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Apego

El psicólogo que describió la 'adicción al móvil' en 2012, antes de que el término existiera

Por Rafa Personaramic5 min de lectura
Ilustración minimalista orgánica de una mano sosteniendo un rectángulo luminoso con líneas irradiando hacia fuera

“No me comunico con la gente, me hablan y no hago caso, me río solo, no levanto la cabeza. Estoy preocupado, ¿qué cree que tengo?”, le dice un paciente a su médico. El médico se queda pensando y responde: “¡Un BlackBerry!”.

El chiste lo cuenta el psicólogo Walter Riso en su libro Desapegarse sin anestesia (2012).

Y lo cuenta para ilustrar algo muy concreto: mucho antes de que “adicción al móvil” fuera una expresión de uso común, la psicología clínica ya tenía nombre y criterios para el mismo patrón.

Riso lo llama yaísmo.

El apego al “ya”

Yaísmo, según lo define Riso, es el apego al tiempo y a la velocidad: la necesidad de tener información, respuestas o estímulos de forma inmediata, sin margen para la espera.

  • No es exclusivo de los teléfonos. Riso lo describe también en la obsesión por “estar actualizado”, por no quedarse atrás en ninguna novedad tecnológica.
  • Cuenta, como ejemplo, su propia observación en ferias de tecnología: quienes padecen este apego “sentirán que les falta algo” y “se verán obligados a comprar aunque sea un puerto USB para sentirse menos incompletos”.
  • El punto de fondo, dice, es que la espera dejó de vivirse como algo neutro y pasó a sentirse como una amenaza en sí misma.

Riso ilustra el contraste con un recuerdo personal: en una época en la que mantenía una relación a distancia, antes de internet, recibía una carta semanal en un sobre perfumado. Esperarla, escribe, no le generaba angustia sino “expectativa alegre”: “ya falta poco”, como quien anticipa algo agradable.

Ese contraste es la clave de su argumento: la espera en sí misma no es el problema. Lo que cambió fue la tolerancia a ella.

Cinco señales que Riso ya usaba en 2012

En el capítulo dedicado al “apego a internet”, Riso enumera un conjunto de señales para saber si el uso de la red se ha vuelto un problema, no una herramienta. Resumidas, son:

  1. Dormir menos por no querer restarle tiempo a estar conectado.
  2. Descuidar otras actividades de la vida cotidiana.
  3. Que las personas cercanas se quejen del uso excesivo.
  4. Pensar constantemente en la necesidad de conectarse.
  5. No ser capaz de parar cuando de verdad se quiere hacerlo.

Riso cita además un dato de la investigación clínica de la época: un estudio de Yen et al. (2008), publicado en Psychiatry and Clinical Neurosciences, que encontró que los síntomas psiquiátricos de adolescentes con adicción a internet eran comparables a los de adolescentes con abuso de sustancias.

Esa comparación, en 2012, era todavía una idea que necesitaba respaldo explícito. Hoy es casi un lugar común en cualquier artículo sobre el uso del móvil en adolescentes.

Riso añade un matiz que sigue siendo relevante: no toda persona con dificultades de comunicación cae en este apego por igual. Señala que las personas con timidez o fobia social son especialmente propensas a él, porque internet permite relacionarse sin dar la cara. Pero advierte de una paradoja: cuanto más se refugian en esa vía, menos se exponen a las situaciones que temen, y más se mantiene activo el miedo de fondo. La pantalla, en esos casos, no resuelve el problema original: lo aparca y, con el tiempo, lo refuerza.

Por qué el móvil no es, en realidad, el problema

El argumento de fondo de Riso, y quizá el más incómodo de aceptar, es que el objeto concreto (el teléfono, el ordenador, la tableta) es casi irrelevante.

  • Lo que define el apego, según su marco, no es el objeto sino la incapacidad de renunciar a él en el momento oportuno.
  • Cambiar de dispositivo, o incluso quedarse “sin cobertura” un fin de semana, no resuelve el patrón si la necesidad de inmediatez sigue intacta por debajo.
  • Riso describe el llamado síndrome del “desconectado” (unplugged): incertidumbre, pérdida de control y una sensación que compara con la abstinencia, cuando la conexión falla o se retira de golpe.

Esto no significa que el móvil sea neutro. Significa que tratarlo como la causa raíz, en vez de como el canal más disponible para un patrón psicológico más antiguo (el apego a la inmediatez, a la aprobación, a no perderse nada), suele llevar a soluciones superficiales: cambiar de aparato sin cambiar la relación con la espera.

Qué hacer con esta idea, según el propio libro

Riso no propone abstinencia total ni desconexión radical. Propone, sobre todo, dos cosas concretas:

  • Distinguir entre “necesitar” y “preferir” la conexión: preguntarse honestamente si estar conectado en ese momento resuelve algo real o solo calma una ansiedad de fondo.
  • Practicar la espera de forma deliberada, en pequeñas dosis, como quien recupera una tolerancia que se ha perdido: dejar un mensaje sin responder unos minutos más de lo automático, notar qué se siente y qué no ocurre, en realidad, mientras se espera.

No es una técnica espectacular. Es, según su propio libro, del mismo tipo que la sabiduría antigua que cita en otros capítulos: nada que se resuelva con una sola lectura, pero que se sostiene con la repetición.

Lo llamativo, más de una década después, no es que la idea siga vigente. Es que ya estaba completamente formulada antes de que el debate público la necesitara.

Fuentes

  • Riso, W. (2012). Desapegarse sin anestesia: Cómo soltarse de todo aquello que nos quita energía y bienestar. Editorial Planeta Colombiana.
  • Yen, J., Ko, C., Yen, C., Chen, S., Chung, W., y Chen, C. (2008). Psychiatric symptoms in adolescents with Internet addiction: Comparison with substance use. Psychiatry and Clinical Neurosciences, 62, 9-16.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es el 'yaísmo' del que habla Walter Riso?

Es el término que usa el psicólogo Walter Riso en Desapegarse sin anestesia (2012) para describir el apego a la inmediatez: la necesidad de tener información, respuestas o estímulos al instante, sin margen para la espera.

¿En qué se diferencia el yaísmo de la 'adicción al móvil' que se menciona hoy?

En poco. Riso describe el mismo patrón de conducta (necesidad de conexión constante, malestar al desconectarse, interferencia con otras actividades) años antes de que el debate público sobre la 'adicción al móvil' se generalizara, solo que centrado en el fenómeno de fondo (la inmediatez) en lugar del dispositivo concreto.

¿Cuáles son los cinco criterios que menciona el artículo para saber si hay adicción a internet?

Según recoge Riso: dormir menos por no dejar de estar conectado, descuidar otras actividades, que las personas cercanas se quejen del uso excesivo, pensar constantemente en 'conectarse' y ser incapaz de parar cuando se quiere hacerlo.

¿Este artículo sustituye una valoración profesional sobre el uso del móvil?

No. Resume ideas de un libro de divulgación psicológica con fines informativos. Si el uso del móvil o de internet genera un malestar significativo, lo indicado es consultar con un profesional de la salud mental.

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