Virtud de la templanza: mesura y autorregulación
La virtud de la templanza: mesura frente al exceso
Actuar con mesura cuando el impulso empuja hacia el exceso, sin que eso sea represión ni pasividad: esa capacidad es la que Christopher Peterson y Martin Seligman agruparon bajo la templanza en su clasificación de la psicología positiva (2004).
Quienes destacan en esta virtud suelen tomar mejores decisiones a medio plazo, precisamente porque no actúan solo desde el impulso inmediato.
Las cuatro fortalezas que la componen
- Clemencia y misericordia: los cambios que ocurren en alguien ofendido o dañado, por los que las ganas de venganza o de evitar al otro se transforman en actitudes más benévolas y tolerantes. No implica olvidar el daño, sino dejar de actuar desde el rencor.
- Humildad/modestia: la estimación precisa, no infravalorada, de los propios logros y méritos, dejando que hablen por sí mismos en vez de subrayarlos. Incluye estar abierto a consejos e ideas que contradicen lo que uno piensa.
- Prudencia: una orientación práctica hacia el propio futuro: pensar en las consecuencias de las decisiones y resistir el impulso de satisfacer una meta a corto plazo a costa de un objetivo más importante a largo plazo.
- Autorregulación: la capacidad de gobernar las propias acciones, impulsos y emociones para ajustarse a un objetivo u norma, en vez de responder de forma automática a cada estímulo interno o externo.
Sus señales habituales
- Reconocen sus errores sin justificarlos en exceso, lo que facilita reparar y seguir adelante.
- Piensan las consecuencias antes de actuar por impulso, especialmente en decisiones con efectos duraderos.
- Sueltan el rencor cuando corresponde, sin que eso signifique negar el daño sufrido.
- Dejan que sus logros hablen por sí solos, sin necesidad de subrayarlos constantemente ante los demás.
- Piden opiniones que puedan llevarles la contraria, sin tomárselo como un ataque a su criterio.
Conocer dónde falla realmente el autocontrol
Buckingham y Clifton, en el mismo Now, Discover Your Strengths (2001) que ya se ha citado a propósito de la virtud de la humanidad, definen una fortaleza como un desempeño consistente y casi excelente en una actividad concreta, no como un buen momento aislado. Aplicada a la prudencia y la autorregulación, esa definición sugiere un enfoque distinto al de intentar tener la misma fuerza de voluntad en todos los frentes: conocer con precisión en qué situaciones concretas el propio autocontrol funciona de forma fiable y en cuáles se rompe casi siempre (una hora del día, un tipo de decisión, la presencia de ciertas personas) permite construir estructura alrededor de esos puntos débiles concretos, en vez de depender de fuerza de voluntad genérica cada vez que aparecen. Los autores insisten en que gestionar así una debilidad (delegando la decisión, cambiando el entorno, evitando la situación que la dispara) libera energía para sostener el autocontrol donde de verdad importa, en lugar de repartirla por igual en todos los frentes con resultados mediocres en todos ellos.
Lo que distingue templanza de indecisión
Un matiz que Peterson y Seligman (2004) destacan es la pausa antes de decidir, sobre todo en decisiones tomadas en caliente o bajo presión emocional: quien envía un correo enfadado a los cinco minutos de leer algo que le molestó rara vez lo redactaría igual una hora después. Ese margen no equivale a evitar decidir: la templanza, según este modelo, es decidir con criterio en vez de por impulso, no aplazar la decisión indefinidamente. Aceptar los propios errores sin dramatizarlos ni minimizarlos, con la misma sencillez con la que se corrige el rumbo, cierra el mismo patrón.
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Preguntas frecuentes
¿Qué fortalezas incluye la virtud de la templanza?
Cuatro: clemencia (perdón), humildad/modestia, prudencia y autorregulación frente a los impulsos.
¿Templanza es lo mismo que pasividad?
No. Es mesura consciente, no ausencia de deseo o de opinión: alguien templado puede tener convicciones firmes y aun así actuar con moderación.
¿Cómo se relaciona con la autorregulación emocional?
Están muy conectadas: la autorregulación emocional gestiona la intensidad de una emoción concreta; la templanza es un patrón más amplio de mesura en el comportamiento general.
¿Humildad y baja autoestima son lo mismo?
No. La humildad, en este modelo, es la estimación precisa (ni infravalorada ni exagerada) de los propios logros y méritos, no una opinión negativa de uno mismo.