Ouija: el efecto psicológico que explica quién mueve el vaso de verdad
Varios dedos índices sobre un vaso boca abajo, las letras en círculo, la luz baja. El vaso empieza a deslizarse y nadie admite empujarlo. Lo más curioso es que, casi siempre, nadie miente.
Es la escena clásica de la ouija, o de su versión casera: el juego del vaso.
La pregunta de siempre es quién lo mueve.
La psicología tiene una respuesta desde hace más de 170 años, y es más interesante que cualquier fantasma: lo movéis todos, sin saberlo.
Qué es la ouija y de dónde salió
La ouija es un tablero con el alfabeto, los números del 0 al 9 y las palabras “sí” y “no”, sobre el que los participantes apoyan los dedos en un puntero (la planchette) o en un vaso.
Su origen es comercial, no ancestral:
- La patente estadounidense 446.054 se solicitó el 28 de mayo de 1890 a nombre de Elijah J. Bond, de Baltimore.
- Se concedió el 10 de febrero de 1891, cedida a Charles W. Kennard y William H. A. Maupin, de la Kennard Novelty Company.
- El documento la describía, sin rodeos, como un “juguete o juego”.
Pero el fenómeno que aprovecha es anterior.
En la década de 1850, Europa vivió la fiebre de las mesas giratorias: grupos de personas apoyaban las manos en una mesa, que acababa girando o dando golpes.
Faraday y las mesas que giraban solas
En 1853, el físico Michael Faraday decidió comprobarlo.
Construyó un dispositivo sencillo: dos tablas finas separadas por varillas de vidrio que hacían de rodillos, sujetas con gomas, y una palanca ligera que actuaba como indicador.
Si las manos empujaban antes que la mesa, la aguja lo delataba.
Lo publicó en una carta en The Times el 30 de junio de 1853, y con más detalle en The Athenaeum el 2 de julio.
Sus observaciones fueron tajantes:
- Cuando los participantes veían el indicador, la aguja se quedaba quieta.
- Cuando se les ocultaba, empezaba a oscilar.
- En cuanto tomaban conciencia de sus propios empujones, los efectos cesaban, aunque siguieran deseando que la mesa se moviera.
Faraday concluyó que era acción muscular involuntaria.
Y añadió que le había sorprendido mucho lo que el asunto revelaba sobre el estado de la opinión pública.
El efecto ideomotor: pensar un movimiento es empezar a hacerlo
Un año antes, en 1852, el fisiólogo William B. Carpenter había presentado en la Royal Institution de Londres un trabajo sobre movimientos musculares guiados por la sugestión, “independientes de la voluntad”.
Allí acuñó un término: acción ideomotora.
William James lo retomó en el capítulo sobre la voluntad de sus Principios de psicología (1890), y le dio forma de ley:
Toda representación de un movimiento lo despierta en cierto grado, salvo que lo impida “alguna representación antagónica” (p. 975).
Para James no era una rareza de sesión espiritista.
Era el funcionamiento normal de la mente, visto sin disfraz. Sus ejemplos (pp. 972-975):
- Hablando con alguien, ves un alfiler en el suelo y lo recoges sin haber decidido hacerlo.
- En la sobremesa, te sorprendes cogiendo nueces del plato, una tras otra.
- El espectador de billar, según Lotze, acompaña con el cuerpo la bola que rueda.
- En una nota menciona al mentalista Stuart Cumberland, que “leía la mente” guiado por los micromovimientos de quien le sujetaba la mano.
La idea es el primer tramo del movimiento. La ouija solo le pone un tablero debajo.
Son ajustes minúsculos y rapidísimos, de la escala temporal de lo que tu cerebro decide en una quinta parte de segundo.
¿Cómo funciona la ouija, según los experimentos?
En 2019, un equipo de la Universidad de Aarhus publicó un experimento de campo hecho con rastreadores oculares en un congreso sobre ouija.
Andersen y colaboradores (2019) estudiaron a 40 voluntarios estadounidenses, en parejas y en su mayoría con experiencia previa, con dos condiciones: usar la ouija como siempre, o deletrear palabras a propósito.
Lo que encontraron:
- En la sesión de ouija, los participantes anticipaban con la mirada la siguiente letra con menos probabilidad que cuando deletreaban adrede.
- Las personas creyentes declaraban una menor sensación de control sobre el movimiento que las escépticas.
- A medida que una respuesta avanzaba, iban anticipando mejor las letras.
- Las respuestas con sentido solo se explicaban a nivel de la pareja, no de cada persona por separado.
Es como una conversación a dos voces en la que ninguno de los dos siente que lleva el hilo.
El mensaje emerge entre ambos.
La ouija sabe cosas que tú no sabes que sabes
Un experimento de la Universidad de Columbia Británica fue todavía más lejos.
