Personaramic
Big Five

Sinestesia: las personas que ven colores en las letras, y lo que eso revela de su personalidad

Por la redacción de Personaramic9 min de lectura
Ilustración orgánica minimalista de un círculo oscuro atravesado por tres líneas onduladas de colores distintos

Para Vladimir Nabokov, la “a” larga del inglés tenía “el tono de la madera envejecida”, y la “a” francesa evocaba “el ébano pulido”. No era una metáfora de escritor. Era, literalmente, lo que veía.

Nabokov lo contó en sus memorias, Habla, memoria, y lo describió como un rasgo de familia: su madre también veía las letras con color, igual que su hijo Dmitri. Su esposa, Véra, también las veía de color, pero con colores distintos a los suyos.

Ese fenómeno tiene nombre: sinestesia, del griego “sensación conjunta”. Y en los últimos años la ciencia ha descubierto que dice algo interesante, aunque más modesto de lo que suele contarse, sobre la personalidad de quien la tiene.

¿Qué es la sinestesia?

La sinestesia es una forma de percibir en la que un estímulo activa de manera automática una segunda experiencia, siempre la misma.

Las variantes más conocidas son:

  • Letras y números con color: la “E” es verde, el 7 es azul.
  • Días o meses con color: el martes es amarillo, marzo es rojo.
  • Sonidos o música con color: un acorde se ve violeta.
  • Palabras con sabor, una variante mucho más rara.

Dos rasgos la distinguen de la imaginación o la metáfora. Es involuntaria: no se decide. Y es estable: el mismo estímulo produce la misma experiencia durante años.

Más común de lo que se creía

Durante décadas se repitió que la sinestesia afectaba a una persona entre 2.000, o incluso menos. Esas cifras tenían un problema: se basaban en personas que se ofrecían voluntarias para ser estudiadas.

En 2006, Julia Simner y su equipo hicieron algo distinto: buscaron sinestésicos en muestras amplias sin preseleccionar. Publicado en la revista Perception, su estudio encontró:

  • Alguna de las variantes estudiadas en el 4,4% de 500 estudiantes, en torno a 1 de cada 23.
  • La sinestesia de letras y colores en torno al 1-1,4%, una cifra confirmada después en muestras de casi 4.000 personas.
  • Como variante más frecuente, los días de la semana con color, no las letras.

Otro mito que cayó: la idea de que era mucho más frecuente en mujeres. En muestras aleatorias grandes no aparece un sesgo claro; la diferencia se debía a que las mujeres se presentaban más como voluntarias.

La prueba que no se puede fingir

¿Cómo se distingue a una persona sinestésica de alguien con buena imaginación o buena memoria? La clave es la consistencia.

En 1987, Simon Baron-Cohen estudió a una pintora de 76 años que veía colores en las palabras. Le pidió que describiera el color de 103 palabras. Diez semanas después, sin avisarle de que habría una segunda prueba, repitió la lista:

  • Ella coincidió en el 100% de los casos.
  • Una persona sin sinestesia, con muy buena memoria y a la que sí se avisó de que debía recordar sus respuestas, solo coincidió en el 17%, y eso a las dos semanas.

Esa lógica es la base de las pruebas actuales, como la Synesthesia Battery del neurocientífico David Eagleman, que presenta cada letra y número varias veces en orden aleatorio y mide si el color elegido es siempre el mismo.

La estabilidad puede durar décadas: en un caso documentado por Simner, las asociaciones de palabras y sabores de una persona se mantenían casi iguales 27 años después. En la infancia, en cambio, la sinestesia se va consolidando poco a poco: en un seguimiento a niños, la proporción de letras con color fijo pasó del 34% a los 6-7 años al 71% a los 10-11.

La conexión con la personalidad: apertura a la experiencia

Aquí aparece el vínculo con el modelo Big Five. Tres estudios independientes han comparado la personalidad de personas sinestésicas con la de personas sin sinestesia:

  • Banissy y su equipo (2013), con 81 sinestésicos, encontraron una puntuación más alta en apertura a la experiencia.
  • Rouw y Scholte (2016), con una muestra neerlandesa reclutada sin mencionar la sinestesia, también encontraron más apertura, junto con más tendencia a la fantasía.
  • Chun y Hupé (2016) confirmaron más apertura, más absorción y algo más de imaginería mental.

La apertura a la experiencia es el rasgo que describe la curiosidad intelectual, la sensibilidad estética y el gusto por lo nuevo. Tiene sentido que una forma más rica y cruzada de percibir vaya de la mano de una mente más inclinada a explorar.

Pero conviene leer estos datos con cuidado:

  • Las diferencias son pequeñas, y los grupos se solapan mucho.
  • Chun y Hupé, con un reclutamiento más sistemático, advirtieron que la literatura anterior pudo haberlas sobrestimado.
  • El resto de rasgos no muestra un patrón claro: un estudio encontró menos amabilidad, otro más neuroticismo y menos responsabilidad, y ninguno de esos resultados se repitió.

