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Estilo expresivo

Qué dice tu dibujo, según el método de Machover (y qué dice la evidencia real)

Por Elena Personaramic8 min de lectura
Ilustración minimalista de una figura humana simple trazada dentro de un marco de página

En 1949, la psicóloga clínica Karen Machover publicó Personality Projection in the Drawing of the Human Figure, un libro que se convertiría en una de las técnicas proyectivas más usadas del siglo XX. Su premisa: al pedirle a alguien que dibuje “una persona”, esa persona proyecta en el dibujo aspectos de su propia imagen corporal y su personalidad, de forma parecida a como el Rorschach usa manchas de tinta o el TAT usa escenas ambiguas: ninguna de las tres pide una respuesta “correcta”, y en esa ambigüedad es donde la teoría proyectiva sitúa la revelación involuntaria de la personalidad.

Un sistema de signos aislados

Machover interpretaba características aisladas del dibujo. Ojos grandes indicaban suspicacia o tendencias paranoides. Ausencia de rasgos faciales apuntaba a depresión. Sombreado intenso reflejaba impulsos agresivos. Borrados múltiples, ansiedad. El énfasis en las orejas se asociaba con paranoia; el énfasis en el cabello, con preocupaciones sexuales; los accesorios inanimados como pistolas o cuchillos, con tendencias delictivas. Sobre los ojos en concreto, Machover escribió que no son solo “la ventana del alma” que revela la vida interior de alguien, sino el órgano básico de contacto con el mundo exterior, y por eso los consideraba el punto donde se concentra tanto el sentido del propio yo como su vulnerabilidad. Machover planteó además su hipótesis de la imagen corporal: la figura dibujada encarnaría los atributos psicológicos y físicos centrales de quien dibuja.

Nuestro test de la figura humana usa hoy quince de estos indicadores reales: los cinco que se pueden medir directamente sobre el lienzo (tamaño, colocación en la página, presencia de manos y pies, forma del torso, simetría) y diez más que dependen de reconocer contenido o una elección de herramienta (tamaño de la cabeza, ojos, orejas, cabello, hombros, ropa, sombreado, borrones, grosor del trazo y uso del color). Estos dos últimos, grosor y color, se registran con certeza porque el propio test ofrece una paleta de grosores y tonos para elegir; el resto de signos de trazo, como el sombreado con lápiz real, Machover solo podía inferirlos de la presión sobre el papel, algo que un dibujo con ratón no reproduce. Junto a cada uno de los quince, el informe muestra algo que Machover nunca pudo mostrar: décadas de investigación posterior poniendo a prueba si sus afirmaciones se sostienen.

Un vistazo rápido a algunos de los signos más citados, antes de entrar en el detalle de la revisión completa:

SignoMachover decíaEvidencia
Ojos grandesSuspicacia, paranoiaSin apoyo
Sin rasgos facialesDepresiónSin apoyo
Sombreado intensoAgresividad, ansiedadSin apoyo
Borrados múltiplesAnsiedadSin apoyo
Énfasis en orejasParanoiaSin apoyo
Énfasis en cabelloPreocupación sexualSin apoyo
Torso redondeadoRasgos “femeninos”Apoyo real
Dibujo en colorAnsiedadApoyo real

Un veredicto casi unánime: 2 de 30

A partir de Swenson (1957), una sucesión de revisores a lo largo de cuatro décadas llegó a una conclusión prácticamente unánime: la inmensa mayoría de los signos de dibujo de figura humana tiene una validez insignificante o nula. La revisión más citada es la de Kahill (1984), que analizó la literatura publicada entre 1967 y 1982 sobre 30 índices concretos de Machover. El resultado: solo 2 de los 30 encontraron apoyo consistente: el torso redondeado como indicador de rasgos etiquetados como “femeninos”, y el dibujo en color como indicador de ansiedad. Los otros 28, incluidos los más citados popularmente (orejas y paranoia, órganos internos y esquizofrenia, accesorios como armas y delincuencia, énfasis en el cabello y preocupaciones sexuales), no mostraron relaciones consistentes.

