Virtud de la sabiduría: curiosidad, criterio y creatividad
La virtud de la sabiduría: el placer de entender
No es lo mismo acumular datos que disfrutar entendiendo algo de verdad. Esa segunda disposición es la que Christopher Peterson y Martin Seligman agruparon bajo la sabiduría en su clasificación de la psicología positiva (2004): las fortalezas relacionadas con adquirir y usar el conocimiento.
Quienes destacan en esta virtud suelen disfrutar tanto del proceso de aprender como del resultado, y aplican ese conocimiento con criterio propio, no solo de forma memorística.
Las cinco fortalezas que la componen
- Creatividad: producir ideas o soluciones originales y, a la vez, útiles, para uno mismo o para los demás. Incluye la creación artística, pero no se limita a ella.
- Curiosidad: el deseo genuino de experimentar y conocer, y la disposición activa a buscar información nueva ante lo que resulta desafiante o desconocido.
- Apertura mental: la voluntad de buscar activamente pruebas en contra de las propias creencias o planes y, si aparecen, valorarlas con justicia, siendo capaz de cambiar de opinión.
- Amor por el saber: el gusto sostenido por adquirir nuevas habilidades y conocimientos, de forma autodidacta o formal, más allá de lo que exige una obligación concreta.
- Perspectiva: un nivel superior de juicio que permite dar consejo sabio a los demás y abordar las preguntas grandes sobre el sentido y el desarrollo de la vida.
Cómo se nota en la práctica
- Buscan entender antes que memorizar: prefieren comprender el porqué de las cosas a repetir información sin cuestionarla.
- Disfrutan de la novedad intelectual, ya sea un libro, una conversación o un problema nuevo que resolver.
- Sopesan la información antes de decidir, en vez de dejarse llevar por la primera impresión.
- Son la persona a la que otros piden consejo en decisiones difíciles, no tanto por tener respuestas rápidas como por ayudar a verlas con perspectiva.
Un ejemplo: una amiga duda entre aceptar un trabajo en otra ciudad o quedarse. Quien destaca en perspectiva no le dice qué hacer; le pregunta qué pesaría más dentro de cinco años, qué parte de la decisión es reversible y qué no sabe todavía. No aporta una respuesta, sino una forma mejor de mirar el problema.
Qué entiende la psicología por sabiduría
La sabiduría es la virtud que más se ha intentado medir fuera del marco de Peterson y Seligman, y esa investigación ayuda a entender la fortaleza de perspectiva.
- El paradigma de Berlín. Paul Baltes y Ursula Staudinger (2000) definieron la sabiduría como un conocimiento experto sobre los asuntos fundamentales de la vida. Para estudiarla, pedían a las personas que pensaran en voz alta sobre dilemas vitales hipotéticos, abiertos y sin una respuesta correcta única, y evaluaban las respuestas con cinco criterios: conocimiento factual rico, conocimiento de procedimiento (cómo se manejan los problemas), contextualismo a lo largo de la vida (situar el problema en su momento vital y en sus circunstancias), relativismo de valores (reconocer que otras personas tienen prioridades legítimas distintas) y reconocimiento y manejo de la incertidumbre.
- El razonamiento sabio y la edad. Igor Grossmann y su equipo (2010) presentaron a una muestra comunitaria representativa historias sobre conflictos entre grupos y entre personas, y les pidieron que predijeran cómo se resolverían. Las personas mayores recurrían más que las jóvenes y las de mediana edad a formas de razonamiento que contemplan varias perspectivas, admiten el compromiso y reconocen los límites del propio conocimiento, pese al descenso de la inteligencia fluida con la edad.
Los datos del cuestionario VIA-IS añaden dos matices. En el estudio de Park, Peterson y Seligman (2004) con 5.299 adultos, la curiosidad estaba entre las fortalezas más ligadas a la satisfacción vital, mientras que la creatividad, el juicio y el amor por el saber mostraban relaciones débiles con ella. Y en el análisis de más de un millón de casos de Robert McGrath (2015), las fortalezas intelectuales formaban un factor propio, que llamó curiosidad intelectual (Inquisitiveness), en el que pesaban la creatividad y la curiosidad, pero también la vitalidad y la valentía: la sabiduría, en los datos, tiene algo de atrevimiento.
