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Autoconocimiento y bienestar

¿Por qué la ciencia descubrió que los narcisistas no se odian a sí mismos por dentro?

Por la redacción de Personaramic10 min de lectura
Ilustración minimalista de un espejo de mano formado por puntos de trama

Durante años, la explicación de sentido común sobre el narcisismo fue que, en el fondo, todo narcisista se odia a sí mismo. La investigación que revisa Kristin Neff en Sé amable contigo mismo apunta en otra dirección, aunque el cuadro completo tiene más matices de lo que suele contarse.

Neff, psicóloga de la Universidad de Texas en Austin, dedica varias páginas de su libro (2011) a un giro incómodo en la investigación sobre la autoestima: los datos no solo cuestionan si conviene perseguir una autoestima alta a toda costa, sino que además ponen en duda una de las explicaciones más repetidas sobre por qué existe el narcisismo.

La hipótesis de la máscara

La idea de que el narcisista esconde un núcleo de inseguridad tiene raíces clínicas: autores psicoanalíticos como Otto Kernberg y Heinz Kohut describieron la grandiosidad como una defensa frente a una imagen de uno mismo frágil. En la psicología social se la conoce como modelo de la máscara.

Su predicción es concreta y comprobable: alguien con muchos rasgos narcisistas debería mostrar una autoestima explícita (la que declara) muy alta y una autoestima implícita (la que aparece en reacciones automáticas) baja.

El instrumento que puso a prueba el mito

Para comprobarlo hacía falta medir algo que la persona no pudiera simplemente declarar de palabra. Ahí entra el Test de Asociación Implícita (TAI, o IAT por sus siglas en inglés), desarrollado por Greenwald, McGhee y Schwartz (1998): una prueba por ordenador que mide la rapidez con la que alguien asocia la etiqueta “yo” con palabras positivas (“maravilloso”) frente a palabras negativas (“horrible”).

  • Una asociación rápida entre “yo” y lo positivo, y lenta entre “yo” y lo negativo, indica una autoestima implícita alta. El patrón contrario indica una autoestima implícita baja.
  • Según recoge Neff, las personas con puntuaciones altas en el Inventario de Personalidad Narcisista (NPI, con afirmaciones como “creo que soy una persona especial” o “me gusta mirarme en el espejo”) puntúan alto tanto de forma explícita como implícita.

El estudio más citado en esta línea es el de Campbell, Bosson, Goheen, Lakey y Kernis (2007), publicado en Psychological Science con un título que es toda una pregunta: “¿Los narcisistas se desagradan a sí mismos ‘en el fondo’?”. Su respuesta fue que no, con un matiz importante: a nivel implícito, las personas narcisistas se asociaban con rasgos de agencia (estatus, dominio, inteligencia), pero no con rasgos comunales (amabilidad, moralidad, cercanía). Más que una autoestima escondida bajo mínimos, lo que describen es un yo desequilibrado: muy pagado de su competencia y poco interesado en su bondad.

Aquí la historia deja de ser tan limpia como la cuenta el titular.

  • Jordan, Spencer, Zanna, Hoshino-Browne y Correll (2003) encontraron justo el patrón de la máscara en uno de sus estudios: quienes combinaban autoestima explícita alta e implícita baja eran los que más narcisismo mostraban, y en otros experimentos esa combinación predecía conductas más defensivas.
  • La revisión de Bosson y colaboradores (2008), firmada en parte por los mismos autores de ambos bandos, concluye que la evidencia es mixta y propone tres razones: la baja fiabilidad de las medidas implícitas, la diferencia entre autoimagen de agencia y comunal, y la confusión entre dos formas distintas de narcisismo.
  • Una réplica posterior del estudio de 2007, de un equipo de la Universidad de Potsdam, tampoco halló autoestima implícita baja, aunque sí una autovaloración de agencia más neutra de lo que se había publicado.

Nuestra lectura de este debate: lo que la investigación ha desmontado es la versión universal del mito (“todo narcisista se odia por dentro”), no la posibilidad de que en algunas personas la grandiosidad sea defensiva.

Narcisismo grandioso y narcisismo vulnerable

La pieza que ordena buena parte de la contradicción es la distinción entre dos perfiles, que revisan Pincus y Lukowitsky (2010) y que Miller y colaboradores (2011) pusieron a prueba con 858 participantes y tres escalas distintas:

  • El narcisismo grandioso se asocia con extraversión, dominancia y una autoestima explícita alta y estable. Es el que mide sobre todo el NPI y el que aparece en los estudios con el TAI.
  • El narcisismo vulnerable se asocia con neuroticismo, hipersensibilidad a la crítica, vergüenza y una autoestima baja o muy fluctuante. En él, la grandiosidad convive con sentimientos de insuficiencia.

Dicho de otro modo: la intuición popular no era del todo errónea, pero describía mejor la forma vulnerable que la grandiosa, que es la que la mayoría de la gente imagina cuando piensa en un narcisista.