Peor aún para la teoría original, varios hallazgos fueron en la dirección contraria a la predicha:

  • Dudley, Craig, Mason y Hirsch (1976) encontraron que las personas deprimidas eran menos propensas a dibujar caras de perfil, justo lo opuesto a lo que predecía Machover.
  • Cvetkovic (1979) encontró que las personas con esquizofrenia eran menos propensas a dibujar cabezas sin cuerpo, de nuevo lo contrario.
  • Handler y Reyher (1965), revisando la investigación sobre signos y ansiedad, encontraron que 30 de 255 hallazgos fueron significativos en la dirección opuesta a la predicha.

Por qué la fiabilidad tampoco ayuda

Incluso dejando de lado la validez (si el signo predice lo que dice predecir), la fiabilidad (si distintos evaluadores puntúan el mismo dibujo de forma parecida) es irregular. Kahill (1984) encontró estos rangos de acuerdo entre evaluadores, demasiado amplios para confiar en un signo concreto sin comprobarlo caso por caso:

  • Sombreado: entre .45 y .96.
  • Tamaño de la cabeza: entre .54 y .99.
  • Expresión facial: entre −.13 y .60 (un valor negativo significa que, en algún estudio, dos evaluadores llegaron a puntuaciones opuestas sobre el mismo dibujo).

Vass (1988) resumió la situación general de las pruebas de dibujo proyectivo como con “serios problemas de confiabilidad y validez”.

El fenómeno que explica por qué el método sobrevivió igual

Si la evidencia es tan desfavorable, ¿por qué tantos clínicos siguieron (y algunos siguen) confiando en estos signos? Un estudio clásico de Chapman y Chapman (1967) ofrece la explicación más citada: la correlación ilusoria. Cuando un signo tiene una conexión semántica intuitiva y fuerte con un rasgo psicológico (ojos grandes con la vigilancia propia de la paranoia es el ejemplo típico), los clínicos tienden a percibir que ese signo aparece junto a ese rasgo con más frecuencia de la que realmente ocurre en los datos, incluso cuando dos observadores miran exactamente el mismo material.

Un estudio de Smith y Dumont (1995) ilustra el problema en la práctica real: pidieron a 36 psicólogos clínicos y de orientación (el 58% con formación específica en técnicas proyectivas) que interpretaran dibujos de figura humana en voz alta. De los 22 que extrajeron conclusiones clínicas, 20 basaron al menos parte de sus interpretaciones en signos aislados concretos, con afirmaciones como “sus ojos son extraños y exagerados, puede tener problemas con los hombres, cierta sospecha paranoica” a partir de un solo dibujo. Stricker (1967), por su parte, encontró que los clínicos con formación específica en el test acertaban peor identificando psicopatología que estudiantes de posgrado sin esa formación, un resultado que cuestiona directamente el valor añadido de “saber leer” estos signos.

Una revisión más amplia, la de Lilienfeld, Wood y Garb (2000) sobre el estado científico de las técnicas proyectivas en conjunto (Rorschach, TAT y dibujo de figura humana), llegó a una conclusión parecida: la inmensa mayoría de los índices de estas tres pruebas tiene una validez “insignificante o nula”, con muy pocas excepciones puntuales que sí se sostienen con datos, igual que ocurre aquí con solo 2 de 30 signos de Machover.

Lo poco que sí parece sostenerse

No todo es negativo. Existe evidencia de que los enfoques globales (juzgar la calidad general de un dibujo, no signos aislados) pueden alcanzar una validez modesta: la mala calidad general de un dibujo lleva tiempo reconocida como un barómetro aproximado, aunque grosero, de psicopatología (Swenson, 1957). Es una validez mucho más débil y menos específica que la que Machover reclamaba para sus signos individuales, y no es algo que se pueda automatizar de forma responsable en un test de entretenimiento online, por eso nuestro test se limita a los quince indicadores medibles con honestidad, no a un veredicto global sobre “cómo de sana” es tu figura.

Si quieres ver estos quince indicadores aplicados a tu propio dibujo, con la misma evidencia citada aquí junto a cada uno, puedes hacer el test de la figura humana. Y si prefieres un test de dibujo que no haga ninguna afirmación sobre contenido, solo sobre ritmo y uso del espacio, el test de estilo expresivo es la otra mitad de esta categoría.

