Phubbing: por qué ignorar a alguien por el celular pesa más de lo que creemos
Estar siempre conectado y, a la vez, a distancia de quien tenemos al lado: esa es la paradoja que la palabra “phubbing” nombra hoy. Zygmunt Bauman la describió en Amor líquido (2003), casi una década antes de que ese término existiera, con los teléfonos móviles de entonces y mucho antes del smartphone.
Bauman arranca con un detalle de vestuario: la ropa deportiva ya trae un bolsillo pensado para el móvil, y salir a correr con ese bolsillo vacío sería, en sus palabras, “como salir descalzo”. No es una exageración retórica, sino la descripción de un hábito real: nadie sale de casa sin el teléfono.
“Ninguna parte” ha pasado a significar, literalmente, un lugar sin cobertura o con la batería agotada.
Conectado por dentro, aislado por fuera
Bauman resume la paradoja en una frase:
uno siempre está adentro, pero jamás encerrado.
El móvil (el celular, en buena parte de América) garantiza una conexión permanente con una red de contactos disponibles en cualquier momento. El precio de esa disponibilidad total es la atención repartida: quien mira la pantalla presta menos atención a quien tiene delante. El mecanismo se puede desglosar en tres piezas:
- La disponibilidad se volvió total. Antes, estar disponible para alguien tenía un límite físico: solo se podía atender a quien estaba presente. Hoy se extiende, en teoría, a cualquiera de la lista de contactos, en cualquier momento.
- La atención, en cambio, sigue siendo limitada. Cada mensaje leído resta, aunque sea un segundo, atención a lo que ocurre delante de los ojos.
- El resultado es una redistribución, no una suma. Más disponibilidad para la red significa menos atención para quien está físicamente presente, porque el total no creció al mismo ritmo que las exigencias sobre él.
El enjambre, no la comunidad
Bauman usa una imagen concreta para describir el tipo de agrupación que produce esta conectividad constante: el enjambre. No un grupo con un líder, una bandera o un propósito compartido, sino “un agregado de personas autoimpulsadas” que se mueven en la misma dirección sin necesidad de coordinarse. Cada unidad marcha al mismo paso que las demás, pero nunca de forma conjunta.
El matiz importa: el móvil no creó el enjambre. Le dio una herramienta perfecta para seguir siendo exactamente eso.
El pasajero de primera y el adolescente de segunda
Bauman observa algo revelador en un tren cualquiera. En primera clase, hombres de negocios hablan sin parar por teléfono, ocupados en parecer eficientes: conectarse con el mayor número posible de personas es, en sí mismo, una forma de estatus. En segunda clase, adolescentes y jóvenes informan a sus casas de por qué estación acaban de pasar y hacia cuál se dirigen.
Son dos escenas distintas con un mismo comportamiento de fondo: usar el teléfono no tanto para resolver algo urgente como para sostener la sensación de estar disponible.
Una cena cualquiera
Pensemos en una escena habitual, no un caso real sino una ilustración del patrón. Dos personas cenan juntas. El teléfono de una de ellas vibra: no es nada urgente, solo una notificación de un grupo de mensajes. Aun así, lo revisa, responde con dos palabras y vuelve a la conversación treinta segundos después.
Ninguna de las dos diría que “no estuvieron juntas” durante esa cena. Pero esos treinta segundos, repetidos varias veces por hora, se acumulan en una sensación difusa, difícil de nombrar en el momento, de que la otra persona no tenía toda la atención disponible, aunque estuviera sentada justo enfrente.
La ventaja que tiene un mensaje sin responder
Bauman describe la lista de contactos como “tierra firme entre arenas movedizas”. Un mensaje sin responder no genera la misma ansiedad que antes, porque siempre hay otro número al que escribir: la suma total de esas conexiones nunca se agota.
La persona que tenemos delante no funciona así. No es una entrada más en una lista intercambiable, sino la única versión de sí misma disponible en esa mesa, en ese momento. Frente a una oferta que parece no tener fin, compite en desventaja, no porque importe menos, sino porque es una sola.
El jardinero de Peter Sellers y el mando a distancia
Bauman recurre a Being There (Hal Ashby, 1979) para ilustrar hasta dónde llega esta lógica. En la película, el jardinero que interpreta Peter Sellers, que ha pasado la vida delante del televisor, intenta “cambiar de canal” con el mando a distancia cuando un grupo lo increpa en la calle. En 1979 era un chiste absurdo. La observación de Bauman es que hoy apartar a alguien del cuadro de atención resulta casi así de fácil: basta con mirar el teléfono.
Bauman cita al sociólogo británico John Urry, para quien las relaciones de copresencia implican siempre cercanía y lejanía, y da un paso más: la proximidad física y la cercanía espiritual, que durante siglos dependieron una de la otra, se han separado. Estar al lado de alguien ya no garantiza estar cerca; estar lejos ya no impide sentirse próximo a otra persona a través de la pantalla.
Lo que la investigación ha medido desde entonces
Bauman escribía como sociólogo, a partir de la observación. Desde que existe la palabra, la psicología ha intentado medir el fenómeno, con resultados que en parte confirman su intuición y en parte la matizan.
- Por qué se extiende. En una encuesta a 251 personas de 18 a 66 años, Varoth Chotpitayasunondh y Karen Douglas (2016) relacionaron el phubbing con la adicción al móvil, a su vez asociada a la adicción a internet, el miedo a perderse algo y el bajo autocontrol. Quien más lo sufría tendía a verlo como algo normal: el phubbing se contagia como norma social. Sobre el miedo a perderse algo hay un artículo propio sobre el FOMO.
