La fórmula de la autoestima de 1890 que explica por qué la plata duele más que el bronce
En 1890, un profesor de Harvard escribió la autoestima como si fuera una división de primaria. Un siglo después, las cámaras de unos Juegos Olímpicos captaron algo que parecía absurdo: los terceros del podio sonreían más que los segundos.
El profesor era William James, y la fórmula aparece en el capítulo X de sus Principios de psicología, dedicado a la conciencia del yo.
Es una de las ideas sobre la autoestima más citadas de la historia de la psicología, y también una de las más malinterpretadas.
Qué es la autoestima según William James: una fracción
La fórmula es esta (p. 248 de la edición en español):
- Autoestima = Éxito / Pretensiones
El numerador es lo que consigues. El denominador, lo que te habías propuesto conseguir.
La consecuencia matemática es inmediata, y James la señala: la fracción puede subir aumentando el numerador o bajando el denominador. Por eso escribe que “renunciar a pretensiones es un descanso tan bienvenido como lograrlas”.
Sus ejemplos son de una honestidad casi cómica:
- El día en que por fin dejamos de intentar ser jóvenes y delgados: “¡Gracias a Dios!, decimos, esas ilusiones se fueron ya”.
- Un hombre que lo perdió todo en la Guerra Civil estadounidense y se revolcó en el polvo diciendo que nunca se había sentido tan libre y feliz.
- Una cita de Carlyle: “Ponga en cero sus pretensiones de salario; eso pondrá el mundo a sus pies”.
El psicólogo que no sabía griego (y le daba igual)
La clave no está en la división, sino en qué cuenta como pretensión.
James lo ilustra consigo mismo:
“Yo, que he apostado mi vida a ser psicólogo, me siento mortificado si alguien más sabe mucho más de psicología que yo” (p. 247).
Ignorar el griego, en cambio, no le causa ninguna humillación, porque nunca se propuso ser lingüista. El fracaso no duele en abstracto: duele solo en los terrenos donde uno se ha apostado a sí mismo.
Y como no se puede apostar a todo, James enumera los yoes que le gustaría ser a la vez: guapo, atleta, ganar “un millón de dólares al año”, ingenioso, seductor, filósofo, filántropo, estadista, guerrero, “explorador del África”, poeta y santo.
Es imposible: el millonario estorbaría al santo; el filósofo y el seductor no cabrían bajo el mismo techo. Elegir un yo es también elegir dónde vas a poder fracasar.
Por qué el segundo mejor del mundo se siente avergonzado
Aquí llega la frase que, un siglo después, sonaría a predicción. James describe la paradoja del boxeador o del remero que es el segundo mejor del mundo y se siente avergonzado (pp. 247-248).
Haber vencido a toda la población del planeta menos a uno no le vale de nada: se había propuesto vencer a ese uno, y eso “lo nulifica”. El enclenque al que todos ganan, en cambio, no sufre en absoluto, porque hace tiempo que abandonó esa pretensión.
Plata contra bronce: lo que vieron las cámaras olímpicas
En 1995, Victoria Medvec, Scott Madey y Thomas Gilovich pidieron a estudiantes que valoraran, a partir de grabaciones de televisión, la cara de medallistas de Barcelona 1992, al acabar la prueba y en el podio.
El resultado: los bronces parecían más felices que las platas. Su explicación fue el pensamiento contrafactual, la comparación con “lo que pudo haber sido”:
- Quien gana la plata se compara con el oro que casi tuvo.
- Quien gana el bronce se compara con el cuarto puesto, el que se va a casa sin nada.
El hallazgo no se quedó aislado:
- Matsumoto y Willingham (2006) codificaron las expresiones de los medallistas de judo de Atenas 2004. Al terminar el combate final sonrieron 13 de los 14 campeones y 18 de los 26 bronces con foto válida. Ninguno de los 14 medallistas de plata sonrió.
- En el podio casi todos sonreían ya, pero las sonrisas de las platas eran con más frecuencia controladas o mezcladas con tristeza.
- Hedgcock, Luangrath y Webster (2021) analizaron con software facial a 413 deportistas de 67 países en cinco Juegos (2000-2016): los bronces sonreían con más probabilidad que las platas.
La matización vino de McGraw, Mellers y Tetlock (2005): pesan mucho las expectativas previas de cada deportista. Quien esperaba el oro vive la plata como una derrota.
Eso es, sin cambiar una coma, el denominador de James.
¿Qué dice la psicología actual sobre la autoestima?
En 2001, Jennifer Crocker y Connie Wolfe publicaron en Psychological Review su teoría de las contingencias de la autoestima, que parte explícitamente de James:
- La autoestima de cada persona oscila en torno a su nivel habitual.
- Esas oscilaciones dependen sobre todo de los éxitos y fracasos en los ámbitos en los que ha depositado su valía: el aspecto, la aprobación ajena, los estudios, la virtud.
