Por qué contarlo todo en pareja no siempre es un acto de amor, según Walter Riso
“La sinceridad es la base de una buena relación” es una de las frases que menos se cuestionan sobre el amor de pareja. Walter Riso reúne varios casos reales en los que decirlo absolutamente todo no fortaleció ninguna relación: la destruyó.
En ¿Amar o depender? (1999), el psicólogo Walter Riso dedica un apartado a lo que llama territorialidad afectiva: el espacio de reserva personal que, según su planteamiento, toda relación sana necesita conservar. Para defender esta idea, un tanto incómoda frente al discurso habitual sobre la honestidad total, recurre a varios ejemplos concretos.
El beso que costó cinco años de paz
Una mujer que no estaba especialmente bien con su marido empezó a sentirse atraída por el mejor amigo de este. Nunca había pasado nada entre ellos hasta que, una noche con algunas copas de más, él le dio un beso que ella no rechazó.
Tiempo después, durante un curso de pareja, en un momento de sinceridad total, ella confesó tanto la atracción (que además ya estaba disminuyendo) como el beso.
El resultado, según describe Riso, fue muy desigual entre los dos: ella quedó en paz consigo misma; él quedó deprimido y profundamente celoso.
Riso cuenta que, cinco años después, cuando la obsesión de él se reactivaba, seguía exigiéndole más detalles de aquel beso.
La pregunta que plantea el propio autor es directa: ¿de verdad mereció la pena contarlo?
El ahorro secreto y el castigo que vino después
Otra mujer, que vendía cosméticos para ayudar con los gastos del hogar, decidió abrir una cuenta propia y quedarse con una parte pequeña de sus ventas, por recomendación de su madre y debido a la tacañería de su marido. Después, aconsejada por un sacerdote, decidió confesarle a su esposo ese pequeño ahorro no autorizado.
Riso resume la reacción con una frase contundente:
Más le hubiera valido estar presa.
Las represalias del marido incluyeron desde la confiscación de privilegios hasta la humillación pública. La sinceridad, en este caso, no reparó nada: simplemente abrió una herida nueva.
La atracción confesada que costó un trabajo
Un hombre cometió el error, según lo describe Riso, de confesarle a su esposa que todavía sentía algo de atracción por una antigua novia, ya casada, que trabajaba en su misma empresa. La consecuencia fue tan intensa que, para recuperar la paz en casa, terminó renunciando a su trabajo.
La revelación que rompió un compromiso
Una joven a punto de casarse, que ya mantenía relaciones sexuales frecuentes con su prometido, le confesó que él no había sido el primer hombre en su vida. La boda, escribe Riso, se desbarató por completo.
La conclusión, poco convencional, de Walter Riso
Con estos cuatro ejemplos, Riso no defiende el engaño ni la mentira activa. Lo que cuestiona es una idea muy extendida: que toda transparencia, sin matices, mejora una relación. Su argumento tiene varias capas:
- Compartir cada pensamiento, atracción pasajera o impulso momentáneo no equivale a ser más honesto: a veces equivale, simplemente, a transferir un peso emocional propio a la otra persona, sin necesidad real.
- La privacidad razonable, según su planteamiento, no es lo mismo que el secretismo: es un espacio propio que no amenaza la confianza compartida, siempre que no implique ocultar decisiones que sí afectan directamente a la pareja.
- Una vez compartida cierta información, no hay forma de retirarla. El daño causado por la revelación puede ser mucho mayor y más duradero que el beneficio de haber “sido sincero”.
Riso resume su postura con una distinción que separa dos cosas que solemos confundir:
Una cosa es entregar el corazón, y otra el cerebro.
Se puede amar profundamente a alguien sin que eso obligue a narrar en voz alta cada pensamiento que cruza la mente.
Cuándo sí importa hablar
Nada de esto significa, según el propio Riso aclara, que ocultar información relevante sea recomendable. La diferencia que traza está en el tipo de información:
- Decisiones compartidas (dinero de la casa, planes de futuro, cambios importantes en la relación) sí requieren comunicación clara y sincera, algo cercano a lo que describe el perfil de comunicación asertiva.
