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Relaciones y vida social

La parábola de Jonás: por qué Erich Fromm decía que amar es un trabajo, no un sentimiento

Por Rafa Personaramic5 min de lectura
Ilustración minimalista de una planta creciendo junto a una ballena geométrica

Para Erich Fromm, amar no es sentir algo por alguien: es ocuparte, de forma activa y sostenida, de que esa persona, esa idea o esa causa crezca.

El psicoanalista alemán dedicó buena parte de El arte de amar (1956) a desmontar la idea de que amar es algo que simplemente “sucede”. Para explicar uno de los cuatro elementos que, según él, sostienen cualquier forma de amor (el cuidado), eligió un relato bíblico poco habitual en teoría psicológica: la historia de Jonás.

Jonás, el hombre que huía de amar

Dios le pide a Jonás que vaya a Nínive a advertir a sus habitantes de que serán castigados si no cambian de conducta. Jonás huye en dirección contraria. No por miedo al fracaso, sino por lo opuesto: teme que la misión funcione, que la gente de Nínive se arrepienta y Dios los perdone.

Termina en el vientre de una ballena, un símbolo, según la lectura de Fromm, del aislamiento al que lo condena su propia falta de amor. Cuando por fin llega a Nínive y predica, ocurre justo lo que temía: la ciudad se arrepiente y Dios la perdona. Jonás se enfada. Quería justicia, no misericordia.

Se sienta a la sombra de una planta que Dios ha hecho crecer para protegerlo del sol (la calabacera). Cuando la planta se seca, Jonás se hunde en la queja. Y ahí llega la respuesta que Fromm cita como clave de todo el relato: Dios le dice que si a él le importa una planta que no plantó ni cuidó, con más razón debería importarle una ciudad de más de ciento veinte mil personas.

La lectura de Fromm: a Jonás no le faltaba fe, le faltaba amor

Fromm describe a Jonás como un hombre con un fuerte sentido del orden y la ley, pero sin amor. Sabe lo que está bien y lo que está mal. Lo que no sabe hacer es ocuparse de que algo o alguien crezca, incluso cuando ese crecimiento no le beneficia ni le da la razón.

De esa lectura extrae una de sus frases más citadas sobre el amor:

Se ama aquello por lo que se trabaja, y se trabaja por lo que se ama.

No es una frase decorativa. Es, para Fromm, una definición de trabajo: el amor y el esfuerzo sostenido no son dos cosas distintas que a veces coinciden, son la misma cosa vista desde dos ángulos.

El cuidado, primer ingrediente del amor según Fromm

Fromm ilustra la idea con un ejemplo doméstico, casi provocador en su sencillez:

  • Si una mujer dice que ama las flores, pero se olvida de regarlas, no creemos en su amor a las flores, por mucho que lo repita.
  • Si alguien dice que ama a los animales, pero no se ocupa de su bienestar, ocurre exactamente lo mismo.
  • Ninguna declaración de amor de una madre resultaría creíble si, al mismo tiempo, descuidara sistemáticamente al niño.
  • El cuidado, escribe Fromm, es “la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos”. Cuando esa preocupación activa falta, no hay amor, por intensa que sea la emoción que se sienta.

La palabra clave es activa. Fromm distingue entre el amor como afecto pasivo (algo que te ocurre, como sentir frío) y el amor como actividad (algo que haces, como aprender un idioma). Jonás siente muchas cosas a lo largo del relato (miedo, rabia, autocompasión), pero en ningún momento actúa desde el cuidado.

Responsabilidad: la otra cara del cuidado

Muy unido al cuidado está lo que Fromm llama responsabilidad, entendida en su sentido más literal: la capacidad de “responder” a las necesidades de otro, expresadas o no.

Fromm compara a Jonás con otra figura bíblica, Caín, que pregunta: “¿Soy yo el guardián de mi hermano?”. Esa pregunta, señala Fromm, ya contiene la respuesta: quien ama no necesita preguntarlo, porque siente la vida del otro como asunto propio, no como una carga externa e impuesta.

Por qué esta distinción sigue siendo útil hoy

La idea de Fromm ayuda a distinguir dos cosas que a menudo se confunden en una relación, sea de pareja, de amistad o de familia:

  • Sentir cariño intenso por alguien en un momento dado.
  • Sostener ese cuidado de forma constante, también cuando no hay recompensa emocional inmediata a cambio.

La investigación sobre amistad y apoyo emocional, mencionada también en el perfil del amigo confidente, coincide en un punto parecido: lo que se recuerda de un vínculo cercano no suele ser la intensidad de un momento puntual, sino la constancia de la atención sostenida en el tiempo. Fromm llegó a una conclusión similar por otro camino, el de un relato de más de dos mil años, mucho antes de que existiera esa investigación.

Una idea, no una receta

Fromm es explícito en que su libro no ofrece recetas de “cómo amar mejor” en cinco pasos. Lo que propone es un cambio de mirada: dejar de preguntarse a quién amo lo suficiente y empezar a preguntarse de qué me estoy ocupando activamente ahora mismo. Es una distinción incómoda, porque traslada el foco de la emoción (algo que no siempre se controla) a la acción (algo que sí depende, al menos en parte, de uno mismo).

La historia de Jonás no aparece en El arte de amar como una curiosidad religiosa. Aparece porque, según Fromm, resume mejor que cualquier definición técnica la diferencia entre sentir algo por alguien y comprometerse con que ese algo, o ese alguien, crezca.

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Preguntas frecuentes

¿Fromm era teólogo?

No. Erich Fromm (1900-1980) era psicoanalista y filósofo social, formado en la tradición freudiana y en el pensamiento humanista. En El arte de amar (1956) recurre a menudo a relatos bíblicos como material simbólico, no como doctrina religiosa.

¿Qué significa exactamente 'cuidado' en la teoría de Fromm sobre el amor?

Fromm lo describe como la preocupación activa por la vida y el crecimiento de aquello que se ama, distinta de sentir afecto o decir que se ama algo sin ocuparse de ello.

¿El cuidado es el único ingrediente del amor según Fromm?

No. Fromm describe cuatro elementos interdependientes: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento. El cuidado es el que ilustra con la historia de Jonás, pero los cuatro se necesitan mutuamente.

¿Esta idea se aplica solo al amor de pareja?

Según la propia formulación de Fromm, no: la describe como un elemento común a todas las formas de amor, desde el amor a otra persona hasta el amor a un proyecto, una idea o una comunidad.

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