La curiosidad como talento, no solo como rasgo
Marcus Buckingham y Donald Clifton, creadores del método StrengthsFinder de Gallup, proponen en Now, Discover Your Strengths (2001), un libro de divulgación empresarial, una definición amplia de talento: cualquier patrón recurrente de pensamiento, sentimiento o comportamiento que se puede aplicar de forma productiva. Ser instintivamente curioso entra de lleno en esa definición, igual que ser competitivo, persistente o encantador.
La distinción cambia cómo se trata la curiosidad: no como un rasgo que uno tiene o no tiene, sino como un recurso que se puede reconocer, nombrar y usar de forma deliberada en el trabajo o en el estudio, buscando proyectos, roles o conversaciones que lo exijan en vez de dejarlo como una afición de fondo.
Cuatro hábitos que la literatura vincula a esta virtud
- La exposición a ideas distintas a las propias, aunque incomoden al principio. Leer un argumento bien construido en contra de una postura propia suele enseñar más que otro artículo que solo la confirma.
- El tiempo dedicado a aprender algo sin utilidad inmediata, solo por el interés de entenderlo.
- La pregunta “¿y si estoy equivocado en esto?”, que mantiene activo el pensamiento crítico y es, en esencia, la apertura mental en acción.
- Separar el momento de generar del momento de juzgar: la creatividad se suele asociar con producir muchas ideas antes de evaluarlas, y la perspectiva, con mirar un problema desde la posición de cada persona implicada, como en los estudios de Grossmann.
Si tienes curiosidad por saber si la sabiduría es tu virtud dominante, nuestro test de fortalezas de carácter la compara con las otras cinco, entre ellas la virtud del coraje, con la que comparte más de lo que parece.
Fuentes
- Peterson, C. y Seligman, M. E. P. (2004). Character Strengths and Virtues: A Handbook and Classification. Oxford University Press.
- Baltes, P. B. y Staudinger, U. M. (2000). Wisdom: A metaheuristic (pragmatic) to orchestrate mind and virtue toward excellence. American Psychologist, 55(1), 122-136. https://doi.org/10.1037/0003-066X.55.1.122
- Grossmann, I., Na, J., Varnum, M. E., Park, D. C., Kitayama, S. y Nisbett, R. E. (2010). Reasoning about social conflicts improves into old age. Proceedings of the National Academy of Sciences, 107(16), 7246-7250. https://doi.org/10.1073/pnas.1001715107
- Park, N., Peterson, C. y Seligman, M. E. P. (2004). Strengths of character and well-being. Journal of Social and Clinical Psychology, 23(5), 603-619. https://doi.org/10.1521/jscp.23.5.603.50748
- McGrath, R. E. (2015). Integrating psychological and cultural perspectives on virtue: The hierarchical structure of character strengths. The Journal of Positive Psychology, 10(5), 407-424. https://doi.org/10.1080/17439760.2014.994222
- Buckingham, M. y Clifton, D. O. (2001). Now, Discover Your Strengths. Free Press.
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Preguntas frecuentes
¿Qué fortalezas incluye la virtud de la sabiduría?
Cinco: creatividad, curiosidad, apertura mental, amor por el saber y perspectiva (la capacidad de dar consejo sabio sobre las grandes preguntas de la vida).
¿Sabiduría es lo mismo que inteligencia?
No. La inteligencia es una capacidad cognitiva; la sabiduría, en este modelo, es una disposición a buscar y usar el conocimiento de forma reflexiva, independiente del cociente intelectual.
¿Cómo se cultiva esta virtud?
La literatura sobre esta virtud la asocia con la exposición a ideas nuevas y con cuestionar las propias certezas, más que con acumular datos de forma memorística.
¿En qué se diferencian la curiosidad y el amor por el saber?
La curiosidad es el impulso de explorar lo nuevo en el momento; el amor por el saber es el gusto sostenido por incrementar el propio conocimiento con el tiempo, dentro o fuera de un aula.