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Negocios y decisiones

La queja de hace 3.000 años que explica cómo ve cada generación el fracaso en los negocios

Por Ramón Personaramic6 min de lectura
Ilustración geométrica de bloques apilados en capas horizontales de distinto ancho, como estratos superpuestos

Alrededor del año 1000 a. C., alguien grabó en una tablilla babilónica esta queja: “La juventud de hoy está podrida y es mala, impía y perezosa. Nunca será como la de antes, no podrá preservar nuestra cultura.” Tres mil años después, la misma frase podría aparecer, casi palabra por palabra, en cualquier oficina.

Robert Greene recoge esta inscripción en Las leyes de la naturaleza humana (2018) como evidencia de un patrón que llama la ley de la miopía generacional: cada generación cree juzgar con objetividad a la siguiente, sin notar que está repitiendo una reacción con miles de años de antigüedad.

Una queja que se repite en cada época

Greene es explícito: “Quejas similares se encuentran en todas las culturas y periodos.” No es una particularidad de ninguna generación concreta sentirse incomprendida por la anterior, ni tampoco lo es que la generación establecida vea a la que llega como inmadura, poco preparada o excesivamente sensible.

Su explicación no es que una de las dos partes tenga razón. Es que ambas sufren lo que llama una “ilusión de perspectiva”: cada generación, al llegar a puestos de poder, juzga a la siguiente desde un marco de valores que interiorizó sin darse cuenta, durante su propia juventud, y que da por hecho que es simplemente “cómo son las cosas”.

Lo que de verdad forma una generación

Según Greene, el periodo decisivo para formar esta perspectiva ocurre entre los diez y los dieciocho años, cuando una persona toma conciencia del mundo por primera vez y adopta sus valores centrales, casi siempre sin poder analizar ese proceso mientras ocurre.

Lo que determina el carácter de una generación no es el calendario, sino los grandes acontecimientos que coinciden con esa ventana de edad:

  • Quienes llegaron a la mayoría de edad en los años treinta atravesaron la Gran Depresión y el inicio de la Segunda Guerra Mundial.
  • Los baby boomers crecieron con la guerra de Vietnam y los escándalos políticos de Watergate.
  • La generación X fue niña durante la revolución sexual y adolescente cuando se normalizó que ambos padres trabajaran fuera de casa.
  • Los millennials enfrentaron el 11 de septiembre de 2001 y la crisis financiera de 2008.

Un periodo marcado por una gran crisis, señala Greene, tiende a producir generaciones que valoran la seguridad, el grupo y la cautela. Un periodo de estabilidad tiende a producir generaciones más inclinadas a la experimentación, el riesgo e incluso la temeridad.

Por qué juzgamos mal a la generación siguiente

Cuando una generación llega a su veintena y treintena, empieza a chocar con la que ya ocupa el poder. Se le suele considerar “inmadura, poco sofisticada, endeble, indisciplinada, mimada, poco ilustrada”. Décadas después, esa misma generación, ya instalada en el poder, tiende a describir a la siguiente exactamente en esos mismos términos.

Greene distingue tres tipos de respuesta ante el espíritu de una época: quienes lo lideran de forma visible y rompen abiertamente con el pasado, un grupo mucho más numeroso que simplemente sigue la tendencia sin resistirse, y los rebeldes, que se definen por ir a contracorriente, aunque, según su análisis, siguen tan marcados por su generación como cualquiera, solo que a la inversa.

Hay un componente adicional en ese juicio severo hacia la generación más joven, señala Greene: junto a la sensación genuina de que el mundo se deteriora, suele haber también una envidia no reconocida hacia la juventud ajena y un duelo silencioso por la propia, dos emociones que rara vez se nombran en voz alta cuando alguien se queja de “cómo son ahora los jóvenes”.

Un joven de quince años observa cómo se hace un rey

Greene ilustra este choque generacional con un episodio muy concreto: la coronación de Luis XVI, en Reims, en junio de 1775.

Entre la multitud reunida frente a la catedral estaba Georges-Jacques Danton, un estudiante de quince años que había escapado de su internado para presenciar el ritual, atraído por la aventura más que por la política. Danton perteneció a la generación que, años después, encabezaría la Revolución francesa.

El propio Luis XVI, apenas un poco mayor que Danton, representaba justo lo contrario: un joven tímido que buscaba seguridad reproduciendo con exactitud un ritual monárquico de siglos de antigüedad, mientras una nueva generación, a las puertas de la catedral, empezaba a mirar ese mismo ritual como una reliquia sin sentido. Ambos habían nacido casi al mismo tiempo, pero pertenecían, en la práctica, a dos generaciones distintas.