Lo más prudente es decir que la sinestesia se asocia a más apertura, no que la produzca, ni que toda persona abierta tenga algo de sinestésica.

¿Hace falta imaginar con viveza para ser sinestésico?

La intuición dice que sí. Si la sinestesia es “ver” colores, debería ir unida a una imaginación visual muy vívida, lo contrario de la afantasía, la condición de quienes no ven imágenes al cerrar los ojos.

La evidencia es más interesante que eso. En 2021, un equipo con Carla Dance, Julia Simner y el propio Adam Zeman, que acuñó el término afantasía, analizó a miles de personas y encontró que las personas con afantasía tienen sinestesia prácticamente en la misma proporción que el resto.

La diferencia está en dónde se sitúa el color:

  • Algunos sinestésicos son proyectores: ven el color fuera, sobre la letra impresa.
  • Otros son asociadores: el color está “en la mente”, o simplemente saben que la letra tiene ese color.

Las personas con afantasía y sinestesia eran más a menudo asociadoras. Dicho de otro modo, la sinestesia no depende de la imaginación visual: puede existir incluso en mentes que no producen imágenes a voluntad.

Genes, cableado e infancia

La sinestesia se da en familias, como en la de Nabokov. Pero no existe “un gen de la sinestesia”: los estudios genéticos apuntan a varios genes, distintos según la familia, relacionados con cómo crecen y se conectan las neuronas.

En el cerebro, un estudio de 2007 con resonancia de difusión encontró más conectividad estructural en ciertas regiones de personas con sinestesia de letras y colores. Una hipótesis clásica, de Vilayanur Ramachandran y Edward Hubbard, propone que la zona que reconoce las letras y la que procesa el color, vecinas en el cerebro, se activan mutuamente más de lo habitual.

Lo más sorprendente es el papel del aprendizaje. Un estudio de Nathan Witthoft, Jonathan Winawer y David Eagleman encontró que al menos un 6% de 6.588 sinestésicos tenía exactamente los colores de un conocido juego de letras imantadas para la nevera. En quienes nacieron antes de que ese juguete existiera, la coincidencia era cero.

La conclusión es elegante: la tendencia a la sinestesia parece innata, pero qué color va con cada letra puede aprenderse. Es un buen ejemplo de plasticidad neuronal: una predisposición biológica que la experiencia termina de pintar.

Ni superpoder ni trastorno

Dos ideas circulan mucho y ninguna se sostiene del todo.

La primera, que la sinestesia es un trastorno. No lo es: no es un diagnóstico psiquiátrico, y la investigación la describe como una variación del desarrollo sin efectos negativos.

La segunda, que convierte a quien la tiene en un genio creativo. Hay músicos que la describen, como Olivier Messiaen, y científicos, como Richard Feynman, que contó que veía las letras de las ecuaciones de colores. Pero las diferencias medidas en creatividad o inteligencia son pequeñas y se solapan mucho con las del resto.

Tampoco es algo que se pueda entrenar a voluntad: en un estudio de 2014, adultos que practicaron asociaciones de letras y colores durante nueve semanas llegaron a describir experiencias parecidas, pero la mayoría se desvanecieron a los tres meses.

Lo que la sinestesia enseña sobre todos

Quizá lo más valioso de la sinestesia no sea lo que dice de quienes la tienen, sino de lo que revela sobre la percepción en general: los sentidos no son compartimentos estancos, sino sistemas que dialogan, y en algunas personas ese diálogo se hace consciente.

También recuerda algo que el Big Five describe bien: la personalidad no es una etiqueta, sino una forma de relacionarse con la experiencia. Una mente más abierta no solo busca más estímulos; quizá también los percibe más entrelazados.

Si alguna vez has pensado que el lunes es de un color concreto, quizá no sea solo una manera de hablar. O quizá sí. La diferencia, según la ciencia, está en que ese color siga siendo el mismo dentro de diez años.

