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¿Por qué recordamos mal el dolor de una colonoscopia?

Por Equipo Personaramic 4 min de lectura
Ilustración minimalista de una línea ondulada que sube hasta un pico y desciende hacia el final

Daniel Kahneman, psicólogo y premio Nobel de Economía, describe en Pensar rápido, pensar despacio (2011) un experimento real, diseñado junto al médico e investigador Don Redelmeier de la Universidad de Toronto, que reveló algo bastante contraintuitivo sobre cómo funciona la memoria del dolor: no recordamos la cantidad total de sufrimiento que vivimos, sino un resumen mucho más simple y, en cierto modo, engañoso de esa experiencia.

El experimento: 154 pacientes y una escala de dolor cada 60 segundos

El estudio se realizó con 154 pacientes sometidos a una colonoscopia, en una época anterior a que este procedimiento se realizara de forma rutinaria con anestesia. Cada 60 segundos, se pedía a los pacientes que indicaran su nivel de dolor en ese instante concreto, en una escala de 0 (ningún dolor) a 10 (dolor insoportable). La duración del procedimiento variaba mucho de un paciente a otro: el más breve duró 4 minutos, el más largo, 69 minutos.

Al terminar, se preguntó a cada paciente cuánta cantidad total de dolor consideraba haber experimentado durante todo el procedimiento.

Dos pacientes, dos experiencias muy distintas

Kahneman ilustra el hallazgo comparando a dos pacientes concretos del estudio:

  • Paciente A: el procedimiento duró 8 minutos. Su último registro de dolor, justo antes de terminar, fue de 7 sobre 10.
  • Paciente B: el procedimiento duró 24 minutos, tres veces más que el del paciente A. Su último registro de dolor, justo antes de terminar, fue de solo 1 sobre 10.

Si se suma el dolor momento a momento a lo largo de todo el procedimiento (lo que Kahneman llama el “área bajo la curva”), no hay ninguna duda posible: el paciente B, al estar expuesto durante mucho más tiempo a niveles de dolor comparables, sufrió objetivamente más en total que el paciente A.

El resultado que no encajaba con la lógica

Sin embargo, cuando se preguntó a ambos pacientes cuánto dolor recordaban haber sentido en total, el resultado fue el contrario de lo esperado: el paciente A recordó peor la experiencia que el paciente B, a pesar de haber sufrido, en términos objetivos, bastante menos tiempo de dolor acumulado.

El análisis estadístico de los 154 pacientes reveló dos patrones sistemáticos, a los que Kahneman puso nombre:

  • Regla del pico final: la valoración retrospectiva de una experiencia dolorosa se explica, sobre todo, por la media entre el peor momento vivido (el pico) y el nivel de dolor justo al terminar (el final).
  • Olvido de la duración: cuánto tiempo duró realmente la experiencia apenas influye en el recuerdo posterior que se tiene de ella.

Aplicando esta regla a los dos pacientes: ambos tuvieron el mismo pico de dolor (8 sobre 10) en algún momento del procedimiento. Pero la media entre ese pico y el nivel final fue de 7,5 para el paciente A y de solo 4,5 para el paciente B. El paciente A, sencillamente, tuvo la mala suerte de que su procedimiento terminara en un momento de dolor alto, y eso bastó para dejarle un peor recuerdo global, sin importar que en total hubiera sufrido menos tiempo que el paciente B.

Dos formas distintas de medir lo mismo

Kahneman llama totales hedonimétricos a la suma real del dolor momento a momento (lo que un observador externo calcularía sumando todos los registros), y los distingue de las estimaciones retrospectivas, que es lo que cada paciente recuerda después. Su conclusión es que estas dos medidas pueden ser sistemáticamente distintas: la primera pondera igual cada minuto de la experiencia; la segunda solo presta atención real a dos instantes concretos, el peor y el último.

Esto llevó a Kahneman a plantear una distinción que después desarrolló en el resto del libro: la diferencia entre el yo que experimenta, que vive cada momento por separado, y el yo que recuerda, que construye después una historia resumida de la experiencia completa, y que es el que en la práctica decide si volveríamos a repetir algo o no. Ambos “yos” no siempre están de acuerdo sobre cuánto se sufrió realmente.

Una implicación práctica para la medicina

El propio libro señala una consecuencia directa para la práctica clínica: si el objetivo es que el paciente recuerde el procedimiento como menos doloroso, lo más eficiente no es necesariamente acortar su duración, sino procurar que termine en un momento de menor intensidad de dolor, aunque eso implique alargar el procedimiento unos minutos más con una fase final más suave. Reducir el pico de dolor, según esta lógica, pesa más en el recuerdo final que reducir el tiempo total de exposición.

Este mismo desajuste entre lo que se experimenta y lo que se recuerda aparece en muchas decisiones cotidianas que no tienen nada que ver con la medicina, desde cómo se valora un viaje o una relación laboral hasta cómo un perfil más analítico o uno más intuitivo evalúa después si una experiencia mereció la pena, un juicio que rara vez se basa en la suma real de lo vivido.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la 'regla del pico final'?

El hallazgo de que, al recordar una experiencia dolorosa o desagradable, la valoración global depende sobre todo del peor momento (el pico) y de cómo terminó (el final), no de la duración total ni del promedio del malestar experimentado.

¿Significa esto que un procedimiento médico más largo se recuerda como menos doloroso?

Puede ocurrir exactamente así: en el experimento real de Kahneman y Redelmeier, un paciente con un procedimiento más corto pero que terminó en un momento de dolor alto guardó un peor recuerdo que otro paciente con un procedimiento más del triple de largo que terminó suavemente.

¿Qué son el 'yo que experimenta' y el 'yo que recuerda'?

Una distinción que propone Kahneman: el yo que experimenta vive cada momento de una experiencia por separado, mientras que el yo que recuerda construye después una historia y una valoración global de esa experiencia, y ambos no siempre coinciden en su conclusión sobre cuánto se sufrió.

¿Este hallazgo se aplica solo a procedimientos médicos?

No: Kahneman lo describe como un patrón general que también afecta al recuerdo de vacaciones, películas o cualquier experiencia extendida en el tiempo, no solo a experiencias de dolor físico.

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