- En los ámbitos que no le importan, un fracaso apenas deja huella, como el griego de James.
Es el mismo terreno en el que se mueve el perfeccionismo autoexigente, cuando el listón lo pone uno mismo muy alto.
Lo que la fórmula acertó y lo que no
James acertó en lo esencial: la autoestima no refleja los logros en bruto, sino su relación con lo que uno esperaba de sí mismo.
Pero la fracción no se sostiene al pie de la letra:
- No es una medida. James la propuso como ilustración. En investigación se usan cuestionarios, como la escala de Rosenberg (1965), de 10 ítems.
- El denominador no se elige a solas. James escribió que cada persona tiene “tantos yoes sociales” como grupos cuya opinión le importa (p. 235), y que ser ignorado por todos sería peor “que las más crueles torturas corporales”.
- Renunciar no siempre alivia. Rebajar metas puede ser un descanso o una retirada; la fórmula no distingue entre ambas cosas.
Lo que sí explica es por qué una misma medalla puede vivirse como un triunfo o como una pérdida. El test de autoestima permite ver dónde se sitúa tu propia valoración global, y el mecanismo por el que un fallo propio pesa casi como un golpe está en por qué tu cerebro reacciona a la autocrítica como una amenaza física.
Fuentes
- James, W. (1989). Principios de psicología. Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1890).
- Medvec, V. H., Madey, S. F., y Gilovich, T. (1995). When less is more: Counterfactual thinking and satisfaction among Olympic medalists. Journal of Personality and Social Psychology, 69(4), 603-610. https://doi.org/10.1037/0022-3514.69.4.603
- Matsumoto, D., y Willingham, B. (2006). The thrill of victory and the agony of defeat: Spontaneous expressions of medal winners of the 2004 Athens Olympic Games. Journal of Personality and Social Psychology, 91(3), 568-581. https://doi.org/10.1037/0022-3514.91.3.568
- McGraw, A. P., Mellers, B. A., y Tetlock, P. E. (2005). Expectations and emotions of Olympic athletes. Journal of Experimental Social Psychology, 41(4), 438-446. https://doi.org/10.1016/j.jesp.2004.09.001
- Hedgcock, W. M., Luangrath, A. W., y Webster, R. (2021). Counterfactual thinking and facial expressions among Olympic medalists: A conceptual replication of Medvec, Madey, and Gilovich’s (1995) findings. Journal of Experimental Psychology: General, 150(6), e13-e21. https://doi.org/10.1037/xge0000992
- Crocker, J., y Wolfe, C. T. (2001). Contingencies of self-worth. Psychological Review, 108(3), 593-623. https://doi.org/10.1037/0033-295X.108.3.593
- Rosenberg, M. (1965). Society and the adolescent self-image. Princeton University Press.
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Preguntas frecuentes
¿Qué es la fórmula de la autoestima de William James?
En Principios de psicología (1890), William James escribió que la autoestima equivale a una fracción: el éxito dividido entre las pretensiones. Lo que una persona siente sobre sí misma dependería de la relación entre lo que logra y lo que aspira a lograr en los ámbitos en los que se ha 'apostado' a sí misma. James la propuso como ilustración, no como una medida validada.
¿Es verdad que los medallistas de bronce son más felices que los de plata?
Varios estudios apuntan en esa dirección. Medvec, Madey y Gilovich (1995) observaron que, en los Juegos de Barcelona 1992, los bronces parecían más contentos que las platas. Matsumoto y Willingham (2006) encontraron que ninguno de los 14 medallistas de plata de judo de Atenas 2004 sonrió al terminar su combate final, y Hedgcock, Luangrath y Webster (2021) confirmaron el patrón con 413 deportistas de cinco Juegos Olímpicos.
¿Por qué el segundo puesto puede sentirse peor que el tercero?
Según la explicación clásica, quien gana la plata se compara con el oro que casi consigue, y quien gana el bronce se compara con quedarse sin medalla. McGraw, Mellers y Tetlock (2005) añadieron que pesan mucho las expectativas previas: quien esperaba el oro vive la plata como una pérdida. Es, en lenguaje moderno, el denominador de la fórmula de James.
¿La autoestima depende de todo lo que hacemos por igual?
No, según la teoría de las contingencias de la autoestima de Crocker y Wolfe (2001), que parte explícitamente de James. La autoestima sube y baja sobre todo con los éxitos y fracasos en los ámbitos en los que cada persona ha depositado su valía, y apenas se mueve en los demás.
¿Este artículo sustituye una valoración profesional sobre mi autoestima?
No. Resume ideas históricas e investigación psicológica con fines informativos y educativos. Si la forma en que te valoras genera un malestar significativo o persistente, lo indicado es consultar con un profesional de la psicología.