Fuentes

  • Nabokov, V. (1966). Speak, Memory: An Autobiography Revisited. G. P. Putnam’s Sons.
  • Baron-Cohen, S., Wyke, M. A. y Binnie, C. (1987). Hearing words and seeing colours: An experimental investigation of a case of synaesthesia. Perception, 16(6), 761-767.
  • Simner, J., Mulvenna, C., Sagiv, N., Tsakanikos, E., Witherby, S. A., Fraser, C., Scott, K. y Ward, J. (2006). Synaesthesia: The prevalence of atypical cross-modal experiences. Perception, 35(8), 1024-1033.
  • Simner, J. y Logie, R. H. (2007). Synaesthetic consistency spans decades in a lexical-gustatory synaesthete. Neurocase, 13(5-6), 358-365.
  • Simner, J. y Bain, A. E. (2013). A longitudinal study of grapheme-color synesthesia in childhood: 6/7 years to 10/11 years. Frontiers in Human Neuroscience, 7.
  • Eagleman, D. M., Kagan, A. D., Nelson, S. S., Sagaram, D. y Sarma, A. K. (2007). A standardized test battery for the study of synesthesia. Journal of Neuroscience Methods, 159(1), 139-145.
  • Banissy, M. J., Holle, H., Cassell, J., Annett, L., Tsakanikos, E., Walsh, V., Spiller, M. J. y Ward, J. (2013). Personality traits in people with synaesthesia: Do synaesthetes have an atypical personality profile? Personality and Individual Differences, 54(7), 828-831.
  • Rouw, R. y Scholte, H. S. (2016). Personality and cognitive profiles of a general synesthetic trait. Neuropsychologia, 88, 35-48.
  • Chun, C. A. y Hupé, J.-M. (2016). Are synesthetes exceptional beyond their synesthetic associations? A systematic comparison of creativity, personality, cognition, and mental imagery in synesthetes and controls. British Journal of Psychology, 107(3), 397-418.
  • Dance, C. J., Jaquiery, M., Eagleman, D. M., Porteous, D., Zeman, A. y Simner, J. (2021). What is the relationship between aphantasia, synaesthesia and autism? Consciousness and Cognition, 89, 103087.
  • Rouw, R. y Scholte, H. S. (2007). Increased structural connectivity in grapheme-color synesthesia. Nature Neuroscience, 10(6), 792-797.
  • Ramachandran, V. S. y Hubbard, E. M. (2001). Synaesthesia: A window into perception, thought and language. Journal of Consciousness Studies, 8(12), 3-34.
  • Witthoft, N., Winawer, J. y Eagleman, D. M. (2015). Prevalence of learned grapheme-color pairings in a large online sample of synesthetes. PLoS ONE, 10(3), e0118996.
  • Bor, D., Rothen, N., Schwartzman, D. J., Clayton, S. y Seth, A. K. (2014). Adults can be trained to acquire synesthetic experiences. Scientific Reports, 4.

¿Quieres saber más sobre ti?

Descubre tu resultado con uno de nuestros tests relacionados.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la sinestesia?

Es una forma de percibir en la que un estímulo activa de manera automática y estable una segunda experiencia que no suele acompañarlo: ver colores al leer letras o números, asociar un color a cada día de la semana o percibir colores al escuchar música. No es una enfermedad ni un diagnóstico psiquiátrico: la investigación la describe como una variación del desarrollo sin efectos negativos.

¿Cuántas personas tienen sinestesia?

El estudio de Julia Simner y su equipo publicado en Perception en 2006 encontró alguna de las variantes estudiadas en el 4,4% de 500 estudiantes. La sinestesia de letras y colores aparece en torno al 1-1,4% de la población, y la variante más frecuente en ese trabajo fue la de los días de la semana con color. Las cifras antiguas de 1 entre 2.000 se basaban en personas que se presentaban voluntarias y han quedado superadas.

¿Cómo se sabe si alguien tiene sinestesia de verdad?

El criterio principal es la consistencia: una persona sinestésica asigna el mismo color a la misma letra aunque pasen meses o años, sin intentar memorizarlo. En el caso estudiado por Simon Baron-Cohen en 1987, la participante repitió sus asociaciones con un 100% de coincidencia diez semanas después, mientras que una persona con muy buena memoria que intentaba recordarlas solo coincidió en el 17%. Hoy se usa la Synesthesia Battery de David Eagleman, que mide esa consistencia en una sesión.

¿La sinestesia tiene relación con la personalidad?

Varios estudios han encontrado que las personas sinestésicas puntúan más alto en apertura a la experiencia, uno de los cinco grandes rasgos del Big Five: Banissy y su equipo en 2013, Rouw y Scholte en 2016 y Chun y Hupé en 2016. Las diferencias son pequeñas y los grupos se solapan mucho, y un estudio con reclutamiento más sistemático sugiere que la literatura previa pudo exagerarlas. El resto de rasgos no muestra un patrón consistente.

¿Se puede aprender a tener sinestesia?

Un estudio de Daniel Bor y su equipo en 2014 entrenó a 14 adultos durante nueve semanas en asociar letras y colores, y varios llegaron a describir experiencias parecidas, pero la mayoría de esos efectos se desvanecieron a los tres meses y los autores aclararon que no habían creado sinestésicos genuinos. Lo que sí parece aprenderse es qué color concreto va con cada letra: al menos un 6% de 6.588 sinestésicos estudiados tenían los colores de un juego de letras imantadas de su infancia.

¿Este artículo sustituye una valoración profesional?

No. Resume investigación sobre la sinestesia con fines informativos y educativos. Si experimentas cambios bruscos en tu forma de percibir colores, sonidos u otros sentidos, lo indicado es consultarlo con un profesional sanitario.

Artículos relacionados