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Estilo de aprendizaje

¿Por qué el estrés bloquea la memoria?

Por la redacción de Personaramic7 min de lectura
Ilustración minimalista de una línea ondulada que se vuelve irregular y se comprime, representando el efecto del estrés en la memoria

Cualquiera que se haya quedado en blanco en un examen importante, o le haya costado recordar algo obvio en mitad de una discusión tensa, ha experimentado en primera persona lo que la neurociencia describe con detalle: el estrés es un factor biológico que altera cómo funciona la memoria, y lo hace de forma distinta según cuándo llega y cuánto dura.

Un poco de estrés ayuda, pero no cualquier cantidad

No toda cantidad de estrés perjudica el aprendizaje. Un nivel moderado produce cambios en ciertos sistemas neuroquímicos (catecolaminas, opioides, glucocorticoides) que en algunos casos pueden incluso facilitar el aprendizaje.

La idea suele resumirse con la ley de Yerkes-Dodson, aunque su origen es más modesto de lo que se cree. En 1908, Robert Yerkes y John Dodson entrenaron ratones para elegir entre dos compartimentos, con una descarga eléctrica de intensidad variable cuando se equivocaban. En la tarea fácil, más intensidad aceleraba el aprendizaje; en la difícil, una intensidad intermedia funcionaba mejor. La “U invertida” que se dibuja hoy es una generalización posterior de esos datos, y David Diamond y colaboradores (2007) la describen como un principio muy citado pero a menudo mal entendido.

El momento también cuenta. El metaanálisis de Grant Shields y colaboradores (2017) encontró que el estrés que llega justo antes o durante la recuperación empeora el recuerdo, mientras que el que llega poco después de aprender tiende a reforzarlo.

El problema aparece cuando el estrés aumenta en intensidad o se prolonga en el tiempo.

A partir de cierto punto, los estudios, sobre todo en animales, observan cambios transitorios y también duraderos en el hipocampo, la región cerebral clave para el aprendizaje y la memoria: alteraciones en la plasticidad sináptica, cambios morfológicos, supresión de la formación de neuronas nuevas e incluso daño neuronal.

Quedarse en blanco: el estrés y la recuperación

El fenómeno de quedarse en blanco tiene un experimento de referencia. Dominique de Quervain, Benno Roozendaal y James McGaugh (1998) entrenaron ratas para encontrar una plataforma sumergida en una piscina. Un día después, una descarga eléctrica 30 minutos antes de la prueba empeoraba su recuerdo del camino; la misma descarga 2 minutos o 4 horas antes, no.

El efecto coincidía con el pico de corticosterona, la hormona del estrés de las ratas, y desaparecía si se bloqueaba su síntesis. Lo que el estrés alteraba no era lo aprendido, sino el acceso a ello en ese momento.

Dos años después, el mismo grupo lo comprobó en personas (de Quervain y colaboradores, 2000): una dosis de cortisona antes de la prueba empeoró el recuerdo de una lista de palabras aprendida el día anterior.

El papel de la amígdala

A nivel central, el sistema límbico es el que procesa las emociones, y dentro de él la amígdala ocupa un lugar especialmente relevante en el aprendizaje emocional.

La amígdala está conectada, tanto de forma directa como indirecta, con varias regiones del hipocampo, lo que le da varias vías por las que puede influir en su funcionamiento.

De hecho, para que se manifiesten plenamente los efectos negativos del estrés sobre el hipocampo hace falta que la amígdala también esté activada: no es el hipocampo actuando solo, es la interacción entre ambas estructuras la que explica el bloqueo.

A ese circuito se suma la corteza prefrontal, la región que sostiene la atención y el razonamiento deliberado. Según la revisión de Amy Arnsten (2009), incluso un estrés agudo leve, si se vive como incontrolable, puede reducir de forma rápida y marcada sus funciones, y el estrés prolongado llega a modificar la estructura de sus neuronas.

Es una explicación plausible de por qué la ansiedad ante un examen, más allá de ser incómoda, puede reducir la capacidad de atención y de recuperación de lo que se ha estudiado.

Por qué, aun así, recordamos mejor lo emocional

Hay una paradoja aparente en todo esto: si el estrés puede dañar la memoria, ¿por qué solemos recordar con tanta claridad los momentos de nuestra vida cargados de emoción?

La respuesta está en que el contenido emocional de una experiencia potencia la formación de una memoria duradera sobre ella, tanto si la emoción es positiva como si es negativa, aunque las memorias ligadas a emociones negativas o traumáticas tienden a ser particularmente resistentes a desaparecer.

No es una contradicción: una cosa es que una emoción puntual e intensa refuerce el recuerdo de ese momento concreto, y otra muy distinta que el estrés sostenido en el tiempo deteriore la capacidad general del hipocampo para seguir aprendiendo cosas nuevas.

En la práctica, esto conecta con algo que ya sabe cualquiera que haya intentado estudiar en un mal momento: aprender bien exige un entorno razonablemente seguro, no libre de toda presión, pero sí libre de un estrés sostenido que acabe dañando la propia estructura que hace posible aprender.

Aprender a regular esa activación (lo que en otros artículos del sitio se describe como autorregulación emocional) no es solo una cuestión de bienestar: también puede influir en la capacidad de retener información.

Por qué el cerebro está diseñado así, no es un fallo

Visto de forma aislada, que el estrés interfiera con la memoria puede parecer un defecto de diseño. Pero tiene una lógica adaptativa clara: ante la enorme cantidad de información disponible en cualquier entorno, el cerebro necesita algún criterio para decidir qué merece la pena memorizar y qué no.