- Por qué molesta. En un experimento posterior, los mismos autores (Chotpitayasunondh y Douglas, 2018) mostraron a los participantes una animación de una conversación en la que el interlocutor los ignoraba por el móvil mucho, un poco o nada. Cuanto más phubbing, peor valoraban la conversación y menos satisfactoria la relación, y la vía principal era una amenaza a la sensación de pertenencia. Es el mismo mecanismo, en pequeño, que describe la investigación sobre el ostracismo.
- En la pareja. James Roberts y Meredith David (2016) crearon una escala de 9 ítems de “phubbing de pareja”. En una muestra de 145 adultos, más phubbing se asociaba a más conflictos por el uso del móvil, y esos conflictos, a menor satisfacción con la relación. Las personas con apego ansioso informaban de más conflictos por esa causa.
Un hallazgo muy citado pide prudencia. Andrew Przybylski y Netta Weinstein (2013) encontraron que la mera presencia de un móvil sobre la mesa, sin usarlo, empeoraba la calidad de la conversación entre desconocidos. Claire Linares y Anne-Laure Sellier (2021) repitieron el procedimiento con 356 participantes y no reprodujeron el efecto. Lo que la investigación respalda con más solidez es el uso del teléfono durante la conversación, no su simple presencia.
Escrito antes del smartphone
Merece la pena situar el momento en que Bauman escribió esto. En 2003 no había redes sociales tal como las conocemos ni aplicaciones de mensajería con confirmación de lectura. Aun así, identificó una pieza central del fenómeno: la disponibilidad permanente hacia la red compensa, para quien la sostiene, la falta de vínculos más sólidos y duraderos.
Lo que llegó después, de las redes sociales a las notificaciones, no inventó ese mecanismo. Lo hizo más veloz y más constante.
La tensión no está en el dispositivo
Nada de lo que describe Bauman equivale a decir que mirar el teléfono en presencia de otra persona sea, en sí mismo, un gesto de desprecio. La paradoja que señala es más sutil: cuanto más fácil resulta mantenerse conectado con decenas de personas a la vez, más fácil resulta también dejar de estar plenamente presente con la que está físicamente cerca.
El teléfono no inventó esa tensión, solo la hizo más visible y más frecuente. La forma en que cada persona la gestiona (qué prioriza, en qué momento, con quién) tiene mucho que ver con cómo entiende y practica la comunicación asertiva: la que nombra con claridad lo que se necesita del otro, incluida su atención completa.
Si no tienes claro cuál es tu forma habitual de comunicarte, el test de estilo de comunicación ayuda a ponerle nombre.
Fuentes
- Bauman, Z. (2003). Liquid Love: On the Frailty of Human Bonds. Polity Press.
- Urry, J. (2002). Mobility and proximity. Sociology, 36(2), 255-274. doi:10.1177/0038038502036002002
- Chotpitayasunondh, V., y Douglas, K. M. (2016). How “phubbing” becomes the norm: The antecedents and consequences of snubbing via smartphone. Computers in Human Behavior, 63, 9-18. doi:10.1016/j.chb.2016.05.018
- Chotpitayasunondh, V., y Douglas, K. M. (2018). The effects of “phubbing” on social interaction. Journal of Applied Social Psychology, 48(6), 304-316. doi:10.1111/jasp.12506
- Roberts, J. A., y David, M. E. (2016). My life has become a major distraction from my cell phone: Partner phubbing and relationship satisfaction among romantic partners. Computers in Human Behavior, 54, 134-141. doi:10.1016/j.chb.2015.07.058
- Przybylski, A. K., y Weinstein, N. (2013). Can you connect with me now? How the presence of mobile communication technology influences face-to-face conversation quality. Journal of Social and Personal Relationships, 30(3), 237-246. doi:10.1177/0265407512453827
- Linares, C., y Sellier, A.-L. (2021). How bad is the mere presence of a phone? A replication of Przybylski and Weinstein (2013) and an extension to creativity. PLOS ONE, 16(6), e0251451. doi:10.1371/journal.pone.0251451
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Preguntas frecuentes
¿Qué es el phubbing?
Un término (fusión de 'phone' y 'snubbing', desairar) que describe ignorar a la persona presente para atender al teléfono. Se acuñó en mayo de 2012 en una campaña de la agencia McCann para el diccionario australiano Macquarie. La palabra es reciente, pero Bauman describió la misma dinámica en 2003, sin usar ese nombre.
¿Bauman llegó a usar la palabra 'phubbing'?
No, el término se acuñó casi una década después de la publicación de 'Amor líquido'. Lo que Bauman describe es el fenómeno de fondo: la 'proximidad virtual' con quien está lejos, sostenida a costa de la distancia con quien está cerca.
¿El celular es el culpable de que las relaciones se debiliten?
Bauman no lo presenta así de forma simple. Lo describe como un instrumento que amplifica una tendencia ya existente hacia vínculos más flexibles y revocables, no como la causa original. La investigación posterior también matiza: los efectos dependen de cómo y cuánto se use el móvil, y algunos hallazgos llamativos no se han replicado.
¿Existe alguna forma de medir el efecto del phubbing en una relación?
Sí. Roberts y David (2016) crearon una escala de 9 ítems para medir el phubbing de pareja y, en una muestra de 145 adultos, lo relacionaron con menor satisfacción en la relación a través de los conflictos por el uso del móvil. Son datos correlacionales: muestran una asociación, no una relación de causa y efecto única.
¿Por qué molesta tanto que alguien mire el móvil mientras hablamos?
En un experimento de Chotpitayasunondh y Douglas (2018), ser ignorado por el teléfono redujo la calidad percibida de la conversación y la satisfacción con la relación, sobre todo porque amenazaba la sensación de pertenencia. Es una versión pequeña de la exclusión social.