Lo que esto significa para el fracaso en un negocio

Uno de los efectos más concretos que el libro atribuye a este condicionamiento generacional es la forma en que cada grupo interpreta el fracaso profesional o empresarial.

Greene plantea preguntas directas para identificar este patrón en la propia generación: ¿el fracaso en un negocio o una carrera se vive como una vergüenza que debe ocultarse, o se acepta como parte natural, incluso valiosa, del propio proceso de emprender? ¿Entrar al mundo laboral se sintió como una presión para generar ingresos de inmediato, o como un momento legítimo para explorar y asumir riesgos antes de asentarse más adelante?

Las respuestas, sostiene, no son universales ni derivadas del carácter individual. Están condicionadas por los grandes acontecimientos económicos que marcaron los años formativos de cada generación, del mismo modo en que la Gran Depresión moldeó una relación con el dinero muy distinta a la que produjo, décadas después, un periodo de auge tecnológico.

El estilo de crianza también se hereda por generación

El libro añade otra capa a este análisis: el estilo de crianza dominante en una época (permisivo, controlador, negligente o empático) también deja huella generacional.

Como ejemplo, Greene menciona el estilo célebremente permisivo de quienes tuvieron hijos en la década de 1890, que contribuyó a formar la actitud desenfrenada y despreocupada asociada después a la “generación perdida” de entreguerras.

Ver más allá de la propia época

El punto final de Greene no es resignarse a estar determinado por el momento histórico en que se nació, sino reconocer el mecanismo con la suficiente claridad para dejar de operar solo desde él. Entender que la propia generación heredó valores concretos, formados por sucesos concretos, permite distinguir cuáles de esas ideas siguen siendo útiles y cuáles simplemente se dieron por sentadas sin examen.

Greene cierra esta reflexión ampliando el marco temporal en ambas direcciones. Hacia el pasado, recuerda que cualquier generación es heredera de todos los cambios acumulados en el pensamiento humano hasta ese momento, incluidos los de generaciones que ya no recuerda haber conocido. Hacia el futuro, menciona a figuras como Leonardo da Vinci, que dedicó buena parte de su pensamiento a imaginar avances y valores que aún no existían en su época, o la filósofa Mary Wollstonecraft, cuyas ideas sobre la igualdad de derechos tardaron generaciones enteras en volverse influyentes.

La distancia entre esos dos ejemplos y la tablilla babilónica es de varios miles de años. La estructura de fondo, según Greene, es la misma en ambos extremos: cada generación se cree el punto final de la historia, cuando en realidad es solo un eslabón más de una cadena mucho más larga.

Fuentes

  • Greene, R. (2018). Las leyes de la naturaleza humana (E. Mercado, trad.). Editorial Océano de México.

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Preguntas frecuentes

¿Qué es la 'ley de la miopía generacional' según Robert Greene?

Es la idea, descrita en Las leyes de la naturaleza humana, de que cada generación interioriza como propios los valores y el modo de pensar de los años en que se formó (aproximadamente entre los diez y los dieciocho años), y tiende a considerar objetiva una perspectiva que en realidad está condicionada por su momento histórico.

¿Qué inscripción antigua cita Greene sobre las quejas entre generaciones?

Una tablilla babilónica de alrededor del año 1000 a. C. que dice: 'La juventud de hoy está podrida y es mala, impía y perezosa. Nunca será como la de antes, no podrá preservar nuestra cultura'. Greene señala que quejas equivalentes aparecen en prácticamente todas las culturas y periodos históricos.

¿Qué eventos formativos identifica el libro en distintas generaciones?

Entre otros: la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial para quienes llegaron a la mayoría de edad en los años treinta, la guerra de Vietnam y Watergate para los baby boomers, la revolución sexual y la normalización de los hogares con dos ingresos para la generación X, y el 11 de septiembre junto con la crisis financiera de 2008 para los millennials.

¿Cómo afecta la generación a la forma de ver el fracaso de un negocio?

Según el marco que propone Greene, una generación formada en torno a una gran crisis tiende a ver el fracaso empresarial como motivo de vergüenza, mientras que una generación formada en un periodo de estabilidad o expansión tiende a considerarlo una parte normal, incluso valiosa, del propio proceso de emprender.

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