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Autoconocimiento y bienestar

Tu cerebro responde a un simple clic antes de que sepas qué es

Por la redacción de Personaramic6 min de lectura
Ilustración minimalista orgánica de un pequeño punto central del que se propagan varios arcos concéntricos, como ondas expansivas

Un electrodo en la coronilla y un clic repetido cientos de veces, cada pocos segundos, durante varios minutos. La persona no tiene que responder a nada ni pulsar ningún botón. Durante unos años, en los ochenta, varios equipos creyeron que la onda que dibuja el cerebro ante ese sonido podía decir mucho de la inteligencia de quien lo escucha.

La historia de esa idea ayuda a entender cómo avanza la investigación: un hallazgo espectacular, unas réplicas que lo rebajan y una pregunta de fondo que sigue abierta.

El truco que permite “ver” una reacción cerebral limpia

El psicólogo Arthur Jensen dedica una sección de The g Factor (1998) al potencial evocado (evoked potential), la respuesta eléctrica del cerebro a un estímulo concreto, registrada sin que la persona tenga que hacer ninguna tarea.

El problema de partida es que la actividad eléctrica cerebral está llena de “ruido”: actividad aleatoria que impide ver una señal clara en un solo registro. La solución se parece a la que usan el radar y el sonar:

  • Se coloca un electrodo en la parte superior de la cabeza y electrodos de referencia en los lóbulos de las orejas.
  • Se repite un estímulo breve, como un clic, a intervalos de pocos segundos durante varios minutos.
  • Un ordenador promedia cientos de fragmentos de actividad cerebral, cada uno alineado con el instante exacto del estímulo.

Lo aleatorio se cancela al promediar y lo que se repite en cada ensayo queda visible. El resultado es una onda limpia, con picos y valles característicos, que refleja cómo procesa ese cerebro un estímulo muy simple.

La medida de “cuerda” de los Hendrickson

La versión más llamativa de esta línea de trabajo la propusieron Donna y Alan Hendrickson en 1980, en el primer volumen de Personality and Individual Differences. Su idea era fácil de enunciar: si se mide la longitud del contorno de la onda promediada, como si se extendiera una cuerda sobre todos sus picos y valles, una onda más quebrada y compleja correspondería a un sistema nervioso que transmite la información con menos errores.

Con estímulos auditivos, las correlaciones que comunicaron entre esa “longitud de cuerda” y el CI rondaban 0,7, una cifra altísima para cualquier medida biológica. Blinkhorn y Hendrickson (1982) publicaron después en Nature otro estudio que apuntaba en la misma dirección.

Jensen recoge estos trabajos junto a los de Richard Haier y su equipo, que usaron destellos de luz en lugar de sonidos. Haier, Robinson, Braden y Williams (1983) encontraron también relación entre rasgos de la onda visual y la inteligencia psicométrica, y Robinson, Haier y colaboradores publicaron una réplica al año siguiente. Conviene no mezclar ambos casos: el clic pertenece al paradigma auditivo de los Hendrickson; los estudios de Haier son visuales.

Lo que pasó después: las réplicas

Esta es la parte que suele quedar fuera de los resúmenes. Cuando otros laboratorios repitieron el procedimiento, las correlaciones bajaron mucho:

  • Vetterli y Furedy (1985) señalaron problemas de fondo tanto en la medida de cuerda como en la teoría del “error de transmisión” que la acompañaba. Análisis posteriores mostraron además que la longitud de cuerda depende en buena parte de la amplitud de la onda, de modo que no está claro qué refleja.
  • Barrett y Eysenck (1992), en el mismo entorno del Instituto de Psiquiatría de Londres donde se había desarrollado el paradigma, le dedicaron un estudio extenso y no lograron reproducir la fuerza de la relación original.
  • Bates y colaboradores (1995) observaron que la relación cambiaba, e incluso se invertía, según la persona atendiera a los estímulos o no. La diferencia entre ambas condiciones predecía el CI mejor que cualquiera de las dos por separado.

Ese último hallazgo matiza la idea de un registro “sin esfuerzo”. El cerebro no reacciona igual a un sonido que escucha que a uno que ignora, y esa diferencia de atención parece formar parte de lo que se medía.

Por qué esto no es lo mismo que un electroencefalograma cualquiera

El electroencefalograma (EEG) espontáneo es la actividad “de fondo” que se registra sin ningún estímulo. También se ha estudiado en relación con el CI, por ejemplo a través de la frecuencia de la onda alfa, con correlaciones débiles y poco estables.

El potencial evocado, al estar anclado a un estímulo preciso y repetido cientos de veces, ofrece una señal mucho más limpia. Por eso Jensen lo consideraba una vía más prometedora. Es la diferencia entre escuchar una sala llena de conversaciones y pedir a una sola persona que repita la misma frase cientos de veces para quedarse solo con lo que se repite igual.

