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Apego

El psicólogo que en 2012 describió la 'adicción al móvil' como apego al 'ya'

Por la redacción de Personaramic7 min de lectura
Ilustración minimalista orgánica de una mano sosteniendo un rectángulo luminoso con líneas irradiando hacia fuera

“No me comunico con la gente, me hablan y no hago caso, me río solo, no levanto la cabeza. Estoy preocupado, ¿qué cree que tengo?”, le dice un paciente a su médico. El médico se queda pensando y responde: “¡Un BlackBerry!”.

El chiste lo cuenta el psicólogo Walter Riso en su libro Desapegarse sin anestesia (2012). Lo usa para presentar un concepto propio, el yaísmo, que mira el uso compulsivo del móvil desde un ángulo distinto al habitual.

Conviene empezar por una precisión: Riso no se adelantó al término. Cuando escribió el libro, la “adicción a internet” llevaba más de quince años en la literatura psicológica. Lo interesante de su propuesta está en otra parte.

Una idea que ya tenía historia en 2012

La cronología ayuda a situar el libro:

  • 1995. El psiquiatra Ivan Goldberg publica en un foro profesional, en tono de parodia, unos criterios para un supuesto “trastorno de adicción a internet”. La broma se toma en serio más rápido de lo que esperaba.
  • 1996-1998. La psicóloga Kimberly Young presenta sus casos en el congreso de la Asociación Americana de Psicología (1996) y publica en 1998 “Internet addiction: The emergence of a new clinical disorder”, con un cuestionario de ocho preguntas adaptado de los criterios del juego patológico.
  • 2005. Adriana Bianchi y James Phillips, de la Universidad de Monash, publican una de las primeras escalas de uso problemático del teléfono móvil (Mobile Phone Problem Use Scale).
  • 2008. Una encuesta encargada por la empresa de correos británica acuña “nomofobia” (no-mobile-phone phobia) para la ansiedad de quedarse sin móvil.
  • 2013. Un año después del libro de Riso, el equipo de Min Kwon publica en Corea la Smartphone Addiction Scale.

El debate sobre el móvil, por tanto, ya estaba en marcha. Lo que Riso aporta no es la etiqueta, sino una lectura del fenómeno desde su teoría del apego como aferramiento.

El apego al “ya”

Yaísmo, según lo define Riso, es el apego al tiempo y a la velocidad: la necesidad de tener información, respuestas o estímulos de forma inmediata, sin margen para la espera.

No lo limita a los teléfonos. Lo describe también en la obsesión por “estar actualizado” y en una escena de las ferias de tecnología: quienes padecen este apego “sentirán que les falta algo” y “se verán obligados a comprar aunque sea un puerto USB para sentirse menos incompletos”.

Para mostrar el contraste recurre a un recuerdo personal. En una época en la que mantenía una relación a distancia, antes de internet, recibía una carta semanal en un sobre perfumado. Esperarla, escribe, no le generaba angustia sino “expectativa alegre”.

Ese es el núcleo del argumento: la espera en sí misma no es el problema. Lo que cambió fue la tolerancia a ella. El móvil sería el canal más disponible para una necesidad más antigua de respuesta inmediata, de aprobación o de no perderse nada.

Esa incomodidad ante la falta de respuesta recuerda, salvando las distancias, a lo que la psicología del apego llama apego ansioso: la necesidad de una señal frecuente de que todo sigue bien. Son marcos distintos (el apego de Riso es aferramiento a algo; el de Bowlby, un vínculo con personas), pero comparten la intolerancia a la incertidumbre.

Las cinco señales que recoge el libro

En el capítulo dedicado al “apego a internet”, Riso enumera señales para distinguir un uso que se ha vuelto problema de uno que sigue siendo herramienta:

  1. Dormir menos por no querer restarle tiempo a estar conectado.
  2. Descuidar otras actividades de la vida cotidiana.
  3. Que las personas cercanas se quejen del uso excesivo.
  4. Pensar constantemente en la necesidad de conectarse.
  5. No ser capaz de parar cuando de verdad se quiere.

Son muy parecidas a las preguntas del cuestionario de Young: preocupación constante, intentos fallidos de reducir el uso, relaciones o tareas puestas en riesgo. Riso no las presenta como un diagnóstico, y no lo son.

El libro cita además un estudio de Yen y colaboradores (2008) con 3.662 estudiantes taiwaneses. Encontró que tanto la adicción a internet como el consumo de sustancias se asociaban a síntomas psiquiátricos más intensos, sobre todo hostilidad y depresión. Es una asociación, no una prueba de que una cosa cause la otra.

Riso añade un matiz sobre la timidez y la fobia social: internet permite relacionarse sin dar la cara, y cuanto más se usa esa vía, menos se exponen las personas a las situaciones que temen. La pantalla, en esos casos, no resuelve el miedo original; lo aparca y, con el tiempo, puede mantenerlo.

Lo que dice hoy la investigación: ¿adicción o uso problemático?

Desde 2012 el campo ha avanzado, y no en la dirección de confirmar una “adicción al móvil” en sentido estricto.

  • No es un diagnóstico oficial. Ni el DSM-5 (2013) ni la CIE-11 (2019) incluyen la adicción al smartphone. La CIE-11 sí reconoce el trastorno por uso de videojuegos, que es algo más acotado.
  • La etiqueta de adicción está en discusión. Tayana Panova y Xavier Carbonell, de la Universidad Ramon Llull, revisaron en 2018 los estudios sobre el tema y concluyeron que no había apoyo suficiente para hablar de adicción: las conductas observadas encajan mejor como uso problemático o desadaptativo, y sus consecuencias no alcanzan la gravedad de una adicción.
  • El riesgo de patologizar lo cotidiano. Un grupo internacional encabezado por Daniel Kardefelt-Winther propuso en 2017 que una conducta solo se considere adicción conductual si causa un deterioro funcional significativo y persistente, no solo porque se haga mucho o porque guste mucho.

