Escalofríos con la música: por qué a unas personas se les pone la piel de gallina con una canción y a otras nunca
Suena una canción que conoces, llega ese momento concreto, y una corriente fría te sube por la nuca y te eriza los brazos. La persona que tienes al lado, escuchando lo mismo, no siente nada.
Esa respuesta tiene nombre técnico: frisson, “escalofrío” en francés, también llamado escalofrío estético.
Lleva más de cuarenta años estudiándose, y hoy sabemos tres cosas curiosas: que no le pasa a todo el mundo, que activa el mismo sistema del cerebro que la comida o el dinero, y que el rasgo de personalidad que mejor lo predice no es la sensibilidad, sino la curiosidad.
¿Qué es el frisson?
En 1980, el farmacólogo Avram Goldstein, de la Universidad de Stanford, preguntó a cientos de personas por lo que él llamaba “estremecimientos”. Su descripción sigue siendo de las más precisas:
- Suelen empezar en la nuca y la parte alta de la espalda.
- Se extienden al cuero cabelludo, los brazos y los hombros.
- A veces van con piel de gallina visible, aunque no siempre.
- Casi siempre se viven como placenteros.
La música era el desencadenante más habitual, pero nunca el único. Entre los estudiantes de música de su encuesta, casi todos los habían sentido también con escenas de películas o libros, con la belleza de un paisaje o con un momento de comprensión repentina.
Que un mismo escalofrío aparezca ante una sinfonía y ante una idea sugiere que no responde a un estímulo concreto, sino a una forma de implicarse emocionalmente con lo que se percibe.
No le pasa a todo el mundo
Las cifras varían mucho según la muestra y la definición, así que conviene desconfiar de los porcentajes redondos:
- En las encuestas de Goldstein, lo sentía entre la mitad y nueve de cada diez personas, según el grupo.
- En el estudio del psicólogo John Sloboda de 1991, más del 80 % de los 83 participantes decía haber sentido escalofríos con la música.
- En un trabajo de 2011 de Emily Nusbaum y Paul Silvia, alrededor de un 8 % no los había sentido nunca, mientras otras personas los sentían a diario.
Y hay un dato que sorprende: la piel de gallina real, la que se puede medir, aparece en menos de la mitad de los escalofríos. En un estudio con poesía, todos los participantes los sintieron, pero solo un 41 % mostró la piel erizada de forma objetiva.
El rasgo que mejor lo predice: la apertura a la experiencia
La pregunta interesante es por qué a unas personas sí y a otras no. Aquí aparece el Big Five.
Varios estudios han llegado a la misma conclusión:
- Nusbaum y Silvia (2011) encontraron que la apertura a la experiencia era el mejor predictor de los escalofríos musicales entre los cinco grandes rasgos.
- Colver y El-Alayli (2016) lo confirmaron con 100 estudiantes, midiendo el frisson tanto por lo que contaban como por la conductancia de su piel. La relación aparecía con casi todas las facetas de la apertura: fantasía, estética, sentimientos, ideas y valores.
- El psicólogo Robert McCrae mostró en 2007 que la pregunta sobre sentir un escalofrío ante la poesía o el arte se relaciona con la apertura en 50 de 51 culturas estudiadas.
La apertura a la experiencia describe la curiosidad, la sensibilidad estética y el gusto por explorar. Colver y El-Alayli señalaron un matiz interesante: la faceta de “ideas”, es decir, la atención cognitiva a la música, podría pesar más de lo que se pensaba. No solo se estremece quien siente más, sino quien escucha con más curiosidad.
Conviene poner el hallazgo en su tamaño real:
- La relación con la apertura es moderada, no determinante.
- En el estudio de Nusbaum y Silvia, la implicación con la música (escuchar a menudo, valorarla, tocar un instrumento) explicaba una parte de esa relación.
- Parte de la solidez del vínculo se explica porque la propia pregunta del escalofrío forma parte de los cuestionarios clásicos de apertura.
Un estudio de 2022 con más de 14.000 gemelos neerlandeses añadió otra pieza: alrededor de un tercio de las diferencias entre personas en la tendencia a sentir escalofríos estéticos se explicaría por factores genéticos, y el resto por la experiencia de cada uno.