Gauchou, Rensink y Fels (2012) pidieron a 27 estudiantes que respondieran preguntas de cultura general de sí o no y que indicaran si sabían la respuesta o la adivinaban.
Después, con los ojos vendados, respondieron algunas de esas preguntas con la ouija.
Creían jugar con otra persona, pero la cómplice de los investigadores retiraba las manos en silencio.
El resultado:
- En las preguntas que creían adivinar, la respuesta verbal acertaba al azar: un 50%.
- Con la ouija, esas mismas preguntas se acertaban en un 65%.
Los autores lo interpretan como memoria semántica implícita que se expresa en el movimiento aunque no llegue a la conciencia.
La memoria también empuja el vaso
Hay un segundo mecanismo, menos conocido: lo que se recuerda después.
James recoge (cap. X, p. 297) un caso que Carpenter tomó del relato de la señorita Cobbe.
Una señora juraba que en una sesión la mesa había dado golpes sin que nadie estuviera a menos de un metro.
Sus propias notas, escritas diez años antes, decían que seis personas tenían las manos encima.
El recuerdo se había ido puliendo hasta encajar con el relato.
Lo que James acertó y dónde se quedó a medias
Conviene contarlo con honestidad: James no era un escéptico cerrado.
Participó en la fundación de la American Society for Psychical Research en 1884-1885 y estudió médiums y escritura automática, incluida la planchette que analizó Edmund Gurney (cap. XXVII, p. 1042).
Eso no convierte a la ouija en prueba de nada.
Muestra a un científico dispuesto a investigar lo que otros despachaban sin mirar.
Lo que acertó:
- Que el movimiento involuntario es la regla, no la excepción.
- Que una idea basta para iniciarlo si nada la frena.
Lo que la ciencia actual ha añadido: la “sensación de agencia” puede fallar, el mensaje se construye en grupo y la mente rellena lo que falta, igual que en la pareidolia, cuando tu cerebro ve caras en enchufes y nubes.
Nada de esto habla de lo que cada persona cree. Habla de dónde sale el movimiento.
Fuentes
- James, W. (1989). Principios de psicología. Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1890).
- Andersen, M., Nielbo, K. L., Schjoedt, U., Pfeiffer, T., Roepstorff, A., y Sørensen, J. (2019). Predictive minds in Ouija board sessions. Phenomenology and the Cognitive Sciences, 18(3), 577-588. https://doi.org/10.1007/s11097-018-9585-8
- Bond, E. J. (1891). Toy or game (Patente de EE. UU. n.º 446.054). Oficina de Patentes de Estados Unidos.
- Carpenter, W. B. (1852). On the influence of suggestion in modifying and directing muscular movement, independently of volition. Proceedings of the Royal Institution of Great Britain, 147-153.
- Faraday, M. (1853, 30 de junio). [Carta al director sobre las mesas giratorias]. The Times.
- Gauchou, H. L., Rensink, R. A., y Fels, S. (2012). Expression of nonconscious knowledge via ideomotor actions. Consciousness and Cognition, 21(2), 976-982. https://doi.org/10.1016/j.concog.2012.01.016
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Preguntas frecuentes
¿Cómo funciona la ouija, según la psicología?
A través del efecto ideomotor: pensar en un movimiento basta para iniciar microcontracciones musculares que no se perciben como propias. Con varias personas tocando el vaso o la planchette, esos impulsos se suman y el objeto parece moverse solo. Andersen y colaboradores (2019) observaron además que las respuestas con sentido surgen de la interacción entre los participantes, no de uno solo.
¿Qué es el efecto ideomotor?
Es la tendencia de una idea de movimiento a producir ese movimiento sin intención consciente. El término 'ideo-motor' lo acuñó el fisiólogo William B. Carpenter en 1852, y William James lo formuló en 1890 como una ley general: toda representación de un movimiento lo despierta en cierto grado, salvo que otra representación antagónica lo impida.
¿Es verdad que en la ouija nadie mueve el vaso a propósito?
En la mayoría de los casos, eso es lo que describe la investigación: las personas mueven el vaso, pero sin sentir que lo hacen. Faraday lo demostró en 1853 con un dispositivo que hacía visibles esos empujones: cuando los participantes podían verlos, el movimiento desaparecía.
¿Quién inventó la ouija?
La patente estadounidense 446.054, solicitada el 28 de mayo de 1890 y concedida el 10 de febrero de 1891, está a nombre de Elijah J. Bond, de Baltimore, y fue cedida a Charles W. Kennard y William H. A. Maupin, fundadores de la Kennard Novelty Company. La describía como un 'juguete o juego'.
¿Este artículo sustituye una valoración profesional si una experiencia con la ouija me dejó mal?
No. Resume investigación psicológica con fines informativos y educativos, con respeto hacia cualquier creencia. Si una experiencia de este tipo ha dejado miedo, ansiedad o malestar que persisten, lo indicado es consultar con un profesional de la psicología o de la salud mental.