Pareidolia: por qué tu cerebro ve caras en enchufes, nubes y tostadas
Un enchufe te mira con cara de sorpresa. Una nube tiene nariz. Y en 2004 una mujer de Florida vendió por 28.000 dólares un sándwich de queso en el que veía a la Virgen María. Nada de esto es una rareza: es tu cerebro haciendo justo aquello para lo que está construido.
Se llama pareidolia. Dos agujeros y una línea bastan.
El cerebro no espera a tener pruebas: pone la cara primero y pregunta después.
Qué es la pareidolia y de dónde viene la palabra
La pareidolia es la percepción de una forma con significado en un estímulo que no la contiene. La más frecuente, con diferencia, es la cara.
El término lo introdujo en alemán (Pareidolie) el psiquiatra Karl Ludwig Kahlbaum en 1866. Viene del griego para (“junto a”, “en lugar de”) y eidolon (“imagen”).
Los ejemplos clásicos:
- Enchufes, grifos y mochilas con expresión de asombro.
- Nubes con perfil humano o animal.
- Frontales de coche que parecen sonreír o fruncir el ceño.
- Manchas en una tostada, en una pared húmeda o en la Luna.
El caso más célebre es el de Diane Duyser. Según contó, diez años antes había dado un mordisco a un sándwich de queso a la plancha y vio un rostro mirándola.
En noviembre de 2004 lo subastó en eBay, y un casino online pagó por él 28.000 dólares.
Lo que William James ya había visto en 1890
William James no usa la palabra “pareidolia” en sus Principios de psicología (1890). Pero su capítulo XIX, sobre la percepción de las “cosas”, describe el mecanismo con una precisión notable.
Su tesis cabe en una línea: “vemos el objeto que es más probable” (p. 633).
Para James, percibir no es fotografiar. Es completar: la sensación aporta unos pocos trazos y la mente pone el resto con lo que ya conoce, en una “conciencia figurada” (pp. 622-623).
Sus ejemplos (pp. 633-636) son casi domésticos:
- Un cazador, citado por Romanes, ve levantarse entre la maleza un pájaro del tamaño y el color de una becada. Dispara. Era un tordo: su mente había añadido todo lo demás.
- El enamorado que pasea distraído cree ver el sombrero de la persona amada veinte veces al día.
- El propio James, esperando un tranvía en Boston, leyó con total nitidez “Mount Auburn” en un letrero que decía “North Avenue” (p. 634).
Según la “ilusión del corrector de pruebas”, quien lee novelas o periódicos con soltura saca de su propia mente más de la mitad de las palabras, y apenas la otra mitad de la página impresa (p. 634).
La pareidolia es esa misma máquina de completar, aplicada a los rostros.
Una monja en Venecia y un terrier que sonaba a inundación
En Venecia, en el invierno de 1858, el profesor Hyatt vio junto a su cama la cabeza de una monja con toca. Era la luz de la luna filtrándose por unos visillos de encaje (pp. 639-640).
El oído tampoco se libra (pp. 637-638):
- James oyó un rumor que tomó por el rugido lejano de una inundación. Era la respiración de su pequeño terrier escocés, dormido en el suelo.
- El filósofo Thomas Reid, asustado en la cama, creyó que llamaban a la puerta y la abrió varias veces. Era su propio latido.
- Unos supuestos “perros ladrando” resultaron ser, como explicó el zoólogo Van Beneden, sapos.
Lo más revelador lo cuenta James sobre su perro: en cuanto supo qué era aquel sonido, ya no pudo volver a oírlo como antes.
Cuando la mente cambia de hipótesis, la percepción cambia con ella.
Pasa lo mismo con la cara del enchufe: una vez vista, cuesta dejar de verla.
¿Qué pasa en el cerebro cuando ves una cara en un objeto?
Más de un siglo después, la neurociencia puso cronómetro y escáner a la intuición de James.
- Hadjikhani y colaboradores (2009), con magnetoencefalografía, observaron que los objetos con aspecto de cara activan la corteza fusiforme ventral, especializada en rostros, a unos 165 milisegundos. Casi el mismo momento y lugar que una cara real; los objetos corrientes no producían esa respuesta.
- Liu y colaboradores (2014) mostraron imágenes de puro ruido visual a personas a las que habían dicho que la mitad contenía caras o letras. Afirmaron ver caras en el 34% de los casos. Cuando “veían” una, se activaba el área fusiforme facial derecha, y las regiones frontales parecían empujar la expectativa hacia la corteza visual. El estudio se tituló “Viendo a Jesús en una tostada”, y ganó el Ig Nobel de Neurociencia de 2014.
- Wardle y colaboradores (2020), combinando resonancia magnética funcional y magnetoencefalografía, vieron que al principio las caras ilusorias se representaban de forma más parecida a caras reales que a objetos equivalentes; hacia los 250 milisegundos, esa representación se transformaba y pasaban a tratarse como objetos corrientes.
El cerebro dispara primero la alarma de “cara” y corrige después.
Todo sucede en un plazo parecido al que se tarda en reaccionar a una luz que se enciende, y mucho antes de cualquier juicio consciente, igual que cuando tu cerebro responde a un simple clic antes de que sepas qué es.
¿Por qué casi todas las caras de los objetos parecen de hombre?