Lo que ocurre en el cerebro
En 2001, Anne Blood y Robert Zatorre, de la Universidad McGill, escanearon el cerebro de personas mientras escuchaban la música que a ellas les producía escalofríos. A medida que el escalofrío era más intenso:
- Aumentaba la actividad en el estriado ventral, la ínsula y la corteza orbitofrontal, regiones del sistema de recompensa que también responden a la comida o al sexo.
- Disminuía en la amígdala y el hipocampo.
Diez años después, Valorie Salimpoor y el mismo Zatorre fueron más lejos: midieron la liberación de dopamina en ocho personas seleccionadas por sentir escalofríos de forma fiable. Encontraron dos momentos distintos:
- El núcleo caudado se activaba en los segundos previos al clímax, durante la anticipación.
- El núcleo accumbens se activaba en el momento del escalofrío.
El cerebro disfruta, por tanto, dos veces: cuando espera lo que viene y cuando llega. En 2019, un experimento con fármacos que aumentan o reducen la dopamina confirmó que ese sistema influye directamente en el placer musical.
Por qué ciertos pasajes lo provocan
Si el escalofrío depende de la anticipación, tiene sentido que lo disparen las sorpresas.
Sloboda pidió a sus participantes que señalaran los pasajes exactos que les daban escalofríos, y al analizarlos encontró un patrón: las armonías nuevas o inesperadas eran las más eficaces. Otros trabajos lo han asociado a la entrada de una voz o un instrumento nuevo, a crescendos y a cambios bruscos de intensidad.
En 2018, un experimento lo comprobó de forma directa: al eliminar los pasajes que solían producir escalofríos, estos se reducían de manera significativa.
El musicólogo David Huron propuso una explicación sugerente, todavía teórica: un giro inesperado activaría por un instante una reacción de alerta, parecida al susto, que el cerebro reinterpreta enseguida como segura. El contraste entre la alarma y la calma amplificaría el placer.
Sobre la tristeza hay matices. El neurocientífico Jaak Panksepp encontró en 1995 que la música melancólica producía más escalofríos que la alegre, y propuso que conectaba con circuitos antiguos de la separación y la pérdida. Estudios posteriores sugieren algo más mezclado: las canciones que dan escalofríos suelen percibirse a la vez alegres y tristes.
Esa mezcla recuerda a lo que la psicología dice de las emociones básicas: la reacción del cuerpo no es un simple reflejo del sentimiento, sino parte de cómo lo construimos.
Quienes no sienten nada
No sentir escalofríos no significa no disfrutar de la música. Pero existe un fenómeno más marcado: la anhedonia musical específica.
En 2014, el equipo de Ernest Mas-Herrero y Josep Marco-Pallarés, en Barcelona, describió a personas sanas, sin depresión ni problemas de audición, a las que la música no les produce placer, aunque sí les producen placer otras recompensas, como ganar dinero. Sus investigadores estiman que podría afectar a entre un 3 % y un 5 % de la población.
En el otro extremo, un estudio de 2016 de Matthew Sachs, Psyche Loui y su equipo comparó a diez personas que sienten escalofríos con diez que no, y encontró más conexiones de sustancia blanca entre las áreas auditivas y regiones emocionales en el primer grupo. Es un hallazgo sugerente, pero con solo veinte personas no permite hablar de “cerebros especiales”.
Lo que el escalofrío dice de cómo sentimos
El frisson es un pequeño laboratorio de la inteligencia emocional: muestra que una emoción intensa puede nacer de la expectativa, de la sorpresa y de la implicación, no solo del contenido de lo que escuchamos.
También ayuda a entender por qué ciertos momentos colectivos nos estremecen, como un himno en un estadio o la final de un Mundial: anticipación compartida, un desenlace esperado y, de pronto, la resolución.
Sentir escalofríos con la música no te hace más sensible, ni no sentirlos te hace menos. Lo que sí parece reflejar es un modo de escuchar: atento, curioso, dispuesto a dejarse sorprender. Y quizá por eso se relaciona con la apertura: porque para que algo te estremezca, primero tienes que estar esperando algo de ello.
Fuentes
- Goldstein, A. (1980). Thrills in response to music and other stimuli. Physiological Psychology, 8(1), 126-129.
- Sloboda, J. A. (1991). Music structure and emotional response: Some empirical findings. Psychology of Music, 19(2), 110-120.
- Nusbaum, E. C. y Silvia, P. J. (2011). Shivers and timbres: Personality and the experience of chills from music. Social Psychological and Personality Science, 2(2), 199-204.
