Confiar en un desconocido: por qué antes era la norma y hoy es la excepción
Confiar en un desconocido, sostenía el filósofo danés Knud Løgstrup, es la conducta natural del ser humano; desconfiar es la excepción que necesita explicación. Zygmunt Bauman, en ‘Amor líquido’ (2003), retoma esa idea para preguntarse cuánto de ella sobrevive tras dos décadas de reality shows, apps y vínculos cada vez más revocables. La respuesta que construye es más matizada de lo que parece a primera vista.
“Es característico de la vida humana que las personas suelan encontrarse entre sí con natural confianza”, escribió Knud Løgstrup en The Ethical Demand (1956). “Solo a causa de una circunstancia especial desconfiamos de antemano de un desconocido […] en circunstancias normales aceptamos la palabra de un desconocido y no desconfiamos de él mientras no tengamos algún motivo particular para hacerlo. Nunca sospechamos que una persona es falsa mientras no lo pesquemos en una mentira.” Bauman cita este pasaje en Amor líquido como punto de partida para explorar una pregunta incómoda: ¿sigue siendo cierto?
Un pastor rural que se convirtió en filósofo de la resistencia
Løgstrup concibió buena parte de estas ideas durante los ocho años que pasó como pastor en una pequeña parroquia de la isla danesa de Funen, antes de mudarse a Aarhus para enseñar teología y ética en la universidad. Bauman señala, no sin cierta ironía, que dudaba de que esas mismas ideas hubieran podido gestarse una vez que Løgstrup se instaló en la ciudad y debió enfrentarse, como miembro activo de la resistencia danesa durante la ocupación nazi, a las realidades de un mundo en guerra. El propio recorrido biográfico de Løgstrup contiene ya una tensión que su obra nunca resolvió del todo: la confianza como impulso natural, puesta a prueba por circunstancias extraordinarias.
El programa de televisión que invirtió su veredicto
Bauman contrapone la tesis de Løgstrup con un fenómeno cultural muy concreto: el éxito masivo de programas como Gran Hermano, Survivor o The Weakest Link. El subtítulo de Survivor, recuerda, lo dice todo: “No confíes en nadie”. Bauman sugiere que los seguidores de ese tipo de telerrealidad invertirían el veredicto original de Løgstrup, hasta dejarlo prácticamente al revés: es característico de la vida humana que las personas se encuentren entre sí con natural suspicacia.
Por qué la confianza no sobrevive dentro del juego
El motivo, según el análisis de Bauman, no es casual. Dentro de la lógica de un juego de supervivencia televisado, la confianza, la compasión y la clemencia se convierten en una desventaja estratégica. El razonamiento se puede seguir paso a paso:
- El juego premia a quien calcula, no a quien confía. Cada decisión se evalúa por su efecto sobre la propia supervivencia dentro del juego, no por su valor moral.
- Confiar en otro jugador expone a una traición con recompensa. Si alguien confía y el otro no, quien confió pierde; el sistema de incentivos favorece sistemáticamente a quien traiciona primero.
- El resultado es una espiral de desconfianza que se retroalimenta. Cuantos más jugadores adoptan la estrategia de no confiar, más racional se vuelve, para el resto, hacer lo mismo.
Quien no es más duro y más calculador que el resto corre el riesgo de ser eliminado, con o sin remordimiento por parte de quienes toman esa decisión. El programa reproduce, en formato de entretenimiento, una lógica darwiniana donde sobrevive quien mejor sabe no confiar.
Un ejemplo de cómo se traslada esto a la vida cotidiana
Pensemos en una situación habitual, no un caso real sino una ilustración del patrón: alguien empieza un nuevo trabajo y, en la primera semana, un compañero le ofrece ayuda sin pedir nada a cambio. La reacción instintiva de muchas personas hoy no es aceptar sin más, como describía Løgstrup como lo “normal”, sino preguntarse qué busca esa persona, qué interés oculto puede haber detrás del gesto. Esa sospecha no nace de una mala experiencia concreta con ese compañero: nace de un hábito mental general, entrenado por años de advertencias difusas sobre no fiarse de nadie. Løgstrup diría que esa sospecha por defecto es la verdadera anomalía, no la confianza inicial.
