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Relaciones y vida social

Por qué contarlo todo en pareja no siempre es un acto de amor, según Walter Riso

Por Rafa Personaramic4 min de lectura
Ilustración minimalista de una puerta entreabierta con una línea divisoria geométrica

“La sinceridad es la base de una buena relación” es una de las frases que menos se cuestionan sobre el amor de pareja. Walter Riso reúne varios casos reales en los que decirlo absolutamente todo no fortaleció ninguna relación: la destruyó.

En ¿Amar o depender? (2003), el psicólogo Walter Riso dedica un apartado a lo que llama territorialidad afectiva: el espacio de reserva personal que, según su planteamiento, toda relación sana necesita conservar. Para defender esta idea, un tanto incómoda frente al discurso habitual sobre la honestidad total, recurre a varios ejemplos concretos.

El beso que costó cinco años de paz

Una mujer que no estaba especialmente bien con su marido empezó a sentirse atraída por el mejor amigo de este. Nunca había pasado nada entre ellos hasta que, una noche con algunas copas de más, él le dio un beso que ella no rechazó.

Tiempo después, durante un curso de pareja, en un momento de sinceridad total, ella confesó tanto la atracción (que además ya estaba disminuyendo) como el beso. El resultado, según describe Riso, fue muy desigual entre los dos: ella quedó en paz consigo misma; él quedó deprimido y profundamente celoso. Riso cuenta que, cinco años después, cuando la obsesión de él se reactivaba, seguía exigiéndole más detalles de aquel beso. La pregunta que plantea el propio autor es directa: ¿de verdad mereció la pena contarlo?

El ahorro secreto y el castigo que vino después

Otra mujer, que vendía cosméticos para ayudar con los gastos del hogar, decidió abrir una cuenta propia y quedarse con una parte pequeña de sus ventas, por recomendación de su madre y debido a la tacañería de su marido. Después, aconsejada por un sacerdote, decidió confesarle a su esposo ese pequeño ahorro no autorizado.

Riso resume la reacción con una frase contundente: “Más le hubiera valido estar presa”. Las represalias del marido incluyeron desde la confiscación de privilegios hasta la humillación pública. La sinceridad, en este caso, no reparó nada: simplemente abrió una herida nueva.

La atracción confesada que costó un trabajo

Un hombre cometió el error, según lo describe Riso, de confesarle a su esposa que todavía sentía algo de atracción por una antigua novia, ya casada, que trabajaba en su misma empresa. La consecuencia fue tan intensa que, para recuperar la paz en casa, terminó renunciando a su trabajo.

La revelación que rompió un compromiso

Una joven a punto de casarse, que ya mantenía relaciones sexuales frecuentes con su prometido, le confesó que él no había sido el primer hombre en su vida. La boda, escribe Riso, se desbarató por completo.

La conclusión, poco convencional, de Walter Riso

Con estos cuatro ejemplos, Riso no defiende el engaño ni la mentira activa. Lo que cuestiona es una idea muy extendida: que toda transparencia, sin matices, mejora una relación. Su argumento tiene varias capas:

  • Compartir cada pensamiento, atracción pasajera o impulso momentáneo no equivale a ser más honesto: a veces equivale, simplemente, a transferir un peso emocional propio a la otra persona, sin necesidad real.
  • La privacidad razonable, según su planteamiento, no es lo mismo que el secretismo: es un espacio propio que no amenaza la confianza compartida, siempre que no implique ocultar decisiones que sí afectan directamente a la pareja.
  • Una vez compartida cierta información, no hay forma de retirarla. El daño causado por la revelación puede ser mucho mayor y más duradero que el beneficio de haber “sido sincero”.

Riso resume su postura con una distinción que separa dos cosas que solemos confundir: “Una cosa es entregar el corazón, y otra el cerebro”. Es decir, se puede amar profundamente a alguien sin que eso obligue a narrar en voz alta cada pensamiento que cruza la mente.

Cuándo sí importa hablar

Nada de esto significa, según el propio Riso aclara, que ocultar información relevante sea recomendable. La diferencia que traza está en el tipo de información:

  • Decisiones compartidas (dinero de la casa, planes de futuro, cambios importantes en la relación) sí requieren comunicación clara y sincera, algo cercano a lo que describe el perfil de comunicación asertiva.
  • Pensamientos, dudas o atracciones puntuales sin consecuencias reales sobre la relación entran, según su planteamiento, dentro de un margen razonable de privacidad personal.

La pregunta que Riso deja abierta, más que una regla fija, es útil por sí misma: antes de compartir algo con la pareja, plantearse si esa confesión busca aliviar la propia conciencia o realmente aporta algo constructivo a la relación. No siempre son la misma cosa, y confundirlas, según muestran sus casos, puede salir muy caro.

Una pregunta distinta a “¿debo contarlo?”

Riso sugiere que, en lugar de partir de la pregunta “¿debo contarlo todo?”, puede resultar más útil preguntarse qué función cumpliría esa confesión concreta. En los cuatro casos descritos, quien confesaba obtenía un alivio inmediato, mientras que quien recibía la confesión cargaba con una información que no pidió y que, en ninguno de los cuatro casos, cambió nada para mejor. El coste y el beneficio, señala, no se repartieron de forma equitativa entre ambas personas.

Esto no equivale, insiste Riso, a promover relaciones basadas en la ocultación sistemática. Equivale a distinguir entre dos preguntas que a menudo se mezclan: “¿es verdad?” y “¿sirve de algo compartirlo ahora, de esta manera, con esta persona?”. Solo la primera pregunta tiene siempre la misma respuesta.

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Preguntas frecuentes

¿Walter Riso está recomendando ocultar información a la pareja?

No en esos términos. Distingue entre mentir de forma activa y no compartir absolutamente todo pensamiento o impulso pasajero, a lo que denomina un espacio de privacidad razonable dentro de la relación.

¿Esto contradice la investigación sobre comunicación asertiva?

No necesariamente. La comunicación asertiva, como la que se describe en el perfil de comunicación asertiva, se centra en expresar necesidades y desacuerdos reales de forma directa, no en verbalizar cada pensamiento fugaz que cruza la mente.

¿Los casos que cuenta Riso son reales?

Proceden de su práctica clínica de más de veinte años como psicólogo cognitivo-conductual, presentados, como es habitual en este tipo de literatura, de forma anonimizada.

¿Cómo se distingue una omisión razonable de un engaño grave?

Según el planteamiento de Riso, la diferencia está en si la información ocultada afecta a decisiones importantes y compartidas de la pareja, o si se trata de un pensamiento o impulso puntual sin consecuencias reales sobre la relación.

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