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¿De verdad leer palabras sobre la vejez te hace caminar más despacio?

Por la redacción de Personaramic7 min de lectura
Ilustración minimalista de una silueta caminando junto a una serie de palabras dispersas

En 1996, el psicólogo John Bargh publicó un experimento según el cual formar frases con palabras relacionadas con la vejez hacía caminar más despacio a estudiantes de veinte años. Se conoció como el “efecto Florida” y se convirtió en el ejemplo clásico de lo que la psicología llama priming, o activación: la idea de que exponerse a un concepto predispone, sin que nos demos cuenta, a pensar o actuar de forma coherente con él. Daniel Kahneman le dedicó varias páginas de Pensar rápido, pensar despacio (2011).

La respuesta corta a la pregunta del título es que probablemente no: las réplicas posteriores, más rigurosas, no han confirmado el efecto. Pero el experimento, cómo se contó y por qué falló enseñan mucho sobre cómo funciona la ciencia psicológica, y por eso merece la pena explicarlo entero.

El experimento: formar frases con palabras sueltas

Bargh pidió a estudiantes de la Universidad de Nueva York, la mayoría de entre dieciocho y veinte años, que formaran frases de cuatro palabras a partir de un conjunto de cinco términos que se les entregaba (por ejemplo: “amarillo, encuentra, lo, él, instantáneamente”).

El ejercicio parecía una simple prueba de lenguaje.

Lo que los estudiantes no sabían es que, para la mitad de ellos, buena parte de esos conjuntos de palabras incluía términos asociados culturalmente a la vejez:

  • Florida
  • olvido
  • calvo
  • canas
  • arrugas

Ninguna de esas palabras significaba “viejo” de forma explícita; bastaba con que evocaran esa idea de forma indirecta.

Al terminar la tarea, se enviaba a cada estudiante a otro despacho situado algo más lejos, por un pasillo.

Ese breve trayecto era, en realidad, el verdadero objeto del experimento: los investigadores cronometraron, sin que los participantes lo supieran, cuánto tardaba cada uno en recorrerlo.

El hallazgo: caminar más despacio sin saber por qué

Los estudiantes que habían formado frases con palabras relacionadas con la vejez caminaron más despacio hacia el segundo despacho que los demás.

La diferencia no fue dramática.

Bargh la había predicho de antemano, precisamente porque la vejez se asocia culturalmente con la lentitud física, y su hipótesis era que bastaría con activar la idea de “vejez” para que, indirectamente, se activara también la conducta de “caminar despacio”, sin pasar en ningún momento por un pensamiento consciente del tipo “ahora debo andar más lento”.

Cuando más tarde se preguntó a los participantes si habían notado algo en el ejercicio de las frases, ninguno identificó el tema común de las palabras, y todos insistieron en que nada de lo ocurrido después pudo haber sido influido por esa primera tarea.

Esa era la conclusión del estudio original: la idea de la vejez no habría llegado a la mente consciente de los participantes y, sin embargo, habría condicionado su forma de caminar unos minutos después.

Dos etapas encadenadas

Kahneman describe este mecanismo como una secuencia de dos pasos:

  • Primera etapa: el conjunto de palabras activa, en la memoria asociativa, la idea general de vejez, sin necesidad de que aparezca la palabra “viejo” en ningún momento.
  • Segunda etapa: esa idea, ya activada, predispone a su vez a una conducta asociada culturalmente a ella (caminar despacio), de nuevo sin intervención consciente.

A este tipo de influencia de una idea sobre una acción física se le llama efecto ideomotor.

Kahneman señala, con cierto tono divertido, que el propio lector de su libro puede haberse visto ligeramente predispuesto tras leer el párrafo sobre el experimento: si en ese momento sintió el impulso de levantarse a por un vaso de agua, es probable que lo hiciera un poco más despacio de lo habitual.

El vínculo funciona también al revés

Un estudio realizado en una universidad alemana replicó la idea, pero invirtiendo el orden de causa y efecto.

En lugar de activar primero una idea para observar después una conducta, se pidió directamente a un grupo de estudiantes que caminara alrededor de una sala durante cinco minutos a un ritmo deliberadamente lento, un tercio de la velocidad normal.

Al terminar ese breve ejercicio físico, esos mismos estudiantes reconocían con más rapidez palabras relacionadas con la vejez, como “olvido”, “mayor” o “solo”, que un grupo de control.

Kahneman lo presentaba como prueba de que el vínculo entre idea y conducta funciona en ambos sentidos. Es un único estudio con una muestra pequeña, y hoy se lee con la misma cautela que el resto de la investigación sobre priming conductual.

Kahneman llama a este tipo de conexiones recíprocas parte de la red asociativa, la misma red que permite que divertirnos tienda a hacernos sonreír, y que sonreír, incluso sin motivo real para ello, tienda a hacernos sentir de mejor humor.

El experimento del lápiz entre los dientes

El libro recoge otro experimento que ilustra el mismo principio de forma todavía más llamativa.

En el estudio de Fritz Strack, Leonard Martin y Sabine Stepper (1988), un grupo de estudiantes sostuvo un lápiz con la boca de dos formas distintas: entre los dientes, lo que lleva los músculos de la cara a una posición parecida a la de una sonrisa, o entre los labios, lo que impide sonreír.