Un matiz que Bauman no deja pasar
Aun así, Bauman no da por completamente invalidada la tesis de Løgstrup. Señala un punto clave: Løgstrup nunca sostuvo que los impulsos morales surgieran de la reflexión o del cálculo de riesgos. Al contrario, su argumento era que la esperanza de la moralidad estaba precisamente en su espontaneidad prerreflexiva, en el hecho de que la confianza, cuando es genuina, no se detiene a preguntarse “¿qué gano yo con esto?” antes de manifestarse. Bajo esa lógica, que hoy existan cada vez menos garantías de que la confianza será correspondida no demuestra que el impulso espontáneo haya desaparecido: demuestra, como mucho, que encuentra cada vez menos terreno fértil donde sostenerse.
Dos tipos de desconfianza que conviene no confundir
La lectura que hace Bauman de Løgstrup ofrece una distinción útil para pensar la propia experiencia, resumible en dos categorías bien distintas:
- Desconfianza puntual y justificada, dirigida a una persona concreta por un motivo concreto: alguien mintió antes, incumplió algo, dio señales reales de no ser fiable.
- Sospecha generalizada, sostenida de antemano hacia cualquier desconocido, sin ninguna evidencia particular que la respalde en ese caso concreto.
Løgstrup situaba la primera como parte normal de la vida social; la segunda, como la anomalía que de verdad merecería explicación, aunque el propio Bauman reconoce que el mundo contemporáneo parece, cada vez con más frecuencia, invertir esa jerarquía.
La confianza como “expresión soberana de la vida”
Løgstrup describía la confianza, junto con la compasión y la clemencia, como manifestaciones de lo que llamaba la “soberana expresión de la vida”: actos que no responden a un cálculo de beneficio propio ni a una obligación impuesta desde fuera, sino que surgen, según su planteamiento, sin necesidad de motivo ulterior. Bauman conecta esta idea con la noción de “responsabilidad hacia el otro” del filósofo Emmanuel Levinas: ambos coinciden en que depender de alguien, o hacer que alguien dependa de uno, no es una debilidad que haya que erradicar, sino la base misma sobre la que se construye cualquier vínculo moral genuino. Leído así, el mundo que describe Bauman en el resto de ‘Amor líquido’, empeñado en reducir toda dependencia a un riesgo que conviene evitar, no estaría simplemente actualizando la tesis de Løgstrup: estaría, en muchos sentidos, trabajando en su contra.
Confianza y vínculo cercano
Esta tensión entre confianza espontánea y sospecha aprendida no se limita a los desconocidos: también atraviesa los vínculos más cercanos. La investigación sobre apego describe cómo la experiencia temprana con figuras de cuidado disponibles y consistentes se asocia con una mayor facilidad para confiar en los demás en la vida adulta, un patrón que el perfil de apego seguro desarrolla con más detalle.
Conclusión: la anomalía cambió de lugar
Lo que Løgstrup describía como la norma, la confianza espontánea hacia un desconocido, hoy funciona en buena parte de la cultura contemporánea como la excepción que hay que justificar, mientras que la sospecha por defecto se ha vuelto, para muchos, el punto de partida razonable. Bauman no dictamina cuál de las dos posturas es la correcta. Ofrece, en cambio, una herramienta para notar el cambio: preguntarse, la próxima vez que surja una sospecha automática hacia alguien nuevo, si responde a un motivo real y concreto, o si es simplemente el hábito de una época que aprendió a esperar lo peor antes de tener ninguna prueba.
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Preguntas frecuentes
¿Quién fue Knud Løgstrup?
Un teólogo y filósofo ético danés (1905-1981), formado como pastor en una parroquia rural antes de enseñar filosofía en la Universidad de Aarhus. Fue miembro activo de la resistencia danesa durante la ocupación nazi. Su obra más citada es 'The Ethical Demand' (1956).
¿Qué decía Løgstrup sobre la confianza?
Que confiar en un desconocido es la conducta natural y espontánea del ser humano, y que solo circunstancias particulares llevan a desconfiar por adelantado. Consideraba que sospechar de alguien sin motivo, y no confiar, era la excepción que requería explicación.
¿Bauman está de acuerdo con la tesis de Løgstrup?
La retoma con matices. Señala que buena parte de la cultura contemporánea (desde ciertos programas de telerrealidad hasta la fragilidad de muchos vínculos actuales) parece invertir el veredicto de Løgstrup, aunque también recuerda que Løgstrup nunca basó su tesis en la observación empírica de cuánta gente confía, sino en la espontaneidad como rasgo estructural de la vida humana.
¿Desconfiar por sistema tiene algún coste?
Løgstrup consideraba que la desconfianza generalizada, al requerir vigilancia y cálculo constantes, resulta más costosa que la confianza espontánea, aunque reconocía que ciertos contextos concretos pueden justificar, con motivo real, la cautela hacia una persona en particular.