- Pensamientos, dudas o atracciones puntuales sin consecuencias reales sobre la relación entran, según su planteamiento, dentro de un margen razonable de privacidad personal.
Qué función cumple una confesión
En lugar de partir de la pregunta “¿debo contarlo todo?”, Riso propone otra: qué función cumpliría esa confesión concreta. ¿Busca aliviar la propia conciencia o aporta algo a la relación? En sus cuatro casos, quien confesaba obtenía un alivio inmediato, mientras que quien recibía la confesión cargaba con una información que no había pedido y que no cambió nada para mejor. El coste y el beneficio no se repartieron de forma equitativa.
Esto no equivale, insiste Riso, a promover relaciones basadas en la ocultación sistemática. Equivale a distinguir entre dos preguntas que a menudo se mezclan: “¿es verdad?” y “¿sirve de algo compartirlo ahora, de esta manera, con esta persona?”. La primera se refiere a los hechos; la segunda, al efecto de contarlos.
Lo que dice la investigación sobre revelarse en pareja
La tesis de Riso necesita un contrapeso, porque la investigación no respalda la idea contraria, la de que callar sea en general lo más sano. El modelo de intimidad como proceso interpersonal lo muestra bien. En un estudio con diarios de interacciones, Laurenceau, Barrett y Pietromonaco (1998) encontraron que la intimidad que se siente en una conversación depende de la propia revelación y de la del otro, y que la revelación de emociones pesa más que la de simples hechos. El efecto pasaba en parte por un factor clave: la sensación de que la otra persona responde con comprensión y cuidado.
Ese matiz explica por qué los casos de Riso salieron mal. No falló la sinceridad en abstracto, sino la respuesta: celos que reaparecían cinco años después, castigos, una boda deshecha. La revisión de Kelly y McKillop (1996) sobre las consecuencias de revelar secretos llega a una conclusión parecida: contar algo íntimo puede aliviar y beneficiar a quien lo cuenta, pero buena parte de ese beneficio depende de cómo reaccione quien escucha, y una reacción de rechazo puede dejar a la persona peor de lo que estaba.
Leídos juntos, Riso y la investigación coinciden en algo más útil que “contarlo todo” o “callar”: la confianza se construye en relaciones donde lo que se revela recibe respuesta, no en el inventario completo de cada pensamiento. Reconocer el propio estilo de comunicación ayuda a ver cómo se juega esa parte en cada conversación.
Fuentes
- Riso, W. (1999). ¿Amar o depender?. Norma.
- Laurenceau, J.-P., Barrett, L. F. y Pietromonaco, P. R. (1998). Intimacy as an interpersonal process: The importance of self-disclosure, partner disclosure, and perceived partner responsiveness in interpersonal exchanges. Journal of Personality and Social Psychology, 74(5), 1238-1251. https://doi.org/10.1037/0022-3514.74.5.1238
- Kelly, A. E. y McKillop, K. J. (1996). Consequences of revealing personal secrets. Psychological Bulletin, 120(3), 450-465. https://doi.org/10.1037/0033-2909.120.3.450
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Preguntas frecuentes
¿Walter Riso está recomendando ocultar información a la pareja?
No en esos términos. Distingue entre mentir de forma activa y no compartir absolutamente todo pensamiento o impulso pasajero, a lo que denomina un espacio de privacidad razonable dentro de la relación.
¿Esto contradice la investigación sobre comunicación asertiva?
No necesariamente. La comunicación asertiva, como la que se describe en el perfil de comunicación asertiva, se centra en expresar necesidades y desacuerdos reales de forma directa, no en verbalizar cada pensamiento fugaz que cruza la mente.
¿Los casos que cuenta Riso son reales?
Riso los presenta como casos de su práctica clínica como psicólogo de orientación cognitivo-conductual, descritos, como es habitual en este tipo de literatura, de forma anonimizada.
¿Cómo se distingue una omisión razonable de un engaño grave?
Según el planteamiento de Riso, la diferencia está en si la información ocultada afecta a decisiones importantes y compartidas de la pareja, o si se trata de un pensamiento o impulso puntual sin consecuencias reales sobre la relación.