Por qué el mito seguía siendo tan atractivo

El libro cita un ejemplo de cómo circulaba esta idea en la conversación pública: un comentarista de televisión, hablando sobre jóvenes celebridades, afirmó que por dentro “una vocecita interior” les repetiría que no son lo bastante buenas.

Neff recoge una declaración de Paris Hilton al Sunday Times en 2006 (“no hay nadie en el mundo como yo… ahora mismo, ese icono soy yo”) como ejemplo del tipo de discurso que se suele leer como fachada, y la contrasta con lo que muestran los datos del TAI. El mito resulta cómodo porque convierte una conducta molesta en algo comprensible e incluso digno de compasión, sin necesidad de pruebas.

Qué pasa cuando el ego se siente amenazado

Si la autoestima alta del narcisista grandioso no es una tapadera, ¿de dónde viene su reacción tan intensa ante la crítica? Neff recoge un experimento clásico, el de Bushman y Baumeister (1998), diseñado para responder a esto.

  1. Los participantes escribieron una redacción que supuestamente evaluaría un compañero en otra sala, que en realidad no existía.
  2. La “evaluación” recibida era, al azar, un elogio (“ninguna sugerencia, perfecto”) o un insulto (“una de las peores redacciones que he leído”).
  3. Después, en una tarea presentada como competitiva, los participantes podían fijar el volumen y la duración de un ruido molesto dirigido a ese mismo “compañero”.
  4. Quienes puntuaban alto en narcisismo y habían recibido la crítica fueron los que aplicaron los castigos sonoros más intensos y prolongados. La autoestima, por sí sola, no predecía esa agresividad.

La lectura que hace Neff, y que comparten los autores: la agresividad no aparece porque el narcisista se sienta mal consigo mismo de fondo, sino como respuesta a una amenaza puntual contra una autoimagen que, hasta ese momento, se sostenía sin fisuras. Baumeister y su equipo lo llamaron egotismo amenazado.

El problema de fondo: de qué depende la autoestima

Neff amplía el foco más allá del narcisismo. Cita el término que usan los psicólogos para un patrón mucho más extendido: la autoestima contingente (o “fortuita”), la que depende del éxito, la aprobación o la comparación en un área concreta, sea el aspecto físico, el rendimiento laboral o la aprobación percibida de desconocidos.

  • Cuanto más depende la autoestima de un área concreta, peor se siente la persona cuando fracasa justo en esa área. El resultado se parece, en palabras de la autora, a una montaña rusa emocional.
  • Neff usa el término “rueda de molino hedonista” (Brickman y Campbell, 1971) para describir la necesidad de una dosis cada vez mayor de aprobación o de éxito para sostener el mismo nivel de bienestar.
  • Como contexto histórico, menciona el informe encargado por el estado de California a finales de los ochenta para promover la autoestima escolar, que no encontró la mayoría de los efectos esperados. Años después, la revisión de Baumeister, Campbell, Krueger y Vohs (2003) llegó a una conclusión parecida con mucha más evidencia: la autoestima alta se asocia con sentirse mejor y con más iniciativa, pero apenas predice el rendimiento académico o laboral, y en buena parte es consecuencia del éxito más que su causa.

Si quieres explorar de qué depende tu propia autoestima, el test de autoestima se centra precisamente en esa base.

Confundir el mapa con el territorio

Una de las metáforas centrales del libro compara el concepto que cada uno tiene de sí mismo con un cuadro: una representación, no la realidad misma. Neff lo compara con confundir las frutas de un bodegón con frutas reales, y frustrarse al comprobar que no se pueden comer.

El autoconcepto, sostiene, es siempre una versión simplificada de algo mucho más cambiante: pensamientos, emociones y conductas que varían según el momento y el contexto. Aferrarse a una autoimagen fija y positiva funciona, en su imagen, como una balsa hinchable con un agujero: sostiene un tiempo, pero exige un esfuerzo constante. La alternativa que plantea no es sustituir una etiqueta positiva por una negativa, sino dejar de necesitar una etiqueta fija de “bueno” o “malo”.

La alternativa que Neff ha investigado

El argumento de Neff no se queda en la crítica a la autoestima. Propone la autocompasión: tratarse con la misma amabilidad que a un amigo, reconocer el fallo como parte de la experiencia humana compartida y observar el malestar sin dramatizarlo.

Su estudio con Roos Vonk (Neff y Vonk, 2009), con más de 2.000 participantes, comparó ambas variables. La autocompasión se asoció con una sensación de valía más estable en el tiempo y menos dependiente de la aprobación externa; además, a diferencia de la autoestima, no se relacionó con el narcisismo. Son datos correlacionales y en buena parte de la propia autora del constructo, así que conviene leerlos como una línea prometedora más que como una conclusión cerrada.

Este artículo resume la investigación sobre narcisismo y autoestima con fines informativos. No es un criterio diagnóstico de narcisismo ni de ningún otro rasgo o trastorno de personalidad.