Fuentes

  • Machover, K. (1949). Personality Projection in the Drawing of the Human Figure. Charles C. Thomas.
  • Swenson, C. (1957). Empirical evaluations of human figure drawings. Psychological Bulletin, 54, 431-466.
  • Kahill, S. (1984). Human figure drawing in adults: An update of the empirical evidence, 1967-1982. Canadian Psychology, 25, 269-292.
  • Chapman, L. J., y Chapman, J. P. (1967). Genesis of popular but erroneous psychodiagnostic observations. Journal of Abnormal Psychology, 72(3), 193-204.
  • Smith, D., y Dumont, F. (1995). A cautionary study: Unwarranted interpretations of the Draw-A-Person test. Professional Psychology: Research and Practice, 26(3), 298-303.
  • Lilienfeld, S. O., Wood, J. M., y Garb, H. N. (2000). The scientific status of projective techniques. Psychological Science in the Public Interest, 1(2), 27-66.
  • Stricker, G. (1967). Actuarial, naive clinical, and sophisticated clinical prediction of pathology from figure drawings. Journal of Consulting Psychology, 31, 492-494.
  • Handler, L., y Reyher, J. (1965). Figure drawing anxiety indexes: A review of the literature. Journal of Projective Techniques and Personality Assessment, 29(3), 305-313.
  • Vass, Z. (1988), citado en el artículo original por su valoración general de la confiabilidad y validez de las pruebas de dibujo proyectivo; no hemos podido verificar de forma independiente su ficha bibliográfica completa.
  • Dudley, H. K., Craig, P., Mason, R., y Hirsch, S. (1976), hallazgo sobre depresión y dibujo de perfil citado en la revisión de Kahill (1984); no hemos verificado de forma independiente el título exacto del estudio original.
  • Cvetkovic, M. (1979), hallazgo sobre esquizofrenia y dibujo de cabezas sin cuerpo citado en la revisión de Kahill (1984); no hemos verificado de forma independiente el título exacto del estudio original.
  • Puedes leer también el artículo de la Wikipedia en español sobre el Test de Dibujo de la Figura Humana para una introducción general al método.

Preguntas frecuentes

¿Quién fue Karen Machover?

Una psicóloga clínica que en 1949 publicó Personality Projection in the Drawing of the Human Figure, uno de los sistemas más influyentes para interpretar dibujos de figura humana como técnica proyectiva de personalidad.

¿Cuántos de sus indicadores tienen apoyo científico real?

Según la revisión de Kahill (1984) sobre 30 índices de Machover publicados entre 1967 y 1982, solo 2 encontraron respaldo empírico consistente: el torso redondeado como indicador de rasgos 'femeninos' y el dibujo en color como indicador de ansiedad.

¿Por qué muchos clínicos siguieron usando estos signos si no funcionan?

Por un fenómeno descrito por Chapman y Chapman (1967) llamado correlación ilusoria: cuando un signo tiene una conexión intuitiva fuerte con un rasgo (ojos grandes con la vigilancia de la paranoia, por ejemplo), los clínicos tienden a 'recordar' que ese signo aparece junto a ese rasgo con más frecuencia de la real, incluso viendo los mismos datos que alguien sin esa expectativa previa.

¿Cuántos indicadores mide hoy el test de figura humana de Personaramic?

Quince: los cinco medibles directamente sobre el lienzo (tamaño, colocación, manos y pies, forma del torso, simetría) más diez que se preguntan o se detectan por la herramienta de dibujo elegida (cabeza, ojos, orejas, cabello, hombros, ropa, sombreado, borrones, grosor del trazo y uso del color). Cada uno se muestra junto a la afirmación original de Machover y a lo que dice la evidencia sobre ella.

¿Qué es exactamente la 'correlación ilusoria'?

Es un sesgo cognitivo descrito por Chapman y Chapman (1967): la tendencia a percibir que dos cosas ocurren juntas con más frecuencia de la real cuando existe entre ellas una conexión intuitiva fuerte (como 'ojos grandes' y 'desconfianza'), incluso cuando los datos reales no muestran esa relación. Explica por qué un clínico puede estar convencido de haber visto un patrón que, puesto a prueba con datos, no existe.

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