La reacción emocional ante un evento es, precisamente, una de las señales que usa para tomar esa decisión, priorizando lo que parece relevante para la supervivencia o el bienestar futuro sobre lo que no despierta ninguna reacción.

El problema no es que el sistema exista, es que ese mismo mecanismo, pensado para amenazas puntuales, no distingue bien entre un peligro real y puntual y un estrés que se mantiene activado semana tras semana sin llegar a resolverse nunca del todo.

La diferencia entre un examen y un examen constante

Esta distinción explica por qué la misma persona puede rendir bien bajo la presión puntual de un examen concreto y, al mismo tiempo, rendir peor en una etapa de exámenes encadenados sin descanso, o durante un periodo largo de ansiedad no resuelta.

No es una cuestión de fuerza de voluntad ni de “aguantar mejor”: son dos regímenes fisiológicos distintos, y solo el segundo, el estrés sostenido, es el que llega a alterar de forma medible la estructura del hipocampo.

Distinguir entre presión puntual (que puede incluso ayudar) y presión sostenida (que perjudica) es la idea central que deja esta investigación. Este artículo tiene fines informativos; si el estrés o la ansiedad interfieren de forma persistente en el estudio o en la vida diaria, lo indicado es consultarlo con un profesional sanitario o de la psicología.

Conocer además tu propio estilo de aprendizaje puede ayudar a reflexionar sobre cómo prefieres estudiar, aunque la evidencia sobre los estilos de aprendizaje es limitada y debatida.

Fuentes

  • Arnsten, A. F. T. (2009). Stress signalling pathways that impair prefrontal cortex structure and function. Nature Reviews Neuroscience, 10(6), 410-422. https://doi.org/10.1038/nrn2648
  • de Quervain, D. J.-F., Roozendaal, B. y McGaugh, J. L. (1998). Stress and glucocorticoids impair retrieval of long-term spatial memory. Nature, 394(6695), 787-790. https://doi.org/10.1038/29542
  • de Quervain, D. J.-F., Roozendaal, B., Nitsch, R. M., McGaugh, J. L. y Hock, C. (2000). Acute cortisone administration impairs retrieval of long-term declarative memory in humans. Nature Neuroscience, 3(4), 313-314. https://doi.org/10.1038/73873
  • Diamond, D. M., Campbell, A. M., Park, C. R., Halonen, J. y Zoladz, P. R. (2007). The temporal dynamics model of emotional memory processing: A synthesis on the neurobiological basis of stress-induced amnesia, flashbulb and traumatic memories, and the Yerkes-Dodson law. Neural Plasticity, 2007, 60803. https://doi.org/10.1155/2007/60803
  • Kim, J. J. y Diamond, D. M. (2002). The stressed hippocampus, synaptic plasticity and lost memories. Nature Reviews Neuroscience, 3(6), 453-462.
  • LaBar, K. S. y Cabeza, R. (2006). Cognitive neuroscience of emotional memory. Nature Reviews Neuroscience, 7(1), 54-64.
  • McEwen, B. S. (1999). Stress and hippocampal plasticity. Annual Review of Neuroscience, 22, 105-122.
  • Phelps, E. A. (2004). Human emotion and memory: Interactions of the amygdala and hippocampal complex. Current Opinion in Neurobiology, 14(2), 198-202.
  • Shields, G. S., Sazma, M. A., McCullough, A. M. y Yonelinas, A. P. (2017). The effects of acute stress on episodic memory: A meta-analysis and integrative review. Psychological Bulletin, 143(6), 636-675. https://doi.org/10.1037/bul0000100
  • Yerkes, R. M. y Dodson, J. D. (1908). The relation of strength of stimulus to rapidity of habit-formation. Journal of Comparative Neurology and Psychology, 18(5), 459-482. https://doi.org/10.1002/cne.920180503

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Preguntas frecuentes

¿Todo el estrés es malo para la memoria?

No. Un nivel moderado de estrés produce cambios en sistemas neuroquímicos (catecolaminas, opioides, glucocorticoides) que en algunos casos pueden incluso facilitar el aprendizaje. Depende mucho del momento: según el metaanálisis de Shields y colaboradores (2017), el estrés justo antes de un examen suele empeorar la recuperación de lo estudiado, mientras que el que llega poco después de aprender puede reforzar el recuerdo.

¿Qué le ocurre al hipocampo con el estrés sostenido?

Se observan cambios transitorios y también permanentes: modificaciones en la plasticidad sináptica, cambios morfológicos, supresión de la neurogénesis adulta e incluso daño neuronal, según la magnitud y la duración del estrés.

¿Qué papel tiene la amígdala en todo esto?

La amígdala, estructura clave en el procesamiento emocional, está conectada directa e indirectamente con varias regiones del hipocampo. Su activación es necesaria para que se produzcan plenamente los efectos negativos del estrés sobre el funcionamiento del hipocampo.

¿Qué es la ley de Yerkes-Dodson?

Es el principio, derivado de un experimento de 1908 con ratones, según el cual el rendimiento mejora con la activación hasta un punto y después empeora, sobre todo en tareas difíciles. La famosa 'U invertida' es una lectura posterior y simplificada de aquellos datos; Diamond y colaboradores (2007) la describen como un principio muy citado pero a menudo mal entendido.

¿Por qué recordamos mejor los momentos con carga emocional?

Porque el contenido emocional de un evento potencia la formación de una memoria duradera sobre él. Tanto las emociones positivas como las negativas facilitan memorias más persistentes, aunque las ligadas a emociones negativas o traumáticas tienden a ser especialmente resistentes.

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