Este mecanismo por el que la autoestima depende de comparar y competir enlaza con lo que se explica sobre la química cerebral de la autocrítica y con los rasgos de personalidad del modelo Big Five, donde el neuroticismo o la amabilidad se relacionan con formas muy distintas de gestionar la comparación social.

También conecta con cómo se forma la seguridad interior desde la infancia, tratada en el artículo sobre el apego seguro.

Fuentes

  • Neff, K. (2011). Self-Compassion: The Proven Power of Being Kind to Yourself (publicado en español como Sé amable contigo mismo). William Morrow.
  • Neff, K. D., y Vonk, R. (2009). Self-compassion versus global self-esteem: Two different ways of relating to oneself. Journal of Personality, 77(1), 23-50.
  • Greenwald, A. G., McGhee, D. E., y Schwartz, J. L. K. (1998). Measuring individual differences in implicit cognition: The Implicit Association Test. Journal of Personality and Social Psychology, 74(6), 1464-1480.
  • Campbell, W. K., Bosson, J. K., Goheen, T. W., Lakey, C. E., y Kernis, M. H. (2007). Do narcissists dislike themselves “deep down inside”? Psychological Science, 18(3), 227-229.
  • Jordan, C. H., Spencer, S. J., Zanna, M. P., Hoshino-Browne, E., y Correll, J. (2003). Secure and defensive high self-esteem. Journal of Personality and Social Psychology, 85(5), 969-978. doi:10.1037/0022-3514.85.5.969
  • Bosson, J. K., Lakey, C. E., Campbell, W. K., Zeigler-Hill, V., Jordan, C. H., y Kernis, M. H. (2008). Untangling the links between narcissism and self-esteem: A theoretical and empirical review. Social and Personality Psychology Compass, 2(3), 1415-1439.
  • Pincus, A. L., y Lukowitsky, M. R. (2010). Pathological narcissism and narcissistic personality disorder. Annual Review of Clinical Psychology, 6, 421-446.
  • Miller, J. D., Hoffman, B. J., Gaughan, E. T., Gentile, B., Maples, J., y Campbell, W. K. (2011). Grandiose and vulnerable narcissism: A nomological network analysis. Journal of Personality, 79(5), 1013-1042. doi:10.1111/j.1467-6494.2010.00711.x
  • Bushman, B. J., y Baumeister, R. F. (1998). Threatened egotism, narcissism, self-esteem, and direct and displaced aggression: Does self-love or self-hate lead to violence? Journal of Personality and Social Psychology, 75(1), 219-229.
  • Baumeister, R. F., Campbell, J. D., Krueger, J. I., y Vohs, K. D. (2003). Does high self-esteem cause better performance, interpersonal success, happiness, or healthier lifestyles? Psychological Science in the Public Interest, 4(1), 1-44.
  • Brickman, P., y Campbell, D. T. (1971). Hedonic relativism and planning the good society. En M. H. Appley (ed.), Adaptation-Level Theory: A Symposium. Academic Press.

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Preguntas frecuentes

¿Los narcisistas tienen en el fondo la autoestima baja?

En el narcisismo grandioso, la mayor parte de los datos no lo respalda. El estudio de Campbell, Bosson y colaboradores (2007), con el test de asociación implícita, encontró que las personas con más rasgos narcisistas no se valoran peor a nivel automático: se ven muy bien en rasgos de estatus y competencia, aunque no en rasgos de cercanía y bondad. Hay estudios que sí encontraron el patrón de la 'máscara' (Jordan et al., 2003), y la revisión de Bosson et al. (2008) concluye que la evidencia es mixta. El narcisismo vulnerable, en cambio, sí se asocia con autoestima baja.

¿Tener la autoestima alta protege de sentirse mal con uno mismo?

Depende de su base. Una autoestima que depende del éxito, la aprobación o la comparación (lo que los psicólogos llaman autoestima contingente) se asocia con más altibajos emocionales, no con menos, cuando llega el fracaso en esa área concreta.

¿Qué es la autoestima contingente o 'fortuita'?

Es el término que se usa en psicología para la autoestima que depende del éxito o el fracaso en áreas concretas: el aspecto físico, la aprobación social, el rendimiento laboral. Cuanto más depende el sentido del propio valor de un área específica, peor tiende a sentirse la persona cuando falla precisamente en ella.

¿Esto significa que la autoestima en general es negativa?

No. Neff distingue entre una autoestima saludable, que no depende de sentirse superior a los demás, y una autoestima insegura o contingente, y advierte que la mayoría de escalas habituales no diferencian entre ambas. Por eso una puntuación alta, sin más contexto, dice poco sobre lo estable que es.

¿Qué diferencia hay entre narcisismo grandioso y vulnerable?

El grandioso se caracteriza por dominancia, extraversión y una autoimagen inflada que se mantiene estable; el vulnerable, por hipersensibilidad a la crítica, retraimiento, ansiedad y una autoestima baja o muy fluctuante. Ambos comparten el sentimiento de merecer un trato especial. La distinción la resumen, entre otros, Pincus y Lukowitsky (2010) y Miller et al. (2011).

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