Esta discusión da, curiosamente, algo de razón al planteamiento de Riso. Si el problema no es el aparato sino la relación con la inmediatez, cambiar de dispositivo o quedarse “sin cobertura” un fin de semana deja intacto lo de fondo. El libro describe incluso un síndrome del “desconectado” (unplugged): incertidumbre y sensación de pérdida de control cuando la conexión falla de golpe.

La propuesta de Riso: recuperar la tolerancia a la espera

Riso no plantea la abstinencia ni la desconexión radical. Su propuesta tiene dos piezas:

  • Distinguir entre “necesitar” y “preferir” la conexión: si estar conectado en ese momento resuelve algo real o solo calma una inquietud de fondo. Es la misma distinción que recorre todo su libro, y que desarrollamos en por qué cambiar “te necesito” por “te prefiero”.
  • Practicar la espera en pequeñas dosis, como quien recupera una tolerancia perdida: dejar pasar unos minutos más de lo automático antes de mirar un mensaje y observar qué ocurre mientras tanto.

No es una técnica espectacular ni está probada en ensayos. Es una idea de divulgación que encaja con lo que la investigación actual sugiere: mirar menos el aparato y más la función que cumple.

Si esta necesidad de conexión constante te resulta familiar también con personas, nuestro test de dependencia emocional explora ese patrón con más detalle. Y si lo que pesa es la presión de la tecnología en el trabajo, lo tratamos en tecnoestrés y ansiedad por la IA.

Fuentes

  • Riso, W. (2012). Desapegarse sin anestesia: Cómo soltarse de todo aquello que nos quita energía y bienestar. Editorial Planeta Colombiana.
  • Young, K. S. (1998). Internet addiction: The emergence of a new clinical disorder. CyberPsychology & Behavior, 1(3), 237-244.
  • Bianchi, A., y Phillips, J. G. (2005). Psychological predictors of problem mobile phone use. CyberPsychology & Behavior, 8(1), 39-51. doi:10.1089/cpb.2005.8.39
  • Yen, J.-Y., Ko, C.-H., Yen, C.-F., Chen, S.-H., Chung, W.-L., y Chen, C.-C. (2008). Psychiatric symptoms in adolescents with Internet addiction: Comparison with substance use. Psychiatry and Clinical Neurosciences, 62(1), 9-16. doi:10.1111/j.1440-1819.2007.01770.x
  • Kwon, M., Lee, J.-Y., Won, W.-Y., Park, J.-W., Min, J.-A., Hahn, C., Gu, X., Choi, J.-H., y Kim, D.-J. (2013). Development and validation of a smartphone addiction scale (SAS). PLoS ONE, 8(2), e56936. doi:10.1371/journal.pone.0056936
  • Kardefelt-Winther, D., Heeren, A., Schimmenti, A., van Rooij, A., Maurage, P., Carras, M., Edman, J., Blaszczynski, A., Khazaal, Y., y Billieux, J. (2017). How can we conceptualize behavioural addiction without pathologizing common behaviours? Addiction, 112(10), 1709-1715. doi:10.1111/add.13763
  • Panova, T., y Carbonell, X. (2018). Is smartphone addiction really an addiction? Journal of Behavioral Addictions, 7(2), 252-259. doi:10.1556/2006.7.2018.49

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Preguntas frecuentes

¿Qué es el 'yaísmo' del que habla Walter Riso?

Es el término que usa el psicólogo Walter Riso en Desapegarse sin anestesia (2012) para describir el apego a la inmediatez: la necesidad de tener información, respuestas o estímulos al instante, sin margen para la espera.

¿En qué se diferencia el yaísmo de la 'adicción al móvil' que se menciona hoy?

En el foco. La investigación sobre el uso problemático del móvil mide conductas ligadas al dispositivo (tiempo de uso, malestar al desconectarse, interferencia con otras actividades). Riso pone el acento en lo que hay debajo: la baja tolerancia a la espera, que puede expresarse a través del móvil o de otras vías. Riso no inventó el concepto: la adicción a internet se estudiaba desde mediados de los años noventa.

¿Cuáles son los cinco criterios que menciona el artículo para saber si hay adicción a internet?

Según recoge Riso: dormir menos por no dejar de estar conectado, descuidar otras actividades, que las personas cercanas se quejen del uso excesivo, pensar constantemente en 'conectarse' y ser incapaz de parar cuando se quiere hacerlo. Son señales parecidas a las de los cuestionarios clínicos de la época, como el de Kimberly Young, pero no forman un diagnóstico.

¿La adicción al móvil es un diagnóstico oficial?

No. Ni el DSM-5 ni la CIE-11 recogen la adicción al móvil o al smartphone como trastorno. La CIE-11 sí incluye el trastorno por uso de videojuegos. Buena parte de los investigadores prefiere hablar de uso problemático del móvil.

¿Este artículo sustituye una valoración profesional sobre el uso del móvil?

No. Resume ideas de un libro de divulgación psicológica y de la investigación sobre el tema con fines informativos. Si el uso del móvil o de internet genera un malestar significativo, lo indicado es consultar con un profesional de la salud mental.

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