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Autoconocimiento y bienestar

¿Por qué la ciencia descubrió que los narcisistas no se odian a sí mismos por dentro?

Por Rafa Personaramic6 min de lectura
Ilustración minimalista de un espejo de mano formado por puntos de trama

Durante años, la explicación de sentido común sobre el narcisismo fue que, en el fondo, todo narcisista se odia a sí mismo. La investigación que revisa Kristin Neff en Sé amable contigo mismo apunta justo en la dirección contraria.

Neff, psicóloga de la Universidad de Texas en Austin, dedica varias páginas de su libro (2011) a un giro incómodo en la investigación sobre la autoestima: los datos disponibles no solo cuestionan si conviene perseguir una autoestima alta a toda costa, sino que además desmontan una de las explicaciones más repetidas sobre por qué existe el narcisismo.

El instrumento que puso a prueba el mito

Para comprobar si el narcisista “en realidad” se odia a sí mismo por dentro, hacía falta medir algo que la persona no pudiera simplemente declarar de palabra. Ahí entra el Test de Asociación Implícita (TAI): una prueba por ordenador que mide la rapidez con la que alguien asocia la etiqueta “yo” con palabras positivas (“maravilloso”) frente a palabras negativas (“horrible”).

  • Una asociación rápida entre “yo” y lo positivo (y lenta entre “yo” y lo negativo) indica una autoestima implícita alta.
  • El patrón contrario indica una autoestima implícita baja.
  • Según recoge Neff, las personas con puntuaciones altas en el inventario de personalidad narcisista (una escala con afirmaciones como “creo que soy una persona especial” o “me gusta mirarme en los espejos”) puntúan alto tanto de forma explícita como implícita.
  • No aparece, en estos datos, el patrón que predeciría la hipótesis de la “inseguridad oculta”: una fachada positiva por fuera y un rechazo automático hacia uno mismo por dentro.

Por qué el mito seguía siendo tan atractivo

El libro cita un ejemplo concreto de cómo circulaba esta idea en la conversación pública: un comentarista de televisión, hablando sobre jóvenes celebridades, afirmó que por dentro “una vocecita interior” les repetiría que no son lo bastante buenas. Neff señala una declaración real de Paris Hilton al Sunday Times en 2006 (“no hay nadie en el mundo como yo… ahora mismo, ese icono soy yo”) como ejemplo del tipo de discurso que se suele leer como fachada, y contrasta esa lectura con lo que muestran los propios datos del TAI.

El experimento que sí revela algo real: qué pasa cuando el ego se siente amenazado

Si la autoestima alta del narcisista no es una tapadera, ¿de dónde viene entonces su reacción tan intensa ante la crítica? Neff recoge un experimento clásico (Bushman y Baumeister, 1998) diseñado exactamente para responder a esto.

  1. Se pidió a los participantes escribir una redacción, que supuestamente sería leída y evaluada por un compañero en otra sala (que en realidad no existía).
  2. La “evaluación” recibida era, al azar, o bien un elogio (“ninguna sugerencia, perfecto”) o bien un insulto (“una de las peores redacciones que he leído en mi vida”).
  3. Después, en una tarea aparte, se dijo a los participantes que debían fijar el volumen y la duración de un ruido molesto dirigido a ese mismo “compañero”, presentado como parte de un ejercicio de aprendizaje.
  4. Los participantes con puntuaciones narcisistas altas que habían recibido la crítica negativa fueron los que aplicaron los castigos sonoros más intensos y prolongados.

La lectura de Neff: la agresividad no aparece porque el narcisista se sienta mal consigo mismo de fondo, sino como respuesta directa a una amenaza puntual contra una autoimagen que, hasta ese momento, se sostenía sin fisuras.

El problema real no es el narcisismo: es de qué depende la autoestima

Neff amplía el foco más allá del narcisismo clínico. Cita el término que usan los psicólogos para un patrón mucho más extendido: la autoestima contingente (o “fortuita”), la que depende del éxito, la aprobación o la comparación en un área concreta: el aspecto físico, el rendimiento laboral, la popularidad, incluso la aprobación percibida de desconocidos.

  • Cuanta más autoestima dependa de un área concreta, peor se siente la persona, según la investigación que cita, cuando fracasa justo en esa área.
  • El resultado se parece, en palabras de la autora, a una montaña rusa emocional: euforia con el éxito, desolación con el fracaso, sin término medio estable.
  • Neff usa el término académico “rueda de molino hedonista” (Brickman y Campbell, 1971) para describir la necesidad de una dosis cada vez mayor de aprobación o de éxito para sostener el mismo nivel de bienestar.
  • Un dato que cita como contexto histórico: un informe encargado por el estado de California para demostrar los beneficios de fomentar la autoestima escolar no encontró la mayoría de los resultados que se esperaban.