- Colver, M. C. y El-Alayli, A. (2016). Getting aesthetic chills from music: The connection between openness to experience and frisson. Psychology of Music, 44(3).
- McCrae, R. R. (2007). Aesthetic chills as a universal marker of openness to experience. Motivation and Emotion, 31, 5-11.
- Wassiliwizky, E., Koelsch, S., Wagner, V., Jacobsen, T. y Menninghaus, W. (2017). The emotional power of poetry: neural circuitry, psychophysiology and compositional principles. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 12(8), 1229-1240.
- Bignardi, G., Chamberlain, R., Kevenaar, S. T., Tamimy, Z. y Boomsma, D. I. (2022). On the etiology of aesthetic chills: a behavioral genetic study. Scientific Reports, 12.
- Blood, A. J. y Zatorre, R. J. (2001). Intensely pleasurable responses to music correlate with activity in brain regions implicated in reward and emotion. Proceedings of the National Academy of Sciences, 98(20), 11818-11823.
- Salimpoor, V. N., Benovoy, M., Larcher, K., Dagher, A. y Zatorre, R. J. (2011). Anatomically distinct dopamine release during anticipation and experience of peak emotion to music. Nature Neuroscience, 14(2), 257-262.
- Ferreri, L., Mas-Herrero, E., Zatorre, R. J., et al. (2019). Dopamine modulates the reward experiences elicited by music. Proceedings of the National Academy of Sciences, 116(9).
- Bannister, S. y Eerola, T. (2018). Suppressing the chills: Effects of musical manipulation on the chills response. Frontiers in Psychology, 9.
- Huron, D. (2006). Sweet Anticipation: Music and the Psychology of Expectation. MIT Press.
- Panksepp, J. (1995). The emotional sources of “chills” induced by music. Music Perception, 13(2), 171-207.
- Mas-Herrero, E., Zatorre, R. J., Rodriguez-Fornells, A. y Marco-Pallarés, J. (2014). Dissociation between musical and monetary reward responses in specific musical anhedonia. Current Biology, 24(6).
- Sachs, M. E., Ellis, R. J., Schlaug, G. y Loui, P. (2016). Brain connectivity reflects human aesthetic responses to music. Social Cognitive and Affective Neuroscience, 11(6).
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Preguntas frecuentes
¿Qué es el frisson o escalofrío musical?
Es la sensación breve de escalofrío, hormigueo o piel de gallina que algunas personas sienten con un pasaje musical concreto, y también con una película, un discurso o un poema. En la investigación se le llama frisson, escalofrío estético o chills. Suele empezar en la nuca y la parte alta de la espalda y extenderse por el cuero cabelludo y los brazos, según las encuestas de Avram Goldstein de 1980.
¿Por qué a unas personas se les pone la piel de gallina con la música y a otras no?
El factor de personalidad que mejor lo predice es la apertura a la experiencia, uno de los cinco grandes rasgos del Big Five, según estudios como el de Nusbaum y Silvia (2011) y el de Colver y El-Alayli (2016). También influye la relación con la música: escucharla a menudo, valorarla o tocar un instrumento. Un estudio con más de 14.000 gemelos estimó que alrededor de un tercio de las diferencias entre personas se explica por factores genéticos.
¿Qué pasa en el cerebro cuando la música da escalofríos?
Se activa el sistema de recompensa. Blood y Zatorre observaron en 2001 más actividad en el estriado ventral, la ínsula y la corteza orbitofrontal a medida que el escalofrío era más intenso. Salimpoor y su equipo midieron en 2011 liberación de dopamina: el núcleo caudado se activaba en los segundos previos al clímax y el núcleo accumbens en el propio escalofrío.
¿Es raro no sentir nunca escalofríos con la música?
No. Las cifras varían según el estudio, pero en el trabajo de Nusbaum y Silvia alrededor de un 8 % de los participantes decía no haberlos sentido nunca, y muchas personas que disfrutan mucho de la música no los experimentan. Los investigadores estiman además que entre un 3 % y un 5 % de la población sana tiene anhedonia musical específica: la música no le produce placer, aunque otras recompensas sí.
¿Este artículo sustituye una valoración profesional?
No. Resume investigación sobre las respuestas emocionales a la música con fines informativos y educativos. Si notas una pérdida general de placer en actividades que antes disfrutabas, lo indicado es consultarlo con un profesional de la salud.