Lo que queda hoy de la idea

La investigación sobre las bases cerebrales de la inteligencia no abandonó los potenciales evocados, pero cambió de foco. En lugar de una sola cifra de “complejidad”, los estudios actuales miden componentes concretos de la onda, como el P300, durante tareas que exigen atención o memoria de trabajo, y encuentran asociaciones modestas con la capacidad cognitiva general.

Tres conclusiones se sostienen con los datos disponibles:

  • Son correlaciones de grupo, obtenidas con muchos participantes, no una medida individual. Ningún registro de este tipo permite estimar el CI de una persona concreta.
  • Las cifras espectaculares de los primeros estudios no resistieron las réplicas, un patrón frecuente cuando las muestras son pequeñas y las medidas, nuevas.
  • La pregunta de fondo sigue siendo legítima: si la capacidad mental general deja huella en la forma en que el cerebro procesa estímulos muy simples. Es la misma lógica que la de los tiempos de reacción y la de la eficiencia energética del cerebro.

Otro correlato biológico de la inteligencia que Jensen discutía, y que la investigación posterior ha reinterpretado, es el de la miopía y la inteligencia.

Fuentes

  • Jensen, A. R. (1998). The g Factor: The Science of Mental Ability. Praeger.
  • Hendrickson, D. E., y Hendrickson, A. E. (1980). The biological basis of individual differences in intelligence. Personality and Individual Differences, 1(1), 3-33. https://doi.org/10.1016/0191-8869(80)90003-3
  • Blinkhorn, S. F., y Hendrickson, D. E. (1982). Averaged evoked responses and psychometric intelligence. Nature, 295(5850), 596-597. https://doi.org/10.1038/295596a0
  • Haier, R. J., Robinson, D. L., Braden, W., y Williams, D. (1983). Electrical potentials of the cerebral cortex and psychometric intelligence. Personality and Individual Differences, 4(6), 591-599. https://doi.org/10.1016/0191-8869(83)90113-7
  • Robinson, D. L., Haier, R. J., Braden, W., y Krengel, M. (1984). Psychometric intelligence and visual evoked potentials: A replication. Personality and Individual Differences, 5(4), 487-489. https://doi.org/10.1016/0191-8869(84)90019-9
  • Vetterli, C. F., y Furedy, J. J. (1985). Evoked potential correlates of intelligence: Some problems with Hendrickson’s string measure of evoked potential complexity and error theory of intelligence. International Journal of Psychophysiology, 3(1), 1-3. https://doi.org/10.1016/0167-8760(85)90012-1
  • Barrett, P. T., y Eysenck, H. J. (1992). Brain evoked potentials and intelligence: The Hendrickson paradigm. Intelligence, 16(3-4), 361-381. https://doi.org/10.1016/0160-2896(92)90015-J
  • Bates, T., Stough, C., Mangan, G., y Pellett, O. (1995). Intelligence and complexity of the averaged evoked potential: An attentional theory. Intelligence, 20(1), 27-39. https://doi.org/10.1016/0160-2896(95)90004-7

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Preguntas frecuentes

¿Qué es exactamente el potencial evocado cerebral?

Es el promedio, obtenido por ordenador, de cientos de fragmentos de actividad eléctrica cerebral, cada uno registrado justo después de un mismo estímulo (por ejemplo, un clic auditivo). Al promediar tantos fragmentos, el ruido neuronal aleatorio se cancela y queda solo la respuesta que el cerebro repite de forma consistente ante ese estímulo.

¿La persona tiene que hacer algo mientras se mide esto?

No. Según describe Arthur Jensen en The g Factor (1998), la persona simplemente permanece sentada y relajada mientras se repite el estímulo. No hay ninguna tarea, decisión o esfuerzo consciente de por medio, lo que hizo especialmente llamativo que la forma de esa onda pudiera relacionarse con el CI. Investigación posterior mostró, sin embargo, que la atención de la persona durante el registro cambia el resultado.

¿Qué relación tiene esto con la inteligencia?

En los estudios que recopila Jensen, ciertas características de la onda (su amplitud o la longitud de su contorno, la llamada medida de cuerda de los Hendrickson) correlacionaron con las puntuaciones en tests de CI. Las primeras cifras fueron muy altas, pero las réplicas posteriores dieron resultados débiles o inconsistentes, así que hoy la relación se considera modesta y dependiente de las condiciones del registro.

¿Esto significa que un aparato podría medir mi inteligencia sin hacerme ningún test?

No con la fiabilidad de un test psicométrico validado. Son correlaciones de grupo, útiles para la investigación sobre las bases biológicas de la inteligencia, no una alternativa práctica o diagnóstica a una evaluación psicológica real.

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