Confundir el mapa con el territorio

Una de las metáforas centrales del libro compara el concepto que cada uno tiene de sí mismo con un cuadro: una representación, no la realidad misma. Neff lo compara con confundir las frutas pintadas en un bodegón con frutas reales, y frustrarse al comprobar que no se pueden comer.

  • El autoconcepto, sostiene, es siempre una versión simplificada de algo mucho más complejo: pensamientos, emociones y conductas que cambian según el momento, el estado de ánimo y el contexto.
  • Aferrarse a una autoimagen fija y positiva, según su planteamiento, funciona más como una balsa hinchable con un agujero: sostiene durante un tiempo, pero exige un esfuerzo constante para no hundirse.
  • La alternativa que propone el libro no es sustituir una autoimagen positiva por una negativa, sino dejar de necesitar una etiqueta fija de “bueno” o “malo” para sentirse en paz.

Lo que Neff propone como alternativa, según su propia investigación

El cierre del argumento de Neff no es una crítica sin salida a la autoestima, sino una propuesta concreta que ella misma ha investigado: la autocompasión ofrecería, según sus datos, una protección emocional similar a la de la autoestima alta frente a la autocrítica destructiva, pero sin depender de sentirse especial o por encima de los demás. Al no requerir comparación ni éxito constante, no estaría sujeta al mismo patrón de montaña rusa que describe para la autoestima contingente.

Nota de responsabilidad: este artículo resume ideas divulgativas del libro Sé amable contigo mismo, de Kristin Neff, con fines exclusivamente informativos. No es un criterio diagnóstico de narcisismo ni de ningún otro rasgo o trastorno de personalidad. Si un patrón de este tipo genera malestar propio o en las relaciones cercanas, lo indicado es la valoración de un profesional de la salud mental colegiado.

Este mecanismo por el que la autoestima depende de comparar y competir enlaza con lo que ya se explica sobre la química cerebral de la autocrítica y con los rasgos de personalidad del modelo Big Five, donde rasgos como el neuroticismo o la amabilidad se relacionan con formas muy distintas de gestionar la comparación social. También conecta con cómo se forma la seguridad interior desde la infancia, tratada en el artículo sobre el apego seguro.

Fuentes

  • Neff, K. (2011). Self-Compassion: The Proven Power of Being Kind to Yourself (publicado en español como Sé amable contigo mismo). William Morrow.
  • Bushman, B. J., y Baumeister, R. F. (1998). Threatened egotism, narcissism, self-esteem, and direct and displaced aggression: Does self-love or self-hate lead to violence? Journal of Personality and Social Psychology, 75(1), 219-229.
  • Brickman, P., y Campbell, D. T. (1971). Hedonic relativism and planning the good society. En M. H. Appley (ed.), Adaptation-Level Theory: A Symposium. Academic Press.

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Preguntas frecuentes

¿Los narcisistas tienen en el fondo la autoestima baja?

La investigación que recoge Kristin Neff en Sé amable contigo mismo apunta a lo contrario: con el test de asociación implícita, que mide actitudes automáticas hacia uno mismo más allá de lo que la persona declara conscientemente, las puntuaciones de personas narcisistas resultan altas tanto a nivel explícito como implícito, sin evidencia de una inseguridad oculta sistemática.

¿Tener la autoestima alta protege de sentirse mal con uno mismo?

Según la investigación citada en el libro, depende de su origen: una autoestima que depende del éxito, la aprobación o la comparación (lo que los psicólogos llaman autoestima contingente) predeciría un malestar mayor, no menor, cuando llega el fracaso en esa área concreta.

¿Qué es la autoestima contingente o 'fortuita'?

Es el término que usan los psicólogos, según recoge Neff, para la autoestima que depende del éxito o el fracaso en áreas concretas (el aspecto físico, la aprobación social, el rendimiento laboral). Cuanto más depende el sentido del propio valor de un área específica, peor parece sentirse la persona, según la investigación, cuando falla precisamente en ella.

¿Esto significa que la autoestima en general es negativa?

No según el libro: distingue entre una autoestima saludable (que no depende de sentirse superior a los demás) y una autoestima insegura o contingente, y advierte que la mayoría de escalas de medición habituales no diferencian entre ambas, lo que complica interpretar sin más contexto cualquier puntuación alta.

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