En experimentos con 3.815 adultos, Wardle y colaboradores (2022) encontraron que las caras ilusorias no son neutras: se les atribuye edad, emoción y género.
Y hay un sesgo fuerte a verlas como masculinas, en una proporción cercana a cuatro a uno.
El sesgo no se explicaba por el tipo de objeto ni por sus rasgos visuales. La interpretación de los autores: a falta de rasgos que suelen asociarse a lo femenino, la mente recurre a una categoría por defecto.
Otro “objeto más probable” en sentido jamesiano: la mente también completa con sus hábitos sociales.
Mejor ver una cara de más que una de menos
La explicación más citada es evolutiva, y sigue siendo una hipótesis: para un animal social, pasar por alto una cara real (un depredador, un rival, alguien que se acerca) sale mucho más caro que confundir una roca con un rostro.
El detector de caras funciona como una alarma de humo ajustada para saltar hasta con una tostada quemada. A veces molesta, pero rara vez deja pasar un incendio.
Apunta en esa dirección que no seamos los únicos: Taubert y colaboradores (2017) mostraron que los macacos rhesus miran durante más tiempo las fotos de objetos con “cara” que otras parecidas, y recorren sus “ojos” y su “boca” como lo harían con un rostro.
Lo que James acertó y lo que no podía saber
James acertó en lo esencial:
- Que percibir es inferir: la mente pone más de lo que recibe.
- Que, una vez reinterpretado un estímulo, cuesta volver a percibirlo como antes.
Lo que no podía saber:
- Que existe una región cerebral especializada en rostros y que la pareidolia la activa en torno a 165 milisegundos.
- Que el error no es un razonamiento lento, sino una detección temprana que se corrige después.
Esa misma tendencia a encontrar a alguien donde no hay nadie reaparece en otro clásico de la psicología: la ouija y el vaso que parece moverse solo.
Fuentes
- James, W. (1989). Principios de psicología. Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1890).
- Hadjikhani, N., Kveraga, K., Naik, P., y Ahlfors, S. P. (2009). Early (M170) activation of face-specific cortex by face-like objects. NeuroReport, 20(4), 403-407. https://doi.org/10.1097/WNR.0b013e328325a8e1
- Liu, J., Li, J., Feng, L., Li, L., Tian, J., y Lee, K. (2014). Seeing Jesus in toast: Neural and behavioral correlates of face pareidolia. Cortex, 53, 60-77. https://doi.org/10.1016/j.cortex.2014.01.013
- Taubert, J., Wardle, S. G., Flessert, M., Leopold, D. A., y Ungerleider, L. G. (2017). Face pareidolia in the rhesus monkey. Current Biology, 27(16), 2505-2509. https://doi.org/10.1016/j.cub.2017.06.075
- Wardle, S. G., Taubert, J., Teichmann, L., y Baker, C. I. (2020). Rapid and dynamic processing of face pareidolia in the human brain. Nature Communications, 11, 4518. https://doi.org/10.1038/s41467-020-18325-8
- Wardle, S. G., Paranjape, S., Taubert, J., y Baker, C. I. (2022). Illusory faces are more likely to be perceived as male than female. Proceedings of the National Academy of Sciences, 119(5), e2117413119. https://doi.org/10.1073/pnas.2117413119
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Preguntas frecuentes
¿Qué es la pareidolia?
Es la percepción de una forma con significado, casi siempre una cara, en un estímulo que no la contiene: un enchufe, una nube, la mancha de una tostada. El término alemán Pareidolie lo introdujo el psiquiatra Karl Ludwig Kahlbaum en 1866, a partir del griego para ('junto a', 'en lugar de') y eidolon ('imagen').
¿Es normal ver caras en los objetos?
Sí. En el estudio de Liu y colaboradores (2014), personas a las que se dijo que la mitad de unas imágenes de puro ruido contenían caras afirmaron verlas en el 34% de los casos. Taubert y colaboradores (2017) observaron además que los macacos rhesus también reaccionan a las caras ilusorias, lo que apunta a un mecanismo compartido entre especies.
¿Por qué el cerebro ve caras donde no las hay?
Porque la región especializada en rostros responde a configuraciones mínimas de dos ojos y una boca. Hadjikhani y colaboradores (2009) registraron su activación ante objetos con aspecto de cara a unos 165 milisegundos, casi como ante una cara real. La explicación evolutiva más citada, que sigue siendo una hipótesis, es que confundir una roca con una cara sale más barato que pasar por alto una cara real.
¿Por qué las caras que vemos en los objetos suelen parecer masculinas?
Según Wardle y colaboradores (2022), en experimentos con 3.815 adultos, las caras ilusorias se perciben como masculinas en una proporción cercana a cuatro a uno. El sesgo no se explicaba por el tipo de objeto ni por sus rasgos visuales; los autores lo interpretan como una categoría por defecto que la mente aplica cuando faltan rasgos asociados a lo femenino.
¿Este artículo sustituye una valoración profesional sobre lo que percibo?
No. Resume investigación sobre percepción con fines informativos y educativos. Ver caras en objetos es un fenómeno común y normal; si alguien experimenta percepciones que le generan malestar o que no se corresponden con nada presente, lo indicado es consultar con un profesional de la salud mental o de la psicología.