Sin que nadie les dijera nada sobre expresiones faciales, se les pidió valorar el nivel de humor de unas viñetas del dibujante Gary Larson.

Quienes sostenían el lápiz de la forma que forzaba una “sonrisa” involuntaria valoraron las viñetas como más divertidas que quienes lo sostenían de la otra manera.

En un experimento relacionado, personas a las que se hizo adoptar un gesto de enfado (frunciendo el entrecejo) mostraron una reacción emocional más intensa ante imágenes de contenido duro, como escenas de niños desnutridos o accidentes.

Lo que pasó cuando se intentó repetir

Desde que se publicaron, varios de estos experimentos se han repetido con muestras más grandes y no siempre se han confirmado.

  • El efecto Florida. En 2012, Stéphane Doyen y su equipo repitieron el estudio de la vejez con cronómetros automáticos y una muestra mayor, y no encontraron que los participantes caminaran más despacio. Solo apareció un efecto cuando quienes medían creían que los participantes andarían más lento, lo que apunta a las expectativas de los investigadores como parte de la explicación.
  • El lápiz entre los dientes. En 2016, un proyecto coordinado en 17 laboratorios no reprodujo el efecto del estudio de Strack. En 2022, una colaboración con 3.878 participantes de 19 países (Coles et al.) encontró que imitar una sonrisa o adoptarla voluntariamente sí aumentaba la sensación de alegría, pero que con la técnica del lápiz los resultados no eran concluyentes.

El propio Kahneman reconoció después que había confiado demasiado en estudios de priming con muestras pequeñas. Por eso el efecto Florida se considera hoy una hipótesis no confirmada, y la retroalimentación facial, un efecto real pero más modesto y dependiente del método de lo que se creía.

Lo que esto dice de nuestras decisiones

Que el efecto Florida no se sostenga no invalida la idea general de Kahneman: buena parte de nuestros juicios se apoya en asociaciones automáticas y rápidas. Lo que cambia es la escala. Las asociaciones influyen en cómo interpretamos la información, pero no hay pruebas sólidas de que una lista de palabras baste para cambiar la forma de andar.

Esa distinción entre juicios rápidos y asociativos y juicios lentos y deliberados conecta con el estilo intuitivo, que confía en las primeras impresiones, frente al perfil analítico, que prefiere frenar y reunir datos antes de decidir.

Si te interesa explorar tu propio patrón a la hora de decidir, el test cómo tomo decisiones es un buen punto de partida.

Fuentes

  • Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow. Farrar, Straus and Giroux.
  • Bargh, J. A., Chen, M. y Burrows, L. (1996). Automaticity of social behavior: Direct effects of trait construct and stereotype activation on action. Journal of Personality and Social Psychology, 71(2), 230-244.
  • Mussweiler, T. (2006). Doing is for thinking! Stereotype activation by stereotypic movements. Psychological Science, 17(1), 17-21.
  • Strack, F., Martin, L. L. y Stepper, S. (1988). Inhibiting and facilitating conditions of the human smile: A nonobtrusive test of the facial feedback hypothesis. Journal of Personality and Social Psychology, 54(5), 768-777.
  • Doyen, S., Klein, O., Pichon, C.-L. y Cleeremans, A. (2012). Behavioral priming: It’s all in the mind, but whose mind? PLoS ONE, 7(1), e29081.
  • Wagenmakers, E.-J. et al. (2016). Registered Replication Report: Strack, Martin, & Stepper (1988). Perspectives on Psychological Science, 11(6), 917-928.
  • Coles, N. A. et al. (2022). A multi-lab test of the facial feedback hypothesis by the Many Smiles Collaboration. Nature Human Behaviour, 6(12), 1731-1742. https://doi.org/10.1038/s41562-022-01458-9

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Preguntas frecuentes

¿Qué es el 'efecto Florida'?

El nombre que se le dio a un experimento de John Bargh (1996) en el que formar frases con palabras asociadas a la vejez (como Florida, arrugas u olvido) hizo que estudiantes universitarios caminaran más despacio hacia la salida, sin ser conscientes de la relación. Réplicas posteriores con cronómetros automáticos no encontraron el efecto.

¿Los participantes se dieron cuenta de que las palabras tenían un tema común?

No. Al preguntarles después, ninguno identificó el tema compartido de las palabras, y todos aseguraron que su forma de caminar no pudo haber sido influida por el ejercicio anterior.

¿Este tipo de efecto se puede usar para manipular a alguien de forma consciente?

No hay base para ello. El experimento original describía una influencia pequeña sobre una conducta motora concreta (la velocidad al caminar), y ni siquiera ese efecto se ha confirmado en réplicas más rigurosas.

¿El efecto funciona también al revés, de la conducta a la idea?

Un estudio alemán (Mussweiler, 2006) lo sugirió: pedir a los participantes que caminaran deliberadamente despacio hizo que después reconocieran con más rapidez palabras relacionadas con la vejez. Es un estudio con muestra pequeña y conviene leerlo con la misma cautela que el resto de la investigación sobre priming conductual.

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