobre miles de parejas. No permiten predecir nada sobre una familia o una persona concreta.
  • El propio Jensen señala una salvedad: los gemelos criados “por separado” a menudo comparten el entorno prenatal y las primeras semanas o meses de vida, lo que puede inflar ligeramente la correlación de +0,75.
  • Las familias adoptivas suelen tener un nivel de recursos más homogéneo que la población general, lo que puede hacer que el peso del entorno compartido parezca menor de lo que sería en una muestra más diversa.
  • Nada de esto dice nada sobre personalidad, valores, bienestar emocional o la calidad del vínculo con la familia, dimensiones que estos estudios, centrados en el CI, no miden.

Lo que sí deja este cruce de datos es una idea que merece pensarse despacio: haber crecido bajo el mismo techo dice menos de lo que parece sobre el parecido cognitivo futuro de dos personas, aunque ese techo sí pueda haber influido en el nivel que cada una alcanza.

Otro hallazgo sobre el factor g igual de contraintuitivo está en el test que predijo mejor quién moriría en carretera que su historial médico, un estudio a gran escala sobre accidentalidad que llegó a una conclusión igual de sorprendente.

Fuentes

  • Bouchard, T. J., Jr. (2013). The Wilson effect: The increase in heritability of IQ with age. Twin Research and Human Genetics, 16(5), 923-930.
  • Bouchard, T. J., Jr., Lykken, D. T., McGue, M., Segal, N. L. y Tellegen, A. (1990). Sources of human psychological differences: The Minnesota study of twins reared apart. Science, 250, 223-228.
  • Bouchard, T. J., Jr. y McGue, M. (1981). Familial studies of intelligence: A review. Science, 212, 1055-1059.
  • Jensen, A. R. (1998). The g Factor: The Science of Mental Ability. Praeger.
  • Kendler, K. S., Turkheimer, E., Ohlsson, H., Sundquist, J. y Sundquist, K. (2015). Family environment and the malleability of cognitive ability: A Swedish national home-reared and adopted-away cosibling control study. Proceedings of the National Academy of Sciences, 112(15), 4612-4617. doi:10.1073/pnas.1417106112
  • Tucker-Drob, E. M. y Bates, T. C. (2016). Large cross-national differences in gene × socioeconomic status interaction on intelligence. Psychological Science, 27(2), 138-149.
  • Turkheimer, E., Haley, A., Waldron, M., D’Onofrio, B. y Gottesman, I. I. (2003). Socioeconomic status modifies heritability of IQ in young children. Psychological Science, 14(6), 623-628.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente un estudio de 'gemelos criados aparte'?

Es un diseño de investigación que compara a gemelos idénticos (genéticamente iguales) que fueron separados de bebés y criados en familias distintas. Como comparten el cien por cien de sus genes pero no el entorno familiar, el parecido que muestran de adultos permite estimar qué parte de las diferencias en un rasgo, como el CI, se asocia a la genética en una población concreta.

¿Cuánto se parecen realmente estos gemelos en CI?

Según los datos que recoge Arthur Jensen en The g Factor (1998), la correlación media entre gemelos idénticos criados por separado es de +0,75, muy similar a la de +0,86 entre gemelos idénticos criados juntos, y notablemente más alta que la de personas sin relación genética que crecieron en la misma casa. La revisión de Bouchard y McGue (1981) daba una cifra parecida, +0,72.

¿Esto significa que el ambiente familiar no importa nada?

No. Lo que disminuye con la edad es el peso del hogar compartido sobre el parecido en CI entre hermanos. Pero el hogar sí puede subir o bajar el nivel medio: en un estudio sueco con hermanos separados por la adopción (Kendler et al., 2015), los adoptados en familias con más estudios puntuaban unos 4 puntos más. Y la investigación no dice que la familia sea irrelevante para el bienestar, los valores o el vínculo afectivo, aspectos que estos estudios no miden.

¿Esto predice el CI de mis propios hijos o el mío a partir de mi familia?

No. Son estimaciones estadísticas a nivel de población, obtenidas de promedios entre miles de pares de hermanos, gemelos y personas adoptadas. No permiten predecir ni diagnosticar el CI de ninguna persona ni familia concreta.

¿La heredabilidad del CI es la misma en todas partes?

No. La heredabilidad es una propiedad de una población en un entorno, no de una persona. En Estados Unidos, varios estudios encuentran que es más baja en familias con pocos recursos, mientras que en Europa occidental y Australia esa diferencia no aparece (Tucker-Drob y Bates, 2016).

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